miércoles, 20 de marzo de 2013

EL DIENTE ROTO


Cuando a uno le duele una muela, le duele el cuerpo entero.

Sin embargo, la visita de mi esposo al dentista, me produjo un enorme placer.

No es que yo sea tan cruel. (ya se mejoró)

Es que el asunto del dentista  me hizo recordar este cuento de un autor venezolano, caraqueño, como yo,  que me parece sencillamente magistral.

Mi momento mágico de hoy:  haberme reencontrado con “El Diente Roto”.

Aquí se los dejo. Disfruten.


El diente roto

Pedro Emilio Coll

A los doce años, combatiendo Juan Peña con unos granujas recibió un guijarro sobre un diente; la sangre corrió lavándole el sucio de la cara, y el diente se partió en forma de sierra. Desde ese día principia la edad de oro de Juan Peña.

Con la punta de la lengua, Juan tentaba sin cesar el diente roto; el cuerpo inmóvil, vaga la mirada sin pensar. Así, de alborotador y pendenciero, tornóse en callado y tranquilo.

Los padres de Juan, hartos de escuchar quejas de los vecinos y transeúntes víctimas de las perversidades del chico, y que habían agotado toda clase de reprimendas y castigos, estaban ahora estupefactos y angustiados con la súbita transformación de Juan.

Juan no chistaba y permanecía horas enteras en actitud hierática, como en éxtasis; mientras, allá adentro, en la oscuridad de la boca cerrada, la lengua acariciaba el diente roto sin pensar.

-El niño no está bien, Pablo -decía la madre al marido-, hay que llamar al médico.

 Llegó el doctor y procedió al diagnóstico: buen pulso, mofletes sanguíneos, excelente apetito, ningún síntoma de enfermedad.

-Señora -terminó por decir el sabio después de un largo examen- la santidad de mi profesión me impone el deber de declarar a usted...

-¿Qué, señor doctor de mi alma? -interrumpió la angustiada madre.

-Que su hijo está mejor que una manzana. Lo que sí es indiscutible -continuó con voz misteriosa- es que estamos en presencia de un caso fenomenal: su hijo de usted, mi estimable señora, sufre de lo que hoy llamamos el mal de pensar; en una palabra, su hijo es un filósofo precoz, un genio tal vez.

En la oscuridad de la boca, Juan acariciaba su diente roto sin pensar.

Parientes y amigos se hicieron eco de la opinión del doctor, acogida con júbilo indecible por los padres de Juan. Pronto en el pueblo todo se citó el caso admirable del "niño prodigio", y su fama se aumentó como una bomba de papel hinchada de humo. Hasta el maestro de la escuela, que lo había tenido por la más lerda cabeza del orbe, se sometió a la opinión general, por aquello de que voz del pueblo es voz del cielo. Quien más quien menos, cada cual traía a colación un ejemplo: Demóstenes comía arena, Shakespeare era un pilluelo desarrapado, Edison... etcétera.

Creció Juan Peña en medio de libros abiertos ante sus ojos, pero que no leía, distraído con su lengua ocupada en tocar la pequeña sierra del diente roto, sin pensar.

Y con su cuerpo crecía su reputación de hombre juicioso, sabio y "profundo", y nadie se cansaba de alabar el talento maravilloso de Juan. En plena juventud, las más hermosas mujeres trataban de seducir y conquistar aquel espíritu superior, entregado a hondas meditaciones, para los demás, pero que en la oscuridad de su boca tentaba el diente roto, sin pensar.

Pasaron los años, y Juan Peña fue diputado, académico, ministro y estaba a punto de ser coronado Presidente de la República, cuando la apoplejía lo sorprendió acariciándose su diente roto con la punta de la lengua.

Y doblaron las campanas y fue decretado un riguroso duelo nacional; un orador lloró en una fúnebre oración a nombre de la patria, y cayeron rosas y lágrimas sobre la tumba del grande hombre que no había tenido tiempo de pensar.

11 comentarios:

  1. Jajajaja, el cuento esta genial!!

    Aunque si me pongo a pensar un ratito creo que no me da tanta risa, me hace recordar a ciertos politiquillos de mi pais...

    Que estes bien.
    Sandra

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No se si es coincidencia, o lo que llaman "causalidad" y no casualidad, pero te entiendo perfectamente... a mi me recuerda lo mismo... y ya no se si reirme o no.
      Te extranaba Sandra, un abrazote!

      Eliminar
  2. ¿Y que pasa con el médico y su diagnostico?
    Un buen cuento sin duda. Abrazos

    ResponderEliminar
  3. Sobre los diagnosticos de los medicos tengo un chiste, despues lo comparto. Abrazos para ti tambien Ester

    ResponderEliminar
  4. Respuestas
    1. Asi es mi estimado Marcos, golpes del destino jaja
      Un afectuoso saludo

      Eliminar
  5. Has sabido ponerle la gracia y la ironía Natalia.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Rafael, a mi me encanta el genero del cuento y este es uno de mis favoritos.
      Saludos afectuosos para ti

      Eliminar
  6. Nathalia jajajaaa genial vale me has traido mucho recuerdos uuffffffffff y tanto, gracias por compartirlo , mil gracias un abrazo desde mi brillo del mar

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Beatriz. Te acuerdas, que era lectura obligada en el colegio? Un abrazote y me da envidia tu brillo de mar, yo aqui tengo brillo de nieve sucia (en este mes)
      Un abrazo

      Eliminar
  7. Interesante cuento, así siento que funciona a veces esta sociedad, en fin...

    ResponderEliminar

Tu comentario es siempre apreciado. Gracias!