Cinco, cuatro,
tres, dos, uno…
Ignición.
Comenzó el vuelo.
Tras el cristal de la nave, cielo despejado y
sublime.
Un espectro de índigos, lavandas y rosados.
En el centro, ella, espléndida y brillante, la
luna llena de comienzos de mes.
A mi alrededor sonaban las notas de la canción
de David Bowie, Space Oddity (casi Odisea Espacial pero es “rareza” espacial
como se traduce textualmente) una gran casualidad que quizás contribuyó a esta experiencia
sideral mientras manejaba desde la casa de mi hijo a la mía, en una despejada tarde
de marzo.
Sí, el cohete era mi carro, pero la belleza del
ocaso me hizo flotar en mi mente.
Aterricé, apagué motores en mi garaje y entré a
la casa ya cuando el sol desaparecía y la penumbra se adueñaba del firmamento.
Me asomé a mi ventana. Al Este la luna llena, al
Oeste, cercano al horizonte, pude ver varios puntitos de luz que titilaban.
Pensé que serían estrellas fugaces, pedí un deseo y me recordó una anécdota
divertida que dejo para el final.
Después me enteré de que esas lucecitas eran la
alineación de seis planetas (Júpiter, Marte, Saturno, Neptuno, Venus,
Mercurio), los últimos cuatro visibles a simple vista, que se asomaron justo
después de caer el sol.
Me parece que esta semana ha habido mucha actividad astronómica incluyendo un eclipse de luna en la madrugada del día 3 de marzo.
Es una rara sinergia celestial que tomaré como
un buen augurio; una conexión espiritual con el universo, aunque suene
esotérico.
En momentos como estos, suelo sacar una carta
de mi oráculo de “Medicina Sagrada” (costumbres de nuestras Primeras Naciones o
First Nations).
Esto fue lo que me dijo:
“Eres amada".
Como se dice en buen criollo ¿Pa’qué más?
P.D. (lo prometido y disculpen si es repetido):
Los enamorados contemplaban el cielo cuando
pasó una estrella fugaz.
- Mi amor, pide un deseo, dijo él.
- Deseo que dejes de tomar, dijo ella.
- Ah, me equivoqué, era un avión.