jueves, 11 de febrero de 2021

LA SIESTA


En adelanto al cumpleaños de mi amado en su cumpleaños,14 de febrero, 2021

 

La siesta es un lugar de mayor plenitud.


Como la muerte.


Un lecho infinito donde amor y poesía se confunden entre las sedas del tiempo.


Mi amado esposo, cada sábado, después de unos cuantos gin&tonics y la inigualable “comfort food” que él cocinaba, como a las tres de la tarde, me decía, con su seductor acento británico, palabras que inventábamos: me voy a “siesticarrr”, arrastrando esas r’s deliciosamente.


Y así, con esa sensación de placidez e inmensa satisfacción que lo acompañaba cada sábado cuando subía a nuestro cuarto para dormir su siesta, así lo contemplo ahora, en su siesta larga, entre las sábanas del tiempo, en delicioso reposo, etérea somnolencia de misteriosa plenitud, privilegio de los que se han ido.


Allí lo imagino, esperándome, soñándome…tal vez…

 

“y la siesta que sigue a todo eso, la del amor que es la más honda de las siestas allí donde los cuerpos entran en su reposo de hermanos siameses, brazos y muslos y manos cruzándose, imbricándose en la pérdida final de toda identidad, nirvana de almohadas confusas...”

Julio Cortázar



jueves, 21 de enero de 2021

EL ESTANQUE

 


 

Hoy me propuse practicar ese don infantil, de conferir condición sagrada a lo ordinario.  

Ayer aprendí que el Estanque (1) es un diamante. (fascinante historia, La Leyenda de la Peregrina, Carmen Posadas)

Esta analogía de transparencias me animó a revisar mi joyero.

Cuando empecé a reconocer mis prendas una por una y ponerles nombre, desenterré un gran tesoro, naufragio pirata quizás.

Mañanas incandescentes que se forjan a fuego, y poco a poco, fraguan un brazalete de oro puro que rodea al horizonte. A esta pulsera de luz la llamaré simplemente así, Horizonte.

Otros días comienzan con un espejo celeste de brillos aceitosos. Amanecer de nácar. Madreperla.

La tarde, corona con que termina el día, lleva a veces incrustaciones de coral y topacios místicos. 

Otras son simplemente una cortina de Azabache.

El río, ese hilo infinito que nunca se detiene, un collar sinuoso, que se viste de esplendores, dependiendo de la estación.

Ahora, en el invierno, ónix.

En la primavera, zafiros.

En el verano, turquesas y aguamarinas.

En el otoño, jade y ámbar.

Joyas que transitan mansamente, suspendidas por delgadísimos e intrincados hilos de cobre, plata y oro. Luz.

El río. Torrente Amable.

Así también defino mi abundancia.

Y en fin, volviendo a ese don de conferir condición sagrada a lo ordinario, en la cual, para un niño un palo es una espada flamígera; una piedra, un talismán mágico; una moneda, un tesoro pirata, pues hoy, después de escuchar la fascinante historia de la Perla Peregrina y el Estanque, quise compartir estas otras joyas que me rodean.

Al final, esa niña interior me persigue y siempre me alcanza.

Con razón dicen que, como leí hace poco:

“La vejez es una máscara. Si te la quitas, descubres el rostro infantil del alma.”

Jose Bergamin.


(1)  El Estanque. Se trataba de un diamante de absoluta transparencia y contaba con un peso de 100 quilates.Fue el rey Felipe II de España quién adquirió el diamante en bruto en Amberes, y pagó por él 80.000 escudos. En España lo hizo tallar, no se tiene certeza si en Madrid o en Sevilla. El resultado fue una piedra preciosa en forma de cuadrado o tabla, maravillosamente trabajada, y a causa de su transparencia absoluta, su tono azul acerado y su forma se le denominó “El Estanque”.


viernes, 15 de enero de 2021

MIGAJAS VIAJERAS

 


Este post es un paréntesis en mis “meditaciones impulsivas”, y un agradecimiento.


Quienes, a lo largo de los años, me han acompañado en esta Calle del Eco (este es mi post numero 340), saben que aquí he dejado “dichas y quebrantos, los dos componentes que forman mi canto”, como dice la canción Gracias a la Vida.


Hoy quisiera, con humildad, presentarle a mis escasos, pero fieles seguidores, el libro que escribí sobre mi proceso de duelo, mis reflexiones ante la pérdida que ustedes conocen bien.


Lo escribí en inglés, pues vivo en este maravilloso país, Canadá, desde hace ya casi 15 años. 


Se llama HOPECRUMBS, Finding my Way through Grief, que en Español se traduciría algo así como, Migajas de Esperanza, Encontrando mi camino a través del duelo.


Salió a la luz el día 23 de noviembre de 2020 justo 4 años después de la inesperada partida de mi gran amor.


Hoy en día, esas migajitas han llegado a muchas partes, a Inglaterra, España, Noruega, Alemania, Estados Unidos, México, Venezuela y Canadá, claro. Y he recibido de alguna manera la compañía invisible y amorosa de quienes me han leído y aceptado mis palabras con tanta generosidad. Para ellos, gracias otra vez.


Algo que también me complace mucho, es que he podido devolver algo a quienes tanto me ayudaron en su momento, pues de cada libro vendido, una donación va al Bob Glasgow Grief Support Centre de Calgary, donde trabaja un ejército de profesionales del alma.


En fin, sin más palabras, aquí les dejo Hopecrumbs y el link donde se puede adquirir.


hopecrumbs.com





Mil gracias!

miércoles, 6 de enero de 2021

UN LARGO DESAYUNO



 

La vida es un largo desayuno.


Y es que, en mi tierra, cuando uno aprende algo nuevo, uno dice:


Me desayuno.


Mi esposo británico aprendió esto y cuando descubría alguna novedad en su vida me decía: I am having breakfast!


Hace poco, mi hijo se desayunó con la palabra ósculo, es decir, beso.


Semanas atrás se desayunaron con la palabra “pletórico” y ahora la usan con mucha frecuencia.


Yo misma, cada día, aparte de mi cotidiano “sanduchito” con café, me desayuno con deliciosos descubrimientos.


A veces me estoy desayunando todo el día.


No en balde dicen que el desayuno es la comida más importante del día, al menos en mi época, pues había que desayunar como un rey, almorzar como un príncipe y cenar como un mendigo. Aún lo practico.


Que puede ser más rico que un desayuno criollo, con arepa, caraotas negras, queso de telita y huevos revueltos; quizás aprender que, si uno pudiese viajar a la velocidad de la luz, uno llegaría a Plutón en cuatro horas.


Me desayuno.


 O un English Breakfast, con huevos fritos, tocineta, tomates, chorizos, black pudding (morcilla), pues igual de nutritivo es quizás sorprenderse con que la lengua de una ballena pesa tanto como un elefante.


Me desayuno.


O unos croissants franceses con almendras, mantequilla, mermelada de fresa, tal vez aprender que la etimología de la palabra compasión viene del vocablo griego συν + πάσχω = συμπάσχω, “sufrir juntos”.


Me desayuno.


Panquecas con jarabe de Maple, French Toast, huevos benedictinos…


El músculo más fuerte del cuerpo es la lengua.


Nada es tan inútil como parece.


Los perros comprenden más de 200 palabras.


Me desayuno.


Me desayuno.


Me desayuno.


En fin, mientras haya cosas que aprender y con qué sorprenderse cada día, pues sí, definitivamente, la vida seguirá siendo un largo desayuno.

 

Chiste para comenzar el año con humor:

El esposo infiel llega tarde a la casa y la esposa le recrimina:

¡Lo sé todo!

Y el esposo le responde:

Ah sí, ¿Cuál es la capital de Groenlandia?

(Para que algunos se desayunen, la capital de Groenlandia es Nuuk)

miércoles, 23 de diciembre de 2020

EL REGALO


 

Parte 1 -  Diciembre 23, 2020

Es una larga historia. Comenzó el día de mi cumpleaños, en abril de este infausto 2020.

Mi hija me regaló un libro de tejido, de Vogue, muy elegante. Y para homenajear su regalo, pues compré un estambre y escogí el modelo más fácil de todo el libro para dárselo como regalo.

Llevo ocho meses tejiendo y destejiendo, sí como aquella heroína de La Odisea. Y no sólo eso, también maldiciendo y refunfuñando, por mis frecuentes equivocaciones, y casi claudicando. Y eso que dicen que tejer es una actividad relajante. 

Julio Cortázar en su maravilloso cuento Casa Tomada dice sobre la actividad de tejer que: “…yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada.”

Y como dice mi osito favorito Winnie Pooh: “el problema de no hacer nada, es que uno no sabe cuándo termina.”

En fin, ocho meses después terminé el suéter. Justo para Navidad. Es uno de mis regalos para mi hija.

Cuando lo terminé me pareció que era un poco pequeño y tenía unas cuantas vueltas de errores que consideraría un detalle adrede, “perfect imperfections” los llamaría mi adorado esposo. En verdad, estaba, regular.

No, más bien contrahecho. Más bien horrendo.

Necesitaba algo para que, como dicen en inglés “upgrade” el suéter. Algo que lo hiciera lucir más atractivo.

Entonces me acordé de un broche de mi mamá, su abuela.

Una fantasía realmente, un broche antiguo, dorado y con perlas de mentira.

Pues, se lo puse al suéter en el pecho y de alguna manera, algo resplandeció tímidamente.

En fin, con esto de la pandemia, pues tampoco tenia una caja bonita donde ponerlo. Así que lo envolví torpemente con papel de Dollarama, y lazo reciclado. Todo muy evocativo de la abuela realmente.

Y así lo llevaré a su casa en el día de Navidad.

Esta historia continuará. Les cuento después que le dé el regalo a mi hija.


Parte II - Diciembre 25, 2020


En una Nochebuena reducida por la pandemia, pero igual cargada de alegría (un don alquímico muy venezolano), llegó el momento de abrir los regalos.

Mi hija recibió el paquete medio maltrecho y lo abrió con entusiasmo y curiosidad.


Salió el suéter y en verdad, se veía mejor que cuando lo envolví. Quizás la alegría circundante, la magia de la Navidad, o el vino, me hicieron verlo con ojos más benevolentes.


El color, azul cerúleo, y en cada puntada, los pensamientos nocturnos de mis últimos ocho meses. 


Casi siempre pensamientos cotidianos y sencillos, otras veces más complejos, sobre todo en este año tan difícil.


Si escribir refina el pensamiento, tejer los convierte en suéter.


A mi hija le gustó, creo, y sobre todo el broche de su adorada abuela. El suéter hizo las veces de estuche de un pequeño tesoro.


Al final, algo hecho con las manos, es siempre un acto de amor y creo que mi hija así lo entiende y lo valora.  Hoy se lo estrenó y la verdad, se veía mejor que la modelo del libro.

Ahora, en la búsqueda de un nuevo proyecto, pensamientos llenos de esperanza y estambres multicolores, para el 2021. 

 



PD: He estado muy alejada de mi blog y la verdad lo extrañaba. Es mi “sandbox” mi caja de arena, mi lugar de jugar. Pensaba que quizás ya mi niña interna se había cansado de jugar. Pero no. Hoy en  vísperas de Navidad, regreso con el gozo de haber encontrado una historia que compartir. Ha sido un año difícil, pero, ánimo, todo esto pasará. Para mis escasos pero fieles lectores, gracias, por estar ahí, y todo lo mejor. Feliz de estar de vuelta. FELIZ NAVIDAD,

miércoles, 21 de octubre de 2020

PALABRAS DE MI HIJA A SU ABUELA

 Palabras de mi hija, hace 11 años, en homenaje a su abuela Carmen. Las reproduzco para que queden aquí guardadas. Octubre 21, 2020.



Mi Abu Bella,

 

                Ya me siento prepara para hablarte. Me tomó  un poco más de un mes para perder el miedo y enfrentar la realidad. Ya no estás. El miedo de que ya no estas físicamente, pero si espiritual. Ese miedo maduró y llegó a ser puras risas y memorias, y por fin me atrevo a recordar. 

 

                Todo empezó cuando se robaban tus chocolates y yo siempre era la primera sospechosa. Así te lo negara hasta el fin, siempre tuviste razón abuela. Lo admito. Comerme esos chocolates a escondidas era los mejor del día!

 

                Cuando íbamos a Playa Azul y contabas las etapas para llegar. Primera etapa Altamira, segunda etapa la autopista, tercera etapa Carmen de Uria. Al llegar me perdía durante el día, y en la nochecita te encontraba jugando cartas con tus amigas, tú eras la más bella por supuesto, y siempre te ganabas tu menudito.  Pero la vez que más nos pudimos reír fue cuando te sentías mareada en la misa, pero resulto ser que te pusiste una "Chola" sin tacón. Y como olvidar el carnaval que llovió, llovió y llovió y nos tocó regresarnos en la famosa "Fragata". Yo llorando y tu riendo con una bolsa de basura en la cabeza por la lluvia. Conclusión, eras la abuela más aventurera y divertida del mundo.

 

                Hace poco hice polvorosas y me recordé que fuiste tú la que me enseñaste. No me enseñaste las medidas, pero si me enseñaste al ojo como queda la textura de la masa, y que el secreto está en darle golpes hasta que me canse. Gracias a ti Ana y yo pudimos abrir nuestro negocio de polvorosas. Tú nos ayudabas a hacer las "bolitas" pero te confieso algo, las que tu hacías, yo las volvía a hacer porque a ti te quedaban choretas. Perdón por ser tan ridícula Abu.

 

                Cuando trabajabas en la Compañía Creole Corporation con Mr. Skim, aprendiste a usar la maquina de escribir y eras tan buena que te subieron de rango. Pero te casaste con mi abuelo y el te preguntó que cuanto ganabas, y te pidió que renunciaras y que el te ponía el mismo dinero en la mesa. Yo ni había nacido, pero lo imagino como si lo hubiera vivido.

 

                Como olvidar los días que te acompañaba a dormir. Me prestabas tu pijama larga y rosada, pero suavecita con olor a talco. Antes de dormir me hacías una sesión de cariñitos (los mejores de todos), pero sólo duraban 5 minutos porque te cansabas y tenías que terminar tu crucigrama. La última vez que dormimos juntas me acuerdo que me dijiste "No te muevas tanto perrito".

 

                En los almuerzos llegaban los comensales. Después de pelear contigo para que te sentaras en vez de ayudar en la cocina, comíamos los almuerzos preparados por Betty, Ledy, Tedy, como es que se llama? Bleidis abuela! Y lo que nunca faltó en la casa fueron los plátanos con azúcar, aunque al final la azúcar estaba en escasez.

 

                Tus frases siempre las escucho:

                                 Mi amor querido; las cuatro "C's", cama, casa, comida y compañía (yo las completaba con chocolate, cariño y carro). O cuando me decías: estas muy desnudita niñita, te vas a enfermar, quieres una lechita; o "Janet" estate quita, deja el fastidio; y recuérdame de darte un menudito antes de irte y cuando te quejabas de mis uñas rojas. Todas estas frases siguen presente en mi mente.

 

                El último capitulo, que fue tu partida también lo recuerdo. Me cuesta tanto creer que te fuiste, pero me consuela saber que no sufriste. Esta va a ser la primera Navidad sin ti, pero te prometo que todos vamos a estar felices por ti.

jueves, 24 de septiembre de 2020

INVITACIONES





 

Este año de pandemia he asistido a cinco eventos en total, 4 misas de difuntos y un cumpleaños.

Todos guardando las distancias y con el debido respeto a las medidas de seguridad.


No es que antes de la pandemia me llovían las invitaciones, todo lo contrario, creo que este año ha sido para mí bastante social.


Mi esposo y yo éramos felices lobos esteparios y después de su prematura partida, pues me convertí en la más solitaria “loba” de la estepa.


Pero, esta entrega de hoy en la cual me refiero a las “invitaciones” me fue inspirado por dos lecturas recientes. La primera, de Franz Kafka:


“No es preciso que salgas de tu casa. Quédate sentado y escucha. Ni siquiera escuches, espera solamente. Ni siquiera esperes, permanece silencioso y solo.  El mundo vendrá a ofrecérsete para que lo desenmascares. No puede hacer otra cosa.”


Y la segunda de una poeta norteamericana, Mary Oliver, un poema llamado Wild Geese (Gansos salvajes)


“Quienquiera que seas, no importa que tan sola,

El mundo se ofrece a tu imaginación

te llama con el graznido de los gansos salvajes…”


Ahora recibo invitaciones todos los días.


A veces incluso, sin salir de mi casa.


Me invita el sonido del viento, los amarillos otoñales que llenan de oro el rio, como aquellos limones lorquianos.


Me invitan los pelícanos, las águilas, las garzas azules, el pájaro carpintero.


Y hasta las arañas amarillas y las culebras.


Acepto todas las invitaciones.


Y acudo.


Hay fiesta en mi mundo a cada instante.


Los invitados conversan, comen, cantan, beben vino y bailan en el bosque encantado de mi imaginación.


El áspero graznido de los gansos salvajes le abre una grieta al cielo.


Desde la estepa más lejana, escucho el dulce aullido de un lobo plateado.


Y ya no estoy sola.