miércoles, 1 de agosto de 2018

B…RISITA


Después del viaje luminoso de Chispita, en el bosque encantado reinaba la calma y el silencio.

Allí quedó su tienda de campaña, su linterna, su caña de pescar, las aventuras, que nunca olvidará.

El Señor de los Juguetes tuvo que hacer un largo viaje, sin retorno, y su fiel asistente, el pájaro carpintero Toc Toc, y todas las aves, mariposas y luciérnagas del bosque se durmieron y callaron por un buen tiempo.

Hasta que un día, un dulce día, comenzó a soplar una brisa.

Mas bien, una Brisita.

Suave, fresca e inquieta.

Tan inquieta, que de tanto dar vueltas por entre las hojas y alrededor de los árboles altísimos, perdió la B y se convirtió en Risita, un despeinado y diminuto torbellino.

Risita, daba vueltas y vueltas sin cesar, provocando cosquillas en todo lo que tocaba.

Las luciérnagas titilaron, riendo; los colibríes agitaron sus alas, sobresaltados; las arañitas despertaron con risa en sus patas y comenzaron a tejer de nuevo. 

Hasta Toc Toc, abrió los ojos, extrañado por tan inesperada agitación.

El bosque encantado se llenó de risas y colores, otra vez…

Pero después de tanto revolotear, Risita se sintió cansada.

Hasta los remolinos despeinados tienen que buscar un lugar donde dormir.

Y así, un lindo dragoncito alado, Polaris, también contagiado por las risas, vino al rescate.

-      Ven, yo te llevo – dijo Polaris.

Risita se acurrucó en sus alas y se dejó llevar.

Sobrevolaron el bosque encantado, la Cueva de los Deseos, el Cine, el Archivo General, todos lugares donde Chispita fue tan feliz, hasta que llegaron a lo que sería su hogar por los próximos meses.

Era un refugio muy acogedor, hecho de musgo y lavanda; la camita, suave y mullida, tejida con dedicación por las arañitas del bosque, con risa en sus patas.

Allí, Risita, se recostó, agradecida y contenta de tener un lugar donde descansar.

Risita, el remolino despeinado, se dejó arrullar por las aves del bosque.

Una en particular, Toc Toc, velaría su sueño.

La aventura continúa...



PD: Ya muchos lo saben, pero los demás podrán advertir que voy a ser abuela por segunda vez y esta vez de una niña.  Chispita va a tener una hermanita. Estamos que no cabemos de contentos. Risita, la Brisita, que perdió la B, está inspirada en mi hija, su mama, que literalmente era un remolino travieso y despeinado, y tiene risa en las manos.


martes, 5 de junio de 2018

LA CESTA




Mi amiga Maris me pidió que la acompañara a llevar la Ofrenda en la Misa, el día de su cumpleaños. Por supuesto acepté y me sentí honrada por este gesto de amistad. 

Bromeé con ella diciéndole que ojalá no me cayera un rayo en la cabeza.

Quisiera ser más fervorosa. Lo intento.

Llegado el momento, nos alinearon en el pasillo central de la iglesia, mi amiga y su hija llevaban las hostias y el vino. A mí me dieron una cesta vacía.

Como no tengo mucha experiencia en estas lides, pregunté qué tenía que hacer y me dijeron que caminara y le diera la cesta al sacerdote.

¿La cesta vacía? – pensé, un tanto desconcertada.

Y aquí comenzó mi ensoñación.

La soledad de esa liviandad de mimbre, la solemnidad de la nada. No supe cuál de las dos, la canasta o yo, se encontraba más desierta.

Resultó ser una sensación intensa, pero efímera, pues segundos antes de iniciar la procesión hacia el altar, unas damas muy risueñas, se me aproximaron, una tras otra, vaciando cestas repletas con la limosna recogida en la iglesia. 

Mi canasta casi se rebasó.

Y así, lo que era una cesta vacía se convirtió en un recipiente pesado y lleno de la generosidad de las personas que asisten a la iglesia. Confieso que yo contribuí con nada porque nunca cargo efectivo. 

Quizás los cínicos piensen que la caridad es algo que hace la gente para sentirse mejor consigo mismos, pero no comparto esa idea. Yo creo en la generosidad y las buenas intenciones de las personas.

Entregué la canasta, casi rebosada, al sacerdote. Y de alguna manera, mi corazón también se desbordó de regocijo. 

No sólo por acompañar a una amiga en esta entrega de la Ofrenda Eucarística, sin que me fulminara un rayo,  sino porque aprendí algo muy importante.

El vacío es pesado a pesar de su liviandad, pero aunque desconcierte y duela al principio, es el  potencial recipiente de la gracia, de la generosidad, de la abundancia.

Sea una cesta, una vasija, el alma. 

El vacío es un momento de espera, una pausa, un silencio reverencial.

El que se escucha justo antes de recibir los dones del universo.

jueves, 3 de mayo de 2018

LA MARIPOSA




Mi jardín comienza a renacer de sus cenizas y hoy vino la primera mariposa.

Anaranjada. Muy linda y alegre.

Y cuando veo una mariposa, no puedo dejar de acordarme del poema de mi hija cuando tenía cuatro años, en los talleres de poesía obligada que les hacía en la casa:

LA MARIPOSA

Es difícil de cazar
Si se me para en la cabeza
creo que es un lazo
Y si la atrapo me sorprendo.
                        Leonor Pérez

Por mucho tiempo, creí que era una buena analogía de la felicidad. Difícil de cazar, si la tienes encima crees que es otra cosa y si la atrapas, te sorprendes.

Ahora no estoy tan segura, porque tuve la mariposa posada sobre mí por mucho tiempo y nunca creí que era otra cosa, era la mariposa.

Pero admito que siempre me sorprendí de atraparla.

Hoy, sentada en mi jardín, acariciando la cabeza de Sancho, con un libro, una cerveza y una silla vacía a mi lado, pues pensé que la mariposa se había ido para siempre.

Pero no.

Allí estaba otra vez. Revoloteando en mi jardín.

De pronto, la inquieta mariposita anaranjada con puntitos negros se detuvo muy cerca. 

No en mi cabeza, ni en la de Sancho, pero lo suficientemente cerca para observarla de nuevo, plenamente, en su efímera magnificencia.

Sentí regocijo al observarla, así tan quieta, tan cerca.

Pensé:

Todo está en calma, los pájaros cantan, el sol brilla, mi cerveza esta fría, Sancho gruñón vigila sus predios, la silla a mi lado, se ocupa de inmensa presencia.

Sí. La felicidad es anaranjada, y es como una mariposa.

Regresa, leve.

Se me acerca, en silencio, con delicadeza.

Gentilmente.

En las pequeñas cosas.

viernes, 20 de abril de 2018

EL DESHIELO



El deshielo trae muchas sorpresas.

Algunas buenas, otras no tanto.

Por ejemplo, para Sancho, el deshielo de nuestro patio fue toda una fiesta, pues aparecieron todos sus viejos juguetes, sepultados en la nieve desde hace seis meses. Su cola parecía que se le fuera a desatornillar del cuerpo.

Para mí, fue todo lo contrario. El deshielo dejó al descubierto meses de sus “gracias” que tuve que recoger.

Y mientras realizaba esta nada grata tarea, me acordé del chiste de Seinfeld (a mi esposo le encantaba), quien se preguntaba que, si un extraterrestre, desde el espacio viera a los humanos recogiendo la mierda detrás de sus perros, ¿quién pensaría que es el amo?

En este caso el extraterrestre no tendría la menor duda.

Yo llenando bolsas con kilos de “gracias” y Sancho tomando el sol en la terraza, rumiando su recién descubierto hueso de juguete.

En fin, terminada esta peculiar olfativa y táctil tarea, me senté en la terraza a disfrutar del primer día cálido del año, viendo cómo se derretían los tacos de hielo y nieve primaveral.

Entonces presencié mi propio deshielo.

Las cosas divertidas que creía perdidas, igual que los juguetes recuperados de Sancho, estaban allí, brillando, esperando a ser recogidas por mí, con el mismo regocijo perruno de Sancho, pero sin menear la cola, en mi caso.

Así como un frisbee destruido, un hueso roto, una pelota mordida y una cuerda desbaratada, hicieron tan feliz a Sancho, no por ser juguetes nuevos sino por el placer de ser recuperados después de tanto tiempo de estar enterrados en la nieve, pues así mismo, mi deshielo reveló mi caja de herramientas, rota y desgastada, oxidada, desvencijada, por fuera, pero con todas sus herramientas, algo magulladas, pero intactas adentro.

Esto del duelo es un proceso de reconstrucción "under construction",  y para eso necesito todos mis recursos,  pulirlos, limpiarlos de tanto invierno, repintarlos con colores alegres.

Al final, todo lo que uno necesita para ser feliz, está ahí dentro de esa caja, por más desbaratada que se encuentre.

Sancho y yo tomamos el sol de la terraza, cada uno disfrutando de nuestros recién desenterrados juguetes.

Desde arriba, los extraterrestres, nos miraron con expresión de desconcierto.

Yo decidí ensayar una sonrisa

miércoles, 28 de marzo de 2018

LODO ACTIVADO

Sancho



El inicio de la primavera es un inmenso barrial.

Ese era mi pensamiento al intentar esquivar pozos de agua, hielo y fango, mientras Sancho me jalaba desesperadamente, moviendo su alegre cola como un largo plumero. 

No hay nada más feliz que la cola de Sancho, aunque tenga reputación de perro gruñón.

Lo entiendo, por fin, algún olor interesante, después de este largo invierno. 

Pasto húmedo, tierra, raíces, hojas, semillas, excrementos de coyote, de oso, o de venado, todo esto confundido con la tierra mojada y espesa que se metía en mis botas, no tan impermeables como pensaba.

Entre charco y charco, y haciendo proezas por no caerme, me invadió de repente un sentimiento expansivo.

Me extasié ante el rumor de las aguas subterráneas, abriéndose camino.

El crujir de los glaciares cuando se quiebran y se funden en el zafiro líquido de las aguas del río.

El verde rubor, apenas perceptible, en algunos árboles.

Las sombras violetas sobre la nieve acuosa.

El incesante taladro del pájaro carpintero, nuestro entrañable Toc Toc (Chispita)

En el medio de mi ensoñación, me distraje y sucedió.

Sancho me jaló durísimo y caí redonda, de culo, sobre un gran pozo de barro. Sancho me lamía la cara, como pidiendo perdón.

Entonces, después de exclamar algunas profanidades, tuve una especie de epifanía.

Este barrial que anuncia nuevas armonías no es sólo agua con tierra. Es un lodo activado, fértil, que contiene todos los nutrientes y las semillas para la regeneración de la vida cada primavera.

Hice una sencilla analogía con ese otro charco donde a veces caigo, por más que trate de esquivarlo: la tristeza.

También en esa otra sustancia densa y oscura que a veces amenaza con ahogarme, debe habitar la promesa de renacimiento. 

Me propuse mirar a mi marea negra con otros ojos, como si fuera un lodo húmedo y fértil, donde una flor muy bella, un lirio blanco tal vez, volverá a renacer.

Me provocó chapotear en el charco. Pero no hizo falta porque Sancho se sacudió y me llenó la cara con el barro rejuvenecedor.

Regresé a casa contenta y energizada.

Para celebrar, me di un baño, largo, cálido, perfumado, renovador.

Bienvenida la primavera.

PD: Creo que la primavera llegó primero a mi corazón que, a Calgary, pues aquí sigue nevando. Otro detalle curioso es que el título “Lodo Activado” salió de mi cerebro reptil. Un recuerdo fugaz de la ingenierita que habita en mí, de mis nunca bien ponderadas clases de Ingeniería Sanitaria, por allá en los 80’s en la universidad. El Lodo Activado es un método para potabilizar el agua (nada poético), si mal no recuerdo, pero me pareció, en este caso, un adjetivo muy descriptivo para describir el barro de primavera.  

lunes, 5 de marzo de 2018

ARENA


Saco de arena 


Estoy “desinspirada”.

Como si en vez de sangre, corriera por mis venas arena.

Se fue febrero sin ni siquiera un “momento mágico”.  

Ni siquiera uno depresivo.

Realmente, preocupante.

Me pregunté, qué puedo hacer para recuperar la inspiración, las ganas de crear, de escribir, de contar algo.

Pensé largo e hice esta lista:

1)   En vez de decir que estoy desinspirada, voy a decir, que la magia también necesita pausa (igual que mis lectores)

2)   En vez de decir que no quiero más invierno (ni el de afuera y el de adentro), voy a decir que está un poco fresco allá afuera y helado aquí dentro, pero también…pasará.

3)   En vez de decir que estoy desanimada, voy a decir que mi entusiasmo está en el congelador, momentáneamente (y literalmente, en este caso, claro)

4)   En vez de decir que me siento sola, voy a decir, que otra forma de plenitud está a media cuadra (cuadra llanera, es decir larga, larguísima, pero igual, allí espera).

5)   En vez de decir que mi nueva vida es insípida, voy a decir que la exuberancia está en estado de letargo temporal, pero también… despertará.

6)   En vez de decir, qué triste vida, sin el amor de mi vida, voy a gritar, qué bella es la vida que me dio un amor tan hondo y grande.

    Creo fervientemente, que el mundo exterior es espejo de interior.

Cambiar la perspectiva, quizás me ayude.


PD: El invierno ha sido brutal, el mes de febrero, particularmente duro, y en fin, como leí una vez, hay un momento en la vida en que el tiempo pasa muy rápido, pero los días son eternos.

miércoles, 31 de enero de 2018

LUCIÉRNAGAS






Se soltaron y volaron libres.


Irradiando su luz inquieta.


Eran miles de ellas.


A su paso, dejaban una estela azul,


la de las buenas noticias, en las noches de invierno.


Me arrullaron.


Me acariciaron con sus alas etéreas y leves.


Me contaron historias viejas.


Mi casa, la de afuera y la de adentro, 


se llenó de un resplandor tan fuerte, 


que hizo insignificante la tristeza.


Acabó con las sombras.


Pulverizó las ausencias.


Son las luciérnagas.


Cada objeto a mi alrededor, cada partícula de tiempo, se convirtió en una de ellas.

Metamorfosis sublime.

Mi casa pudo verse desde la más remota de las estrellas.

Allí donde esta él.

Todo esto me sucedió cuando abrí la caja de los recuerdos.




PD: Bueno no podía despedir de enero sin un momento mágico. Cuando la tristeza duerme de a ratos, los recuerdos despiertan. Espero este nuevo año encontrar muchos de ellos. Soy optimista.