sábado, 22 de septiembre de 2018

CALVICIE OTOÑAL




El Ingeniero Gutiérrez se asomó a la ventana y miró a Horacio barrer las hojas del patio.
-      Qué trabajo tan ingrato – pensó Gutiérrez – malpagado, sin posibilidad de ascenso ni desarrollo personal, y encima, cuando sopla una brisita, hay que empezar todo de nuevo. ¡Pobre Horacio!
 Gutiérrez salió de su breve reflexión y revisó el plan de trabajo. El proyecto terminaría en dos meses. Pronto comenzaría la “botazón” o más elegantemente dicho: la “desmovilización”. Son los tiempos en que nadie quiere atender el teléfono; podría tratarse del personaje más temido: la “licenciada”, la que entrega el fatídico sobre de la liquidación con un beso, “el beso de la mujer araña”. Así se le conoce en la oficina. 
Para el Ingeniero Gutiérrez comenzó la agonía. Le aterrorizaba la idea de quedarse sin trabajo. A estas alturas ya debía estar acostumbrado. La ingeniería era así, con altibajos, períodos de trabajo intenso y fases de depresión. Sin embargo, a él jamás le había faltado empleo, ni siquiera en las épocas más duras.  Gutiérrez era un hombre con una carrera impecable y sus pronósticos fatalistas, hasta ahora, no lo habían afectado. Pero Gutiérrez pertenecía a la más nefasta clase de pesimistas, a quienes, lo peor que puede ocurrirles en la vida es que las cosas les salgan bien. A Gutiérrez se le iba la vida esperando lo peor y para su mayor desgracia, lo peor nunca llegaba. Mientras tanto, Gutiérrez se iba quedando calvo.
 La situación del país, la inseguridad, el riesgo de un régimen totalitario, en fin, todo alrededor de Gutiérrez conspiró para que su miedo a quedar sin empleo se convirtiera en pánico. Tenía dos meses para mover sus contactos y lograr entrar en otro proyecto donde fuese remunerado igual o mejor que en el actual.
Gutiérrez removió el cielo y la tierra, pero parecía que esta vez sus visiones apocalípticas serían realidad. El “mercado” está flojo, le decían sus amigos; tu “tarifa” no es competitiva para la empresa, insistían; sería un privilegio contar contigo pero no podemos permitirnos ese lujo, argumentaban. En fin, El Ingeniero Gutiérrez sentía que el mundo se le estrechaba. Lo consideraban y él también se sentía, sobrecalificado y la posibilidad de “retroceso” le resultaba insoportable, el hecho de ser sub-pagado o sub-empleado era una humillación, una mancha en su ascendente carrera.
Los días pasaban y el agobio era cada vez mayor. Aquella mañana, sonó el teléfono. Era la “licenciada” solicitándolo de inmediato en su oficina. El ingeniero Gutiérrez tembló de pies a cabeza. Era su turno para recibir el beso de la mujer araña. Para Gutiérrez era casi una castración, una mutilación de su curriculum, un sablazo a su orgullo profesional. Desempleado, ese iba a ser su nuevo status. Sus cristales oscuros magnificaron una vez más la desesperanza: Jamás conseguiría otro trabajo, jamás le pagarían lo que verdaderamente él valía. Un hombre de su trayectoria, de su experiencia y sapiencia: desempleado. Sus contactos le habían fallado. Aquello era el fin. Gutiérrez colgó el teléfono, desolado y se asomó a la ventana buscando cualquier cosa que alimentara su desgracia: una manifestación de desempleados, un golpe de Estado, un niple, un asalto. Pero su mirada se tropezó de nuevo con Horacio, quien, como siempre, barría las hojas del patio.
-      Pobre hombre, al menos hay alguien peor que yo – pensó, y se levantó para dirigirse a la oficina de la licenciada como quien va a la guillotina.
Justo en ese momento, comenzó a soplar una brisa fuerte. Los montoncitos que cuidadosamente había arreglado Horacio, se esparcieron  por todo el jardín.  Se produjo un viento de hojas en el patio, una lluvia de verdes, ocres y naranjas, un remolino tornasolado. La brisa cesó y el piso quedó cubierto con una alfombra de hojas secas y florecitas moradas.
          El Ingeniero Gutiérrez salió de su oficina, molesto. Ya tenía planes para irse de este país ingrato, incapaz de ofrecerle un trabajo digno a alguien tan preparado como él. Entró a la oficina de la “licenciada” y antes de que ella pudiera hablar le dijo.
-      Ahórrese el beso. ¿Dónde tengo que firmar?
-      ¿A qué se refiere Ingeniero Gutiérrez? Yo lo solicité para anunciarle su ascenso, con su correspondiente ajuste de salario, así que renovaremos su contrato de inmediato.
Allí quedó Gutiérrez, con el pesimismo entre las piernas, mientras unos cuantos pelos otoñales se desprendían de su cabeza. Afuera, el trabajo también caía de los árboles, de las formas y colores más diversos. Horacio barría. 

PD: Escrito en Caracas, hace mas de 20 años...

martes, 18 de septiembre de 2018

EL TRÍPTICO



Sucedió por casualidad, de otra manera, jamás me hubiese visto envuelta en semejante situación. Apenas eran las nueve de la mañana y ya me había sucedido un sinnúmero de contratiempos, desde un caucho espichado hasta un derrame de café sobre mi camisa. Faltaba una eterna semana para fin de mes y las cuentas pendientes bullían en mi mente: dos meses de condominio, el giro del seguro, tarjetas, teléfono. Para más señas, había tropezado con un carro en la cauchera y además de un raspón espectacular en la pierna, la falda recién estrenada se me había roto. De paso estaba lloviendo. En fin, un día en que no he debido salir de mi casa, pero allí estaba yo, heroica, de nuevo en la oficina.
  Salía del baño después de restregar mi camisa blanca para hacer desaparecer la mancha de café y pasé junto a la sala de conferencias. Había un movimiento extraño a esta hora de la mañana, un despliegue de cámaras y de luces. Me asomé y vi a todos los directores de la empresa luciendo sus mejores galas. Pregunté a una de las secretarias qué estaba ocurriendo y me contestó que iban a tomar las fotos para el tríptico de la empresa.  El tríptico es una especie de folleto de alta calidad que se utiliza como elemento de mercadeo, es decir, para vender la tan cuidada y acariciada “imagen corporativa”. En el tríptico se destacan todas las bondades de la empresa como: “CALIDAD, EFICIENCIA, TECNOLOGÍA” y además viene ilustrado con las fotografías de los jefes, los cuales tienen que lucir como la franca imagen del éxito. 
Sentí curiosidad y me acerqué a la puerta. La escenografía estaba muy bien cuidada. Había un rotafolio con un gráfico ascendente de vivos colores. Sobre la mesa, instrumentos de trabajo: carpetas, bolígrafos de marca; en fin, era una reproducción exacta de una reunión de trabajo de la alta gerencia. Los directores ocuparon sus lugares, el presidente de la empresa estaba parado, señalando un punto en el gráfico. Los fotógrafos daban instrucciones y captaban con sus flashes las magníficas sonrisas de los altos ejecutivos que se habían puesto hoy sus corbatas más llamativas.
Olvidé la mancha de café, la cuenta de condominio y la falda rota; me estaba divirtiendo, los directores trataban de mostrar su mejor perfil. Una empresa joven de personas exitosas, hasta me estaba sintiendo orgullosa, a fin de cuentas yo era parte de esa imagen que ellos pretendían mostrar.
Estaba a punto de retirarme cuando uno de los fotógrafos me tomó del brazo y sin que me diera tiempo a reaccionar me sentó en la mesa de conferencias.
-      Tome la pluma como si estuviera tomando notas – me dijo – no baje tanto la cabeza, la espalda erguida... – continuó.
En fracciones de segundos yo era un extra de la escena del éxito. Los flashes comenzaron a cegarme.
-      Ahora párese y haga como si estuviese señalando algo en el gráfico.
Lo hice disimuladamente para que nadie notara el hueco en la falda. Si me hubiesen dicho que saldría en las fotos del tríptico, hubiese hecho mi mejor esfuerzo por verme altamente ejecutiva. Pero no, era uno de esos días en que no me sentía ni ejecutiva, ni triunfadora, ni nada por el estilo.
-       Sonría...Muy bien. – dijo el fotógrafo.
Allí estaba yo, con sonrisa congelada, señalando un punto imaginario en la cúspide de la curva ascendente. Los directores me miraban y asentían complacidos mientras se disparaban los obturadores de las cámaras.
De pronto, los flashes comenzaron a marearme. Me sentí como si yo no perteneciera a esa escena. El éxito comenzó a abrumarme. Gráficos, sonrisas, trajes impecables y corbatas de seda, actitudes aplomadas, hombres seguros de sí mismos, convencidos de lo que hacen y de lo que quieren, y yo, pensando en mis cuentas pendientes, tratando de disimular la mancha de café que aún no se secaba y cruzando la pierna para que no me viesen la  falda desvanecida.
Di una excusa para salir, pero el fotógrafo me detuvo.
-      Usted no puede irse ahora, falta la foto más importante, la que va a ir en la portada y es necesaria la imagen femenina.
-      ¿Femenina? – me dije yo mientras miraba mis manos aún con la grasa del caucho.
-      Ahora sonrían todos – dijo el fotógrafo.
Le obedecí. A mi lado, los directores hicieron lo mismo. La luz del flash o tal vez la aureola del triunfo, me encandiló.
Allí quedó, para el tríptico y para la posteridad, la fotografía del éxito, la que seduciría a cientos de clientes, la que circularía por las empresas petroleras más importantes del país. La imagen del brillo empresarial, de la calidad, la eficiencia y la alta tecnología. Allí estaba yo, con mi mejor sonrisa de utilería. Radiante, tan exitosa como quienes me rodeaban. Rogué a Dios que en la foto no se notara la mancha de café, ni mis manos con grasa de carro, ni la falda rota.

PD: Otro cuento que escribí hace más de dos décadas, de mi colección de cuentos de oficina. Una época de mi vida en que pasaba más trabajo que "un ratón en un saco de clavos", como diría mi papa. 

sábado, 15 de septiembre de 2018

HOJA DE TIEMPO ( Del baúl de los recuerdos...)



Como todos los lunes, me dispuse  a llenar mi Hoja de Tiempo. 

Para quienes no manejen el lenguaje empresarial, la Hoja de Tiempo es una planilla donde uno debe anotar las horas laboradas durante la semana, asociadas al código de una actividad determinada. 

Esto que suena tan aburrido, se hace para llevar el control de tiempo de los empleados. La Hoja de Tiempo debe ser lo más productiva posible y por consecuencia, lo más facturable posible. Lo peor que puede existir es cargar horas al código “disponible”, o “ a la espera de trabajo”. Significa sencillamente que uno no está haciendo nada y a la larga resulta una carga para la empresa. 

En fin, luego de estas tediosas explicaciones, que pueden servir para entender mejor lo que me ocurrió este lunes, saqué de mi archivo el formato cuadriculado de la rutinaria Hoja de Tiempo. Procedí a sacar mi  agenda para corroborar en qué actividades había invertido mi tiempo. Parece mentira, que uno no se acuerde de lo que estuvo haciendo apenas hace una semana, pero siempre me ocurría lo mismo, tenía que apoyarme en la agenda para recordar mis actividades.

          Escribí mi nombre en la casilla correspondiente, código de empleado, fecha, período, y aquí, justo en este momento fue cuando se complicó esta historia. 

El período se refiere a la semana anterior, de lunes a domingo, pero esta vez el período estaba pre-establecido y la fecha que tenía me llenó de sorpresa primero; después sería terror. El período era exactamente desde el día de mi nacimiento, hasta el domingo pasado. 

Intenté borrar la fecha, obviamente se trataba de un error, una broma, tal vez una jugarreta de Recursos Humanos. Pero la fecha no se podía borrar. Intenté con el typex, y también fue inútil. Un escalofrío me recorrió. 

Tenía ante mis ojos  la Hoja de Tiempo de toda mi vida y lo peor es que me sentí en la obligación de llenarla. Tenía que colocar en una hoja cuadriculada, en qué actividades había invertido mis horas, mis días, mis años, mi tiempo, mi existencia. 

Respiré hondo y me puse a recordar. En este momento se hizo el terror. Si me costaba recordar mis actividades de  la semana pasada, la tarea de recrear toda una vida era prácticamente imposible. Comencé con los acontecimientos generales de los primeros años: muchas horas de jugar, cantidades de horas de estudio, hitos importantes como cumpleaños, primera comunión; más adelante matrimonio, maternidad, graduaciones; después separaciones, ausencias, presencias, pérdidas, adioses.  Me llegaron, como a todo el mundo, las horas de soledad, importantes e intensas siempre que no lleven a la desolación. Inexorablemente llegaron también las horas tristes, lágrimas, dolores, que se tradujeron más tarde en muchas horas de aprendizaje. Disfruté enormemente recordando y anotando las horas más divinas: horas de amor, de placer, de locuras y de ternuras.

          Me fui entusiasmando verdaderamente con lo que estaba haciendo, los recuerdos fluían de una manera sorprendente y maravillosa. Las horas divertidas, de risas, de canciones, de poemas, llenaron muchos espacios. Me desbordé y me sorprendí de que cupieran tantas cosas en una Hoja de Tiempo, parecía que las columnas se hubiesen multiplicado.

          Fue entonces cuando llegué a un punto muerto. Quedaban muchas columnas vacías, era precisamente el tiempo que pasó sin darme cuenta. Muchísimas horas, días, meses incluso, se me habían escapado en blanco, inertes. Horas suspendidas, que no sabía a qué código asociarlas, como cuando uno angustiosamente carga a la actividad más temible: “a la espera de trabajo”, en la hoja convencional de la empresa.

          Se me ocurrió inventar un código de ocio, pero las horas de ocio consciente y cultivado eran limitadas. Había un tiempo perdido, irremediablemente. No había descripción ni código alguno donde cargarlas, porque sencillamente no las recordaba.

          ¿Dónde estaba yo en esas horas vacías y asfixiantes? ¿Qué estaba haciendo, en qué pensaba? ¿Por qué las dejé escapar sin ni siquiera haberme percatado?

Otra vez el pánico se fue adueñando de mí. Por primera vez tuve conciencia de que había dejado ir muchísimas horas de esas que en la empresa llamarían “improductivas”, pero son diferentes las horas improductivas para una empresa, a las perdidas en una vida; éstas son irrecuperables. No había trampa posible para rescatarlas, ni que viviera horas extras,  en la vida no cabe el término de sobretiempo. Sencillamente, las horas perdidas descapitalizan una existencia y no hay forma de balancearlas.

          Intenté sobreponerme al impacto que significaba tener ante mis ojos una vida con huecos. Como soy de mente racional, busqué explicaciones para consolarme a mí misma. Si aplicaba una de ponderación, de pronto, los momentos intensos compensarían esas lagunas. Si hacía una distribución gaussiana, era lógico pensar que en toda una vida se produjesen picos y bajos. Pero ninguna explicación, en realidad, me reconfortaba. El hecho era que había tirado a la basura horas preciosas que ya jamás volverían.

          Busqué analogías con la empresa. Cuando estas cosas pasan en la compañía, se toman  “acciones correctivas”. En este caso, estas acciones tendrían que aplicarse en el tiempo que me restaba por vivir.

          Solo había una manera de que mis horas futuras fueran plenas: viviéndolas a conciencia y no permitiendo dejar escapar ni tan solo una de esas que la empresa llamaría no facturables. El tiempo que a uno le es concedido en este planeta tiene que ser ciento por ciento reembolsable, pero no en dinero, más bien en satisfacciones, en conocimiento, en amor...

Como no está permitido dejar espacios en blanco en una Hoja de Tiempo, va en contra de todo procedimiento normalizado, tomé este tiempo vacío y las cargué, con gran pesar, a un enorme signo de interrogación.  Volví sobre las horas plenas, las que trascendieron, las que quedaron plasmadas nítidamente en la hoja cuadriculada, las que aún permanecen. Me sentí satisfecha de ellas. 

Firmé mi tiempo con la intención de proceder de inmediato a las “acciones correctivas”, la más importante de todas: VIVIR, porque, como diría mi padre: ...es más tarde de lo que imaginas

PD: Este cuento lo escribí  en Caracas,  los años 90 ( probablemente 1996 o 97, y se nota) son parte de mi colección de Cuentos de Oficina, que mi hermana Ileana tuvo la gentileza de recopilar en un volumen y en una noche fría como hoy, por alguna razón re-visite (buscando un escrito de mi hija y su falda de Flamenco, que no encuentro, pero este es otro tema). Como estoy escasa de "Momentos Mágicos" , pues voy a reproducir mis Cuentos de Oficina, aquí en mi blog, o espacio de jugar, es como un viaje a través del tiempo. 

martes, 11 de septiembre de 2018

BOLSILLOS




Los míos están golpeados y medio vacíos, después de varias indulgencias, lo confieso.

Sin embargo, como el viento del Norte comienza a soplar por estas latitudes, y he tenido que sacar unas chaquetas mas gruesitas del closet, pues comparto esta reflexión, que me sorprendió, no solamente a mí, sino hasta a Sancho.

Hoy descubrí que, en los bolsillos habita un microcosmos oculto.

Una poética.

Como si, ese espacio de tela oculto y bien cosido tuviese plaza, mercado e iglesia.

Presencias, recuerdos.

Refugio de las manos y de su inmanencia.

En los últimos días, en chaquetas rescatadas para la estación, me he encontrado con  entradas al teatro, monedas de países remotos, un caramelo de café, el olor a tabaco, pañuelos con lágrimas viejas.

Pero hoy…

Hoy, el cielo anunciaba tormenta, pero, aun así, Sancho tiene que salir a pasear.

Es el “highlight” de su día, y del mío realmente.

Generalmente salgo con mi amiga Gracia, la única valiente que se atreve a acariciar a Sancho, que es un poco gruñón, pero esta vez Gracia no se quiso arriesgar a salir con el cielo tan encapotado como estaba.

En el apuro y, para que no nos agarrara la tormenta, agarré el primer impermeable que conseguí en el closet.

Era el de mi esposo, rojo y gigante.  (Todavía conservo algunas de sus prendas, aunque casi todas la doné)

Me quedaba enorme, su humanidad era de 1.92 metros de bondad, amor y gentilicio.

Así salimos, yo con mi impermeable que parecía más bien un vestido, y Sancho, como siempre eufórico.

En silencio, caminamos por el bosque, como solíamos hacerlo los tres.

Cuando nos sentamos en el banquito, frente al río, metí las manos en el bolsillo y la magia se hizo.

Un viejo cigarrillo y un “milkbone” (una galletita o “treat” como se llaman aquí) para Sancho.

Fue como si mi esposo me tomara de la mano por un instante.

Me estremecí de puro amor.

Le di la galletita a Sancho.

Y él sonrió.
Sancho sonriendo


Regresamos a casa con los bolsillos y los corazones llenos.

Al final no llovió.

sábado, 8 de septiembre de 2018

NATALIA



Es mi “casi nombre”.

Para hacer la historia corta:

Mi mamá me quería Natalia, y así me dio la bienvenida cuando nací.

“Llegó Natalia”, dijo.

Mi papa me cambió el nombre y bueno, soy Leonor, bello nombre castizo.

El Natalia lo uso como “Nom de Plume”, por cariño.

En Canadá, mi país adoptivo, Leonor es algo ininteligible: 
Lionór o Lenor o Lenora. Me toca siempre deletrearlo.

No sé a qué niveles profundos ese cambio de nombre habrá afectado mi psique, pero, al final, mi vida como Leonor, incluso con sus golpes, ha sido “blanche et pleine, comme la tendresse” (“blanca y plena, como la ternura”, no sé por qué los galicismos, perdonen)

Hace pocos días me levanté con este pensamiento:

“El día esta radiante, igual que mi corazón.”

Me asombré.

Aún lloro lágrimas secas, por mi amor que se fue.

“Te lloro sin llorarte cada día”, le dije hace poco y quise escribir un verso triste.

Son las lágrimas secas, que duelen mucho más que las húmedas.

Pero hace poco también tuve este otro pensamiento:

“Lloro, pero no por lo perdido, sino por todo lo que tengo”, y éstas, sí son lágrimas mojadas.

Como las que me asaltaron, hace poco, cuando escuché una “voz antigua”, como dice la canción de Alfonsina y el Mar.

“Natalia”… un eco  que ha traspasado tres generaciones.

Todavía no llega, pero ya habita en el Bosque Encantado, el vientre de mi hija.

Natalia Elena

Con flores y dulces, te celebramos mañana.

PD: Mañana se reúnen en mi casa todas las hadas. Las que aquí habitan, las que están en otros países, pero igual nos acompañan y las ausentes, presencias protectoras (una larga lista…)  que derraman sus bendiciones sobre Natalia ( B’Risita, el remolino despeinado) y su hermano Tomás  (alias Chispita).





miércoles, 29 de agosto de 2018

QI GONG (*)




Me sorprendió el tamaño del gong.

Era mas bien una palangana, dicho en criollo; o una paellera, para los amigos españoles.

Creo que todavía tengo su vibración, resonando en mi cuerpo.

Decidí intentar esta forma de meditación Qi (Chi) Gong, por tres razones:

Era al aire libre, en el parque, muy cerca de mi casa; costaba solo $10 y sobre todo, para darle una oportunidad a las cotorras parlanchinas que habitan en mi cabeza, para que se silenciaran al menos por un rato.

A veces creo que tengo un zoológico en mi cuerpo.

Las cotorras en la cabeza. (por eso se me hace difícil la meditación y el yoga)

El pozo de los tiburones, en mi estómago. Otros lo llaman ansiedad.

En fin…

Me fui a mi meditación Qi (Chi) Gong, con curiosidad y sin expectativas.

Fue una experiencia lenta, etérea.

Multicolor, expansiva.

Inspiradora.

Siguiendo las instrucciones de la instructora, toqué con mis manos, el umbral más lejano del cosmos.

Y atraje, con mis palmas, todas las auroras boreales el del Universo.

Así lo visualicé.

Las cotorras parlanchinas se callaron, asombradas, y los tiburones se disolvieron.

El pozo de ansiedades se convirtió en un espejo de aguas tranquilas.
Black Capped Chickadee ( sobre mi cabeza)

La instructora interrumpió la clase por un instante porque un pajarito estaba en vuelo, suspendido, muy cerca de mi cabeza.

Yo sentí un aleteo que atribuí a mi zoológico particular. Pero no, aparentemente la energía atrae a las aves (eso dijo la instructora)

Cuando se acabó la clase, la profesora se acercó a cada participante con su poderoso gong y lo toooooooocoooooó muy ceeercaaaaaa.

La vibración sacudió cada una de mis células.

Salí de clase con sensación de agradecimiento y humildad (y de campana).

Y bien, esta fue mi experiencia con la meditación Qi Gong.

Mañana repito.

(*)Qigong (/ˈtʃiːˈɡɒŋ/),[1] qi gongchi kung, or chi gung (simplified Chinese气功traditional Chinese氣功pinyinqìgōngWade–Gileschi gong; literally: "Life Energy Cultivation") is a holistic system of coordinated body posture and movement, breathing, and meditation used in the belief that it promotes health, spirituality, and martial arts training.[2] With roots in Chinese medicinephilosophy, and martial arts, qigong is traditionally viewed as a practice to cultivate and balance qi (chi), translated as "life energy


sábado, 18 de agosto de 2018

CRONICAS VIAJERAS


ISRAEL Y JORDANIA – JULIO 2018

Todo lo que hago, escribo, pienso y respiro, está dedicado a él.
Mi gran amor, M.J.F.
A mi lado siempre y también en este viaje…



MEMORIAS DE UN VIAJE INOLVIDABLE

He aquí mi humilde homenaje
                          A Pedro y José Manuel (Reverendos Padres)
Por traernos a este viaje
por Jordania e Israel

También a los Peregrinos
De Calgary a Extremadura
Galicia, Caracas, Houston
Compañeros de camino
Compañeros de aventura


Llegamos a Tel Aviv
En un Julio caluroso
Y partimos desde allí
A un recorrido glorioso

Listos ya en el autobús
Yasser, nuestro guía estrella
                Nos hablaba de Jesús (y de todo lo demás)
Con rapidez de centella

Mediterráneo sonriente
Cesaria, Haifa, el desierto
Estar en el Medio Oriente
Es como soñar despierto

A Nazareth el bus siguió,
Ciudad, no de gran tamaño
Donde todo comenzó
Hace más de dos mil años

En tierras de Galilea
Pernoctamos esa noche
                                     El cuerpo con leve “pea” (significa borrachera en venezolano)
Y el corazón al galope

Temprano, al siguiente día
Parada en Monte Tabor
En donde el profeta Elías
Moisés y compañía
Se apareció de repente
A Jesús y a otra gente
Que estaban en reunión
Sucediéndose el milagro
 De la Transfiguración.

Admito que no sabía
Mucho de esa iniciación:
Jesús de luz se cubría
Iniciando su misión

A Caná nos llevó el Padre
Milagro por demás fino:
A petición de su madre
Jesús, del agua hizo vino

Y por si poquito fuera,
De regreso a Nazareth
Fuimos casa de la Virgen
No es un recinto cualquiera
No una casa del montón.
Lugar radiante y excelso
Sede de la Anunciación
En donde el Ángel Gabriel,
Se le apareció a María
Y le dio las buenas nuevas:
Mamá serás del Mesías

Apenas un día hermoso
Y ya las expectativas
En crescendo jubiloso
Sugieren lo que vendría

Mar de Galilea
Donde Jesús caminó
Sobres las aguas del lago
Y también allí pescó
                                     A Pedro, Juan y Santiago (de esto no estoy segura pero rima)


Cafarnaúm
 Antigua Sinagoga
Casa de Simón Pedro
Monte de Las Bienaventuranzas


Lugares que había escuchado
En clases de catecismo
que en mi interior resonaron
Más poderosos que un sismo

Al terminar la jornada
Navegamos en la luz
de una tarde encantada
 En la barca de Jesús


¡Qué mejor meditación!
 En esa hora santa y noble
¡Qué mejor servicio a Dios!
Que bailar un pasodoble


Pero el momento certero:
Una oración hecha en calma.
“Buenos Días Señor, a ti el primero”
Breve oasis para el alma

Camino al destino diario
Con el autobús andando
Un breve recordatorio:
 ¡Dar gracias a Dios, por tanto…!

También las Eucaristías
En grutas de gran belleza
En sublime compañía
De Don Marcel y Julieta
(Epístolas de los fallecidos padres de Alejandro y Pedro Ignacio)

Llegamos hasta el Mar Muerto
Con un calor implacable
Mas resucitamos luego
 Gracias a un Bar inefable
 (El bar más bajo del planeta a 420  metros bajo el nivel del Mar)


Seguimos a Jericó
Acantilados y grutas
En donde el Diablo tentó
A Jesús, que ni se inmuta


Y así cruzamos frontera
A Jordania, feliz Reino
Cuya capital Amman
Nos recibió con buen genio

                       Anuash, nuestro nuevo guía (Car wash para los amigos)
de corazón muy amable
Hizo de la travesía
Una experiencia entrañable

Es nuestro primer destino
 El sagrado Río Jordán
Lugar del bautismo mismo
De Jesús, por el gran Juan

Muy emotivo el momento
Pues renovamos los votos
De este vital sacramento
En estos sitios remotos

Al Monte Nebo, después
La montaña preferida.
Lugar donde Moisés
Vio la Tierra Prometida

Y después de tanta acción
Pues pernoctamos en Petra
El hotel era un primor
               Sólo que había ley seca (cero alcohol)

Uno queda sin aliento.
Petra en todo su esplendor
Es la mirada del tiempo
El ojo del Creador

Se siente uno muy pequeño
La sensación es muy fuerte
Si Petra resulta un sueño
Pues que nadie despierte
  
La cualidad de este encuentro:
Va de mejor a mejor
Y es que cada momento
Pues supera al anterior

WADI RUM
La vastedad del desierto
Profundiza el sentimiento
Una joya a cielo abierto
Que nos deja sin aliento

Como los propios beduinos
(Pues compartimos con ellos)
                   Bailamos, bebimos vino (no había ley seca)
Y montamos en camellos


De aquí seguimos al Sur
                             Enrumbados, al Mar Rojo (literal y metafóricamente)
Que mas bien es bien Azul
Y nos sirvió de remojo


Áqaba es encrucijada
De fronteras inauditas:
Egipto, Israel, Jordania
Y hasta la Arabia Saudita


Y gracias a la vida pues,
Nos pudimos sumergir
En aguas que Moisés
No titubeó en dividir

De la playa y su vaivén
Otra vez cruzar frontera
Destino: Jerusalén
Con escalas de primera

Teleférico a Massada
Fascinante fortaleza
 Donde judíos, a Romanos
                 Dieron pues una sorpresa (vean la película)


La vía a Jerusalén
Es por demás fascinante
 
Bordeando azules de ensueño
Pasamos frente a Qumram
Donde un fugaz caminante
Por azar y sin empeño
Gracias a su cabra loca
Y a la historia, que trastoca
Se consiguió en desconcierto
Papeles algo arrugados,
Los pergaminos sagrados,
Manuscritos del Mar Muerto

Con la quijada en el piso
Pues son muchas emociones
A Jerusalén seguimos
Entre sueños y canciones

Esperaba un detallazo
Que a los viajeros encanta
Un brindis en el ocaso
Al pie de la Ciudad Santa

Gracias Pedro, por el vino
Por las copitas de Olivo
Por hacer de este camino
Inolvidable y festivo


Jerusalén es un cosmos
Complejo rompecabezas
Donde Dios, hecho un gran rollo
                                 Tendrá dolor de cabeza (como dice Laureano Márquez)

Tendría que extenderme a placer
Si describiera a conciencia
Y ya al máximo abusé
Su generosa paciencia

Pero hay momentos de bien
Que yo no puedo omitir
como aquel día en Belén
que quedó en nuestro sentir

Fue en el Campo de Pastores
En una divina gruta
Donde al mundo se anunció
Que llegó la Criatura (El Niño Jesús)

Donde entonamos el canto
Más bello y tradicional
Nos ahogamos en el llanto
Dulce y muy trascendental

Si la Virgen fuera Andina
Y San José de los Llanos
El Nino Jesús seria
Un niño venezolano
(escrito por la mama de nuestra compañera de viaje Nela Gibson)

Jerusalén
Sus puertas y sus murallas
Basílicas y mezquitas
Huellas hay de mil batallas
Gloria y dolor nos visita


Jerusalén
Impresiona nuestros ojos
Y nos conmueve hasta el alma
La historia mira de reojo
En cada rincón en calma

Demasiado los lugares
Y en las palabras me pierdo
Cada quien en sus hogares
Atesora sus recuerdos



“Dicen que no son tristes las despedidas
Dile al que te lo diga que se despida”
(mi mamá lo decía siempre)


Días de risas y asombro
Bostezos de cansancio bueno
Solidarios hombro a hombro
Yala Yala… La maleta…
Al autobús, a rezar…
España, Venezuela
Hermanados en la fiesta
Hummus, falafel y pita
Sólo nos queda desear
¡Que este viaje se repita!


Nunca adiós.
Siempre
¡Hasta que nos volvamos a encontrar!
¡Gracias a todos!

Agosto 2018


PD: He estado perdida del blog, por buena causa. En lo anterior andaba hasta hace poco. El verso no es mi fuerte, y quizás suena medio forzado a veces, pero disfruté mucho recordando y escribiendo.  Sería muy largo mencionar todo lo que vimos e hicimos, y con todo así me quedó bien largo. Se que es un poco personal, pero bueno quería documentarlo aquí en mi espacio de jugar. Un viaje realmente maravilloso. Gracias a Dios y a mi consuegra que me lo puso en el camino.