martes, 1 de noviembre de 2011

Meditando mi paisaje interior o la cura del insomnio

Cuando me preguntan que cómo amanecí, respondo: Bueno, estaba dormida y me desperté. Me encanta ese chiste que solía decir un compañero de trabajo en Venezuela. Pero hace unos días, amanecí con el titulo de mi próximo momento mágico en la mente: Meditando mi Paisaje Interior.


Pensé que seria un escrito muy poético, así que le concedí todo el fin de semana para que se gestara. Pensé que, así como uno contempla un paisaje marino, o de montaña y uno se extasía, y se reverencia, y se siente uno pequeño ante tanto cielo o ante tanta agua, y uno participa en confidencia del misterio y de los secretos del universo y uno quisiera guardarse esas bellezas en los ojos para contenerlos por siempre, y uno es testigo de la vehemencia de la naturaleza, y uno se exalta y se conmueve y a veces hasta llora. Pues así mismo pensé, que meditar mi paisaje interior seria una experiencia  grandiosa, iluminadora, gratificante y placentera. Lo que nunca pensé fue que estaba fraguando algo mucho más importante: la cura para el insomnio.


Estuve todo el fin de semana esperando el momento del parto cósmico para poderlo compartir con mis escasos pero maravillosos lectores. Nada.


Sucede que ayer lunes, tenía que salir de la casa a la inhumana y torturadora hora de las cuatro de la mañana, para ir al lugar más desangelado del mundo, donde hasta los pinos son feos, larguiruchos y raquíticos, incapaces de echar raíces en esas tierras ácidas del Norte.


Por supuesto, la noche antes de viajar, me posee el insomnio. Siempre me pasa. Vueltas y mas vueltas y no duermo nada. Sin embargo, cierta  vez un desconocido, me dio el mejor consejo para el insomnio  que he escuchado en mi vida, y es que, si uno ya se resigna a que es imposible dormir, pues al menos uno puede decidir descansar.  Y eso mismo me dije el domingo en la noche, y para descansar, me propuse “Meditar mi Paisaje Interior” Una buena manera de relajarme y trabajar mi momento mágico, al mismo tiempo.


Me metí en la cama, leí un par de páginas del Cuaderno de Maya ( el cual tengo que devolver),  le di el Good night a mi adorado esposo y me sumergí en los laberintos de mis acontecimientos internos. Quise conocer esos países de adentro, esa arquitectura llena de vericuetos, buscar la esencia de mis latidos, de mi historia, de mis lluvias, de mis ventanas, de mi amores, de mis despedidas. Me perdí en mis divagaciones y sin percatarme,  caí derrotada. Me dormí.


Hoy me doy cuenta que eso de meditar el paisaje interior no es tan sencillo. La humanidad, desde que el hombre es hombre, ha estado tratando de recorrer ese paisaje. Yo lo intento a diario, con mis meditaciones impulsivas.  Entendí   incluso que eso de “Meditaciones Impulsivas”,  es un “oximoron”. Meditar requiere de tiempo, disciplina y paciencia, cosa que yo no tengo, pero igual me gusta el titulo, me obsesionan las contradicciones. Al final, como dije cuando empecé este blog. Yo no escribo porque tenga gran cosa que decir, sino mas bien porque tengo mucho que descubrir.


Victor Hugo lo expresó magistralmente en una frase que me regaló hace tiempo mi amigo húngaro, sublime escribidor de la luz, TO:


“Hay un espectáculo más grande que el mar que es el cielo; hay un espectáculo más grande que el cielo, que es el interior del alma”.
Victor Hugo. "Los Miserables"

4 comentarios:

  1. "Hay un espectáculo mas grande que el mar, que es el cielo; hay un espectáculo mas grande que el cielo, que es el interior del alma". Victor Hugo, Los Miserables.

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    1. Estimado Martín
      Gracias por su visita. Saludos afectuosos.
      Natalia

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  2. Yo también parecía insomnio hace unos meses, no me di cuente, pero el insomnio como lucecita roja me estaba indicando que algo no marchaba bien. Por suerte y aunque no exento de quebraderos de cabeza ahora ya duermo mejor :) Si tú encontraste una forma, genial también.

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    1. Hola Roland, no te habia contestado este comentario y de esto ya hace muchoooo tiempo y ahora somos amigos de verdad. gracias por tu siempre amable presencia. Un abrazote

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