miércoles, 3 de abril de 2019

LA TAPA DEL FRASCO




En mi país, si uno dice “ese se cree la tapa del frasco”, significa que esa persona es arrogante. 

Si uno dice “ese sí que es la tapa del frasco”, pues se trata de un individuo muy competente y excepcional.

Y esto no tendría nada de particular si no fuera porque todas las mañanas, tengo una pequeña pelea con la tapa del frasco.

No es una persona, es literalmente, la tapa de un frasco.

El frasco donde guardo el café.

Hay días en que se enrosca y desenrosca fluidamente y de maravilla. Otras, me cuesta, se traba, como si no perteneciera, como que me cambiaron la tapa o el frasco.

Es un pequeño contratiempo en mis mañanas solitarias.

Entonces comencé  a divagar que la tapa del frasco era una especie de oráculo.

SI la tapa se tranca, mi día se tranca.

Si la tapa fluye, mi día fluye.

Pero claro, el argumento de la tapa del frasco es bastante tonto, y mi mente científica sabe que ni me cambiaron el frasco ni la tapa, y que, si calza o no, no se trata de las fuerzas ocultas del universo.

Es algo más profundo.

Y es que hacerme el café de la mañana es una más de esas que llamo, “mis pequeñas soledades”. Durante las últimas casi dos décadas antes de su último vuelo, mi esposo amado me recibía cada mañana con un café. Era “his job”, como el mismo decía. Una de las mil cosas con las que me complacía.

Fue entonces cuando comprendí que ese traqueteo, esa pelea con la tapa del frasco del café, era quizás un sollozo oculto, una de esas “mini ausencias” del día a día, que a veces pesan más que el inmenso hueco de su partida.

Entonces decidí hacer un breve ritual matinal, antes de abrir el frasco del café.

Miro el sol naciente, lo saludo, respiro, agradezco.

Agradecer embellece el espíritu.

Me dejo invadir por la paz que se mete por mi ventana en forma de amaneceres y de su presencia mística.

En mi mente repito una especie de mantra que leí en alguna parte: “Que la luz que ilumina mi corazón sea la luz con que ilumine al mundo.”

Abro el gabinete y recibo su amor.

Y en este estado de relajación, desenrosco y enrosco la tapa del frasco, que ahora fluye como si estuviera recién aceitada.

Después, inhalo largamente el aroma de mi primer café: negro, intenso y dulce, como la vida.

Esa que aprendí que, con sus pequeñas soledades, con sus atascos, y trabas, sencillamente, sigue…


12 comentarios:

  1. Cada uno tenemos nuestro frasco, nuestra tapa porque las ausencias se van llenando de ilusiones de fe, vemos en ellas algo que nos ayuda a seguir. Huele el café hasta aquí. Un abrazo

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    1. Hola Ester, siempre encuentro sabiduría y cariño en tus comentarios, gracias.
      Un abrazo y este, mi primer café, a tu salud.

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  2. El mío es el tapón de la botella del agua.
    Un abrazo.

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    1. Jaja, ya sabes Rafael, respira hondo y saluda al sol antes de sacar ese tapón.
      Un abrazo grande.

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  3. Increíble reflexión, no sabía que algo así podría tener tantos significados! Sin duda aquí tienes una nueva seguidora, un abrazo!

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    1. Gracias por tu comentario Melissa, y bienvenida. Un honor para mi tener una nueva seguidora.
      Un abrazo grande.

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  4. Muy mágico Natalia, siempre dejas un aprendizaje, respira hondo y deja entrar el sol; sabias palabras...un Abrazo!

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  5. Conmovedoras tus líneas, uno te ve clarita en la mañana. Hace un par de años mi rutina en la mañana es muy parecida a la tuya, pero sólo en tus palabras encuentro la expresión de estos pequeños rituales: “Agradecer embellece el espíritu”. Me lo llevo como un mantra especial. Besitos!

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    1. Gracias Taty, siempre bello todo lo que escribes, hasta tus comentarios.
      Un abrazote.

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  6. ¡Hola Natalia!

    Me ha gustado tu reflexión a partir de la tapa de un frasco. Sigue escribiendo porfis ^^

    Un abrazote.

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    1. Hola Roland, con ese porfis asi tan cuchi, escribire jajajaja
      Un abrazote

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