martes, 15 de junio de 2021

INUKSHUK

 




¡Lista!

Ya me puse mi segunda dosis de la vacuna de Covid-19 y siento una mezcla entre alivio y agradecimiento. Alivio conmigo misma, con mi familia, mis amigos, mi comunidad y el planeta.


La historia de la humanidad nos dice que las vacunas erradican enfermedades.


Pero quisiera compartir una pequeña reflexión mientras esperaba mi turno.


Me reconfortó ver la gran cantidad de personas haciendo paciente y ordenadamente su cola.  Gente de todas las edades, personas en sillas de ruedas, mujeres embarazadas, familias.


El personal de enfermeras, voluntarios, ofreciendo un servicio impecable, amable, todos con una sonrisa en sus ojos. Ese gesto cálido, tan honesto que hasta se reconoce detrás la mascarilla y que nos conecta como seres humanos.


Allí, en la fila para vacunarme, sentí una profunda y conmovedora sensación de solidaridad, de comunidad.


Estamos juntos en esto y saldremos juntos de esto.


Una vez leí que, en este bello país, Canadá, a diferencia de otras naciones, el héroe es la comunidad.


Incluso, en la casa de las Américas, en la sede de la OEA, donde están las estatuas de los héroes y figuras prominentes de cada país como Bolívar,  Rubén Darío, Gabriela Mistral, etc.,  la escultura que representa a Canadá es un Inukshuk, un símbolo de las Primeras Naciones (First Nations) que representa un punto de referencia para ayudar a comunicar al caminante, las zonas de buena pesca y caza. 


Una escultura de piedras, que ofrece guía a la comunidad.


En otra de estas instituciones mundiales, Canadá eligió una estatua  en homenaje a las enfermeras de la Segunda Guerra Mundial.


Sentido de comunidad.


No podía ser de otra manera. Sin trabajo en equipo, sin sentido de comunidad, una sociedad no hubiese sobrevivido a la severidad del clima y a la inmensidad de este territorio, la mitad congelado.


Y, en fin, viendo a todas estas personas a mi lado, esperando a recibir su vacuna y al personal médico haciendo su trabajo, no sólo con mística y dedicación sino con una sonrisa en los ojos, pues salí de allí con una gran sensación de esperanza.


Esta pandemia ha llenado de dolor y desolación al planeta, pero la solidaridad, la ciencia, la mística, la generosidad, el afán de protegernos unos a otros con las vacunas, hará que el espíritu humano prevalezca.



miércoles, 19 de mayo de 2021

HALCÓN PEREGRINO

 


Una sombra pasó por mi jardín.


Me asomé a la ventana y allí estaba.


Magnífico.


Con su plumaje azulado, su pecho altivo, como de terciopelo bordado con hilos dorados; su larga cola.


Me miró con sus ojos rojos, como rubíes de Birmania.


Yo me quedé extasiada e inmóvil, detrás del cristal, cual estatua de mármol.


Como esa piedra noble donde se apoyan todas mis fragilidades.


Es el Halcón Peregrino.


Un ave viajera que recorre distancias inmensas.


Dijo un famoso escritor cuyo nombre no viene a mi mente, que si un ave pasa por tu ventana mientras escribes, ese pájaro se convierte en parte de tu historia.


Su visita duró pocos minutos.


En breve desplegó sus alas, majestuosamente, y continuó su peregrinar.


En su efímero paso, me regaló sus colores, su solemnidad y me trajo un mensaje.


Yo me quedé parada un rato frente a la ventana en un momento de infinita concentración y quietud, y por primera vez me fijé en mi reflejo.


Mi cuerpo traslúcido pintado de árboles, de río, nubes y colores de la tarde, y alrededor mi imagen de vidrio, mis objetos cotidianos.


Un patito de goma. Unos tacos de madera.


Un hipopótamo egipcio.


Un águila, un torito, una llama, un jaguar, un camello, un oso polar, un león de jade, un caleidoscopio.


Ese otro jardín, el de mi casa, objetos amorosos que Su piel alguna vez rozó, reflejados dentro y alrededor de mi cuerpo de cristal.


Mi reflejo, mis recuerdos, mi historia.


Mi peregrinar que continúa, con y sin Él, por esta, mi particular Ruta de la Seda.


Y, en fin, después de esta experiencia fugaz detrás y dentro del cristal, regresé a lo mundano.


Me serví una copa de vino, me senté en mi Punto Fijo (así llamaba mi mamá a su poltrona y ahora yo a la mía) a disfrutar este gran telegrama celestial que me trajo el Halcón Peregrino y también para celebrar que este es mi Post número 350. ¡Salud!

 

Gracias a mis escasos pero consecuentes, amables y atentos lectores. Siempre agradecida por su presencia en mis líneas.

viernes, 7 de mayo de 2021

LA IMPORTANCIA DE LAS RAMAS

 


Hoy, en mi paseo de la tarde, vi águilas, gansos, patos, gaviotas y pájaros carpinteros.

Estaba nublado y con brisa, así que el río tejía sinuosos hilos de plata, como si fuera un gran pañuelo de seda ondeando al viento.


Pero hoy, sobre todo, me fijé en los árboles y más específicamente, en sus ramas.


Esas que han estado desnudas tantos meses y que ahora se ruborizan de primavera.


Algunas ramas se alzan, decididas y alegres, como queriendo entrelazarse con sus hermanos del bosque.


Otras ramas sufren de desaliento.


Algunas están rotas, cansadas de tanto invierno.


Pero casi todas persisten, se buscan, se encuentran.


Mañana darán sombra y sosiego al caminante, como yo.


Casi siempre se habla de la importancia de echar raíces.


A veces no es posible, a veces hay que dejar la raíz herida lejos y sembrar la estaca en otras tierras.


Pero de la estaca salen las ramas.


Brazos espirituales que nos permiten tocar a amigos y hermanos, familia regada por el mundo,  en un abrazo verde y frondoso.


Ramas decididas, fuertes, que dan cobijo a las aves y hacen silbar al viento.


También detrás de las ramas siempre está el cielo.


En fin, concluyo diciendo:


A falta de raíces en estos tiempos difíciles, las ramas nos sostienen.

 

 

PD: Voy camino a mi post 350 (el próximo) mi recorrido por esta Calle del Eco. Mi hermano Rafael (QEPD) diría paja, paja y más paja… jaja. Pero me he divertido en cada una de estas meditaciones impulsivas. Los primeros 250 son mi vida feliz, los últimos 100, un agridulce, pero aquí sigo, como una rama al viento. Ya veré como celebro ese hito en el camino en mi próxima entrega.

lunes, 3 de mayo de 2021

SOBRE LAS FLORES


 

Recibí muchas flores el día de mi cumpleaños.


Gracias.


Alegría instantánea.


Tulipanes coloridos y danzarines de parte de mi vecina.


Dalias de sonrisa rosada, de parte de mi hija.


Rosas esplendorosas, de mi caminante amiga.


Y hasta del más allá llegaron (larga historia).


Las flores alegraron mi casa, mi alma y me han acompañado por todos estos días.


Las he observado, con fascinación.


Desde su erguido esplendor, su embriagante aroma nocturno, hasta su lento declinar, su serena despedida.


Ese momento sublime y liberador en que bajan la cabeza, renuncian a sus pétalos, a todas sus pertenencias y se rinden.


Mansamente.


Y entonces entendí mejor el mensaje de las flores.


Eso de ser, lo que se es, lo que se tuvo y lo que uno ha perdido.


Esa belleza y gloria de ser efímera.


Como la vida...

viernes, 16 de abril de 2021

60

 

 


Creo que fue la actriz María Félix, que dijo que la única manera de mantenerse joven es mentir sobre la edad.

Mi mamá decía que para lo único que uno es joven es para morirse, porque para todo lo demás, desde los 40 uno es “viejo”.

-      Se murió fulano

-      ¿Y qué edad tenía?

-      80

-      Ay, pero todavía estaba muy joven.

También, ya entrada en sus ochenta, decía que ella estaba en la edad del “Ah bueno…” y que cuando ella se muriera preguntarían:

-       ¿Y qué edad tenía Carmencita?

-       87

-       Ah bueno…

Mi hermano Rafael (QEPD) decía que, si a uno a los 40 no le duele nada, es porque uno está muerto. En ese sentido estoy muy viva.

En fin, toda está introducción es porque mañana me levantaré como una señora de 60 años.

Sí, mañana, son 60 abriles, literalmente.


Y los cumplo con el ánimo algo melancólico (ya son cinco cumpleaños sin mi amado, que tanto me consentía, “spoiled me rotten”, como se dice en inglés)


Pero, en fin, como dice Italo Calvino, “la melancolía es la tristeza que ha adquirido ligereza”, o como dice Horacio Quiroga, “una forma piadosa de soledad”.


60 años…


Una veta de tiempo.


Un puente que se abre.


El canto de la corriente.


Una llave.


Un crescendo.


Una nota sostenida y lejana.


Y al final, agradezco a Dios porque continúa dándole regalos a mi alma y agradezco a quienes me acompañan en mis letras, tristes o alegres, aquí en esta Calle del Eco, mi espacio de jugar.


Finalizo con unas “rimas y sonetos rezagados” (1962)

 #Cruzyraya poesía:


“… la niñez te va siguiendo

durante toda la vida.

Pero ella va más despacio

Y tú andas siempre deprisa.

Cuando la vejez te llega,

No es que vuelvas a la infancia,

Es que moderas el paso

Y al final la niñez te alcanza.”

jueves, 25 de marzo de 2021

ANHELO



 
Es una de mis palabras favoritas, igual que “almendra” u “orquídea”. 

 Siempre me sorprendo con el origen de las palabras. 

Anhelo, del latín, Anhelare, significa respirar con dificultad, jadear. 

Ese descubrimiento me dejó “anhelante”, como esa bella canción venezolana … “Me conformo con verte… aunque sea un instante…” 

Pero mi obsesión con la palabra Anhelo sucedió después de leer cierta reflexión sobre la poesía, por Jorge Luis Borges.

Palabras más o menos, Borges me esclareció esa noción vaporosa e inasible de la poesía:

“La poesía intenta manifestar un anhelo”, dijo Borges. 

Y le creo. 

También dijo otro grande, Octavio Paz, “... el mundo cambia si dos se miran y se reconocen."

Manifestar un anhelo. 

Esa frase me miró y me reconoció.

En fin, ahora, intento desentrañar el anhelo de todo cuanto me rodea. 

Ponerlo en palabras es tarea titánica, pero por ahora observo.

También dijo alguien que no recuerdo, que el deleite es la recompensa de quienes se detienen a observar. 

¿Qué anhela el pájaro cuando se detiene en mi jardín? 

¿Qué anhela la pluma que se cruza en mi camino?

¿Qué anhela mi copa de vino o mi taza de café? 

¿Qué anhelo yo?

Y mi respuesta, otra vez los versos de esa bella canción…”me conformo con mirarte, un momento, nada más…”

En fin, eso de encontrar el anhelo de las cosas, lo que le corta la respiración y nos deja jadeantes, esa poética de descubrir el anhelo de todo cuanto nos rodea, me ha servido para encontrar una nueva forma de plenitud, incluso en soledad.

Que gran compañera es la poesía. 

Y si para terminar quieren un dato curioso, y quizás para limpiar el paladar de tanta cursilería (permitidas, como decía mi mama), pues quizás a mucho deje sin aliento y anhelantes, que la palabra Orquídea, significa, testículo.

No es broma. 

Orquídea: del griego orkhídion ‘planta con dos tubérculos elipsoidales y simétricos’, diminutivo de órkhis ‘testículo’ 


Y  para que pasen el shock les dejo el link de la canción ANHELANTE por nuestro Gualberto Ibarreto https://www.youtube.com/watch?v=Ta4CkVySAYM

domingo, 21 de marzo de 2021

KAIRÓS

Persistencia de la Memoria - Salvador Dalí 

 

“Reloj, no marques las horas, porque voy a enloquecer…” dice una vieja canción.


Yo voy a enloquecer porque hace una semana cambió la hora aquí en Canadá y a mi alrededor hay siete relojes a los cuales hay que adelantarles una hora y yo…no me atrevo.


Es una de esas tareas que mi amado esposo hacía amorosamente por mí, igual que el café de la mañana, el jardín, mantener mi copa de vino y la de mi alma llena y un largo etcétera.


Son mis pequeñas tristezas del día a día, esas que he aprendido a aceptar, pero que todavía me producen un súbito vacío.


Mi hijo, o un buen amigo, siempre me ayudan con esta particular tarea de ajustar el tiempo, pero ahora con la pandemia, los relojes de mi casa están desorientados.


Lo más curioso es que a ellos parece no importarles.


Su erróneo tic tac continúa, persistente, implacable.  


Entonces reflexiono sobre las horas.     


Las plenas, las bailadas, las bien conversadas, las de placer y deleite.


También las horas infinitas donde la tristeza se empoza, horas menguadas.


Al final mis horas favoritas son las de “ocio cultivado”, como las describió Oscar Wilde.


Pero, en fin, el reloj sólo intenta pedestremente, medir una secuencia de eventos, eso que los griegos llamaban Cronos.


Hay un concepto más ligero, sublime y amable: Kairós.


Ese lapso indeterminado donde todo sucede.


El momento adecuado y oportuno.


Hoy mi amigo Francisco vino a ayudarme con el jardín y también ajustó todos los relojes de la casa, desde el del microondas, hasta el de pared de pájaros canadienses.


¡Gracias!


El Cronos de mi casa ya está en orden. Mi Kairós no necesita mucho ajuste realmente.


Kairós.


Ese momento sin tiempo donde las cosas especiales suceden y me hacen sonreír...

 

PD: Esta breve reflexión sobre las horas, hizo que me acordara de un cuento de oficina que escribí hace un montón de años, La Hoja de Tiempo (1995), lo comparto para quienes quieran leerlo y aquí lo dejo en este espacio, para que quede en este blog un poco archivo de mi tiempo.

 

HOJA DE TIEMPO

 

          Como todos los lunes, me dispuse a llenar mi Hoja de Tiempo. Para quienes no manejen el lenguaje empresarial, la Hoja de Tiempo es una planilla donde uno debe anotar las horas laboradas durante la semana, asociadas al código de una actividad determinada. Esto que suena tan aburrido, se hace para llevar el control de tiempo de los empleados. La Hoja de Tiempo debe ser lo más productiva posible y por consecuencia, lo más facturable posible. Lo peor que puede existir es cargar horas al código “disponible”, o “a la espera de trabajo”. Significa sencillamente que uno no está haciendo nada y a la larga resulta una carga para la empresa. En fin, luego de estas tediosas explicaciones, que pueden servir para entender mejor lo que me ocurrió este lunes, saqué de mi archivo el formato cuadriculado de la rutinaria Hoja de Tiempo. Procedí a buscar mi agenda para corroborar en qué actividades había invertido mi tiempo. Parece mentira, que uno no se acuerde de lo que estuvo haciendo apenas hace una semana, pero siempre me ocurría lo mismo, tenía que apoyarme en la agenda para recordar mis actividades.

          Escribí mi nombre en la casilla correspondiente, código de empleado, fecha, período, y aquí, justo en este momento fue cuando se complicó esta historia. El período se refiere a la semana anterior, de lunes a domingo, pero esta vez el período estaba pre-establecido y la fecha que tenía me llenó de sorpresa primero; después sería terror. El período era exactamente desde el día de mi nacimiento, hasta el domingo pasado. Intenté borrar la fecha, obviamente se trataba de un error, una broma, tal vez una jugarreta de Recursos Humanos. Pero la fecha no se podía borrar. Intenté con el typex, y también fue inútil. Un escalofrío me recorrió. Tenía ante mis ojos la Hoja de Tiempo de toda mi vida y lo peor es que me sentí en la obligación de llenarla. Tenía que colocar en una hoja cuadriculada, en qué actividades había invertido mis horas, mis días, mis años, mi tiempo, mi existencia. Respiré hondo y me puse a recordar. En este momento se hizo el terror. Si me costaba recordar mis actividades de la semana pasada, la tarea de recrear toda una vida era prácticamente imposible. Comencé con los acontecimientos generales de los primeros años: muchas horas de jugar, cantidades de horas de estudio, hitos importantes como cumpleaños, primera comunión; más adelante matrimonio, maternidad, graduaciones; después separaciones, ausencias, presencias, pérdidas, adioses.  Me llegaron, como a todo el mundo, las horas de soledad, importantes e intensas siempre que no lleven a la desolación. Inexorablemente llegaron también las horas tristes, lágrimas, dolores, que se tradujeron más tarde en muchas horas de aprendizaje. Disfruté enormemente recordando y anotando las horas más divinas: horas de amor, de placer, de locuras y de ternuras.

          Me fui entusiasmando verdaderamente con lo que estaba haciendo, los recuerdos fluían de una manera sorprendente y maravillosa. Las horas divertidas, de risas, de canciones, de poemas, llenaron muchos espacios. Me desbordé y me sorprendí de que cupieran tantas cosas en una Hoja de Tiempo, parecía que las columnas se hubiesen multiplicado.

          Fue entonces cuando llegué a un punto muerto. Quedaban muchas columnas vacías, era precisamente el tiempo que pasó sin darme cuenta. Muchísimas horas, días, meses incluso, se me habían escapado en blanco, inertes. Horas suspendidas, que no sabía a qué código asociarlas, como cuando uno angustiosamente carga a la actividad más temible: “a la espera de trabajo”, en la hoja convencional de la empresa.

          Se me ocurrió inventar un código de ocio, pero las horas de ocio consciente y cultivado eran limitadas. Había un tiempo perdido, irremediablemente. No había descripción ni código alguno donde cargarlas, porque sencillamente no las recordaba.

          ¿Dónde estaba yo en esas horas vacías y asfixiantes? ¿Qué estaba haciendo, en qué pensaba? ¿Por qué las dejé escapar sin ni siquiera haberme percatado? Otra vez el pánico se fue adueñando de mí. Por primera vez tuve conciencia de que había dejado ir muchísimas horas de esas que en la empresa llamarían “improductivas”, pero son diferentes las horas improductivas para una empresa, a las perdidas en una vida; éstas son irrecuperables. No había trampa posible para rescatarlas, ni que viviera horas extras, en la vida no cabe el término de sobretiempo. Sencillamente, las horas perdidas descapitalizan una existencia y no hay forma de balancearlas.

          Intenté sobreponerme al impacto que significaba tener ante mis ojos una vida con huecos. Como soy de mente racional, busqué explicaciones para consolarme a mí misma. Si aplicaba una de ponderación, de pronto, los momentos intensos compensarían esas lagunas. Si hacía una distribución gaussiana, era lógico pensar que en toda una vida se produjesen picos y bajos. Pero ninguna explicación, en realidad, me reconfortaba. El hecho era que había tirado a la basura horas preciosas que ya jamás volverían.

          Busqué analogías con la empresa. Cuando estas cosas pasan en la compañía, se toman “acciones correctivas”. En este caso, estas acciones tendrían que aplicarse en el tiempo que me restaba por vivir.

          Solo había una manera de que mis horas futuras fueran plenas: viviéndolas a conciencia y no permitiendo dejar escapar ni tan solo una de esas que la empresa llamaría no facturables. El tiempo que a uno le es concedido en este planeta tiene que ser ciento por ciento reembolsable, pero no en dinero, más bien en satisfacciones, en conocimiento, en amor...

Como no está permitido dejar espacios en blanco en una Hoja de Tiempo, va en contra de todo procedimiento normalizado, tomé este tiempo vacío y las cargué, con gran pesar, a un enorme signo de interrogación.  Volví sobre las horas plenas, las que trascendieron, las que quedaron plasmadas nítidamente en la hoja cuadriculada, las que aún permanecen. Me sentí satisfecha de ellas. Firmé mi tiempo con la intención de proceder de inmediato a las “acciones correctivas”, la más importante de todas: VIVIR, porque, como diría mi padre: ...es más tarde de lo que imaginas...