viernes, 30 de diciembre de 2011

Mermelada y Osos Polares

Desde hace días  no puedo dejar de pensar en dos cosas: mermelada y osos polares. 
 
Lo de la mermelada sucedió cuando, casualmente, me topé con un genial pasaje de Lewis Carroll en el que inventa una mermelada mágica que se puede comer cualquier día menos hoy.

Es una mermelada muy buena -dijo la Reina-
-Bueno de todos modos hoy no me apetece.
-Hoy no la tendrías aunque quisieras-dijo la Reina-. La regla es: mermelada ayer, mermelada mañana...pero no hoy.

Cuando se lo comenté a mi esposo me dijo que era el principio perfecto para hacer dieta. Él siempre tan pragmático. Para mí, el dialogo de Alicia y la Reina comprende toda una filosofía del tiempo, ése que no es nada si no es hoy, pero que tampoco es nada si no hubiese ayer ni mañana. A menos que el tiempo no sea nada,  en fin… La perturbadora mermelada hace que me pierda en un laberinto y al final quedo tan, pero tan confundida, que prefiero entonces pensar en el oso polar, y esto gracias a  una intrigante y no menos perturbadora frase de Dostoyevsky, que leí en un libro que me regalaron en Navidad: 

“Try to pose for yourself this task: not to think of a polar bear and you will see that the cursed thing will come to mind every minute”.

Desde que leí esta cita, ya perdí la cuenta de cuantas veces he pensado en el dichoso oso. 

En resumen, creo que esto es el principio de mi enajenación. Cada vez que trato de librarme de la mermelada, aparece el oso polar y viceversa. Es un círculo vicioso, un callejón sin salida, el comienzo de una obsesión.

Si extrañamente aprendí algo de mis lecturas, creo que sería que, mientras más uno trata de evadir algo, más regresa. Así pues, ahora entenderán porque me decidí a escribir sobre la mermelada y los osos polares, una especie de exorcismo, a ver si a punta de nombrarlos se van de mi mente. Es una manera de confrontar demonios.

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A ver si ahora puedo concentrarme un momento e ir al punto de ésta, mi última entrega del 2011. 

Se trata simplemente de un agradecimiento para quienes se toman la molestia de leerme, de comentarme, no se imaginan cuanto me honran y lo feliz que me hacen.

Ya es un enorme placer para mí el estar atenta y ver como se la magia se va armando ella sola, para después escribirla y lanzarla en la Calle del Eco. A veces siento que todo lo que escribo son borradores, justamente por lo impulsivo, pero si pienso demasiado, si elaboro mucho, ya no es magia.

Camus dijo: “El arte no es una diversión solitaria. Es un medio de emocionar al mayor número de hombres ofreciéndoles una mezcla privilegiada de dolores y alegrías.”

 No es que considere, ni mucho menos, que lo que yo escribo es arte, pero si logro emocionar al menos a una persona, pues para mí valió la pena.  

Y es que es rico compartir. Como leí hace poco que dijo un poeta Calgariense,…si uno no comparte no existe…
Gracias.
Feliz Año Nuevo mermelada oso mermelada osos mermelada oso mermelada oso mermelada oso mermelada oso mermelada oso mermelada osos mermelada oso mermelada oso mermelada oso mermelada oso…….

lunes, 26 de diciembre de 2011

La Naranja

Una mezcla de resaca, modorra, guayabo y “ratón” en buen criollo, como si despertara de un pesado sueño, después de una noche de copas, me ocurre siempre después de visitar Caracas. Y no es metáfora.

Caracas, ciudad del vértigo perpetuo: la patria, un lugar sagrado, por más caótico que sea, porque allí reside mi identidad. Como dijo Mario Vargas Llosa en su discurso al recibir el Nobel de Literatura en diciembre de 2010: “La patria no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía, la sensación cálida de que, no importa donde estemos, existe un hogar al que podemos volver”. La mejor definición de patria que conozco.

Me alegró mucho respirarla y recorrerla al tacto, en los relieves de mis historias, de sus montañas nubladas, en las esquinas de mi geografía arrasada, en su paisaje verde, donde cada árbol  me reconoce y me habla. Pero no voy a perderme en mis nostalgias, porque ya hace tiempo decidí que no iba a ser “prisionera de recuerdos idílicos”  como dijo alguien, no me acuerdo quien, para variar

Quiero más bien hablar de una naranja.

A veces voy al mercado a comprar con los ojos. Me enamoro del  morado de las berenjenas, o del rojo de las granadas, o del negro de las ciruelas. Esta vez me sedujeron las naranjas y las limas, o limones amarillos. Aclaro, en Venezuela llamamos limones a los verdes y limas a los amarillos, todo lo contrario al inglés (lime son los verdes y lemon los amarillos). Creo que en España también llaman limones a los amarillos. García Márquez toca este punto en su magistral introducción del Diccionario CLAVE (Diccionario de uso del Español actual) donde al buscar la definición del color amarillo se encuentra con: del color del limón.  Y cita su desconcierto con el verso de García Lorca del Romancero Gitano, uno de mis favoritos:

A la mitad del camino
cortó limones redondos
y los fue tirando al agua
hasta que la puso de oro

 Al parecer en Colombia es como en Venezuela, y al final la Real Academia como que hizo una enmienda con respecto al amarillo y  puso: del color del oro. En fin, disculpen por perderme en mis divagaciones. Por cierto la palabra naranja viene del Sánscrito, narangah, un dato curioso.

Llegué a mi casa y en una cesta, puse mi arreglo de naranjas y limones amarillos. Quisiera fotografiarlos, o pintarlos más bien, si pudiera.

Ayer día, todavía envuelta en el guayabo caraqueño y la nube luminosa que deja la Navidad, saqué fuerzas, para cumplir con la tradición del 25 de diciembre: escuchar el Mesías de Handel a todo volumen y cantar el Aleluya  a todo gañote. Aunque gañote no es la palabra apropiada para cantar el Aleluya, pero es por la emoción que le pongo.


En el camino hacia el equipo de música, me tropecé con mi arreglo de naranjas y limones amarillos y, aunque no estaba en mis planes,  me provocó una naranja y la agarré. Le di al botón de ON,  y regresé a mi sillón con mi naranja.

Comencé a quitarle la cáscara a la naranja, con las manos, pues son de esta variedad en que la piel sale fácil, como si fuera una mandarina. Entonces se produjo, una maravillosa coincidencia.

En el preciso instante en que rompí la piel de la naranja comenzaron a sonar los acordes majestuosos del Mesías.

Abrir una naranja es como destapar un frasco de perfume. Un aroma de notas cítricas, intensas, que  esta vez sostenían la declaración musical más sublime que existe. Mi inocente naranja, de repente se convirtió en una especie de solecito. La música de Handel, no puede sino provenir de un astro luminoso con reminiscencias de azahar.

Y no sigo porque me emociono y no se puede escribir cuando uno está muy emocionado porque sale lo cursi. Es más, creo que ya pasé el límite.

Al terminar el Mesías, me comí mi naranja dulce y gloriosa, como un Aleluya. Así celebré mi tradición de  Navidad.

( chequeen en linea el cuadro de Antonio Mensaque, Oranges. Es el cuadro con que me hubiese gustado ilustrar este articulo)

martes, 13 de diciembre de 2011

EL Gato con Gotas

De regalo de Navidad le pedí a mi hija que me diseñara la imagen de mi blog, un regalo de bajo presupuesto, pero de inmenso valor, perfecto para su golpeado bolsillo. Le di apenas un par de indicaciones: quiero una calle cualquiera, con un farolito y un letrero destartalado que diga Calle del Eco. Esas fueron mis especificaciones. 

El resultado está a la vista y me encanta.

Mi mama decía que “nada aguanta tanto análisis” y creo que es cierto. Mi profesión me obliga a ser analítica, y he entrenado mi mente para eso, pero esa parte de mi cerebro la dejo en la oficina junto con mi camuflaje de “eficiencia”. De resto, soy desorganizada, no planifico, no hago listas, como vaya viniendo vamos viendo, o Dios proveerá, son mis slogans favoritos; sigo confiando en la intuición, aunque a veces me haya estrellado estrepitosamente; jamás tomo decisiones basadas en el dinero o en la práctica, porque puede que sean acertadas, pero no tienen gloria (como  decimos mi esposo y yo, que si invertimos en cementerios, la gente deja de morirse); no pretendo recordar todo lo que leo, a veces ni siquiera me preocupa entender lo que leo; me gusta disfrutar del aroma de las palabras, aunque, a veces, no las comprenda. Rainer Rilke, uno de mis poetas de cabecera, hace tiempo, me dio la clave, me dijo, que es necesario aprender a olvidarlo todo y después tener paciencia para que las cosas regresen, algo así pero con palabras mas bellas. También como leí una vez …si lo sabes todo acerca de la rosa, pierdes la rosa…


Cuando veo la interpretación de mi hija de mi “ imagen”, confirmo todo lo anterior. Sin decirle gran cosa, intuitivamente (claro es mi hija y me conoce mas que mediecito liso) dibujó la calle por donde transito todos los días, un camino que se fuga, como mis pensamientos, perdidos entre las montañas y los colores del cielo, que son la única extravagancia de esta ciudad, lo único que se rebela contra el orden establecido. También me identifico mucho con la gotita que chorrea del paisaje. Mi hija me preguntó que si la borraba y le dije: NOOOO!

Esa gotita irreverente, impredecible y divertida, es justamente donde comienza todo.

Y así, pensando en gotas y en el título de esta entrada, de repente me acordé que mi hijo S, cuando chiquito decía “El Gato con Gotas”. Así voy a titular esta entrega, aunque no tenga nada que ver.

Gracias a mi hija por este regalo espléndido y a mi hijo por el titulo intrigante!

Comparto los créditos de mi diseñadora de lujo:

Leo Pérez cursa cuarto año en el “Alberta College of Art and Design”, Calgary, donde obtendrá el próximo año su  “degree” en “Visual Communications”, con especialización en “Graphic Design and Advertising”
www.leoperezcreative.com y su blog aleobit.blogspot.com

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Cristales y Caracoles

Ayer se presentó  en mi oficina un señor de Office Service, con un formulario y un pocotón  de cajas de embalaje, diciéndome que yo estaba en la lista de mudanzas y que tenía que empacar.  Le dije que me mostrara la orden, y efectivamente allí estaba mi nombre. Entré en pánico, nadie me había avisado de otra mudanza, si apenas me estoy acostumbrando a mi nueva geometría del absurdo y todavía, a veces, cuelgo el abrigo en una puerta invisible y guardo papeles en archivos de aire. (ver post Mi nueva Geometría del Absurdo)

Me resigné y comencé a empacar mis aburrimientos de oficina.  Llené como cinco cajas de objetos inanimados y letras muertas, carpetas,  engrapadora, abrehuecos, clips, ganchos, más carpetas. Cuando terminé de etiquetar las cajas, deseé fervorosamente que esas cajas se convirtieran en otra cosa. Que cuando desempacara mis cosas, en vez de engrapadoras y ganchos, encontrara cristales y caracoles; en vez de carpetas con números y curvas financieras, encontrara libros antiguos, pergaminos y poemas viejos; en vez de grapas, tijeras y clips, de la caja saltaran luciérnagas, caballitos del diablo y mariposas azules; en vez de mi termo de café con el nombre de la compañía, una botellita de Oporto o de Chardonnay no caerían mal.

Me fui a mi casa con esta fantasía, esperando que hoy, al volver, mi deseo se hubiese hecho realidad.

Cuando regresé al trabajo esta mañana, me di cuenta de que no me habían dicho el número, ni el piso de mi nuevo despacho. Me fui directo a mi antigua oficina a ver si me habían dejado alguna nota. Lo que conseguí  fueron mis mismas cajas, solo que acomodadas de forma diferente a como las dejé ayer, y encima del escritorio una nota con mi nombre. Allí fue cuando me fijé que, en el formato de mudanza, el From Office #### To Office ####, eran exactamente el mismo número. Es decir, me mudaron de mi oficina, a mi oficina.  Así funciona el sistema.

Aún con la esperanza de que mis inanimadas pertenencias se hubiesen transmutado, y la metamorfosis de clip en luciérnaga fuese todavía posible, abrí mis cajas con la emoción de destapar un regalo. Tal vez, toda esta confusión de la mudanza, obedezca al hecho de que, como dice mi genial  esposo, cuando uno esta “available for magic, the magical thing is that magic happens”.

Ya una vez había tenido la sensación de escape en una época menos agradable de mi vida, hace años, cuando, en una mudanza de apartamento, deseé que el camión con los trastos se quemara o que fuera a parar al fondo del océano y no regresara jamás.  En aquel momento, estar desposeída era mejor que regresar a mi propia realidad, a mi propia infelicidad.

Ahora, mis pensamientos no son tan extremos como antes  y es que mi vida actual  está en  el lugar que quiere estar. (excepto la oficina, que es un mal necesario)

Creo que todas las mudanzas del mundo, no importa que sean desde La Patagonia a Islandia, o desde La China a Senegal,  se parecen a esta mía de hoy: de un punto al mismo punto. El que pretenda que cambiando de lugar, cambia algo, sospecho que se equivoca. Y es que, son otros  movimientos más profundos y menos geográficos, los que lo cambian todo.

De allí quizás que, este surrealista episodio de mi mudanza virtual, se convirtiera  al final en una deliciosa experiencia, y el acto de desembalar fuese mucho más placentero que el de empacar.  De cada caja que abría salían mis mariposas  y luciérnagas, mis cristales y caracoles, mis pergaminos, poemas viejos y hasta mi botella de Oporto. No importa que después mis tesoros, se disfrazaran de engrapadoras, tediosas carpetas, sacapuntas, cuadernos,  clips y mugs con el nombre de la empresa.  A fin de cuentas, yo también cargo mi camuflaje de ingeniero en la oficina.

En conclusión, creo que esta mudanza si resultó.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Sensación de Esplendor

El fin de año siempre me agarra cansada, con el tanque de gasolina en la reserva, y la luz anaranjada titilando en mi frente como un recordatorio de mi agotamiento.

Hace unos días, después de otro intenso día de trabajo,  venía manejando hacia mi casa en una noche oscurísima,  pero donde la cúpula celeste tenia textura de cristal. Pensé -  Dios mío, ¡qué claridad! ¡qué nitidez! ¡Qué noche tan despejada! Hasta recordé el verso de Neruda, "… La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos…"

En breve caí en cuenta que tenia los anteojos, los que nunca uso, puestos.

Me reí de cómo, un potencial momento mágico, se iba al traste. La razón por la cual no uso los anteojos es porque me recuerdan que veo borroso. Sin ellos el mundo es a mi medida, perfectamente difuso, sin contornos bien definidos, un mundo donde los objetos tienen textura de humo. Razones más que suficientes para no utilizarlos, sin embargo, para ser responsable, me estoy entrenando en el hábito de usarlos al menos para manejar en la noche.

El hecho es que, con o sin anteojos, era una noche como esa “noche unánime” de Borges, o la “noche taciturna” de Julio Florez (uno de los poetas favorito de mi papa), y donde, con o sin anteojos, tuve un breve, pero incontenible, sentimiento de esplendor.

Cuando uno está tocado con un sentimiento de esplendor, es imposible detenerse, y esa misma noche fuimos a cortar nuestro arbolito de Navidad (es un decir, lo compramos en el Superstore), saqué las cajas de adornos añejos, lo armé, me senté a admirarlo, le tomé una foto porque me sentía orgullosa, la puse en Facebook, recibí  muchos comentarios amables, gracias. Agotada, vinito en mano, me senté a contemplar mi estampa navideña. Esta vez no tenía los anteojos, que conste,  y sin embargo, me pareció que todo los cachivaches que conforman mi casa se veían mas resplandecientes que de costumbre.  A veces me embargaba esa misma sensación en Venezuela cuando la muchacha limpiaba los lunes.

Pero esta vez no fue un hada que vino a hacer la limpieza, eso aquí no sucede. Fue una entrada, un acto de aparición  casi imperceptible y callado, como el sonido que hacen las estaciones al cambiar. Así, ondulante, como una tela de seda al viento,  entró en mi casa ese mismo sentimiento esplendoroso mío. No sé si era la Navidad, porque eso sonaría insoportablemente cursi. Creo que más bien son mis transparencias, presencias luminosas, esas que viven en otros lugares, y que vienen a acompañarnos en estas fechas. Pero, por ahora, más bien llamémoslo “Navidad”, para que a  la miedosa de mi hija no le de un estado de pánico.

La “Navidad” entró a mi casa y estoy agradecida.

Ayer fue noche de tormenta. Siempre recuerdo una anécdota que leí una vez, donde un emperador chino hizo un concurso de pintura cuyo tema era La paz. Miles de artistas atendieron a la convocatoria y pintaron escenas melancólicas, atardeceres bucólicos, escenas pastoriles. El ganador del concurso fue un artista que pintó una borrasca, y, mínimo,  en una esquinita del cuadro, una nido de pajaritos que se guarecían, acurrucados y calentitos, bajo el saliente de una roca. No hay sensación de paz más plena que la sensación de refugio.

Aquí en mi refugio, con mi arbolito, entre  mis cachivaches resplandecientes, y con mi sensación de esplendor alborotada, disfruto en paz, del callado misterio de la “Navidad”.

Dedicado a mi hermano Rafael y a mi papa, que se fueron a otros mundos en los primeros días de Diciembre, pero que aquí siguen, en el recuerdo, intactos.



martes, 22 de noviembre de 2011

Sabor a Dinero

Advierto que estoy en dieta estricta y por consiguiente “grumpy”. Me encanta esa palabra porque cuando la pienso, o me la dicen, se me quita el malhumor instantáneamente. Es como un antídoto,  una palabra que da como cosquillas.

Para distraerme mientras llega la hora de la cena y no contaminar a nadie con mi estado de irritabilidad, ocasionado por la privación prolongada de alimentos, (necesaria para no parecer una pequeña ballena) decidí  escribir un breve y casi insignificante momento mágico, que resultó en que mi esposo declarara solemnemente: “You are truly an idealist”.

Les cuento.

En esta época del año encargo mis hallacas a una señora que no veo en todo el año, pero que las hace deliciosas. A lo mejor es “wishful thinking” pero si hay algún lector que no sea venezolano, le aclaro que la “hallaca” es el plato tradicional de la Navidad Venezolana. Un bocado para los dioses, una mezcla de sabores indígenas, españolas, africanos, árabes, venezolanos. Como siempre digo y a riesgo que me hija me llame cursi: Una Fiesta del Paladar, donde hay tambores, cuerdas, vientos y coro celestial. Como toda fiesta dan mucho trabajo.

Busqué por todas mis  garabateadas libretas telefónicas, (soy a la antigua) el teléfono de la señora. La única clave es que se llama Ana. Al final busqué por la H y allí estaba, por supuesto: Ana Hallacas.

La llamé y le encargué un buen lote para que me duren todo el mes de Diciembre.   ( aunque voy a Venezuela este año, me gusta ofrecerle a mis amigos)

La conversación telefónica con la Señora Hallacas fue algo así:

- Hola Ana, es Leonor, ¿te acuerdas de mí?
- Si claro, ¿cómo estas Leonor?……
( nos ponemos al día con los acontecimientos del ultimo año)
- Quiero encargarte unas hallacas, ¿puedes?
-Si, claro, ¿cuántas quieres?
- Unas treinta. ¿Cuánto cuestan?
- ( tantos  $x)
- ¡Pero están superbaratas!, ¿por qué no las subes de precio?
( se llama regateo hacia arriba)
- Bueno porque yo saqué mis costos, hasta la gasolina que gasto para comprar los ingredientes, y a ese precio que te dije, me da la base y gano.
(yo insisto)
- Pero, fulanita y menganita las venden al doble y no son tan ricas (sigo insistiendo en subirles el precio) Las hallacas dan muchísimo trabajo….
- Si son muy laboriosas, pero como te digo, yo las hago con gusto y con lo que cobro me da la base y saco mi ganancia.
(Ya no insisto más)
- Te llamo cuando estén listas.
- OK, ¿tienes mi teléfono?
- Si aquí lo tengo anotado: Leonor Hallacas.
- (Risas) Yo tengo el tuyo en Ana Hallacas. (más risas) Chao, besos…
(Click)

La historia no acaba aquí. En la noche, comento con mi esposo y mi hija, que encargué las hallacas etc, etc… y les echo el cuento de mi anti-regateo, etc, etc… Les digo que, qué gusto que en el mundo haya todavía gente honesta. Empiezo un speech sobre la avaricia, la especulación, etc, etc… Digo que ahora entiendo por qué esas hallacas son tan deliciosas, porque lo que se hace con avaricia….

 Aquí mi hija me interrumpió….”Sabe a dinero”… completó.

Esa frase me pareció absolutamente genial. 

Aclaro, avaricia no es hacer dinero, hacer dinero queremos todos, me refiero a eso que llaman Greed, codicia. Pues bien, termino mi discurso parafraseando a mi hija:

Todo lo que se hace con avaricia, (y no solo la comida), sabe a dinero y el dinero avaro deja un gusto amargo, rancio, acre. Un after taste que no se puede disimular con nada.

En ese instante fue que mi esposo dijo:

”You are truly an idealist, aren’t you?“

Si, lo soy y sin remedio.

Y ahora me voy a comer antes de que alguien me llame “grumpy” y me de un ataque de risa.





jueves, 17 de noviembre de 2011

La Sonora Dinamita

La Sonora Dinamita  


Para entrar en mi vestido de fiesta y no parezca que me lo tatuaron en la piel, me anoté en clases de Zumba. Así llaman aquí lo que yo conocía como Bailoterapia. El único Zumba en mi iconografía tropical era el “Zumba que Zumba”,  una peculiar y divertida canción del folklore venezolano que me recuerda a un tío circunspecto que la cantaba. Uno de esos contrastes por opuesto que se fijan en la memoria.

Aparte del adelgazamiento, el ejercicio es bueno para el estrés y también ayuda a superar los “winter blues”, los cuales suelen atacarme en esta época del año.

Pues a las 7:30 de la noche me puse mi chaqueta de invierno, sobre mi lycra y franela, y me fui al Community Center de mi urbanización, a mi clase con Maritza.

Maritza es una linda mujer salvadoreña, con un cuerpo envidiable, pelo rizado pintado de amarillo, que recoge en lo alto de la cabeza con una cinta colorida.  Todo en ella es alegre, su atuendo, su acento, sus movimientos.

Tomamos nuestros lugares, Maritza en el centro. Como telón de fondo, detrás de los cristales, el lago semi-congelado de la comunidad y el blanco que ya comienza a alfombrar el paisaje.  Afuera, el viento helado que mece los esqueletos de los árboles sin hojas.

Maritza parece una  flor exótica, en medio de un paisaje raro.

Comienza la clase. Estalla la  música.  La Sonora Dinamita hace crepitar el hielo.

La Salsa, la Cumbia y el Merengue de esta orquesta, un poco de botiquín, y que jamás había escuchado en mi vida, despiertan músculos de mi cuerpo que no sabía que existían.

A los diez minutos creo que me va a dar algo.  Maritza sigue moviéndose derrochando sabor y energía. Yo medio muerta, jadeando y colora’.

La Sonora Dinamita es verdaderamente explosiva.

Finalmente, después de esta salsa buena, recia y arrabalera, suena una melodía que conozco: “Carnaval”. Me reactivo como si me hubieran puesto una  inyección de energía. Bailo como si el mundo se fuera a acabar.

Termino la clase, agotada pero feliz. Si no adelgazo, al menos la música me energiza y me quita los blues.

Me pongo mi chaqueta de invierno. Al salir a la calle,  siento que me estoy convirtiendo en estalactita.  Ya en el carro, en medio de este paisaje nevado y silencioso, verdaderamente raro para el imaginario venezolano,  me voy cantando  a todo pulmón las sabias palabras de Celia Cruz.

 Es mi momento mágico del día:

Ay, no hay que llorar, que la vida es un carnaval,
es mas bello vivir cantando.
Oh, oh, oh, Ay, no hay que llorar,
que la vida es un carnaval
y las penas se van cantando.













sábado, 12 de noviembre de 2011

EL Angel y el Vestido

Estoy bloqueada y todo por culpa de un vestido que compré y que no sé si quedármelo o devolver. En otras palabras, desde ayer, he estado en la tricúspide de la necedad, el narcisismo y la frivolidad. Hasta que, hace minutos,  estando allí, en esas cumbres, un pensamiento de otro mundo voló ante mí como un ave serena y majestuosa.

Descendí de esas alturas estrepitosamente con un sollozo de dolor. Esa ave gloriosa era un recuerdo, era ella, mi amiga Gloria. que se fue a volar a otros cielos,  el pasado mes de Junio. Entonces, tuve una pequeña batalla conmigo misma, de la que salí victoriosa, gracias a ella. Les cuento.

El vestido es bello y caro. Mi esposo lo aprobó con entusiasmo, pero yo a él no le creo. Si me pongo un saco de papas encima, a él le parece diáfano. Otra razón para amarlo, por supuesto.

Hoy salí dispuesta a devolverlo, mi esposo se negó, pero es que me parece que es muy ajustado y la verdad no me siento cómoda. Yo no me conformo con vestirme “según mi edad”, es decir recatada y conservadoramente, es aburrido, pero en este caso, no  estoy segura. Una vez leí que uno debe vestirse, no de acuerdo a la edad, sino de acuerdo a su cuerpo (que no es que ayude mucho) y el consejo mas importante que he considerado respecto a la moda es que uno tiene que vestir su verdad o “dress your truth”.

Hoy volví a probármelo, con medias, faja casi a punto de colapso circulatorio, tacones y accesorios. En fin, he estado dos días en este ridículo dilema del vestido. Leo una página.. el vestido.. converso sobre la eurocrisis…. el vestido… ¿qué vamos a cenar?... el vestido…limpio, cocino… el vestido… las elecciones, Chavez… el vestido...

Entonces, fugazmente, como un silencio de esos en que pasan los ángeles, se presentó inesperadamente, el recuerdo de mi amiga  Gloria, que murió trágicamente en un accidente de moto, hace cinco meses apenas. Me vino a la mente la fiesta de Navidad del año pasado; ella con su vestido rojo, hermosa, con su silueta menuda y su porte elegante, sonriente y feliz del brazo de su esposo.  Compartimos mesa, criticamos algunos atuendos de la concurrencia canadiense, nos reímos y bailamos, I will Survive, que ironía…

Entonces, fue como si de la cumbre de la necedad en que me encontraba,  me lanzaran en un ascensor en caída libre.  Allí, en el sótano, quedé hecha añicos junto a los escombros de mi egoísta y pequeño mundo. Cuestioné todos los problemas tontos que uno se inventa, hasta me peleé con este blog, y mis momentos mágicos que al final son un compendio de anécdotas irrelevantes que a nadie interesan. Al diablo con el vestido, tengo una pila en el closet que apenas me he puesto. Y me quedé un buen rato pensando en el momento en que recibí la noticia de su trágica muerte. Cuatro o cinco palabras que la borraron del mundo. Todavía a veces, no lo puedo creer.

Le conté a mis esposo sobre mi bloqueo, de mi súbito recuerdo de Gloria y de lo mal que me sentía por lo vacío y superficial de mis pensamientos. Yo, que quiero creer que soy profunda y elevada.  ¿A quién engaño?

Mi esposo dijo que necesitaba lubrication. Para los malpensados  eso significa un trago.  (confieso que a mi también me tomó desprevenida la propuesta)

M. me sirvió mi acostumbrada copa de vino y entonces decidí escribir.

Ya con un vino entre pecho y espalda, me dediqué a recordar a mi linda amiga colombiana Gloria, a su hijo, que es un buen amigo del mío y en cuya sonrisa la encuentro a ella, cada vez que lo veo  a él en la oficina. Me vinieron a la mente las innumerables conversaciones en el Café, casi siempre temprano en la mañana. Conversábamos sobre los hijos, sobre el estar casada con un extranjero, sobre nuestras vidas aquí después de haber dejado nuestros países; y muy especialmente sobre la moda, vestidos, zapatos, carteras. Ella siempre tan linda, con la botas más estilizadas, sus bufandas, su figura de maniquí que hacía que todo lo luciera con gracia.

Entonces, me reconcilié con mi propia frivolidad, mi narcisismo, mi ocio, el que quisiera cultivar más a menudo.  Como he dicho en otras ocasiones, en nuestras vidas imperfectas, todo eso es importante. 

Yo escribo mis momentos mágicos, es mi manera de expresarme, pero a la gente  en general, no le hace falta escribirlos, sencillamente los practica. Algunos en la cocina, otros en la danza, en la fotografia, con los hijos, en el bordado, en sus trabajos, en los viajes, en las fiestas.

En mi vida ermitaña canadiense, las redes sociales, que al principio consideraba justamente la revolución del ocio, la frivolidad y el narcisismo, son hoy en día mi ventana al mundo y me encantan. Quizás porque yo soy todo eso, y un poquito más. Allí me divierto con la magia cotidiana y familiar de los demás.

Querida Gloria,

Qué triste va a ser no tenerte este año en la fiesta de Navidad.

En tu memoria, creo que voy a conservar el vestido y a hacer un poco de dieta de aquí a Diciembre. Seguro que me hubieses dicho, que qué bonito vestido, tu eras así de bella.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Magia Portátil

Mi querido hermano Rafael, que en paz descanse, decía que “hay tres signos de envejecimiento: El primero es la pérdida de la memoria...y de los otros dos no me acuerdo”. 

No se cuántas veces he repetido ese chiste, pero me encanta. Mi hermano era un hombre sencillo en su manera de vivir, pero de exquisito intelecto y excepcional sentido del humor. Como dijo un autor irlandés que murió hace un año o dos (creo), “el intelecto de un hombre es su palacio”. Mi hermano tenía el suyo,  y lo más bonito, era que lo habitaba con humildad. Jamás, hizo aspavientos de sus conocimientos, sólo si venían al caso. Es la diferencia, entre ser un aburrido y repetir la información leída, o manejar el sublime arte de la buena conversación. 

El chiste de mi hermano viene al caso ahora porque, aunque tengo buena memoria para las frases o imágenes que me han impactado, casi siempre se me olvida el autor o la fuente. Sin embargo, me cuido al menos de mencionar que las leí en alguna parte, pues, no soy tan original, y para condimentar mis escritos tengo que apoyarme en los demás. Nada molesta más que el plagio, pero, hace poco también leí, que “si uno se copia de un autor es plagio, pero si uno se copia de varios autores, es investigación”. (just kidding)

En fin, titulo mi “momento mágico” de este fin de semana con una frase extraída de una cita que, si mal no recuerdo, creo que leí hace mil años, en el libro de Stephen King, “On Writing” ( el único libro que he leído de este autor) que dice que, ”los libros son la magia mas portátil que existe”.

Si tuviera la dicha de trabajar para un periódico, o revista comentando libros,  en vez de trabajar para una petrolera canadiense, llamaría mi columna así: “Magia Portátil" y que me perdone Steve.

El placer de la lectura no es nada nuevo para mi, pero este fin de semana lo comprobé.

Como he dicho otras veces, mi esposo británico, el ser más inteligente que he conocido en mi vida y adicto al Sudoku, es hombre de pocas, pero poderosas palabras. A veces, le digo, sin ton ni son: “Tell me something” y él se pone nervioso, y yo me divierto.   El otro día le dije que el Sudoku es gimnasia para su cerebro, pero que no genera temas de conversación.  Dicho esto nos enfilamos a “Chapters” y entre los dos, nos gastamos una pequeña fortuna en libros.

En esta mágica noche de domingo, me acabo de dar cuenta que, este fin de semana, estuvimos desaparecidos. Y es que leer lo desmaterializa a uno. Se vuelve uno sustancia intangible e invisible.

Quien se hubiera asomado a nuestro rincón de lectura este fin de semana, lo que hubiese visto eran dos libros flotando, las páginas pasando acompasadamente; un gin tonic volador y una copa de vino ingrávida, moviéndose de vez en cuando hasta el bar para ser renovada, como la fe.

Y es que estábamos los dos perdidos entre las letras, en otros mundos muy diferentes, (tenemos gustos literarios radicalmente opuestos). El leyendo por qué los ingleses han odiado por siglos a los franceses y yo deleitándome con Murakami.

Más tarde, cuando nos materialicemos de nuevo y se me antoje decirle: “ Tell me something”, nos sumergiremos en otra deliciosa y profunda conversación, intercambiaremos sueños y seguiremos construyendo nuestro palacio.

martes, 1 de noviembre de 2011

Meditando mi paisaje interior o la cura del insomnio

Cuando me preguntan que cómo amanecí, respondo: Bueno, estaba dormida y me desperté. Me encanta ese chiste que solía decir un compañero de trabajo en Venezuela. Pero hace unos días, amanecí con el titulo de mi próximo momento mágico en la mente: Meditando mi Paisaje Interior.


Pensé que seria un escrito muy poético, así que le concedí todo el fin de semana para que se gestara. Pensé que, así como uno contempla un paisaje marino, o de montaña y uno se extasía, y se reverencia, y se siente uno pequeño ante tanto cielo o ante tanta agua, y uno participa en confidencia del misterio y de los secretos del universo y uno quisiera guardarse esas bellezas en los ojos para contenerlos por siempre, y uno es testigo de la vehemencia de la naturaleza, y uno se exalta y se conmueve y a veces hasta llora. Pues así mismo pensé, que meditar mi paisaje interior seria una experiencia  grandiosa, iluminadora, gratificante y placentera. Lo que nunca pensé fue que estaba fraguando algo mucho más importante: la cura para el insomnio.


Estuve todo el fin de semana esperando el momento del parto cósmico para poderlo compartir con mis escasos pero maravillosos lectores. Nada.


Sucede que ayer lunes, tenía que salir de la casa a la inhumana y torturadora hora de las cuatro de la mañana, para ir al lugar más desangelado del mundo, donde hasta los pinos son feos, larguiruchos y raquíticos, incapaces de echar raíces en esas tierras ácidas del Norte.


Por supuesto, la noche antes de viajar, me posee el insomnio. Siempre me pasa. Vueltas y mas vueltas y no duermo nada. Sin embargo, cierta  vez un desconocido, me dio el mejor consejo para el insomnio  que he escuchado en mi vida, y es que, si uno ya se resigna a que es imposible dormir, pues al menos uno puede decidir descansar.  Y eso mismo me dije el domingo en la noche, y para descansar, me propuse “Meditar mi Paisaje Interior” Una buena manera de relajarme y trabajar mi momento mágico, al mismo tiempo.


Me metí en la cama, leí un par de páginas del Cuaderno de Maya ( el cual tengo que devolver),  le di el Good night a mi adorado esposo y me sumergí en los laberintos de mis acontecimientos internos. Quise conocer esos países de adentro, esa arquitectura llena de vericuetos, buscar la esencia de mis latidos, de mi historia, de mis lluvias, de mis ventanas, de mi amores, de mis despedidas. Me perdí en mis divagaciones y sin percatarme,  caí derrotada. Me dormí.


Hoy me doy cuenta que eso de meditar el paisaje interior no es tan sencillo. La humanidad, desde que el hombre es hombre, ha estado tratando de recorrer ese paisaje. Yo lo intento a diario, con mis meditaciones impulsivas.  Entendí   incluso que eso de “Meditaciones Impulsivas”,  es un “oximoron”. Meditar requiere de tiempo, disciplina y paciencia, cosa que yo no tengo, pero igual me gusta el titulo, me obsesionan las contradicciones. Al final, como dije cuando empecé este blog. Yo no escribo porque tenga gran cosa que decir, sino mas bien porque tengo mucho que descubrir.


Victor Hugo lo expresó magistralmente en una frase que me regaló hace tiempo mi amigo húngaro, sublime escribidor de la luz, TO:


“Hay un espectáculo más grande que el mar que es el cielo; hay un espectáculo más grande que el cielo, que es el interior del alma”.
Victor Hugo. "Los Miserables"

viernes, 28 de octubre de 2011

La Marioneta


Todas las tardes, después de la oficina,  llego a la casa y colapso en mi sillón como una marioneta a la que cortaron los hilos. Cuando cae el sol, mi esposo y yo, abrimos el bar, es la hora oficial del “sun-downer”, es decir el trago de cuando el sol "goes down".

Estos últimos días,  mi esposo se sentía muy preocupado porque yo estaba tomando menos que de costumbre (qué paradoja), y una sola copa de vino me duraba toda la velada. Ayer, con un Eureka, caí en cuenta del por qué me estoy alejando de la bebida, literalmente, y  pegué un grito, como si hubiera descubierto la piedra filosofal.

Mi esposo, del susto, casi se guindó de la lámpara como un gato. 

Resulta que, hace poco, cambiamos la distribución de los muebles y ahora la mesa donde apoyo mi trago me queda más lejos.  Para agarrar la copa tengo que incorporarme y extender el brazo telescópicamente. Esto representa un esfuerzo enorme para cualquier marioneta que se precie.

Nos reímos un buen rato. Y dijimos al unísono que esto era un “Magic Moment” Se ha vuelto una rochela lo de los “Magic Moments”, pero me gusta, porque ahora todos en la casa estamos atentos.

Mi esposo procedió a acercarme la mesita para que la copa estuviera a un brazo de distancia, ni más ni menos.

Ahora que está todo en orden otra vez, puedo proceder a mi momento mágico serio del día.

También me gustaría hacer una aclaratoria, y es que me di cuenta de que en mis textos intercalo muchas palabras en inglés, cosa que siempre he detestado, pero que lamentablemente, se me ha convertido en un pésimo hábito. No lo hago por esnobismo, ni es mi intención envilecer el idioma que tanto amo. Se ha vuelto una mala costumbre porque así me comunico con mi esposo, es otra forma de ley de mínimo esfuerzo. Ni él quiere hablar Español, ni yo Inglés todo el tiempo. Es un buen “compromise” y ya lo hice otra vez.  Espero no lo tomen a mal. No se si pueda prometer evitarlo.

He aquí mi momento mágico serio.

Cuando la gente me pregunta que cómo amanecí, les respondo: ”bueno, estaba dormida y me desperté”. Me encanta ese chiste, que solía decir un compañero de trabajo en Venezuela. Pero hoy me desperté con el título de mi momento mágico apenas abrí los ojos: “Meditando mi paisaje interior”.

Así va a comenzar mi próximo “Magic Moment”, que espero seguir meditando el fin de semana. Perdón, pero la marioneta necesita su “sun-downer”

martes, 25 de octubre de 2011

Sindrome de Piñata

Siempre le digo a mi esposo que yo sufro del síndrome de la piñata, porque cuando voy de compras, me encanta llegar a mi casa y abrir una bolsa con muchas cosas útiles (e  inútiles) que no sirven para nada, que me exaltan, me enajenan y me dan placer. Como me enseñó uno de mis escritores favoritos, el cual descubrí gracias a mi buena amiga MM a quien le doy crédito por su buen gusto literario, Haruki Murakami, “en nuestras vidas imperfectas, las cosas sin importancia son importantes”, algo así.  Con esa frase me reconcilié con mi absoluta falta de practicidad, mi cualidad favorita. Esa máxima fue una epifanía, una liberación, porque aunque quisiera ser minimalista, soy mas bien maximalista y en mi casa ya no caben los cachivaches. Sin embargo, esta verdad entró en conflicto con otra frase que leí hace poco en un libro de Bioy Cáceres, “la vida me enseñó, que el amor por las cosas, como todo amor no correspondido, a la larga se paga”. Estoy intentando reconciliar estas dos verdades, tampoco uno se puede apegar a los objetos, a ellos no les importa, es una perdida de energía, un desperdicio de amor…

Pero como ya basta de análisis y melancolías ( mis dos últimos escritos han estado horrorosos), en un ánimo más liviano, y considerando que estos días no me ha pasado nada  realmente notable,  ni siquiera nada ligeramente relevante, pues decidí sentarme a abrir una bolsita de piñata,  y jugar un rato con las cosas insignificantes y maravillosamente inútiles de estos días pasados, que el invierno va acortando lentamente, sumiéndonos en una intimidad densa y violeta, deliciosa.

En  mi bolsita encontré un hilo de aceite. Dios mío, como he pensado en ese hilo! Me sucedió intentando seguir una receta, y como primera vez que ponía en práctica esa técnica (agregar el aceite en hilo),  fue como jugar con un gurrufio.  El aceite se transformó en una especie de elixir de oro, que realizó la alquimia de una vinagreta y de mi ensoñación.

Después conseguí, milagrosamente en mi bolsita, una buena conversación. Sucedió hace unos días cuando celebrábamos el primer chorrito de petróleo, después de cinco años de trabajo. Mi esposo era el anfitrión, es su proyecto, así que nos quedamos, como siempre, de últimos en el pub.  Cuando ya pensábamos que era hora de irnos, llego un rezagado, B., un muchacho irlandés, encorvado, con anteojitos y super tímido. Mi esposo no aguantó dos pedidas para acompañarlo con otra Guiness, y así empezó una conversación de alto calibre intelectual, Guiness con pasapalos de Oscar Wilde, Bernard Shaw,  James Joyce. Llegué a la casa a releer el monólogo de Molly Bloom, lo único que he logrado digerir del Ulises de Joyce. Un placer raro que recomiendo. Creo que esto fue de lo mejor de la piñata, como las cajitas de sorpresa.

De mi bolsita salió una plumita, seguramente de la almohada y que alguien sacó de mi pelo y voló graciosa y leve, como una nubecita.

De la bolsa también surgió el piropo de mi hija por mi cuadro. El mismo que he estado pintando este mes de Octubre y que quedó como un adefesio. Ayer por fin lo develé y lo dejé en el sótano. Cuando mi hija lo vio me dijo: “Me gusta… no para guindarlo.. pero me gusta… es mi abuela”.  Concuerdo con ella totalmente, el cuadro va directo al garaje, pero de alguna manera también me gusta.

De mi bolsita sale el café de la mañana, el cup of chai de la tarde, el vinito de la noche,  que mi lovely husband me ofrece todos los días de mi vida, yo le preparo la cena que el agradece efusivamente, no matter what; es el intercambio de “small kindness” que constituye nuestra aburridísima y plena vida cotidiana. Mi hija me dice que deberíamos salir más y es que yo encuentro que mi sillón es el lugar mas interesante del planeta.

En fin, mi bolsita esta full.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Cicatrices Inconsolables

Hoy es el Día Mundial del Cáncer de Seno, así que decidí asomarme de nuevo a mi propia cicatriz,  la misma que hace 17 años, cuando me operaron de un tumor en el seno derecho,  me parecía inconsolable.

Hoy, después de tanto tiempo, la busqué en mi piel, en mi alma y en mi memoria.

No la encontré. El amor se encargó de borrarla.

Amor vincit omnia
El amor todo lo conquista.

Es mi momento mágico del día.

domingo, 9 de octubre de 2011

Octubre: Un Estado del Alma



Tenía días sin escribir y no por falta de momentos mágicos sino porque Octubre es un estado particular de mi alma.  Para darle la importancia que merecen a esos pequeños detalles, que llenan mis rincones internos, los mencionaré antes de intentar descifrar ese fluido misterioso que me envuelve durante mes de Octubre.

Esta última semana recibí muchos regalos inesperados: de mi amiga de Chile libros  en Español,  clásicos de la literatura, Camilo José Cela, Adolfo Bioy Cáceres,  y un préstamo, el más reciente de Isabel Allende, El Cuaderno de Maya ¡que placer!; de mi amigo tailandés, un portamonedas con elefantes y un salero y pimentero, también con elefantes, que me trajo de un viaje a su tierra;  de mi vecina, un ramillete de espigas de Lavanda, antes de que las mate el invierno;  de la mama del novio de mi hija, suspiros caseros y turrón de chocolate; y por último, de mi amiga maracucha, el regalo de caer en cuenta, una vez más, de su característica intrínseca de servir y regalar bienestar, sin el menor egoísmo. Todo me lo resuelve: indigestión, peluquería, asuntos legales, inmobiliarios, vehiculares, estéticos, espectáculos, religiosos.  Les doy las gracias a todos, mi mes de Octubre no podría haber tenido mejor comienzo.


La razón de la atmósfera lunar que me envuelve en este mes,  es simple, pues el día 21 de Octubre mi mama cumple dos años de que se despidió de este mundo. El año pasado lo pasé triste, triste, triste.  En aquel entonces le escribí un poema “ Una Mujer Alegre”, como la definió el jardinero de la casa, con la diafanidad que sólo habita en los inocentes, y un jardinero, por definición tiene que serlo. 

Con ese poema puse fin a mi duelo. Como nos dijo una psicóloga, hace poco en una charla llamada “The Science of Happiness”: al cabo de una año de una enorme tristeza, como perder un ser querido, o de una inmensa alegría, como ganarse la lotería, las personas vuelven a su estado natural de felicidad o infelicidad. Otra de las cosas importantes que dijo la psicóloga fue que, en la vida no hace falta tener las mejores cosas, sino hay que hacer lo mejor, de las cosas que uno tiene. Por fin, algo interesante en uno de estos mega-aburridos “Offsite” de la oficina.

Volviendo al tema de Octubre, el recuerdo de mi mama,  no es sombrío, ni triste, sino al contrario, es alegre y colorido.  Ya no lloro su ausencia, sino que la invoco en su sabiduría silvestre y la sueño con mucha frecuencia.  Ya no me duelen los recuerdos de tiempos pasados, sino que los honro. Sin embargo, no lo puedo evitar, el mes de Octubre tiene para mi una sonoridad melancólica, como una pieza de Bach que me enseño mi profesora M., y que sólo me gustaba tocar en los días lluviosos. Ella sabe cual es.

Con todo esto en mente comenzó mi proyecto de este Octubre contemplativo: Un  ambicioso proyecto pictórico. Ambicioso, porque tengo en la mente exactamente lo que quisiera pintar, pero siempre fallo en la ejecución. Mi arte, como yo lo defino, es “ Arte mamarracho”. Hay una delgada, pero casi infranqueable línea que separa el arte, del resto de los mortales y yo me mantengo detrás de esa línea, por desgracia.  No importa cuánto lo intente.

En fin, ayer armé mi caballete, saqué mis pinturas, coloqué el lienzo enorme ( lo mío es arte mamarracho masivo) y me estuve todo el día de ayer pintando un homenaje a mi mama. El cuadro tiene que ser en esencia algo abstracto, con muchos de los elementos que la caracterizaban, confundiéndose con su silueta. Una especie de retrato hecho de rosas y helechos y riqui riquis, loros y colibríes.

Llegó la noche y terminé cansada y frustrada. Lo que estaba buscando, no lo conseguí. Al cuadro le faltaba expresión, era una explosión de colores y nada más. Había algo intangible que no lograba plasmar, ni tocar, ni materializar, ni expresar, ni palpar.  Algo inalcanzable, que se fuga, que se va, irremediablemente. Creo que es eso que llaman ausencia.
.
Descorazonada, me acosté a dormir.

Hoy, no sabía si seguir intentando, a expensas de arruinar el cuadro para siempre,  o simplemente abandonar el proyecto.  Entonces mi hija llegó con la respuesta.

Estaba yo mirando el caballete,  pensando si continuar o no con mi pintura.  Mi hija se presento para hacer “brainstorming” sobre sus proyectos de universidad. Entonces, de pronto, en medio de nuestra conversación, como si nada, me dijo: Mami, sabes que esta mañana me desperté llorando.

Yo me asusté.

Ella continuó antes de que mi susto se incrementara.

-Pero de alegría, mami. Por primera vez  en dos años, soné con mi abuela y  soné que la estaba abrazando fuerte, fuerte. Entonces me desperté llorando. Cerré los ojos para intentar volver al sueño,  pero ya no pude.

Entonces a las dos se nos aguaron los ojos. Una inundación breve, porque las dos somos “ugly cryers” y tratamos de practicar el “cero drama”, pero lloramos juntas lágrimas contentas. 

Yo le conté de mi proyecto. Ella se entusiasmo. “ Yo lo quiero para mi cuarto” ( lo dudo)

Decidí que voy a retomar mi pintura, a ver que sale. 

Si  logro algo aceptable, lo compartiré el día 21 de mi Octubre cósmico. 

Por ahora, comparto “ Una Mujer Alegre”


Una Mujer Alegre

Los jardineros conocen el idioma
de las plantas y del universo
Así,
una tarde triste de Octubre,
tarde de despedida,
el jardinero Agustín,
con su dolor humilde
y sus palabras buenas,
sin darse cuenta,
escribió este poema
Una Mujer Alegre -dijo.
Me conmovió la síntesis perfecta
como el sonido de un pétalo al caer,
inexorable y leve
misterio audible
para quienes quieren creer
Una Mujer Alegre…tanto,
que hasta  las lágrimas
que aún no puedo secar
son lágrimas contentas
Una Mujer Alegre
Palabras que se cimbran
rama cargada de infancias
de abundancia de hogar,
hogar a manos llenas
que dejó en nuestra estancia
Una Mujer Alegre
Como uno de sus lienzos
guacamayas y loros al ocaso,
pinceladas de luz en la mirada,
rosas y helechos a su paso
Carmencita…
Su nombre llega en la brisa,
del verso del jardinero,
que aquella tarde triste de Octubre,
regó el jardín de Altamira
con un mensaje del universo

¡Una Mujer Alegre!…mamá

Leonor Henríquez León