sábado, 4 de mayo de 2013

DON FELIX


¿Y quién será ese personaje que conversaba con Fortuna?

Llevo varios días pensando en él.

Anoche, antes de caer en la oscuridad del sueño, me habló.

Se dirigió a mí desde un rincón iluminado del Café Fortuna, mientras tras él, la diosa-dueña, Fortuna, preparaba el local para la noche, esa que lo transfigura todo.

Hay movimiento tras bastidores, llegan los músicos, Fortuna se engalana. Alexandra, la joven ayudante, decora las mesas con flores de colores alegres y velas. Pero todo transcurre mudamente, como en una burbuja.

Entonces Don Félix, rompió el silencio.

Esto fue lo que me dijo:

Hola Natalia. ( ¿Y cómo sabe mi nombre, me pregunto?)

No te asombres, mujer. Te conozco desde antes de que nacieras. (¿y cómo?, me sigo preguntando)

En verdad conozco a todo el mundo, los de acá y los de allá, y no porque sea yo muy sociable. (Me asusté, será que este Don Félix es un muerto)

No te asustes, me dijo, como leyendo el pensamiento. No soy ningún espíritu, ni una aparición.  Soy sólo un viejo.  

Vengo aquí todos los días,  y desde tiempos inmemoriales, por eso los conozco a todos.  Ellos, sin saberlo, tambien vienen buscándome, aunque a veces me ignoren.

Sé de las angustias de Amable, que sólo busca ganarse la vida honestamente;  de la soledad de Carmen, que sonríe de día y de noche llora; sé de las ilusiones de esa jovencita Alexandra, buscando un futuro que su propio país no pudo ofrecerle; y allí esta Camilo Pascual,  con veinte años fuera de su país, próspero, enamorado, pero quien después de tantos años, no se siente ni de aquí, ni de allá.

Y Fortuna, mi querida Fortuna, la frente alta y el corazón roto. Ella sí es capaz de hablarme de frente. Yo  le traigo noticias  de Tito, su hijo querido a quien dejó en el caserío. Fortuna trabaja para poder traerlo un día. Tito tiene nueve años y está enfermo.

Y ahora…. la carta.  Las malas noticias son como un golpe de navaja. El Café Fortuna será demolido finalmente. El hombre del abrigo negro vino a traer el último llamado. Fortuna, ha ignorado las notificaciones anteriores, ahora, tiene que salir de aquí mañana.

Esta noche creo que será una noche inolvidable en el Café Fortuna.

Don Félix, terminó de hablar. Se apagaron las luces.

Yo quedé  en mi cama con los ojos muy abiertos. No quería cerrarlos, pues pensé que Don Félix se esfumaría en las fronteras infinitas de la noche.

Antes de que el sueño me venciera, lo reconocí.

Entendí por qué me conoce, por qué  nos conoce a todos. No es muerto ni aparición. Lo reconocí en sus manos curtidas de trabajo y sol; en su voz serena que alivia el calor, como una brisa fresca bajo la sombra del mango; en sus ojos mojados de lloviznas de páramo y aguaceros tropicales, en sus ojeras grises de bosque nublado andino, en el abrazo materno, paterno, en los adioses.

Don Félix es nuestra tierra, nuestro pasado, el que dejamos atrás, el que nos acoge aun en la distancia; al que no se renuncia nunca, al que a veces tememos hablar, porque nos estremece de nostalgia, dolor por lo perdido.  Por eso el café Fortuna nos llama, nos invita, nuestra raíz, nuestra historia  toma café también ahí.

Bueno….esto ha sido otro brochazo grueso de  Don Félix y su monologo del inmigrante, dirigido a la audiencia, en este experimento teatral que escribo en los momentos menos pensados. (quienes quieran ver post anteriores, ver Fortuna y Café Fortuna ( continuación))

Será una noche intensa en el Café Fortuna.

Me dormí agotada.

5 comentarios:

  1. Tu te dormiste agotada y yo me desayuno entusiasmada, una preciosa historia, muy triste, pero preciosa.
    Un abrazo.

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    1. Gracias Ester, por tener la paciencia de leerme, a veces que quedan un poco largos los post. Me encanta ese desfase de horas, unos duermen mientras otros despiertan. Me gusta mucho haber contribuido a tu despertar.
      Un abrazo

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  2. my goodness! Leo, eso de que me encuentre con mi pasado así con todo y cuestiones,jaja, no estaría mal: podría preguntarle bien el nombre de aquel niño que no recuerdo en el hospital, así podría agradecer su gentileza de prestarme las revistas que le dejaban, a él lo visitaban más seguido sus familiares.

    y mi tierra querida que no deja de hablarme.

    Un abrazo, mujer.

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    1. Gracias por visitarme Beatriz. Este es mi personaje mistico, pero al final la crisis se resolverá gratamente. Ojala te traiga el nombre de aquel niño.
      Besote

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  3. Me está gustando mucho y que haya una metáfora que rodea al café fortuna aún más. Creo que es una historia con muchas posibilidades ¿No te animas a seguirla? ^^

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