martes, 27 de septiembre de 2011

En el fondo de una vieja cartera, vive un enanito


Érase una vez un enanito que vivía en el fondo de una cartera vieja y que solía tocar un cornetín de cristal.  El hombrecillo estuvo durmiendo por más de veinte anos y un buen día despertó.

Lo que voy a narrar a continuación probablemente sea producto del alcohol, después de un encantador viaje por la Rocky Mountains con mi  esposo y mi suegra.

El alcohol es la piedra angular de las relaciones humanas. He llegado a esa conclusión, después de esta semana. Como decía mi hermano, que en paz descanse, más vale ser borracho conocido que alcohólico anónimo. Mi esposo y yo, ya no nos queda más remedio que admitirlo. Si la definición para serlo es tomar todos los días ( moderadamente aún), pues sí, somos borrachos, aparte que los alcohólicos asisten a reuniones y nosotros no.

Mis despertares son sobrios en el sentido de la parquedad, no soy, como dirían aquí, “morning person”. De siete a diez de la mañana me comunico con frases cortas, preferiblemente de una palabra, máximo dos: Good Morning.

Con la visita de mi suegra, eso tuvo que cambiar y tuve que hacer esfuerzos para  que mis mañanas fueran un poco mas efusivas. Mi suegra es alemana, yo venezolana, nos entendemos en ingles,  pero igual, nuestra comunicación es como una carrera de obstáculos idiomáticos, de acentos y con el conflicto de los celos en el cerebro límbico, que por definición dificulta la relación suegra-nuera . Mi esposo apenas contribuye con la conversación con ahha’s o good. El también es hombre de pocas palabras, en general.

En las tarde-noches todo cambia. Después de dos gin tonics ( ella a sus 85 años) y yo un par de copas de vino, somos una combinación de castañuela con cascabeles, y conversamos, nos reímos, disfrutamos, damos traspiés al levantarnos. Mi esposo se contenta.

Ver la alegría en sus ojos, me conmueve y me llena de ternura.

Pero la historia que quiero narrar comenzó hace unos días, cuando mi suegra me preguntó si podría prestarle una cartera de viaje, pues la suya era muy pequeña.  Salí corriendo al closet y saqué del fondo unas ocho carteras para que eligiera. Para mi sorpresa, la que le gustó fue una cartera negra de piel muy suave, que tenia muchísimos años sin uso. Se vino con mi closet en la mudanza a Canadá y por alguna razón, que hoy comienzo a entender, la conservo hasta hoy. 

En fin, así comienza esta historia.

Antes de darle la cartera, le quité el polvo, la sacudí por dentro y cosa extraña, recordé la historia del Cornetín Perdido, un cuento que escribí en 1990.  En resumen, la historia es la siguiente: en aquel entonces, cuando mi hijo S, tenia unos cuatro años, amaneció un día diciendo que un enanito le había dicho que se le había perdido su cornetín y que sin él, ya nunca más habría golosinas y dulces en mi cartera, pues cuando el tocaba el cornetín, las mamas sucumbían a la tentación de comprarles a los niños  todo lo que ellos querían. Yo creí que S. lo había soñado, pero lo regañe porque había regado por el suelo todas las cosas de mi cartera, diciendo que había sido el enanito buscando su cornetín.

Sí…., la misma cartera que hoy le presté a mi suegra, créanlo o no. En fin, antes de dársela, me aseguré concienzudamente que estaba completamente limpia y vacía. No sé si inconscientemente estaba buscando entre los pliegues o bolsillos, alguna señal de este misterioso hombrecillo y su cornetín.

Así partimos alegremente a nuestro paseo. El día 22 de Septiembre celebraríamos el cumpleaños de mi suegra, en uno de los lugares más bellos de la Tierra: Emerald Lake, British Columbia.

Y así fue. Pero ese día, poco antes de subir al desayuno y preparándome para otro acostumbrado bloque de silencio incómodo, caminé hacia el borde del lago.

Emerald Lake es un lugar donde los pinos se murmuran secretos entre si, un bosque encantado que rodea un lago, que como bien dice su nombre, es como una esmeralda gigante llena de jardines, imágenes y reflejos.   Por un momento tuve la sensación de que estaba dentro del más hermoso de los mundos.

Allí fue cuando lo vi, lo juro, lavándose la cara en el agua clara, desperezándose, como si estuviera despertando de un sueño muy largo y profundo. No solo lo vi sino que me habló, en un idioma que no reconocí, pero que igual comprendí, una especie de lenguaje de los insectos.  Me quedé muda y petrificada y entonces, el enanito saco su cornetín diminuto, que parecía cristal, y lo tocó dando una nota tan aguda que  me ensordeció. En medio de mi sordera, lo vi corriendo, brincando de hoja en hoja, hasta que desapareció de mi vista.

De pronto escuché mi nombre. Mi esposo y mi suegra me esperaban para ir a desayunar.  Allí comencé a narrarles lo que había visto. Entre bocado y bocado, les conté del hombrecillo del cornetín, de cómo lo vi en el lago, les conté  la historia que escribí hace más de veinte años. No podía parar de hablar. Mi esposo me dijo en secreto : “in what moment you got drunk?”  Pero juro que no había tocado una gota de alcohol a las nueve de la mañana.

De la silla de mi suegra colgaba, inocentemente, la cartera negra. Yo la mire concienzudamente. En algún momento me pareció ver un breve destello.

El desayuno transcurrió espléndidamente, igual que el resto de nuestro tiempo por las montañas, no importa si desayuno, meriendas o cenas; con o sin alcohol.

Al llegar a la casa, mi suegra me devolvió la cartera, misión cumplida. Cuando la abrí, vi que ella me había dejado una caja de chocolates con una nota de agradecimiento.

El enanito del cornetín, otra vez haciendo de las suyas. Es mi momento mágico de la semana.

Transcribo la versión en ingles del cuento que escribí hace 21 años. ( no consigo la versión en español)



THE LOST CORNET


Santiago awoke talking very excitedly. Words drowned in the whirl of ideas he wanted to express. His enormous eyes framed by very long eyelashes, sent little sparks. I wasn’t paying him a lot of attention because I was looking for my handbag.
-    Where did I put  it? – I thought out loud.
-    Mommy, the little dwarf...he...he lost his cornet...he told me... – stammered Santiago.
Finally I found my handbag, it was in the child’s room and with all my things spread on the floor.
-    Let’s go Santiago, we will be late for school – I said while I picked up my things.
-    Mommy, the little dwarf...- Santiago couldn’t stop saying.
In the middle of his chattering, I scolded him for having inspected my handbag and its contents. During the ride to school, Santiago was still trying to tell me his story, so I decided finally, to listen to him.
-    Look Mom, last night, I woke up and saw the little dwarf taking the things out of your handbag. I wasn’t scared because little dwarfs are good in stories, he spoke to me and told me that he was looking for his cornet because he had lost it. He said he was very sad because now he wouldn’t be able to make sweets and candies appear in your handbag.  He explained that he lived in your handbag and that in every mother’s handbag there’s another like him, who, when they played their cornets, surprises and candies appear and Mommy, I want the cornet to appear so surprises will also...
Santiago’s story caught my attention, not because I thought it was real, for sure he must have dreamed it, but I suddenly discovered that really, mother’s handbags have something special. I, myself, can’t resist the desire to inspect my mother’s, and it’s true, there is always a surprise: a candy, a chocolate, like a magic hat, those where doves and rabbits appear.
-    Come on Mommy, let’s help the little dwarf to find his cornet....-insisted Santiago.
-    Yes, Santi...yes...- I told him a little tired but, nevertheless, fascinated with the story.
-    Now Mom...please... – he continued.
We arrived at school and Santiago said goodbye with his eyes almost overflowing with tears.
-    He is taking this seriously – I thought.

My daily activities absorbed me completely making me forget about the dwarf and his horn. After finishing all my things, I went to my mother’s house for a minute. I sat down, as always, at the kitchen table to have a coffee with her. While I was drinking my coffee I realised that my mother’s handbag was there, tempting me. I finished my coffee and I could not resist, I opened the handbag and I started to search inside:  paper, wallet, cheque book, lipstick, and suddenly, there it was... a delicious piece of chocolate. I ate it immediately and kept searching. What a strange pleasure! Just as when I was a girl, as if some kind of intuition murmured to me that something very interesting can always be found inside. Then, it happened, in the last hidden corner of the bag, my fingers fumbled with a tiny object. I couldn’t identify it by touch so I took it out. It was a kind of little crystal horn, smaller than the nail on my little finger, could have been a toy but it looked more like a jewel. I was so impressed that I asked my mother what  it was. Her answer was even more disturbing: She had not the slightest idea of what it was and less how or where it came from. I decided to keep it in the inside pocket of my handbag.

I noticed my watch and realised it was time to pick Santiago up from school; I remembered his sad tearful eyes, his enormous eyelashes containing the immense tear drops. I don’t know what kind of an impulse I had but I decided to make a brief stop in the market before going to school. I filled up my handbag with cookies, chocolates and candies, I even bought the red car he had been asking for all week.

When Santiago climbed into the car, the first thing he did was to inspect my handbag. His face shone when he saw all the sweets and screamed for joy when he saw the red car. I was as happy as he was.
Next day, Santiago woke up again chattering with excitement.

-    Mommy...he found it...the little dwarf found his cornet... he found it...he found it. He told me last night... he told me he was very happy because he was able to do his work again... I saw him Mom....
-    Cornet? – I thought. I remembered the tiny little object that I had kept in my handbag. I looked for it in the inside pocket. It wasn’t there, I swear I put it there. I emptied my handbag... nothing.

-    Santiago, tell me, what did this dwarf’s cornet look like?  - I asked completely intrigued.
Santiago’s description couldn’t be more precise. There was no doubt, it was the same object I had kept, but, how? He hadn’t even seen it...

Since then, a surprise is never missing from my handbag, also for Santiago’s sister. I love to see them happy. Every time I remember the story of the little dwarf that lives in mother’s handbags, I laugh and shiver at the same time. Children’s fantasy is unlimited, wisdom is too...


( I finished writing this story the 2nd of June 1990, almost ten years ago. Maybe the little dwarf is playing again and made me remember it today, May 29th almost 30th, 2000)

And now, September  27th, 2011, the little dwarf did it gain!!!


4 comentarios:

  1. Emerald Lake es de mis lugares preferidos! El paseo alrededor del lago es lindisimo.

    Con respecto al hombrecito... En la cartera de mi mama siempre habian/hay caramelos... (Y tambien olia riquisimo, a cuero y papelitos doblados mil veces). Ahora entiendo.

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  2. Te admiro mucho. Ojalá siempre aparezcan enanitos...

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  3. Ese es el olor que no sabia como definir.....a papelitos doblados mil veces, gracias por esa genial descripción... Y MM, tu admiración me honra, creo que lo nuestro es un MAS, Mutual Admiration Society!

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  4. “Ver la alegría en sus ojos, me conmueve y me llena de ternura.” Que bonito ^^ y que bonita historia... Sin duda que el enanito hizo de las suyas.

    Ah y el lugar es precioso, he de ir en alguna ocasión, ojalá me de el tiempo (y el dinero jaja)

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