martes, 7 de febrero de 2012

TERAPIA DE CAMPANAS


No hay verso ni guitarra que me alegre hoy…

“Sentida Canción”. Creo que he escuchado este poema musical de Henry Martínez, unas infinitas veces,  en la prístina voz de Cecilia Todd.

Es una gran canción, una historia enigmática, cuyos versos entran en resonancia con algún sentimiento escondido mío…Serena te cantaré mis verdades... como si descubriera algunas mías.

En estos días, en mis  reflexiones  en el carro, atrapé al vuelo precisamente esa frase musical…No hay verso ni guitarra que me alegre hoy...  Y no es que me sienta así, porque hay que estar perdido en una gran tristeza para no conmoverse con un acorde de guitarra o con una invitación a “soñar caminos”, como dice el verso de Machado.

Pero si he de admitir que han sido algunos días raros, con algunas nubecitas aquí y allá, pasajeras, sí, pero días desinflados, contrarios a esa otra canción de …hoy todo me parece más bonito, hoy canta más alegre el ruiseñor…

Y sin embargo se mueve... Eppur si muove. La magia, digo.

Con la excusa de que  había que estar en paz, pues visitaríamos a nuestro  futuro cachorrito de apenas tres semanas  de nacido, y la criadora nos advirtió insistentemente que son aún muy delicados, y  en vista de estos días tensos,  pues decidí limpiarme el aura, a mí y a todos en la casa. A veces uso incienso, otras invento alguna pócima, esta vez decidí hacerlo con una terapia de campanas. No se si eso existe como tal, pero en Asia y en algunos pueblos de Latinoamérica, esto es común. De hecho esta campana la compré en México.

Los agarré a todos, les dije que extendieran los brazos y los cubrí con unas campanadas de hierro pesado,  sonoras y contundentes, de esas que se sienten hasta en las muelas y sacan las penas.

El novio de mi hija, me miró sorprendido, pero aceptó de buen agrado sus campanazos. Así, limpios, nos fuimos a conocer al futuro Sancho, bautizado así en honor al fiel compañero de aquel hombre de “lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”.

No voy a entrar en detalles sobre la insospechada maravilla de tener un cachorrito entre las manos,  de sentir algo tan vivo y tan frágil,  porque no quiero aburrir. Fue muy lindo, si. Mi esposo, en verdad no necesitaba campanadas, el tiene alma de cachorro, y el futuro Sancho se acostumbró a sus manos en segundos, igual que yo.

No se si fue el contacto con los perritos, los campanazos, o simplemente casualidad, pero  camino al supermercado, volvió a sonar por enésima vez la  Sentida Canción, y esta vez, pues me expandió el alma la frase …Ay...mi grande amor… soñábamos un sueño y se soñó…

Aquí estoy, con mi “grande amor”, haciendo planes de Sancho y soñando caminos… juntos…

 Hoy todo me parece más bonito… otra vez…

7 comentarios:

  1. Con todo respeto, lo de los campanazos para la limpia, me dio mucha risa.

    Siempre un cachorrito alegra el alma, por eso yo me traje al mio desde muy al sur del continente, toda una odisea pero no me arrepiento ni un minuto, el es mi mejor terapia para cuando estoy down, sencillamente es alguien me ama y me lo demuestra siempre y eso no tiene precio.

    Lo bueno es que la magia volvio y tuviste un motivo para escribir en el blog, no se si agradecerle a las campanas o al cachorrito...Ok, le voy al cachorrito!
    Sandra

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    1. Jajaja, la verdad los deje a todos sordos. El cachorrito sancho es lo maximo, nada mas ver la foto me contenta.
      Besos

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  2. Viva la magia, las campanas y Sancho!

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    1. Y viva el amor y viva Punta Cana! Alla nos vemos el sabado!
      Besote

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  3. Hola Sancho. Cuida mucho a Natalia y por favor no te hagas pipi dentro de la casa que eso es un fastidio.
    Rascadas detras de las orejas y en la barriga,
    MC

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    1. Tu carta a Sancho es de una ternura! ojala te haga caso.
      Quien lo diria, ya Sancho hasta recibe cartas por internet y apenas tiene tres semanas!
      Besote

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  4. Hay días y días, lo que me gusta es que cuando tienes un día un poco más flojo en seguida le buscas remedio. Eso está muy bien ^^

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