lunes, 9 de abril de 2012

EL MANTEL DE JACINTA


Este momento mágico comenzó a hilarse casualmente, en una tienda, la semana pasada, y tuvo su momento expansivo, encantador  y conmovedor al mismo tiempo, hace apenas minutos, al abrir un armario. Esta es la historia.

No recuerdo ni siquiera qué estaba comprando, ah, ya me acordé, unos huevitos de Pascua para regalarle a mis compañeras de trabajo que tienen niños pequeños. Cuando me tocó el turno para pagar, me di cuenta que la cajera era una muchacha lindísima, de ojos enormes, sonrisa de marfil y piel achocolatada.  Pero lo que captó mayormente mi atención fue su nombre, Jacynthe.

Inmediatamente, como buena hija de mi madre, pues ella tenía esa costumbre de conversarle a la gente,  le dije:

-       Jacynthe, que bonito nombre. ¿Así se pronuncia?
-       Si, Jacynthe – repitió, con un sonido  fresco y perfumado, con leve acento francés.

Mientras me cobraba los huevitos de chocolate, le seguí conversando.

-       En español seria Jacinta y además es una flor – le dije.
-       Si - me respondió sonriendo – receipt with you or in the bag?
-       In the bag please. Thanks Jacynthe – y tomé mi bolsa sin saber, que además de unos huevitos de chocolate, había salido de la tienda con un mantel y un tumulto de recuerdos.

Y es que ese nombre Jacinta,  me trajo a la memoria a Jacinta Hung. Un personaje de una novela que nunca escribiré, y que vive  en mi memoria gracias a los cuentos de mi mama, igual que Giselo un muchacho que hacia mandados en su casa de la infancia; la tía Solita, que se pasó la vida bordando y  mirando por la ventana; Dionisio, el jardinero borracho, de él si me acuerdo. En fin nombres dignos de García Márquez,  como Honesto Tolentino o Gala Pimienta, buenos nombres.

La historia de Jacinta Hung, es la siguiente. Cuando mi mama de jovencita trabajaba en la Creole Petroleum Corporation, sería el año 1942, conoció a Jacinta Hung. Una chinita, tímida y retraída, casi invisible, pues no hablaba con nadie y la gente, como que la ignoraba; pero mi mama que hablaba hasta con las paredes, cuenta que siempre le buscaba conversación, cosa que Jacinta agradecía, calladamente, como se agradece la bondad.

Sucedió que mi mama se iba a casar con mi papa y, bueno la historia es que tuvo que renunciar al trabajo (mi papa le dijo que él le pagaba el sueldo, ¡qué tiempos aquellos!). Pero antes de irse, mi mama tuvo el detalle de invitar a Jacinta Hung a su matrimonio.

La dulce chinita, no fue a la boda, pero le mandó un regalo. Un mantel de hilo, bordado de cerezas, con una perfección tal, que ni las monjas. Quién sabe cuánto tiempo le habrá llevado a Jacinta Hung bordar ese mantel.  Bordar  es una fineza espiritual, un trabajo de paciencia infinita, como la que Confucio dice que produce resultados inmediatos.

Como me encantaba la historia y siempre le decía a mi mama que alguna vez tomaría prestado el nombre de Jacinta Hung para escribir una cuento o una novela, pues un día mi mama en vida, me dio el mantel de regalo.

Aquí lo tengo conmigo, y después de que he estado días y días, pensando en Jacinta Hung, pues hoy llegué de la oficina y me puse a buscar en los armarios. Allí estaba el mantel, arrugadito y un poco amarillento.

Cuando lo desplegué,  crujiente y bordado con los secretos del tiempo, pues, fue como si conociera a Jacinta Hung en persona y le diera un abrazo.  Me invadió una sensación de profundo bienestar; es la poética del mantel, un placer tardío, un acontecimiento en cada pliegue, en cada pequeña arruga, una riqueza  intima de amistad, de celebración, de agradecimiento, de bondad.

Me sorprendí tanto de que un simple mantel se convirtiera, en un vuelo, en un montón de recuerdos  apretados, como cada puntada que Jacinta Hung  bordó magistralmente en su  espléndido regalo de bodas para mi mama.

En fin, este es mi momento mágico de hoy lunes. Le dije a mi hija que le tomara una foto al mantel antes de devolverlo a lo que ella denomina el gabinete de los trapos y yo el armario de los recuerdos. 

7 comentarios:

  1. El mantel esta precioso, pero lo que mas me gusta de este relato es la bondad de tu mama, que invito a esta persona que todos ignoraban a su matrimonio.

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    1. Gracias mc, que lindo que te haya llegado esa bondad de mi mama.

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  2. Bonito relato Natalia, es un placer pasar por tu espacio.
    que tengas un bonito fin de semana.
    un abrazo.

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  3. Estimado Senor Ricardo, muchas gracias por pasearse por mi espacio y dejarme un poco de su estela poetica. Para mi es un deleite visitar sus pensamientos tambien.
    Feliz fin de semana.

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  4. Gracias por compartir el relato y la foto, ese fue un regalo estupendo y lo que he descubierto en la vida es que uno se merece cada regalo que recibe y el de tu mama fue estupendo! Valoro muchisimo los manteles bordados a mano (porque esa es una de las cosas que jamas aprendi a hacer) y admiro a la gente que lo hace.
    Gracias por compartir tu momento magico porque creo que hoy no tuve ninguno y tomo el tuyo como propio si me lo permitis.
    Sandra

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    1. Hola Sandra, tu comentario es una profunda reflexion. Eso de que uno se merece los regalos que recibe, es para meditarlo. Una especie de momento magico que me regalas tu a mi. Besos y gracias por visitarme.

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  5. Bonita historia y como una cosa llevó a otra ^^

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Tu comentario es siempre apreciado. Gracias!