jueves, 27 de julio de 2023

MIS INVITADOS

 



Cuando tengo invitados en casa, me esfuerzo en ser una buena anfitriona.


Es decir, estar atenta a que estén a gusto, de que sus bebidas estén siempre llenas, que la comida sea abundante y deliciosa.


En fin, que se sientan como en casa y se vayan de la mía con, “barriga llena y corazón contento”.


Yo pensaba que mi vida era bucólica y solitaria, pero de pronto me puse a sacar cuentas y la verdad recibo más visitas de las que yo creía.


Mis invitados se presentan de forma espontánea, sin mucho plan y eso lo agradezco. La verdad soy enemiga de planear en exceso, pienso que esa manía de la gente de controlarlo todo, cancela la magia; hay que dejar espacio, para que la magia se manifieste, eso creo.


Mis invitados más apreciados tienen la licencia de presentarse cuando quieran y ese es el encanto.


Mi mamá me enseñó una máxima que practico a diario: en esta casa se comparte lo que haya.


Pero estos invitados cotidianos, la verdad no consumen gran cosa.


Se sientan en la sala conmigo, los invito a que se pongan cómodos.


Me conecto con su presencia, a veces sin decir mucho. 


En otras ocasiones, tenemos un intercambio mucho más elocuente.


Nos enganchamos en discusiones profundas, apasionadas.


Estos invitados me mueven, me cautivan; los contradigo, me contradicen; los interrumpo, me interrumpen.


Me arruinan, me enriquecen… como dice un poeta.


Quedo agotada pero llena; lista para una copa de vino en solitario, cuando los veo salir por la puerta.


Confieso, mis visitantes no son de carne y hueso, pero me acompañan mucho.


Mis invitados son mis ideas.


Las hay buenas y malas. A ambas las recibo con la misma hospitalidad. De las malas también se aprende.


Pero las buenas ideas pican como un escorpión, y me llenan con su dulce veneno.


El de la creación.


Y es que cuando viene a compartir mi mesa, una idea hambrienta, una obsesión nueva, me entrego a los brazos del ensueño y siento que me enamoro…


Otra vez…

domingo, 16 de julio de 2023

007

 


Corría el año 1999.

El caos de mi vida comenzaba a ordenarse.


Ya había superado un problema de salud, un divorcio, que nunca es agradable, aunque haya sido amistoso; varias mudanzas, cambios laborales y pare de contar.


Todo este preámbulo para cumplir con mi asignación de esta semana, la cual es relatar un evento que haya cambiado mi vida.


La compañía de ingeniería para la cual trabajaba se había ganado un megaproyecto, en consorcio con una empresa canadiense.


Yo tomé una decisión consciente y me dije: Bueno Leonor, concéntrate en tu trabajo y más nada.


En el proyecto había personas de muchas nacionalidades, venezolanos, canadienses, noruegos, franceses, británicos.


Éste en particular, era un señor alto, parecido a Sean Connery, con acento y expresión inescrutable.


Confieso que su presencia me intimidaba bastante.


Pero yo, concentrada en mi trabajo y nada más.


Un día, un cierto día de esos en que el universo conspira a nuestro favor, el señor inglés entró a mi oficina y me preguntó si quería acompañarlo a cenar, que estaba solo en Caracas, etc.


Yo le dije que sí claro, y quedamos para el día siguiente en el restaurant Ópera, en la Principal de la Castellana, 8pm.

Esa noche les dije a mi hijo e hija, de 12 y 10 años respectivamente, que tenía una cita para cenar con James Bond, el agente 007.


Creo que se impresionaron.


Nos encontramos, él ordenó un Gin-tonic (no Martini como el original Bond), yo un Buchanan con soda; cenamos, hablamos de lo humano y lo divino. Le dije que yo escribía cuentos de oficina, le conté algunos de los argumentos y dijo:

-      This is good stuff!

Lo demás es historia.

El señor inglés (Mr. “How are you”, como lo llamaba mi mamá) se convirtió en mi esposo y amor de mi vida.


Nos cambió la vida a mí y a mis hijos, gloriosamente.


Me dejó el amor más hondo y largo; no largo en términos del implacable Cronos; largo en el sentido de cosmos, de eternidad.


Lo extraño cada minuto de mi vida.


“Uno nunca se arrepiente de una extravagancia.”

Meen Fontijn

(In Memoriam)

miércoles, 21 de junio de 2023

DIÁLOGO

 

 

No se trata precisamente de un diálogo Socrático.

Pero creo que sí cumple con el concepto fundamental de su metodología: establecer una conversación entre dos o más personas en la cual los participantes son forzados a actuar y pensar críticamente.

En este vigoroso intercambio, los protagonistas se presentan en el terreno de juego dispuestos a servirnos sus mejores ideas en movimiento.

Los argumentos deben ser ágiles y precisos.

Sus intenciones deben llegar a rincones inaccesibles de la psique y del terreno.

Los mejores contrincantes, juegan al desconcierto y, en el momento adecuado, sacan la carta del factor sorpresa.

El caldeado intercambio produce emociones en los expositores.

Duda, frustración y la más peligrosa, el triunfalismo.

Como una vez le escuché decir a un fanático, no hay nada más difícil de ganar que un juego ganado.

Al final triunfa el que haya sabido mantener la calma en los momentos más tensos, el que no se haya engolosinado con el triunfo prematuro, el que haya desplegado en la cancha la mejor propuesta técnica con la mayor caballerosidad y elegancia. El intercambio termina con un respetuoso apretón de manos.

Creo que lo anterior responde a la pregunta que me hizo mi nieto de siete años, cuando le negué su sagrado derecho de ver dibujos animados porque yo estaba viendo un partido de tenis.

Tomás inquirió con curiosidad:  

- Nana, ¿por qué te gusta tanto el tenis?

Pues tuve que pensarlo y he aquí mi pequeño homenaje al deporte, el cual creo que, como las artes, eleva el espíritu de superación del ser humano. Por algo el lema de las olimpíadas es: Citius, Altius, Fortius. 

Algún día Tomás entenderá mi disertación anterior y, en recompensa por su generosidad al sacrificar sus muñequitos por ver conmigo mi deporte favorito, cuando sea más grande lo llevaré a ver un partido importante, Wimbledon tal vez.

Lo prometo.

Pero, por ahora, respondí a su pregunta simplemente diciendo:

-      ¡Porque es divertido!

martes, 13 de junio de 2023

BARQUITO DE PAPEL

 



 

Me senté a descansar en un banco frente al río.

A mi alrededor, familias de gansos, un halcón peregrino rondando, un castor masticando un tronco, en fin, los pequeños milagros del día.

De pronto, me sorprendió una embarcación que no veía desde hace años: un barquito de papel.

Miré a mi alrededor a ver si estaba el dueño, quizás un niño, un abuelo o una romántica incorregible como yo, pero no vi a nadie.

Continué mi caminata junto al rio, siguiendo con la mirada al, frágil pero resuelto, barquito. Regresó a mi memoria aquella vieja melodía de la infancia: había una vez un barquito chiquitico….

De pronto éste, encalló en la orilla. Quise ir a rescatarlo, pero la corriente vino en su ayuda.

El río se volvió turbulento y el barquito tuvo que sortear unas rocas. Pensé que ese sería el fin y corrí al rescate.

Pero no, la nave se había volteado, pero seguía a flote hasta que encontró un remanso. Allí quedó, varada.

Otra vez, quise ir en su ayuda, pero los patitos que nadaban a su lado, generaron olas concéntricas que sacaron al barquito de la calma chica; se enderezó y continuó su travesía.

El río se ensanchó y el barquito se fue alejando, con serena dignidad, hasta que se perdió en la distancia.

Hice una pausa antes de iniciar el regreso y me hice una pregunta bastante curiosa.

¿Será que todos al nacer, embarcamos en un barquito de papel?

¿Será que el barquito de papel, en su fragilidad, pero tesón a la hora de sortear obstáculos, en su inexorable destino de desaparición, acaba de darme una gran lección de humildad?

Emprendo el camino de regreso tarareando la pegajosa melodía infantil, mientras sonrío y saludo a los desconocidos que encuentro por estos caminos, con nuevos ojos.

Al final, somos todos compañeros de travesía.

 

“La vida es una larga lección de humildad.”

James Barrie

martes, 6 de junio de 2023

MANJAR

 


Cuando alguien dice que un postre está muy dulce, siempre pienso para mis adentros: bueno… ¿y eso no es el “reason why” de un postre?  Y disculpen mi “Spanglish”, es el idioma oficial en mi casa desde que mi esposo británico llegó a mi vida, hasta el sol de hoy.


A mí me encanta empalagarme y mientras más dulce sea un postre, o la vida, mejor.  Ayer, precisamente, quedé empachada con un delicioso saco de azúcar.


Menos mal que ya había cumplido con mi dieta cotidiana de las ocho manzanas, les explico al final de qué se trata.


Esta dulzura que conocí ayer, en verdad tiene como un millón de calorías, un verdadero manjar.


Su nombre es Mango.


Mi mamá los preparaba en jalea, batido, mermelada.


Este es peludo, juguetón y tiene dienticos afilados.


Mango es un cachorrito de ocho semanas, mi nuevo nieto de cuatro patas.


Ayer lo conocí. Nos comimos a besos y mordisquitos. Creo que le caí bien.


¡Qué manera más linda de endulzar la vida!


Bienvenido este manjar de Mango.


Y como les prometí, les dejo la dieta de las ocho manzanas: no son verdes ni rojas, hay que correrlas…. (o caminarlas al menos)

viernes, 26 de mayo de 2023

ENTRELÍNEAS

 



Leer entrelíneas es trabajo de eso que llaman “el tercer ojo”.


Esa especie de clarividencia que permite inferir una intención velada, un sentido oculto, más allá de las palabras.


Pero el domingo pasado, estuve no solo leyendo entrelíneas sino caminando entre ellas.


Mi hijo me invitó a una feria de libros usados.


Los libros se adueñaron del estadio deportivo (de Curling para más señas, no se puede ser más canadiense)


Ahí estuvimos horas, caminando entre callejuelas de clásicos de la literatura universal, historia canadiense, poesía, autores contemporáneos.


Encontramos una sección de libros de colección, donde apareció una edición antigua de un libro sobre Bolívar, por Emil Ludwig, encargado por el gobierno de Venezuela a este autor en 1938.


En fin, una forma muy táctil de leer, hojeando aquí y allá, frases tomadas al vuelo, poemas para decir adiós.


Entre mi hijo y yo salimos con unos diez libros en total.


Pero esta anécdota viene al caso porque, desde hace algunos meses, no solo leo entrelíneas, sino que duermo, camino, navego y hasta sueño con ellas.


Y no porque tenga un tercer ojo o le esté buscando la quinta pata al gato sino porque tengo nuevos amigos.


A ninguno lo conozco personalmente, pero es como si nos conociéramos de siempre.


Cada domingo, con mi primer café de la mañana, me acomodo en mi butaca y abro mi pequeña ventana al mundo. Allí rodeada de arte y de palabras, comparto con mis compañeros de aventura, quienes viajan desde varios continentes para acompañarme.


Es una bella forma de compañía, compartir un espacio y un anhelo.


El anhelo de contar historias.


Desde mi rincón, un cálido saludo “entrelíneas”, literalmente, para todos mis compañeros que cuentan de maravilla.

viernes, 12 de mayo de 2023

AGUACERO

 


 

Primero el silencio.

En breve, el murmullo de una brisa llena de buenos augurios.


Restregar de manos y brazos.


Después, el repiqueteo de las gotas.


Chasquear de dedos.


Una llovizna, que en segundos se transformó en aguacero.


Palmas y más frecuentes chasquidos.


Finalmente, “palo de agua” con truenos y centellas.


Repique de talones sobre la madera del auditorio.


Yo me quedé muy quieta, dejándome mojar por esa agua dulce.


Lo llaman percusión corporal. La tormenta perfecta.


Después, una cascada de voces coralinas, palabras de amor.


Empapada hasta el tuétano de una extraña plenitud, cerré los ojos y me dejé arrullar por esas voces femeninas potentes y sonoras; nobles, honestas. 


Como cada una de esas mujeres del Westwinds Women’s Choir de mi ciudad de Calgary.


La pieza, “All Together we are Love”(*), de Katerina Gimón.


La directora marcó con un gesto de su mano, el sublime final.


Cesó el dulce aguacero.


Las aplaudí a rabiar, a ellas y a todas nosotras, mujeres, madres, abuelas, hijas.


Cada una con ese canto íntimo que albergamos muy adentro:

 

 

 “Soy un canto para todos los corazones

Y cuando nuestros espíritus se elevan

Todas juntas somos amor”.


 

Y a propósito de mujeres maravillosas:


 ¡Feliz Dia de las Madres!



PD: En Venezuela y Canada lo celebramos el segundo domingo de mayo.

14 de mayo, 2023.