lunes, 18 de mayo de 2026

HAIKU

 


Tomás, a sus casi diez años, no solo ya sabe lo que es un haiku, sino que escribió uno.

Su maestra me lo enseñó y la verdad me quito el sombrero, lamento no tenerlo a mano para compartir.


Desde muy tierna edad, mi padre me recitaba a García Lorca, “y casi por compromiso, se apagaron los faroles y se encendieron los grillos…”, y a Manuel de Góngora, “Era chiquita y bonita como la flor del almendro…”


Pero confieso que el género del haiku lo descubrí ya de adulta y debo decir que me atrajo por su manera de atrapar un momento fugaz.


El haiku es un poema breve de origen japonés, tradicionalmente compuesto por tres versos sin rima de cinco, siete y cinco sílabas.


Es un impulso que captura un instante y deja al lector en estado de contemplación y asombro.


Matsuo Bashō (1644-1694) es considerado uno de los grandes maestros del haiku. Uno de sus más conocidos en su simpleza es:

 

furuike ya                                          viejo arroyo

kawazu tobikomu                             una rana salta

mizu no oto                                       el agua suena

 

El poeta Octavio Paz fue un admirador de estos poemas y aparte de traducir a Bashō, compuso algunos (sílabas más o menos) considerados hoy en día haikus:

 

                    el día abre la mano

tres nubes

y estas pocas palabras

 

Y este otro:


                    gentes, palabras, gentes

dudé un instante

la luna arriba, sola

 

Tuve el honor de que publicaran unos de mi autoría en una antología en el 2024. Los escribí originalmente en inglés, permítanme compartir uno de ellos:

                   

          the weight of your hand                   el peso de tu mano

          on my shoulder                                 sobre mi hombro

          it is night in heaven                          es de noche en el cielo

 

Para mí el haiku es eso…un súbito estremecimiento.

jueves, 7 de mayo de 2026

CHISPITA

 


Ha sido una semana ajetreada.

Por tal razón les pido permiso para compartir este extracto de una inspiración que tuve hace diez años: “Las Aventuras de Chispita”.

Así comienza:

“El llamado fue suave, pero irreversible.

Chispita saltó.

Era su turno para comenzar la aventura: ¡el comienzo del viaje luminoso!

El mundo grande con todas sus maravillas, lo esperaba allí afuera.

Chispita preparó su morral, una tienda de campaña, una caña de pescar y

algunas chucherías.

Era suficiente para comenzar el viaje.

Con su equipaje ligero y un corazón acelerado, Chispita se adentró en el

Bosque Encantado.

El Bosque Encantado era un lugar amable, con manantiales de agua

dulce, buena pesca y suficiente madera para encender un fuego.

Chispita encontró un lugar magnifico para acampar. Perfecto para un

visitante especial.

Chispita armó su tienda.

Era pequeñita, pero a Chispita le pareció muy confortable.

Pronto, la noche se adueñó de todo.

Chispita dio un buen bostezo y se fue a su camita.

Allí dormirá muchas noches.

Nueve meses, más o menos…

Simplemente sigue sucediendo.

La vida comienza así, gozosamente, con una súbita y pequeñita chispa de

luz, una Chispita…”


“Las Aventuras de Chispita”, una alegoría de la vida en el vientre materno inspirada en mi primer nieto, versión final ilustrada por mi hija.

El fin de semana que pasó recibí a mi quinto nieto, mi quinta Chispita.

El amor me sobrepasa y persiste en su travesía luminosa.

¡Bienvenido Simón Eduardo!

 

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sábado, 25 de abril de 2026

ESPECIAS

 


Empezó como un ejercicio de limpieza.

Continuó con una navegación por lugares exóticos.


Terminó en una fiesta.


Se trataba de una actividad urgida, pero largamente ignorada, así que finalmente me dispuse a limpiar mi despensa.


Mi esposo aparte de ciudadano del mundo era chef y acumulaba un arsenal de extravagantes condimentos, especias y yerbas, muchas de las cuales ya pasaban de su fecha de vencimiento.


Expiradas y todo, al cerrar los ojos y recordar esos acentos de su cocina, hizo que iniciara mi viaje, justamente por eso que se conoce como “la ruta de las especias”.


Me embarqué en Indonesia, después Sri Lanka, suspirando entre aromas de canela, clavo, nuez moscada y jengibre. Continué navegando la costa de la India, embriagada con las esencias del garam masala, cúrcuma y cardamomo.

De allí pasé al Golfo Pérsico, Mar Rojo y Mediterráneo, donde descubrí el romero, tomillo, azafrán y albahaca.


La verdad me pareció insólito que, desde los 1500 a. C. hasta nuestros días, el mundo se haya visto estimulado económica y sensorialmente por el contenido de estos frasquitos que languidecían en mi despensa.


Por supuesto, este crucero por la ruta de las especias hizo que, aparte de las nostalgias, se me desatara un apetito feroz.


Afuera nevaba, sí créanlo todavía nieve en abril, así que pedí un “delivery” a un restaurant indio.


Al rato llegaron los reconfortantes platillos.


Creo que me excedí.


Samosas, biryani de cordero, butter chicken, tikka masala.


Como les dije al inicio, lo que empezó como la limpieza de mi despensa terminó en una fiesta.


La fiesta del paladar.


¡Buen provecho!

jueves, 16 de abril de 2026

MISIÓN CUMPLIDA

 


Es una lucha de titanes.

No importa la condición física; al contrario, la debilidad en este caso actúa como una fortaleza.


Se trata de una batalla donde he de poner toda mi atención y mi agudeza mental, a ver si logro la tan ansiada recompensa.


Mi principal arma es la sonrisa. Nada más demoledor para el contrincante que este gesto de complicidad verdadera.


Sin embargo, si el oponente percibe en ella cualquier atisbo de impaciencia, resulta totalmente contraproducente y hay que volver a empezar.


Por supuesto, así mismo sucedió.


Mi segunda estrategia es la música. Las notas graves, en tempo lento y constante casi siempre promueven la serenidad, la relajación y el alivio de la ansiedad.


Pues tampoco funcionó.


Mi adversario se resistía con más energía que nunca, utilizando patadas, cabezazos y hasta pellizcos.


Tuve que disponer de mi tercera arma: movimientos armónicos de brazos y piernas. En otras palabras, bailar.


Después de que mis bíceps quedaron insensibles y mis pantorrillas totalmente destruidas, sucedió el milagro.


Como dos pesadas cortinas, arrastradas por unas pestañas doradas, sus párpados se cerraron en un suspiro.


Sí, el bebé se durmió en mis brazos.


La más dulce sensación de paz se adueñó del mundo entero.


Cuando el bebé duerme se alimenta el espíritu en una suerte de saciedad, de alivio, de plenitud, conocida por las madres (y abuelas) desde los inicios de la humanidad.


Se dibujó en mi rostro una deliciosa sonrisa que murmuraba:


¡Misión cumplida!

 

lunes, 6 de abril de 2026

PARADOJAS

 


Esta se me presentó en un grupo de chistes malos al cual me honro en pertenecer.

Las paradojas son “ideas o situaciones que parecen contradecir la lógica o el sentido común, pero que tras un análisis profundo pueden revelar una verdad oculta o un significado profundo”.


Estas líneas serían mi “análisis profundo” a ver si aparte de la risa nerviosa que me produjo leer el chistecito por primera vez, me saca del callejón sin salida donde me metió.


Pero mientras me inspiro, eso de las paradojas me trajo a colación aquella que estudié en la universidad, la de Xenón, o de “Aquiles y la tortuga” que postula que el corredor más rápido jamás alcanzará a uno lento, ya que debe recorrer infinitos puntos medios, dividiendo la distancia en una serie infinita.


La verdad, hoy en día yo le dijera a Xenón “Amigo, busca oficio”.


Pero el chiste malo de mi apreciado grupo y que dejo para el final, hablaba también del secreto del éxito.


Yo diría: define éxito.


La primera definición que viene a mi mente es la de D.H. Lawrence, “la perra diosa” o “bitch goddess”. Concepto que usa el escritor en su libro “El Amante de Lady Chatterley”, para satirizar la obsesión de la sociedad moderna con el éxito material, el dinero, la ambición. Suena muy actual.


También el “chiste” en cuestión menciona la experiencia, las buenas y malas decisiones.


Se pasa uno la vida sorteando buenas y malas decisiones. Con el tiempo aprendí que las mejores son las que se toman con corazón. Esas producen resultados gloriosos. Lo certifico.

En fin y para no ponerme demasiado filosófica, les dejo la “paradoja chiste” en cuestión y los invito a reírse y olvidar todo este incoherente análisis que no me llevó a ningún lado.

-        ¿Cuál es el secreto del éxito?

-        Las buenas decisiones.

-        ¿Y cómo se toman buenas decisiones?

-        Con la experiencia.

-        ¿Y cómo se adquiere la experiencia?

-        Con las malas decisiones.

Xenón se quedó corto comparado con esto.

lunes, 30 de marzo de 2026

TORRE DE BABEL

 


Llegué tarde al concierto y me tocó sentarme en la última fila.

Me acomodé justo entre dos cabezas blancas, una pareja de aquello que llamaban en mi ciudad, la “juventud prolongada” o “gent grand” (gente grande) como se conoce en Cataluña a las personas mayores.


De inmediato la música se adueñó del recinto.


La parejita de enfrente mantenía un diálogo conmovedor. Se miraban, se sonreían, mientras se deleitaban con las notas que flotaban en el aire.


Yo intentaba sortear mi mirada entre sus gestos a ver si divisaba a mis amigos que cantan en el coro.


Como no era tan fácil, decidí cerrar los ojos y concentrarme en la música.

Las primeras piezas eran en latín, Laudate Dominum is sanctis ejus…


Siguieron con melodías en italiano, Dolcissimi respiri de nostri cori amanti…


Abrí los ojos un momento para intentar de nuevo encontrar a mis amigos y me topé otra vez con las cabezas de mis adorables viejitos.


El coro se paseaba ahora por estrofas en alemán, Einst ruh ew’ge Zeit…y yo, en trance sublime, entendiendo todo lo que me comunicaba la música, sin necesidad de traducción.


He aquí mi reflexión.


Vino a mi mente la Torre de Babel.


Según los relatos bíblicos, la civilización de entonces pretendía construir una torre colosal que llegara al cielo, un acto de soberbia por lo cual, Dios, para detener su orgullo, decidió confundir sus lenguas originando así los diferentes idiomas. Aparentemente, al no entenderse, abandonaron la construcción y se dispersaron.


Yo allí, en mi concierto, internalizando todo lo que cantaba el maravilloso coro sin importar las palabras y contemplando el lenguaje silente de esa pareja de eternos enamorados, concluí algo importante que quizás los constructores de la Torre de Babel no consideraron.


No hace falta ser políglotas para poder entendernos.


No es preciso ser plurilingües para conmovernos ante el “aliento más dulce”.

La música, la poesía, el amor.


En la sala y también en mi pecho, estallaron los aplausos.

lunes, 23 de marzo de 2026

TERCER ACTO

 


Hace poco conversaba con un amigo sobre películas viejas y comentábamos algunas de nuestras escenas favoritas.

Creo que mi amigo no quedó muy impresionado con mi selección.


Sí, soy una romántica empedernida.


La primera que vino a mi mente y que todavía me causa escalofríos de pies a cabeza, es la boda de María (Julie Andrews) y el Capitán Von Trapp (Christopher Plummer), en la catedral de Salzburgo, (La Novicia Rebelde).


Para mi amigo, la más memorable se produce en la secuela de Star Wars (El Imperio Contraataca), cuando Darth Vader, la encarnación del mal, le confiesa a Luke Skywalker que es su padre.


Mi segunda opción la protagonizan Jack (Leonardo Di Caprio) y Rose (Kate Winslet) abrazados en la proa del Titanic sin presentir su destino.


Mi amigo recordó a Rocky Balboa (Sylvester Stallone) corriendo por las calles de Philadelphia (Rocky I).


Yo por último traje a colación a Molly (Demi Moore) cuando está frente al torno de alfarero y se presenta el fantasma de su gran amor, Sam (Patrick Swayze) y la abraza (Ghost).


Mi amigo mencionó la escena de la bicicleta en ET, El Extraterrestre.


En fin, cambiamos el tema y terminamos la caminata hablando de comida.


Yo llegué a mi casa y como siempre, me puse a repasar mis propias escenas, las antiguas y las que están en pleno desarrollo.


Y es que ya me encuentro formalmente en lo que en teatro se llamaría Tercer Acto, es decir, ya bien adelantado el arco narrativo o en términos técnicos, lo que se conoce como “acción descendente”, donde los conflictos presentados en los dos primeros actos se resuelven y se establece una nueva normalidad.


En eso estoy, en mi “nueva normalidad” donde las escenas se producen aleatoriamente; una caminata con un buen amigo (aunque discrepemos cinematográficamente), una pluma al viento, o justo en este preciso instante, cuando dos inmensos cisnes más blancos que la nieve, pasaron por mi ventana.


Solo me queda desear que, en su simpleza, mi Tercer Acto sea: el mejor posible.