viernes, 20 de diciembre de 2013

CUENTOS DE NAVIDAD 2/3 "PAPELITOS HUMEDOS"


Les dejo este que escribi hace mil años, creo que a principio de los 90. 
Se desarrolla en un caserio (inventado) cerca de Choroni, Edo, Aragua, Venezuela.Por cierto, en aquel entonces, no sabia que en este lugar nos casariamos mi esposo y yo, algun tiempo despues.



PAPELITOS HUMEDOS

Choroni, Edo Aragua, Venezuela
En un diminuto pueblo de nuestra geografía, tan diminuto que, de haber sido señalado en uno de esos mapas de escuela hubiese parecido un sucio o un insecto o un ligerísimo error de imprenta; aprisionado entre el mar, el río y la montaña, se levantaba, heroico, el olvidado caserío de Las Esmeraldas. Ambicioso nombre para una aldea de cuatro casas de barro, una bodega, una escuela sin techo, una iglesia en ruinas frente a una Plaza de tierra roja, donde se alzaba orgulloso un Bolívar cubierto por la gloria del salitre y condecorado con medallas de óxido.
Dos barquichuelas ancladas en la orilla de la playa, el “ Carite” y el “Virgen del Mar”, significaban toda la economía del pueblo. Sólo una vez al mes se aparecía, luego de atravesar la montaña en mula, el Señor Rosendo con su cargamento de víveres, azúcar, arroz y papelón, y con alguna que otra noticia de los pueblos de los alrededores.
Cierto día, algunos años atrás, Polito, negrito como el azabache, ojos de para-para y sonrisa blanca y azucarada, desenvolviendo una panela de papelón, había encontrado un papel que tenía la imagen de un hombre gordo y sonrosado, vestido todo de rojo. Tenía una gran barba blanca y sobre su cabeza una gorra roja también. Iba sentado en algo que parecía una carreta, pero sin ruedas, tirada por una especie de perros que Polito nunca había visto en su vida. Además llevaba una gran bolsa rebosante de hermosas cajas de regalos. Polito, lleno de curiosidad, le había preguntado en esa oportunidad al Señor Rosendo, que quién era el hombre gordo vestido de rojo.
-         Es San Nicolás – le había respondido – en la Navidad le lleva regalos a todos los niños del mundo.
-         -¿De todo el mundo? – le había preguntado Polito- La verdad es que yo nunca lo he visto por aquí.
-         Dicen que hay que escribirle una carta al Polo Norte – le había contestado el Señor Rosendo.
-         ¿Polo Norte? – se había vuelto a preguntar Polito – Seguro que eso queda más allá de Choroní, con razón nunca ha venido, esos perros que llevan su carreta seguro que no saben nadar y seguro que no conoce el camino de la montaña.
Desde aquella ocasión, Polito había conservado la imagen del hombre gordo vestido de rojo. Todas las Navidades, desde entonces, Polito le escribía una carta y había ingeniado una manera de mandarlas.
Su correspondencia, al parecer, nunca había llegado, pues sus alpargaticas viejas siempre amanecían vacías todas las mañanas de Navidad.
La Nochebuena ya estaba próxima. Polito, en el patio de su casa, trabajaba con empeño en la elaboración de su carta. Como siempre, tomó un papel marrón, de los que usaba el Señor Remigio, el de la bodega, para envolver los comestibles , y con un trozo afilado de carbón escribió minuciosamente:
Zeñor San Nicolaz,
qiero que vengaz a Las Esmeraldas i me traigaz un papagallo i unos sapatos nuevos,
Polito                                                              
Polito dobló el papelito cuidadosamente, como si se tratara de un importante documento, lo metió en una botella marrón, la tapó con la misma chapita y la selló con esperma de una vela.
-         Esta vez sí llegará, estoy seguro – pensó.
Entonces corrió a la playa y tomando un gran impulso la echó al mar,
-         Sí, estoy seguro, esta vez sí llegará.
Con el corazón hinchado de ilusiones volvió a su casa a esperar la Navidad.
Al fin llegó el tan ansiado día, el ambiente era festivo en el humilde caserío. Guirnaldas de todos los colores adornaban la plaza. En el aire flotaban los olores del dulce de lechosa y de la conserva de coco con papelón. Durante la noche, después de la misa, se formaba una gran parranda en la plaza, con cuatro, maracas, tambores y se cantaban aguinaldos hasta el amanecer.
         Aquella noche, Polito se acostó después de la Misa de Gallo, colocó con cuidado sus alpargatas al lado de su catrecito y se dejó llevar por el sueño.
***
         El primer resplandor de la Navidad se derramó sobre los ojos de Polito.


-         Ya amaneció – pensó y dando un salto se asomó a ver sus alpargatas que, con su hueco en la punta se vieron más sucias y vacías que nunca.

-         Aún es temprano – pensó Polito sin perder las esperanzas – seguramente se retrasó.
Polito se levantó y se sentó en la plaza a esperar al anciano gordo vestido de rojo. Miraba hacia el mar a ver si veía algún barco desconocido y hacia la montaña. Polito no sabía como llegaría.
         El tiempo transcurría pesado. Polito, sentado en el suelo, entre los restos de guirnaldas y latas de cerveza, esperaba con paciencia.
-         Seguramente un pez grande se tragó la botella, o tal vez se quedó atrapada en las redes de un pescador – eran las excusas que siempre se daba Polito.
Fue entonces cuando, un extraño tintineo hizo vibrar el silencio. Los pasos de una o dos bestias se escucharon a lo lejos.
-         Ha de ser el Señor Rosendo – pensó Polito
-         Vamos Matilda…Rumualda… que nos va a agarrar la noche…- se escuchaba.
Entonces hizo su aparición por la única calle del pueblo un señor gordo y viejo, cabalgando una burra mal comida y de gastados cascos, junto a otra burra cargada con un saco de yute. Llevaban campanitas alrededor del cuello.
El anciano se abanicaba de vez en cuando con su sombrero de cogollo. Calzaba alpargatas negras y llevaba unas elásticas sobre la franela blanca que apenas cubría una esplendorosa barriga. De vez en cuando sacaba una botellita del cinto y se daba un largo trago de aguardiente.
         Polito, sorprendido ante aquel forastero, lo observaba silencioso. El hombre gordo bajó de la burra, la cual pareció suspirar, aliviada.
-         A ver… a ver… - y se colocó unos espejuelos sobre la nariz. Sacó entonces , de una cartera, un trozo de papel marrón que parecía algo húmedo.
-         Veamos… papagallo y zapatos nuevos… - comenzó a murmurar mientras hurgaba en el rústico saco que llevaba Rumualda sobre su lomo – a ver… Po…po..pollito…no…Polete…no…Polito…¿A ver niño, quién es Polito? – dijo.
-         Soy yo – dijo el niño, confundido.
- Ajá… esto es para tí… - dijo el viejo.
La cara de Polito resplandeció al ver un par de zapatos relucientes y un hermoso papagallo rojo.
-         ¿Acaso conoces tú a San Nicolás? ¿Él mandó contigo los regalos? – preguntó Polito.
-         Sí… a ver…sí hijo…hace mucho calor aquí,,, - dijo sin escucharlo, mientras continuaba sacando papelitos húmedos de su cartera.
-         A ver…- continuaba leyendo – Bate…guante…sí Polito. Sí…esto es para ti también.
Polito no podía creer lo que sucedía.
-         ¡Dios mío, cómo hay de correspondencia atrasada!… A ver trompo… patineta… Dios mío…ésto tambiés es tuyo. ¡ Hay que hacer algo con el correo!
Y así continuó leyendo papeles y papelitos húmedos y sacando toda clase de regalos para Polito.
-         Dime Señor ¿quién eres tú? ¿ Vienes de Cata o de Choroní? – le preguntó el niño.
-         Sí… a ver.. hace un bonito día hoy…- respondió el viejo, distraido.


Entonces, el hombre gordo se montó en su burra y emprendió el camino de regreso. Polito calzó sus zapatos nuevos y echó a volar su papagallo.


-         Vamos Matilda…Rumualda…que aún nos queda mucho camino que andar…- se escuchaba desde la montaña.
Y el sonido de las campanitas se fue extinguiendo, hasta la próxima Navidad.
 Y este senor lo compre hoy porque me recordo a mi San Nicolas Rustico ( perdi los acentos)

 





5 comentarios:

  1. Bonito y enternecedor relato que traes hoy de tus recuerdos para reflejarlo en estas fechas con esa figura entrañable de San Nicolás.
    Un abrazo y feliz fin de semana.

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  2. Gracias otra vez Rafael! Son relatos sacados del baul de los recuerdos en estas emotivas fechas! Un abrazote

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  3. Hola Natalia L. Otra historia tierna ¡Me vas a reblandecer! Jajajaja Bonito cuento de navidad, ojalá los niños más desfavorecidos pudieran vivir algo así. Un abrazote cargado de buenos deseos.

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    1. Creo que voy a publicar tres en vez de cinco, creo que estoy empalagando demasiado jajja. Era mi epoca tierna jajajaj
      Un abrazote

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    2. A mi no me empalagan tus historias... La ternura es un valor a cultivar :)

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