| Palau de la Música Catalana, Barcelona |
Hace poco me regalaron un espejo.
| Palau de la Música Catalana, Barcelona |
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| Acuarela Azzi Tehrani, mi profesora |
Ya casi nadie
escribe, ni manda por correo tarjetas de Navidad.
Es un raro
placer abrir el correo y encontrarse con correspondencia que no sea publicidad,
o cartas de quienes más nos quieren y escriben con frecuencia: los bancos,
tarjetas de crédito y otras cuentas por pagar.
Como estoy en
clases de pintura, me propuse este año, hacer yo misma mis tarjetas de Navidad,
para enviárselas a todos quienes me han regalado este año, momentos de alegría
y felicidad.
Tomé mis pinceles,
mis acuarelas y me senté en un rincón de mi hogar a buscar inspiración.
Mojé el papel,
tal y como me explicó mi profesora, y con tonos índigo y cobalto, sugerí una
noche estrellada. Esperé que secara y con el verde tracé un gran pino con sus ramas
rebosantes de nieve. A su lado, con trazos delicados, pinté una casita de
madera con humo saliendo de su chimenea y, en color ocre, un par de venaditos,
corriendo a su alrededor.
Con pincel muy
fino, incluí algunos detalles que se asomaban por la ventana de la casita. Los
más importantes, un fuego encendido, una flor de Pascua y un Niño Jesús. Allí,
en esa casita también estoy yo, junto a una butaca vacía, pero llena de
gloriosa presencia.
Di por
terminada mi estampa navideña, pero antes de cerrarla y echarla al buzón de mis
pensamientos, escribí de mi puño y letra, una sola palabra que espero llegue por
el correo del viento a todos quienes me han acompañado en este año.
¡Gracias!
¡Feliz Navidad
a quienes han tenido la gentileza de leerme, a mis familiares y
amigos, y a todas las personas de buena voluntad!
Me he pasado
gran parte de la vida practicando y perfeccionando el arte de la arquería.
Es una
actividad que requiere, concentración, paciencia y precisión.
Son muchos
elementos a tener en cuenta: la flexibilidad del arco, la tensión de la cuerda,
el posicionamiento de la mano.
Hay que tener visión,
serenidad, arte, para que la flecha vuele alto y llegue a su dorado destino.
La arquería, aparte
de técnica, también requiere de mucha intuición.
¿Cómo adiestrar
ese ojo dominante? el que guía la ejecución, para que confíe y se deja llevar
por esa entrega sin límites que culmina en buen resguardo.
El arquero divisa
claramente su objetivo y posiciona cuerpo, mente y corazón para después, en el
momento justo, cargar la flecha.
En ese instante, que puede parecer eterno, el
arquero inclina el arco hacia el suelo, como haciendo una reverencia, un acto
de humildad, y engancha la flecha en la cuerda, con delicadeza y determinación.
Es el momento
en el cual la flecha conoce de su energía, su potencia.
El arquero abre
y levanta el arco. Es el momento.
Entonces, ya con
la flecha enganchada en los dedos, encuentra el ángulo preciso.
El momento de
la verdad.
El arquero
relaja los dedos de la mano y decide soltar la flecha.
Y suelta….
Y toda esta
historia viene a propósito de que en estas navidades, la mitad de mi corazón
esta en Tanzania (mi hijo recién casado y su esposa en su luna de miel) y mi
hija y familia, en Venezuela (visita familiar y aquietando nostalgias)
A los que me
preguntan si voy a sentirme sola, les digo con sinceridad y sin falsas
euforias, que no.
Aunque mi gran
amor voló a otros dominios, siempre digo que una mujer enamorada nunca esta
sola, porque el amor es como lo “bailao”, como se dice en mi tierra, nadie
puede quitárselo a uno.
Aunque los voy
a extrañar demasiado, creo que nosotras las madres nos alimentamos de la
felicidad de los hijos, de sus logros, de sus satisfacciones, de sus
descubrimientos, de que vayan, vean, exploren.
Vivan…de que
sean la flecha.
Nosotras, las madres, el
arco, como dijo el poeta.
Sobre los hijos….
Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas,
son lanzados.
Deja que la inclinación,
en tu mano de arquero,
Sea para su felicidad.
Khalil Gibran poeta libanés.
Todo un arte,
eso de la arquería…
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| Avila de Miguel Cabre |
El sábado
en la noche un señor poeta del tiempo vino a mi casa a decirme: Leonor, te voy
a contar un cuento…
Me
recordó a Rubén Darío que escribió esas mismas palabras, pero para Margarita,
aquella de “Margarita, está linda la mar…”
Yo
me quedé en silencio, escuchando con atención cada uno de sus versos,
pronunciados con suavidad, pero con profundidad y énfasis.
Era
una historia complicada que comenzaba con los griegos y los romanos, después se
metían los árabes, los españoles y hasta los indios americanos.
Después
de muchos siglos y vericuetos, la historia reapareció mágicamente, una mañanita
caraqueña, como el vals venezolano de Evencio Castellanos, una de las pocas
piezas que quedaron en mi cerebro reptil y soy capaz de tocar en el piano.
Allí,
en la casa solariega, estos personajes del pasado depositaron todas sus
riquezas en las manos de mis dos mamás, la de Los Teques y la de Barlovento.
De
pronto, yo también estaba en la historia, sin edad, porque la escena se repetía
año a año, mirándolas, escuchando cantar al canario llamado Pavarotti, envuelta
en los olores de la cocina, de mis diciembres caraqueños.
El
señor poeta hizo una pausa y yo terminé de comerme mi primera hallaca.
La
“multisápida”, como algunos la llaman.
Y
es que los sabores antiguos… ¡sí que saben contar historias!
“…es como un compendio ejemplar del proceso de mestizaje.
En ella están: la pasa y la aceituna de romanos y griegos, la alcaparra y la
almendra de los árabes, la carne del ganado de los capitanes pobladores de
Castilla, el maíz y la hoja del bananero de los indios”.
Arturo Uslar Pietri
PD: Mis reflexiones ahora disponibles en
Se avecinan tiempos gélidos en mi ciudad.
En mi tierra se
dice ¡Llegó Pacheco! Pero esto es otra liga.
Lo más
calientico esta semana: -16°C.
Es el invierno.
El que viene a
recordarme, cada año, la poesía del refugio.
El gran poeta Baudelaire
lo expresa magistralmente: “El invierno evocado es un refuerzo de la felicidad
de habitar.” (Dicha Invernal)
Después de más
de dieciséis años viviendo en estas latitudes, he conquistado un cierto estado
de clarividencia para no resistirme, ni quejarme, cuando bajan las temperaturas
o arrecia la tempestad.
El frio es un
contratiempo menor y, al contrario, una oportunidad magnífica de mirar hacia
dentro, como dijo Carl Jung en una de mis citas favoritas: “Quien mira hacia
afuera, sueña; quien mira hacia dentro, despierta.”
En el invierno
me visto para la estación, suéteres, bufandas, gorros, pero a mi alrededor me adornan
otras prendas.
El tejido
nacarado de los atardeceres glaciales.
El manto
luminoso de la nieve.
El terciopelo
de las noches calladas, donde sólo a veces, se escucha el ulular de un búho.
El rojo
nocturno del crepitar del fuego.
Mientras
escribo, el mercurio baja a -18°C.
En mi refugio,
me arropo con el calor íntimo de esa felicidad de habitar.
“Cuando el refugio es seguro, la tempestad es buena.”
Henri Bosco
PD: Mis reflexiones ahora disponibles en
Por fin, después de más de treinta años de trabajar en mi profesión, en Caracas y Canadá, me ascendieron y logré mi posición soñada la cual vino con aumento de sueldo:
Gerente General de Asuntos sin Importancia.
Esta meta hoy
lograda, me la propuse hace más de veinte años, cuando en Caracas, en la
empresa de ingeniería donde trabajaba, me tocó ser responsable de la minuta de una
reunión con el cliente.
La líder de
disciplina, Carmen recuerdo, me enfatizó concienzudamente: anota todo, TODO, lo
importante.
Tomé libreta y
pluma, y afiné mi atención.
El tiempo
pasaba, se discutía sobre las fundaciones, las tuberías, la excavación, el
volumen de concreto y la verdad, nada me parecía particularmente importante.
Entonces, como
suele sucederme, sucumbí a una de mis ensoñaciones.
En ese preciso
instante comenzó lo que siempre me ha cautivado mucho más que los números y los
gráficos de mi trabajo: la experiencia humana.
Me fijé en los
ojos tristes de la Ingeniero Robles, ¿tendrá alguna pena?, pensé; también me
pareció importante el rostro cansado del Ingeniero Gil, creo que necesita
vacaciones; y ¿cómo no quedar cautivada por la voz grave y seductora del director
de Control de Proyectos?
Esto último en
verdad si fue bastante importante, porque, no lo sabía entonces, pero aquel
señor británico tan interesante iba a ser mi futuro esposo.
Al terminar la
reunión, la minuta estaba en blanco.
Si no me
botaron fue porque bueno, al final mi memoria es una semi ficción, y probablemente
borroneé algo en la libreta.
Creo que fue en
esos tiempos cuando descubrí la importancia de las cosas “sin importancia”.
Esas que hoy en día, si desaparecieran de mi vida, me dejarían sin universo.
En mis tiempos
en la oficina, claro, era vital mantener mis horas facturables y productivas,
de eso dependía mi cheque de quince y ultimo.
Hoy en día,
desde la Gerencia General de Asuntos sin Importancia, eso no ha cambiado mucho,
lo que si se alteró exponencialmente fue el concepto de productivo y
facturable.
Productivas son
mis horas plácidas y creativas, esas que contribuyen a la tranquilidad de mi
ánimo.
Facturable es
todo lo que suma a mi abundancia interior.
Como la que me
dejó aquel inglés de voz grave y seductora, cómplice de todas mis ensoñaciones.
Dedicado a Aura Elena,
quien me inspiró este “momento mágico”.
Después de las
celebraciones, todos salimos de la fiesta con un regalo de salida: una chupeta.
Así se llama en
mi país, pero creo que en otras latitudes se le conoce como paleta, chupete, o
chupetín.
Por definición se
trata de un caramelo sólido y redondo, sostenido por un palito que sirve de
mango.
Pero esta
chupeta que nos dieron a todos quienes asistimos a la fiesta, es diferente,
aparte de colorida, dulce y enorme, es especial.
Yo no he hecho
sino disfrutar de ella desde que llegué, sola o acompañada.
Como dije al
principio, esta chupeta que recibió cada invitado es muy singular, no sólo por
su dulzura, sino porque tiene una característica extraordinaria.
Es infinita.
Dura para toda
la vida y más.
Es un caramelo hecho
de tiempo bien vivido, de amor, de amistad, de música, de abrazos, de familia,
de bendiciones.
Es la chupeta
de los buenos recuerdos.
Gracias a mi
hijo Santiago y su esposa Alba, por tan maravilloso regalo de salida después de
su boda.
Aquí sigo y
seguiré por mucho rato…disfrutando de mi chupetota.