miércoles, 8 de agosto de 2012

PLATON DE ALBONDIGAS

Aristóteles de Estagira, Pitágoras de Samos, Tales de Mileto y Platón de Albóndigas.

Anoche me dio un ataque de melancolía. Estaba yo resignada a no buscarle explicación, a aposentarme en ella y disfrutarla, mansamente.

La melancolía puede ser un delicioso refugio.

Pero como siempre, y gracias a mi incorregible hábito de compartir mis estados de ánimo con el mundo entero, pues me dejé llevar por los  atajos que tiene la mente humana, y, por más que a veces me niego rotundamente a surcarlos, la racionalidad, la practicidad, ese inútil afán de saber las causas y los efectos de todo,  muchas veces me traicionan.

Primero me detuve en los factores externos, como el perrito Sancho que ha estado accidentado. Esto tiene la casa muy triste, pero ya el pobre, con su gorguera Isabelina alrededor del cuello, va superando su pequeño percance.

También me afecta el regreso después de unas vacaciones, donde descansé del silencio, de los pajaritos, de los pinos, del aire limpio,  de la organización y la tranquilidad. Unas vacaciones de “caos hedonístico”, mi nueva filosofía de vida  robada de un libro de Julián Barnes. Un baño de concreto, de  bullicio y de multitudes.

Rostros, rostros, rostros, soñadores, arrasados, cansados, inspirados,  furiosos, apurados, locos.  El “face-watching”es la actividad más vigorizante que existe en una ciudad como Nueva York.

También, el efecto “bancarrota” post vacacional, puede ser una causa de melancolía, (me clonaron la tarjeta de crédito, de paso, pero no importa ya me la cambiaron y la seguiré usando).  Como leí en una valla publicitaria en NYC: “Manhattan: Bring a dream and a million dollars”.

Una amiga  de edad contemporánea me sugirió que la melancolía podía ser producto de la menopausia.  Me reí trágicamente, ¡pero si apenas ayer estábamos jugando juntas en el patio del colegio!

Las despedidas, otro factor muy importante de melancolía. Aunque tengo conmigo misma el pacto de “cero drama”, después de haber pasado unos encantadores días con mi hermano y mi cuñada, donde nos reímos, comimos y bebimos; pues cuesta desprenderse, hasta la próxima, muy pronto, eso sí.

Esto de la bebida, me trajo a colación, otra vez, a mi hermano Rafael (QEPD), quien parafraseando a las memorias de Neruda, “Confieso que he Vivido”, decía que sus memorias se llamarían”Confieso que he Bebido”. Que gran tipo mi hermano Rafael.

Por último, la lejanía. Como he dicho otras veces, mi vida de Caracas, con sus presencias y ausencias,  pareciera que fue tragada por las praderas canadienses o por el olvido. Sin embargo, a veces escucho el rumor callado de la memoria ahogada. Son ecos, pisadas en la antigua casa de mis padres,  las que no regresarán jamás, acordes de piano herido, paredes hastiadas, sucumbiendo a la humedad y a la inmensurable necesidad de silencio. Casa rota. Casa vacía.

Bueno y como se me agotaron las causas externas, y mis caderas y las de mi melancolía se disputaban el espacio en mi sillón, pues creo que me resigno a pensar, que hay algo melancólico en mi manera de ver la vida, y hasta me gusta. No más explicaciones.

Entonces, preparando la cena, me ocurrió algo que borró instantáneamente mi lacónico estado de ánimo. No fue una frase inspiradora, de esas que uno lee a diario en todas partes  y que intentan resolverle a uno la vida. Fue algo mucho más sencillo, auténtico  y contundente.  Fueron las albóndigas.

Es automático, cuando pienso en albóndigas, pienso en mi papa, quien las llamaba “pelotitas para adivinar”… “pero esto sabe a mierda”…  ”otro que adivinó”; y en mi hermano, quien, siempre que preparaban albóndigas de almuerzo, traía a colación la frase con que inicié esta entrega:

“Aristóteles de Estagira, Pitágoras de Samos, Tales de Mileto y Platón de Albóndigas”.

Con vino y risas,  cenamos mis albóndigas, “regularsonas”, realmente…

Y con eso le di un descanso a mi melancolía.

5 comentarios:

  1. Hermoso amiga! A mi las albóndigas me recuerdan a mi mamá, no sé por qué le gustan tanto. Un beso grande, siempre me deja encantada tu habilidad de usar las palabras para mostrar mucha belleza honda.

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    1. Gracias ML y un abrazo para ti y para tu mama ( ahora me acordare de ella tambien con las albondigas)
      Besote

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  2. Voy a contarte algo: Mi marido solía decirme (antes de que se acostumbrara a mis estados de ánimo) que yo tenía tendencias a ver siempre el lado sombrío y melancolico de la vida, que parecía encontrarme en mi ambiente haciendolo...ja. Ahora ya ni siquiera nota cuando estoy nostálgica, en parte porque tengo también el propósito de cero dramas (aunque aveces me resbalo)Quizá sin irnos dando cuenta nos vamos acoplando un poco más a vivir con aquellas presencias del pasado, con sus ausencias y la esperanza secreta de un día volver. Intento ser práctica.

    La cocina puede surgir ese efecto, o cualquier otra actividad creativa.

    Saludos Natalia, espero que pase pronto la nubesilla de la nostalgia.

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    1. Que coincidencia, mi esposo siempre me dice que no soy feliz sino tengo "something to worry about" jaja. Es algo muy latino, creo.
      La esperanza secreta de un dia volver... ya eso me puso melancolica otra vez.
      Besote y gracias por pasearte por aqui!

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  3. Muy bueno el platón... En fin, es lo que tiene esta vida llena de contrastes, no se puede disfrutar plenamente sin haber sufrido y a veces es inevitable el bajón después de haber disfrutado.

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