viernes, 16 de agosto de 2019

EL OCULISTA




“Mis ojos son dos planetas rojos. Desiertos.

Surcados por un río rojo, donde flotan las imágenes, los recuerdos.

Una corriente abundante, en su accidentado torrente.

Un viaje acuoso. Un navegar lento.”

Esta fue mi aproximación poética durante una visita de rutina al oculista.

Ser espectadora de mis propios ojos, agigantados, inmóviles, en la gran pantalla del consultorio de mi oftalmólogo resultó ser una experiencia casi surrealista.

El Dr. Fung me examinaba con sus máquinas modernas, encandilándome con luces muy brillantes, soplando aire dentro de mi ojo, dándome instrucciones: “open, close, blink, blink again…” y yo, fascinada, sólo observaba en la computadora a su lado, esa esfera translúcida, parecida al planeta Marte, con sus mares oscuros y volcanes luminosos.

Todo esto mientras él hablaba de córnea, mácula, pupila.  El río rojo y tortuoso, me dijo el Dr. Fung, es el nervio óptico que lleva toda la información al cerebro.

Fascinante.

Es la explicación científica, y yo me pregunto, ¿cómo puede ese hilito tan delgado, contener el caudal de toda una vida de colores, lugares, rostros, ensueños?

Al final me dijo que no tenía ni catarata, ni glaucoma, ni degeneración macular. Todo perfecto excepto la presbicia.

Salí del consultorio, contenta y con fórmula de ojos nuevos.

Dispuesta a seguir navegando mis mares y mis cielos.

Ya lo dijo el poeta Pablo Neruda:

“Ay, amar es un viaje con agua y con estrellas…”



PD: Gracias a mi superamigo FP por acompañarme a la cita, porque me dilataron la pupila y no podía manejar. 

viernes, 26 de julio de 2019

MARGARITA




MARGARITA
In Memoriam

Siempre sonriente.
Como si las penas no existieran,
o como si las quitara ella.
Vibrante y alegre.
Infatigable y bella.
Desde tu sencillez,
trajiste abundancia a nuestras vidas
Generosa y gentil
Cálida y divertida.
      Así te recuerdo…

Tus brazos fuertes,
tu piel brillante,
 del color de mi tierra.
Tu mirada honesta y amable,
que ni la tristeza quiebra.
      Así te recuerdo…

Madre ejemplar y querida,
de Belén, José,
Leonor e Isabel,
También la mía.
De tu mano transcurrió mi infancia.
Entre la playa y el verdor caraqueño.
Tardes soleadas de parque,
canciones de cuna que arrullaron mis sueños,
      Así te recuerdo…

Margarita Palacios.
Hueles a Navidad,
a hojas de plátano,
 a villancico.
 Aromas de guiso de hallacas
 Cachapas de maíz pilado.
Arepas de budare.
Tu sazón celestial, un poema rico.
      Así te recuerdo…

Margarita Palacios
la más querida, de los suyos,
y de nuestra familia Henriquez.
Desde Barlovento, tierra caliente,
hasta la frescura del Ávila.
Tu vida fue expresión de nobleza.
Venezolanidad pura.
Plena y excelsa.
      Así te recuerdo…

Y ahora que estás con Dios,
En un lugar de paz y de amor,
Margarita
Cada vez que mencionemos tu nombre,
una sonrisa nos vendrá al encuentro,
por todo lo que nos diste,
en abundancia, con desprendimiento
Margarita
Mujer en flor, fragante y sincera,
como tu presencia infinita,
que agradecemos…
Margarita
Con el corazón rebosante y pleno …

    Así te recordaremos…


Leonor Henriquez León
Calgary, 26 de Julio de 2019



PD: Mi humilde homenaje a Margarita Palacios, mi segunda mama, quien falleció el pasado sábado 20 de Julio, en Caracas. Una mujer maravillosa, alegre, madre ejemplar, trabajadora infatigable. Ejemplo de la Venezuela bella que todos anoramos. Parte de la familia Henriquez Leon, a quien sirvió con devoción hasta el final de su vida. Estará en la gloria, con mi mama Carmencita. Descansa en paz querida Margara. Nunca te olvidaremos.

miércoles, 3 de julio de 2019

PEQUEÑOS EVERESTS





No me acuerdo donde leí una vez que “los obstáculos en la vida, son la vida.” (Creo que es del poeta mexicano Jaime Sabines, lo revisaré)

A los que hoy me refiero, los llamo mis “Pequeños Everests”.

También se le conocen como, mis nuevas soledades cotidianas.

Y es que, es realmente una novedad de mi post-vida, la que comenzó el 23 de noviembre de 2016, esto de despertar con un Himalaya en el plexo solar.

La lista es larga y trivial, y va desde cambiar un bombillo, o la pila de la alarma de incendio, o la del control remoto, o el filtro del agua de la nevera o del sistema de calefacción, o prender el sistema de irrigación, hasta abrir los ojos en la mañana y después de ese breve estupor entre el sueño la vigilia, comprender que él no está.

Ante este misterio sí que me rindo y hasta he llegado a reconciliarme y aceptarlo con amorosa gratitud.

Creo que tengo más presencia de ánimo para los asuntos serios de la vida, que para los baladíes. Estos sencillamente, me comen.

Son mis pequeños Everests.

Mi suegra de 93 años me dice “Problems are there to be solved.”

En mi vida corporativa, le pedía a mi equipo y hasta lo tenía escrito en mi pizarra: “If you come with a problema, please bring three solutions.”

Entonces me pregunto, ¿por qué ahora me paralizo ante cosas perfectamente solucionables?

“Flores de almendro, flores de almendro…”

Una pausa poética que viaja desde mi infancia mientras escribo. La presencia de mi padre. Pájaros que cruzan mi mente.

Entiendo que son cosas de las cuales nunca antes tuve que preocuparme. ¡Con cuánto amor me cobijaba mi amado!

Desde entonces y desde siempre, a Dios gracias, tengo la fortuna de tener mi ejército de ángeles que me sostienen en la escalada.

Entonces ¿de qué me quejo?

Para ellos mi gratitud; siempre a mi lado.

De ahora en adelante, haré uso de algo que leí una vez, palabras más o menos: si uno tiene que escalar el Everest, uno no puede mirar hacia arriba, a la montaña, gigante, peligrosa e intimidante. Uno tiene que mirar hacia abajo, con humildad, y ver el paso alcanzado hoy, y así cada día… hasta conquistar la cumbre.

Desde hoy mismo anotaré en un cuaderno especialmente dedicado para ello, el paso alcanzado, por pequeño que sea.

Hoy por ejemplo, solucioné un Everest con una simple llamada telefónica.

Y otra ave cruza, no al azar, por mi mente.

Un autor, que tampoco recuerdo, dijo una vez que si, cuando uno está escribiendo pasa un pájaro, ya esa avecilla forma parte de la historia.

La mía es este extracto de un poema de mi juventud (todavía puedo recitar de memoria todo el poema), de nuestro querido poeta venezolano Andrés Eloy Blanco, “El Dulce Mal”:

“Surgió una cumbre frente a mí; quisieron
 otros mil coronarla y no pudieron;
sólo yo quedé arriba, sonriendo,
y allí, suelta la voz, tendido el brazo,
nunca sentí ni el leve picotazo
del Dulce Mal con que me estoy muriendo…”


PD: Link para el texto completo del poema https://ciudadseva.com/texto/el-dulce-mal/

martes, 11 de junio de 2019

MIRAR POR LA VENTANA




Mi sobrina, quien vive en Vilassar de Mar, cerca de Barcelona, España, estuvo de visita en mi casa, en la ocasión del bautizo de Natalia.

Es la madrina de mi saquito de azúcar.

Vino por muy corto tiempo, como una exhalación pues…

Muy temprano en la mañana, producto del jetlag, me la encontraba sentada en una esquinita de mi casa, con un café, mirando por la ventana.

Plácida, sin celular, desconectada de su trabajo (trabaja mucho) y del mundo, disfrutando del olvidado placer de la contemplación.

Ella misma se sorprendió del encanto de esa pausa silenciosa.

Desde mi ventana se ve el cielo, el verdor, pero también, desde mi ventana mágica, se admiran las aves más sublimes, los pensamientos…

Ana me dijo: “!Qué maravilla! ¿quién tiene hoy tiempo de mirar por la ventana?”

Es el mal de nuestros días creo.

Todo el mundo anda “estresado” y “muy ocupado”.

Incluso yo misma, ahora que no soy esclava del mundo corporativo, igual cargo todos los días con mi “morral de angustias”.

Mi esposo me decía: “you always find something to worry about, lovely one”.

Y eso no ha cambiado, quiero decir su presencia y mis angustias, más bien, ambas se han exacerbado.

Estoy clara que eso que llaman “stress” es una carga auto impuesta.

Pero es inevitable, como buen “Buey” que soy, según el horóscopo chino, cada mañana, al abrir los ojos, me pongo mi pesado “morral de angustias”.

A veces el cansancio de cargar con ese saco de piedras a mi espalda, me distrae del sencillo placer de mirar por la ventana.

Ana me lo recordó. Mirar por la ventana es una buena manera de liberarse de esa odiosa carga.

No sólo sirve para respirar y observar la vista bucólica de afuera, sino más bien para conocer o reconocer otra vista, los Pensamientos (también flores de mi jardín), y otro paisaje, el interior.

Ese que cambia día a día, en cada recodo del camino.

Ese que hay que “alivianar”, mientras se pueda.

Bien decía Carl Jung palabras más o menos: “el que mira hacia afuera sueña, pero el que mira hacia dentro, despierta…”

Y mientras escribo estas líneas, una bandada de pensamientos, pelícanos, blancos, elegantes, enormes, soberbios en su vuelo, pasan por mi ventana.

Gracias Ana y vuelve pronto…

martes, 21 de mayo de 2019

VERBOS ACTIVOS



Correr, marchar, nadar, caminar, trepar, pedalear, en fin…

Tantos verbos activos juntos me dejaron cansada, como si hubiese corrido un maratón.

Sin embargo, en esta entrega quiero reflexionar sobre otras acciones que requieren menos músculo, pero mucha más energía, sabiduría y dedicación. Más que palabras, son un arte pues…

Una de ellas es el verbo “Estar”, de los más activos que conozco, del latín stare, y que paradójicamente, en una de sus voces significa “estar inmóvil”.

Y es que a veces la presencia silenciosa y compasiva, el “Estar”, en su inmovilidad, ofrece más calor y luz que una turbina generadora.

Y eso me lleva a un segundo verbo, con casi las mismas características termoafectivas (palabra que acabo de inventar): Acompañar.  

Otra vez me sorprende la etimología de la palabra, pues la raíz latina proviene de comedere (comer) y panis (pan), “comer del mismo pan”. (fuente Google)

Y no puede lo anterior estar más en sintonía con mi reciente visita familiar a Chicago, para “estar” y “acompañar” a mi sobrino nieto en el día de su Primera Comunión. Una ocasión realmente especial, llena de afecto familiar, ese que a los venezolanos tanta falta nos hace hoy en día.

Independientemente de las creencias religiosas de cada quien, “comer del mismo pan”, el Eucarístico, o el de la panadería, ese “Acompañar”, es una sencilla manera de celebrar el misterio la vida.

Tengo que admitir que he tenido que ejercitarme por muchos años, en la alegría y en la adversidad, para entender la importancia e intentar practicar el exigente biatlón de estar y de acompañar. 

Cuantas veces, el intelecto mata a estos dos atletas, diciendo, por ejemplo: ¿Y para qué voy si no hago falta? o ¿para qué estoy aquí, si ya no hay nada que hacer, o ya es tarde? o “No contribuyo en nada, no sé qué decir, así que no soy útil.”

Lo utilitario casi siempre cancela la magia, eso creo.

Para “Estar” y “Acompañar” no hace falta hacer ni decir nada.

Es un silencio cadencioso, una música intima dentro del corazón.

Es justamente esa quietud, esa inmovilidad la que cura, sana, consuela.

En fin, para terminar mi reflexión, concluyo que para estar y acompañar hace falta más energía interna que para correr un Iron Man.

Aprovecho para agradecer a todas las presencias activas  y compasivas en mi vida, las que están, las que me acompañan y me alegran, siempre…

 PD: Como este post está muy serio y a propósito de Primera Comunión, Ultima Cena, etc. me acordé de un chiste, sin ofensa:

Un judío tenía muchísimo tiempo pidiendo audiencia con el Papa y se la negaban, hasta que al fin la consiguió.
-       Buenos Días hijo, ¿qué se te ofrece? - dice el Papa.
-       Buenos Días Su Santidad. ¿Usted se acuerda de la Ultima Cena, allá en Jerusalén, hace más de 2000 años?
-       Si claro hijo, por supuesto que me acuerdo - dice el Papa.
-       La Cuenta…



martes, 7 de mayo de 2019

EL CONDOMINIO

El Condominio


Frente a mi ventana hay un gran pino.

En algunas de mis reflexiones anteriores he elaborado sobre cómo mi iconografía cambió totalmente hace trece años, que son los que llevo en Canadá.

En las ventanas anteriores de mi vida había una mata de mango, una de guayaba y otra de aguacate.

Mi pino es soberbio, enorme, erguido, incólume ante la severidad del clima calgariense.

Cuando una tormenta de nieve azota a destiempo y los demás árboles se quiebran, se cimbran o colapsan, el pino se luce en su magnificencia y superioridad arquitectónica. Sencillamente la naturaleza los diseñó para estas latitudes, y eso ya es motivo de admiración.

Pero esta breve introducción es porque descubrí que mi pino es también un condominio, como esos que anuncian en los medios, seguro, moderno, funcional, con vista privilegiada, y con todas sus comodidades y amenidades.

En la planta baja habita una pareja de faisanes. El Sr. Faisán, elegante, de largo plumaje y copete rojo. La Sra. Faisán, modesta y de plumaje menos vistoso. Que injusticia.

En la planta superior habita una pareja de Robins, esos pájaros, gordos y rozagantes, de pecho anaranjado. Los veo trayendo ramitas, y hojas, deben estar remodelando.

Y más arriba está la familia Pavarotti, se llaman Chickadee, unos pajaritos pequeñitos con un vozarrón impresionante.

De vez en cuando reciben visitas, de las ardillas, golondrinas, y otras no tan apreciadas como las urracas (magpies) o los cuervos.

Pero, en fin, día a día, contemplo la vida plácida, en el pino condominio; bajo la nieve, el granizo, la lluvia o el viento, allí están siempre, las familias acurrucaditas en sus aparentemente precarios pero formidables nidos.

En paz.

Y es que el hogar es eso, paz.

Y ahora es cuando viene lo que les quiero contar.

En mi proceso de duelo, mucha gente me pregunta: “¿y no te piensas mudar de tu casa? Es que esa casa es muy grande para ti…” Etc. Etc. Etc.

Una más de la larga lista de cosas que el Dr. Alan D. Wolfelt define como “True, but not helpful.”

Otros ejemplos que utiliza son: “Tienes que mantenerte ocupada.” “Necesitas dar a tu vida estructura.”

“True but not helpful.” (el duelo lo agota a uno, lo menos que uno necesita es algo tan rígido como estructura)

Pero he de decir que sí.

La idea de que algún día tendré que reducirme o “downsize” como dicen aquí, está en mi cerebro límbico y, sin prisa, a mediano o largo plazo, pues probablemente eso ocurra y encontraré, con la ayuda de mi bella amiga Margarita, un sitio tan encantador como el condominio de mis vecinos.

Un nido como el de la familia Faisán, la familia Robin y los Pavarotti.

Por ahora, este es mi hogar, mi paz, mi refugio. 

Mi cuerpo grande, como dice el poeta.

Y justo cuando termino de escribir este post apareció un maravilloso arcoíris.

¡Gracias!  Telegrama recibido. Sé que estás ahí.

PD: El Dr. Alan D. Wolfelt es un gurú del duelo, tuve la suerte de verlo en persona aquí en Calgary el año pasado y me pareció sencillamente brillante. Ha escrito muchísimos libros, lecturas muy recomendadas para quienes lo necesiten.