sábado, 25 de abril de 2026

ESPECIAS

 


Empezó como un ejercicio de limpieza.

Continuó con una navegación por lugares exóticos.


Terminó en una fiesta.


Se trataba de una actividad urgida, pero largamente ignorada, así que finalmente me dispuse a limpiar mi despensa.


Mi esposo aparte de ciudadano del mundo era chef y acumulaba un arsenal de extravagantes condimentos, especias y yerbas, muchas de las cuales ya pasaban de su fecha de vencimiento.


Expiradas y todo, al cerrar los ojos y recordar esos acentos de su cocina, hizo que iniciara mi viaje, justamente por eso que se conoce como “la ruta de las especias”.


Me embarqué en Indonesia, después Sri Lanka, suspirando entre aromas de canela, clavo, nuez moscada y jengibre. Continué navegando la costa de la India, embriagada con las esencias del garam masala, cúrcuma y cardamomo.

De allí pasé al Golfo Pérsico, Mar Rojo y Mediterráneo, donde descubrí el romero, tomillo, azafrán y albahaca.


La verdad me pareció insólito que, desde los 1500 a. C. hasta nuestros días, el mundo se haya visto estimulado económica y sensorialmente por el contenido de estos frasquitos que languidecían en mi despensa.


Por supuesto, este crucero por la ruta de las especias hizo que, aparte de las nostalgias, se me desatara un apetito feroz.


Afuera nevaba, sí créanlo todavía nieve en abril, así que pedí un “delivery” a un restaurant indio.


Al rato llegaron los reconfortantes platillos.


Creo que me excedí.


Samosas, biryani de cordero, butter chicken, tikka masala.


Como les dije al inicio, lo que empezó como la limpieza de mi despensa terminó en una fiesta.


La fiesta del paladar.


¡Buen provecho!

jueves, 16 de abril de 2026

MISIÓN CUMPLIDA

 


Es una lucha de titanes.

No importa la condición física; al contrario, la debilidad en este caso actúa como una fortaleza.


Se trata de una batalla donde he de poner toda mi atención y mi agudeza mental, a ver si logro la tan ansiada recompensa.


Mi principal arma es la sonrisa. Nada más demoledor para el contrincante que este gesto de complicidad verdadera.


Sin embargo, si el oponente percibe en ella cualquier atisbo de impaciencia, resulta totalmente contraproducente y hay que volver a empezar.


Por supuesto, así mismo sucedió.


Mi segunda estrategia es la música. Las notas graves, en tempo lento y constante casi siempre promueven la serenidad, la relajación y el alivio de la ansiedad.


Pues tampoco funcionó.


Mi adversario se resistía con más energía que nunca, utilizando patadas, cabezazos y hasta pellizcos.


Tuve que disponer de mi tercera arma: movimientos armónicos de brazos y piernas. En otras palabras, bailar.


Después de que mis bíceps quedaron insensibles y mis pantorrillas totalmente destruidas, sucedió el milagro.


Como dos pesadas cortinas, arrastradas por unas pestañas doradas, sus párpados se cerraron en un suspiro.


Sí, el bebé se durmió en mis brazos.


La más dulce sensación de paz se adueñó del mundo entero.


Cuando el bebé duerme se alimenta el espíritu en una suerte de saciedad, de alivio, de plenitud, conocida por las madres (y abuelas) desde los inicios de la humanidad.


Se dibujó en mi rostro una deliciosa sonrisa que murmuraba:


¡Misión cumplida!

 

lunes, 6 de abril de 2026

PARADOJAS

 


Esta se me presentó en un grupo de chistes malos al cual me honro en pertenecer.

Las paradojas son “ideas o situaciones que parecen contradecir la lógica o el sentido común, pero que tras un análisis profundo pueden revelar una verdad oculta o un significado profundo”.


Estas líneas serían mi “análisis profundo” a ver si aparte de la risa nerviosa que me produjo leer el chistecito por primera vez, me saca del callejón sin salida donde me metió.


Pero mientras me inspiro, eso de las paradojas me trajo a colación aquella que estudié en la universidad, la de Xenón, o de “Aquiles y la tortuga” que postula que el corredor más rápido jamás alcanzará a uno lento, ya que debe recorrer infinitos puntos medios, dividiendo la distancia en una serie infinita.


La verdad, hoy en día yo le dijera a Xenón “Amigo, busca oficio”.


Pero el chiste malo de mi apreciado grupo y que dejo para el final, hablaba también del secreto del éxito.


Yo diría: define éxito.


La primera definición que viene a mi mente es la de D.H. Lawrence, “la perra diosa” o “bitch goddess”. Concepto que usa el escritor en su libro “El Amante de Lady Chatterley”, para satirizar la obsesión de la sociedad moderna con el éxito material, el dinero, la ambición. Suena muy actual.


También el “chiste” en cuestión menciona la experiencia, las buenas y malas decisiones.


Se pasa uno la vida sorteando buenas y malas decisiones. Con el tiempo aprendí que las mejores son las que se toman con corazón. Esas producen resultados gloriosos. Lo certifico.

En fin y para no ponerme demasiado filosófica, les dejo la “paradoja chiste” en cuestión y los invito a reírse y olvidar todo este incoherente análisis que no me llevó a ningún lado.

-        ¿Cuál es el secreto del éxito?

-        Las buenas decisiones.

-        ¿Y cómo se toman buenas decisiones?

-        Con la experiencia.

-        ¿Y cómo se adquiere la experiencia?

-        Con las malas decisiones.

Xenón se quedó corto comparado con esto.