A su alrededor se
desprende un halo luminoso
Llegó a Canadá por aire, pero creo que más bien
viajó a través del túnel del tiempo,
Blanco, elegante, etéreo en su bordados y
transparencias.
Es un vestido.
Pero no un simple traje, sino una aventura familiar de casi setenta años.
Lo lucieron mis
hermanas mayores, más adelante yo, mis sobrinas y después mi hija.
La semana
pasada envolvió la belleza de mi preciosa nieta, Natalia, en el día de su
Primera Comunión.
Parecía una princesa en ese día de luz en el que,
nosotros los católicos, recibimos la gracia y el pan de vida.
Al verla allí, con su corazoncito latiendo de
emoción, al lado mi hija, se comprimió mi tiempo en un triple aliento.
Creo que las tradiciones familiares son una
forma de trascender el paso de los años.
Se me ocurrió hacer un collage con nuestras
antiguas fotografías de Primera Comunión: siete décadas de en un solo vistazo.
Como dije al comienzo, esta tela de organza
lleva encendida el aura de cada una de esas niñas que lo llevaron en ese día
especial, incluyéndome.
Más que un vestido, un halo legendario que
cuenta y contará historias de vida y recuerdos, por generaciones…
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