miércoles, 5 de abril de 2017

ZAFIROS



Todos los 6 de abril al despertar, encontraba una cajita pequeña.

Una joya.

No importa cuántas veces le dijera que no era necesario, que sólo regalos simbólicos, que no gastara dinero innecesariamente, que la única joya posible era nuestro amor, aunque suene cursi.

No importa cuántas veces mis regalos se quedaran siempre vergonzosamente cortos: una corbata, un libro…

Desde un principio decidimos, bromeando claro, que como nunca llegaríamos a cumplir 60 años de casados, nuestros aniversarios serían a la inversa.

Así, en nuestro primer aniversario, recibí un diamante de Sudáfrica, la excusa era que estaba trabajando allí.

Probablemente, yo le regalé una franela...

Y así sucesivamente…

Este 6 abril, considerando nuestra regla, serian nuestras Bodas de Zafiro.

Y como siempre, cada 6 de abril, encontraré una joya, no en mi sillón, ni mi almohada,  sino en todas partes.  

Encontraré zafiros.

En el azul cobalto del río en esta época del año.

En nuestro puente celestial, tapizado con las sedas del tiempo vivido a plenitud.

Encontraré zafiros.

En el índigo del cielo de la noche estrellada.

Encontraré zafiros.

En el manto aterciopelado de la madrugada.

En el rayo poderoso y azul de tu presencia constante, que me anima.

No importa que un golpe helado del destino nos haya separado. 

Momentáneamente.

Tu luz generosa esta en mí, igual que aquella noche de brillo y júbilo, frente al Mar Caribe.

Celebraremos en grande, un día.

¡Cuando nos volvamos a encontrar!


¡Feliz Aniversario!

sábado, 1 de abril de 2017

ABRIL - CALMA INTERIOR


Abril desde mi ventana

Desde un lugar tranquilo de mi alma, intento encontrar mi poema perdido.

Es una búsqueda solitaria y silenciosa.

Contemplativa.

Por más que el ruido del mundo, a veces me distraiga.

¡Qué pequeños somos ante este gran drama llamado vida!

Pero ya un intento de búsqueda es una buena señal.

Y abril es un buen comienzo para cazar poesías con redes de viento.

Es el mes en que la primavera despierta, como decía Oscar Wilde, el invierno es tan solo la primavera dormida.

Mes de abundancia, esa que mi gran amor sigue ofreciéndome cada día.

Mes de mi nacimiento, que intentaré interpretar este año, más bien como un renacimiento.

En mi tristeza infinita, comienzo a entender que esa gran energía dulce, ese inagotable manantial de alegría, de risas, de juego, de compañía, que estaba siempre a mi lado, que me abrazaba cada mañana y cada noche, sigue allí.

Intacto.

Diluido en el paisaje y en todos sus elementos.

Allí te encuentro, mi cielo amado.

En el primer aliento cuando abro los ojos.

En el Sol naciente, que se mete a raudales por mi ventana al amanecer.

En la humedad de la mañana, en la nieve que todo lo suaviza, en el río en su tránsito perenne.

En las majestuosas montañas, resplandecientes, luminosas.

En el espíritu del águila.

En el llamado de armonía de toda esta naturaleza.

Pero sobre todo, te encuentro aquí.

En el abrazo gigante de nuestra casa soñada, nuestro cuerpo grande, como dijo el poeta.

Poco a poco, a tientas, desde un lugar tranquilo de mi alma, recupero mi calma interior.

Mi poema perdido.