jueves, 6 de febrero de 2020

CUADERNOS (I)




Pasando en limpio uno de mis muchos cuadernos de notas, encuentro pensamientos que alguna vez han volado en mi alma y me han conmovido:

“El cielo es único e irrepetible, como cada día.”

“Los perros amplifican.”

“Uno viene a este mundo a dudar."

“La verdadera fortuna es amar el futuro que aquí estamos construyendo.”

“I respect consistency.”

“Natilla de mi mamá: dos tazas de leche, 4 amarillas de huevo, una cucharada de Maizena, azúcar al gusto. Mezclar todo y poner al fuego hasta que espese…. Espolvorear con canela”

“Al final la vida es una larga procesión hacia la ancianidad.”

“I can resist everything except temptation.” Oscar Wilde.

“Dispara, ya yo estoy muerta…” Leonardo Padura.

“El arte es el incesante esfuerzo de competir con la belleza de las flores y no tener éxito.” Marc Chagall

“Piromaníaco del alma.”

“El dulce huésped del alma.”

“Meen left me with enough love in my life to last me for the rest of my days.”

“Desde mi dolor contemplo al mundo, como un ave sobre una torre muy alta.”

“Cool loneliness and creative depresión.”

“Los misterios son de la esperanza.”

“El dolor es una campanada en el alma que tarda en extinguirse.”

“Ninguna distancia es tan grande como mi amor por ti.”

“Descansar un dolor.”

“Sometimes when a person is missing, the whole world seems depopulated.” Alphonse de Lamartine

“How small we are in this drama of life.”

“Bisonte (mi animal espiritual) Totalidad, abundancia, contemplación y calma interior.”

“Azul cobalto
Pesado manto
Plumas
Cielo color zafiro
Golpe helado
Luz de la intuición
Puente celestial
Brillo y júbilo”

“Week has 7 days and “someday” is not one of them.”

“I think people care too much, I think it’s called love.” 
Winnie the Pooh ( mi filósofo favorito)

PD: Notas que agarro en el aire, con la red de atrapar mariposas, algunas mías, otras leídas por ahí. Como he estado baja de inspiración, me dediqué a pasar en limpio mis cuadernos de notas, que son muchos, así que, mientras me dure el vacío creativo, esta historia continuará...

viernes, 10 de enero de 2020

EL ASOMBRO




Mi vida es una larga lista de asombros.

Creo que la de casi todo el mundo.

Me asombro cada día ante la belleza.

Ante el Sol de la mañana.

Ante la Luna que parece a veces una gota de aceite en las noches invernales.

Frente al silencio que se instala después del ruido de las fiestas.

Asombro.

Recuerdo con nostalgia otros:

Conocer el rostro del primer hijo.

Del segundo (en mi caso segunda)…

Asombro pleno.

Conocer lugares nuevos.

Esa sensación de ¿Cómo llegué aquí?

Asombroso misterio.

Leer, desde un poema, una novela, la Biblia, y quedarse uno pensando.

Enigmas.

Asombros.

Logros imposibles:

Desde tejer un elefante. Lillie, hasta un trabajo nuevo.

La vida que continúa, a pesar de la tristeza, de las ausencias, de las penas.

Rendirse.

Ante el misterio de la vida, de la muerte, del amor.

Asombro.

Aventuras que comienzan.

Banquete para el alma.

Asombro.

En fin, perdonen el abuso de la palabra asombro.

Hoy me asombro de que en unas horas estaré en el Círculo Polar Ártico, en Noruega, cazando Auroras Boreales.

Asombrarse es siempre un breve, pero incesante resplandor.

Doy gracias por el asombro.




lunes, 30 de diciembre de 2019

PRESENCIA




Puede ser callada o elocuente.

Tímida o expresiva.

Alegre o taciturna.

Cercana o en la distancia.

Mística o terrenal.

Las reglas de la física no aplican.

Es la cualidad de estar, cuando el momento lo requiere.

Es la presencia.

Un gesto, la palabra precisa en el instante justo.

El comentario gentil.

La llamada cariñosa.

El abrazo tangible.

O el invisible.

El sutil arte de la compañía.

¡Qué sería de mí sin quienes me la han brindado, sobre todo en mis días tristes y melancólicos, como estos, en que termina otro año sin ti!

Gracias por sus presencias en mi blog y en mi vida.

Feliz Año 2020!

martes, 24 de diciembre de 2019

UN SUAVE RESPLANDOR


Hay en mi hogar, una extraña luminosidad.

Un suave resplandor de lumbre y olor a madera.

Es la Navidad.

La vida, o bueno, al menos la mía, ha transcurrido entre ruinas y milagros.

Ya lo dijo el poeta: Qué hermosa es la vida! Cómo nos despoja todos los días, como nos arruina implacablemente, cómo nos enriquece sin cesar!(Jaime Sabines, mi poeta de cabecera)

Pero también concluyo que son más los milagros que las ruinas, como he citado muchas veces en este blog, “Hay dos clases de personas, las que no creen en los milagros y las que creen que todo es un milagro.”

Me cuento entre las segundas.

En mis agónicas últimas navidades, esa época en que parece decretarse la alegría, he hecho como se dice en mi tierra, “de tripas corazones”.

Y es que la alegría obligada, no alegra…

Pero este año, vinieron los duendes y me ayudaron a que mis cachivaches viejos de Navidad, brillaran con otro resplandor.

Con la leve llama de la gratitud, por lo que tengo, y no por lo que he perdido.

Recibo en mi corazón la luz del inmenso mensaje de bondad y humildad que nos ofrece el Niño Jesús.

Sólo eso reconforta.

“Niño Lindo, ante ti me rindo…”, como dice la canción.

¡Feliz Navidad, desde la Calle del Eco!

martes, 10 de diciembre de 2019

TRABAJO NUEVO



Dicen que empezar un trabajo nuevo es una situación de alto estrés, comparable con un divorcio (check), o la pérdida de un ser querido (check).

Exageran.

No es comparable, pero sí tienen en común, que de alguna manera es un tránsito por un territorio desconocido, y todo lo inexplorado siempre tiene algo de aterrador.

Caras nuevas, espacios nuevos, procesos nuevos, café nuevo, sistemas nuevos, jefe nuevo.

Lo he vivido muchas veces en mi vida profesional y la verdad, siempre es una circunstancia llena de temores, miedo a no dar la talla, horror al fracaso, en fin.

Diríase que ya uno tiene experiencia y debería resultar más fácil, pero no.  

Comenzar un trabajo nuevo genera cierta, o más bien bastante, ansiedad.

Es una conquista, como quien descubre otro planeta y poco a poco, aprende uno primero a respirar.

Después a moverse, con cautela, para no alterar ánimos u ofender egos.

A mostrar seguridad sin arrogancia, lo más difícil. Casi siempre la seguridad en uno mismo viene con arrogancia.

A golpes he aprendido que, como dijo James Barrie, autor de Peter Pan, "La vida es una larga lección de humildad."

Hoy, en mi afán de intentar ser “agradable”, en mi elocuencia latina (mover demasiado las manos cuando hablo) le derramé, a uno de mis compañeros, el termo de agua sobre todos sus papeles importante.

Ayer, borré un archivo, accidentalmente. Gracias a Dios existe eso que llaman “retrieve versions”, y no hubo daños colaterales, y nadie se dio cuenta.

En fin, la conquista de este nuevo planeta es lenta y accidentada, pero sostenida e inquebrantable, cautelosa pero firme.

Y sobre todo, infinitamente interesante.

Más que la experiencia laboral, la experiencia humana.

Hay obstáculos, pero como leí una vez, “…los obstáculos en la vida, son la vida.”

Ya cumplí un mes en mi nuevo trabajo y voy bien.

Creo.

Mañana le llevo chocolates al que le mojé todos sus papeles.

lunes, 4 de noviembre de 2019

LA GASOLINA





Hoy fui a echarle gasolina al carro. En verdad no hacía falta porque tenía tres cuartos de tanque.

Fue un acto simbólico.

La que necesitaba la gasolina era yo.

Y es que después de unas largas vacaciones de dos años, pues regreso al mundo laboral. 

En verdad no fueron vacaciones. Fue un tránsito por el territorio más difícil y escabroso que existe. 

Un camino que uno hace a tientas, bordeando precipicios de soledad, evitando las mareas altas de la tristeza, espesa y asfixiante; sorteando el abismo, ese que dice Nietzsche que si uno mira, le devuelve a uno la mirada.

Es el duelo.
       
Ese que lo deja a uno así, sin gasolina.

Pero en fin, creo que, de alguna misteriosa manera, llegué a una playa de aguas serenas, exhausta pero entera, como sobreviviente de un naufragio.

Por eso, hoy cuando fui a la gasolinera a llenar el tanque, sentí que era el mío el que estaba en la E, no de Empty, sino de Echame, como decimos en mi tierra.

Y así, respiré hondo y mientras se llenaba el tanque de mi carro, sentí ese otro fluido invisible llenándome el mío de optimismo, de seguridad en mí misma, de confianza y sobre todo de gratitud. 

Esa es la gasolina de mayor octanaje.

En verdad estoy un poco aterrorizada de regresar al escalofriante mundo corporativo, pero sé que en muy corto tiempo estaré como pez en el agua.

Salí de la bomba de gasolina con mis dos tanques full.

Por ahora, al trabajo, con alegría...

           

viernes, 25 de octubre de 2019

PIES DE DUENDE




Mi hija dice que tengo pies de duende.

Quisiera pensar que estoy sufriendo una metamorfosis, como las mariposas, y que pronto me convertiré en una criatura mística del bosque encantado. Eso antes que admitir que su comentario tiene algo que ver con mis pies planos y puntiagudos.

Pero esta introducción no tiene mucho que ver con lo que hoy quiero compartir.

Quiero hablarles del CUADRO. Si, así en mayúsculas.

Mi hija se mudó hace poco a su nueva casa. Un lienzo en blanco, que ella poco a poco, está decorando y convirtiendo en su hogar.

Así como dicen que ella y yo nos parecemos mucho físicamente, pues, en nuestros gustos y estilos, somos diametralmente opuestas. Para hacer el cuento corto digamos que ella es minimalista y yo maximalista. 

Ella, como diseñadora que es, tiene un estilo limpio, moderno, mi esposo lo llamaría, “diáfano”. Una palabra que la describe muy bien, en todo.

El caso es, que hace poco llegué a su casa, blanca, luminosa, espaciosa, y casi me caigo para atrás cuando vi en la sala: EL CUADRO.

Lo pintó ella.

Un lienzo de dimensiones épicas y colores rotundos, ahí en el centro de la sala.

Cuando me preguntó que, ¿qué me parecía? titubeé.

Sólo pude decir: “Bueno, es muy decorativo Pero, en verdad no lo entiendo...”

Mi comentario fue tomado como un insulto sin importancia y nos reímos. La sinceridad respetuosa y el sentido del humor, es parte de la grandeza de nuestra relación madre-hija.

En fin, pasé el día con mi bella Natalia, la verdadera, y me fui a mi casa barroca de recuerdos, con el CUADRO en la cabeza.

Paseé a Sancho, cené, vi mi serie de Netflix, leí un rato, me acosté a dormir, y el CUADRO, ahí seguía en mi mente, colosal, exultante.

¿Cómo es que mi hija, con su estilo tan sobrio, de líneas simples, de “menos es más” pintó algo tan inmenso, tan avasallante, tan abstracto e inescrutable?

Al día siguiente, después de que el CUADRO me persiguió hasta en sueños, tuve una “Epifanía”.

Y lo entendí todo. Y en su creación encontré gran belleza.

Y sentí el abrazo invisible de la armonía y del amor.

El cuadro, y ya no lo escribo en mayúsculas, es, como los poemas que escribió a cada uno de sus hijos el día de sus bautizos: es el amor que se desborda.

Al día siguiente le dije:

“Ya entendí el cuadro y ahora me encanta. Es un autorretrato.”

Eres tú y tu ventana feliz (Dios te la cuide por siempre). Tu momento inmenso de maternidad, de gratitud, de trabajo, de esfuerzo común, de alegría, de familia.  

Una explosión de coraje creativo, en sus colores y en sus dimensiones oceánicas.

Al final hay mucha ternura en esa obra.

Me dijo que el cuadro se llamaba “El Abrazo”, porque ahí estaban todos representados.

Un abrazo monumental.

Y como, de alguna manera espero ser parte de esa presencia feliz, de ese abrazo, que ahora adorna la casa, sin que nadie lo sepa, escudriño en el cuadro a ver si consigo por alguna parte mi huella, mis pies de duende.