sábado, 18 de agosto de 2018

CRONICAS VIAJERAS


ISRAEL Y JORDANIA – JULIO 2018

Todo lo que hago, escribo, pienso y respiro, está dedicado a él.
Mi gran amor, M.J.F.
A mi lado siempre y también en este viaje…



MEMORIAS DE UN VIAJE INOLVIDABLE

He aquí mi humilde homenaje
                          A Pedro y José Manuel (Reverendos Padres)
Por traernos a este viaje
por Jordania e Israel

También a los Peregrinos
De Calgary a Extremadura
Galicia, Caracas, Houston
Compañeros de camino
Compañeros de aventura


Llegamos a Tel Aviv
En un Julio caluroso
Y partimos desde allí
A un recorrido glorioso

Listos ya en el autobús
Yasser, nuestro guía estrella
                Nos hablaba de Jesús (y de todo lo demás)
Con rapidez de centella

Mediterráneo sonriente
Cesaria, Haifa, el desierto
Estar en el Medio Oriente
Es como soñar despierto

A Nazareth el bus siguió,
Ciudad, no de gran tamaño
Donde todo comenzó
Hace más de dos mil años

En tierras de Galilea
Pernoctamos esa noche
                                     El cuerpo con leve “pea” (significa borrachera en venezolano)
Y el corazón al galope

Temprano, al siguiente día
Parada en Monte Tabor
En donde el profeta Elías
Moisés y compañía
Se apareció de repente
A Jesús y a otra gente
Que estaban en reunión
Sucediéndose el milagro
 De la Transfiguración.

Admito que no sabía
Mucho de esa iniciación:
Jesús de luz se cubría
Iniciando su misión

A Caná nos llevó el Padre
Milagro por demás fino:
A petición de su madre
Jesús, del agua hizo vino

Y por si poquito fuera,
De regreso a Nazareth
Fuimos casa de la Virgen
No es un recinto cualquiera
No una casa del montón.
Lugar radiante y excelso
Sede de la Anunciación
En donde el Ángel Gabriel,
Se le apareció a María
Y le dio las buenas nuevas:
Mamá serás del Mesías

Apenas un día hermoso
Y ya las expectativas
En crescendo jubiloso
Sugieren lo que vendría

Mar de Galilea
Donde Jesús caminó
Sobres las aguas del lago
Y también allí pescó
                                     A Pedro, Juan y Santiago (de esto no estoy segura pero rima)


Cafarnaúm
 Antigua Sinagoga
Casa de Simón Pedro
Monte de Las Bienaventuranzas


Lugares que había escuchado
En clases de catecismo
que en mi interior resonaron
Más poderosos que un sismo

Al terminar la jornada
Navegamos en la luz
de una tarde encantada
 En la barca de Jesús


¡Qué mejor meditación!
 En esa hora santa y noble
¡Qué mejor servicio a Dios!
Que bailar un pasodoble


Pero el momento certero:
Una oración hecha en calma.
“Buenos Días Señor, a ti el primero”
Breve oasis para el alma

Camino al destino diario
Con el autobús andando
Un breve recordatorio:
 ¡Dar gracias a Dios, por tanto…!

También las Eucaristías
En grutas de gran belleza
En sublime compañía
De Don Marcel y Julieta
(Epístolas de los fallecidos padres de Alejandro y Pedro Ignacio)

Llegamos hasta el Mar Muerto
Con un calor implacable
Mas resucitamos luego
 Gracias a un Bar inefable
 (El bar más bajo del planeta a 420  metros bajo el nivel del Mar)


Seguimos a Jericó
Acantilados y grutas
En donde el Diablo tentó
A Jesús, que ni se inmuta


Y así cruzamos frontera
A Jordania, feliz Reino
Cuya capital Amman
Nos recibió con buen genio

                       Anuash, nuestro nuevo guía (Car wash para los amigos)
de corazón muy amable
Hizo de la travesía
Una experiencia entrañable

Es nuestro primer destino
 El sagrado Río Jordán
Lugar del bautismo mismo
De Jesús, por el gran Juan

Muy emotivo el momento
Pues renovamos los votos
De este vital sacramento
En estos sitios remotos

Al Monte Nebo, después
La montaña preferida.
Lugar donde Moisés
Vio la Tierra Prometida

Y después de tanta acción
Pues pernoctamos en Petra
El hotel era un primor
               Sólo que había ley seca (cero alcohol)

Uno queda sin aliento.
Petra en todo su esplendor
Es la mirada del tiempo
El ojo del Creador

Se siente uno muy pequeño
La sensación es muy fuerte
Si Petra resulta un sueño
Pues que nadie despierte
  
La cualidad de este encuentro:
Va de mejor a mejor
Y es que cada momento
Pues supera al anterior

WADI RUM
La vastedad del desierto
Profundiza el sentimiento
Una joya a cielo abierto
Que nos deja sin aliento

Como los propios beduinos
(Pues compartimos con ellos)
                   Bailamos, bebimos vino (no había ley seca)
Y montamos en camellos


De aquí seguimos al Sur
                             Enrumbados, al Mar Rojo (literal y metafóricamente)
Que mas bien es bien Azul
Y nos sirvió de remojo


Áqaba es encrucijada
De fronteras inauditas:
Egipto, Israel, Jordania
Y hasta la Arabia Saudita


Y gracias a la vida pues,
Nos pudimos sumergir
En aguas que Moisés
No titubeó en dividir

De la playa y su vaivén
Otra vez cruzar frontera
Destino: Jerusalén
Con escalas de primera

Teleférico a Massada
Fascinante fortaleza
 Donde judíos, a Romanos
                 Dieron pues una sorpresa (vean la película)


La vía a Jerusalén
Es por demás fascinante
 
Bordeando azules de ensueño
Pasamos frente a Qumram
Donde un fugaz caminante
Por azar y sin empeño
Gracias a su cabra loca
Y a la historia, que trastoca
Se consiguió en desconcierto
Papeles algo arrugados,
Los pergaminos sagrados,
Manuscritos del Mar Muerto

Con la quijada en el piso
Pues son muchas emociones
A Jerusalén seguimos
Entre sueños y canciones

Esperaba un detallazo
Que a los viajeros encanta
Un brindis en el ocaso
Al pie de la Ciudad Santa

Gracias Pedro, por el vino
Por las copitas de Olivo
Por hacer de este camino
Inolvidable y festivo


Jerusalén es un cosmos
Complejo rompecabezas
Donde Dios, hecho un gran rollo
                                 Tendrá dolor de cabeza (como dice Laureano Márquez)

Tendría que extenderme a placer
Si describiera a conciencia
Y ya al máximo abusé
Su generosa paciencia

Pero hay momentos de bien
Que yo no puedo omitir
como aquel día en Belén
que quedó en nuestro sentir

Fue en el Campo de Pastores
En una divina gruta
Donde al mundo se anunció
Que llegó la Criatura (El Niño Jesús)

Donde entonamos el canto
Más bello y tradicional
Nos ahogamos en el llanto
Dulce y muy trascendental

Si la Virgen fuera Andina
Y San José de los Llanos
El Nino Jesús seria
Un niño venezolano
(escrito por la mama de nuestra compañera de viaje Nela Gibson)

Jerusalén
Sus puertas y sus murallas
Basílicas y mezquitas
Huellas hay de mil batallas
Gloria y dolor nos visita


Jerusalén
Impresiona nuestros ojos
Y nos conmueve hasta el alma
La historia mira de reojo
En cada rincón en calma

Demasiado los lugares
Y en las palabras me pierdo
Cada quien en sus hogares
Atesora sus recuerdos



“Dicen que no son tristes las despedidas
Dile al que te lo diga que se despida”
(mi mamá lo decía siempre)


Días de risas y asombro
Bostezos de cansancio bueno
Solidarios hombro a hombro
Yala Yala… La maleta…
Al autobús, a rezar…
España, Venezuela
Hermanados en la fiesta
Hummus, falafel y pita
Sólo nos queda desear
¡Que este viaje se repita!


Nunca adiós.
Siempre
¡Hasta que nos volvamos a encontrar!
¡Gracias a todos!

Agosto 2018


PD: He estado perdida del blog, por buena causa. En lo anterior andaba hasta hace poco. El verso no es mi fuerte, y quizás suena medio forzado a veces, pero disfruté mucho recordando y escribiendo.  Sería muy largo mencionar todo lo que vimos e hicimos, y con todo así me quedó bien largo. Se que es un poco personal, pero bueno quería documentarlo aquí en mi espacio de jugar. Un viaje realmente maravilloso. Gracias a Dios y a mi consuegra que me lo puso en el camino.



miércoles, 1 de agosto de 2018

B…RISITA


Después del viaje luminoso de Chispita, en el bosque encantado reinaba la calma y el silencio.

Allí quedó su tienda de campaña, su linterna, su caña de pescar, las aventuras, que nunca olvidará.

El Señor de los Juguetes tuvo que hacer un largo viaje, sin retorno, y su fiel asistente, el pájaro carpintero Toc Toc, y todas las aves, mariposas y luciérnagas del bosque se durmieron y callaron por un buen tiempo.

Hasta que un día, un dulce día, comenzó a soplar una brisa.

Mas bien, una Brisita.

Suave, fresca e inquieta.

Tan inquieta, que de tanto dar vueltas por entre las hojas y alrededor de los árboles altísimos, perdió la B y se convirtió en Risita, un despeinado y diminuto torbellino.

Risita, daba vueltas y vueltas sin cesar, provocando cosquillas en todo lo que tocaba.

Las luciérnagas titilaron, riendo; los colibríes agitaron sus alas, sobresaltados; las arañitas despertaron con risa en sus patas y comenzaron a tejer de nuevo. 

Hasta Toc Toc, abrió los ojos, extrañado por tan inesperada agitación.

El bosque encantado se llenó de risas y colores, otra vez…

Pero después de tanto revolotear, Risita se sintió cansada.

Hasta los remolinos despeinados tienen que buscar un lugar donde dormir.

Y así, un lindo dragoncito alado, Polaris, también contagiado por las risas, vino al rescate.

-      Ven, yo te llevo – dijo Polaris.

Risita se acurrucó en sus alas y se dejó llevar.

Sobrevolaron el bosque encantado, la Cueva de los Deseos, el Cine, el Archivo General, todos lugares donde Chispita fue tan feliz, hasta que llegaron a lo que sería su hogar por los próximos meses.

Era un refugio muy acogedor, hecho de musgo y lavanda; la camita, suave y mullida, tejida con dedicación por las arañitas del bosque, con risa en sus patas.

Allí, Risita, se recostó, agradecida y contenta de tener un lugar donde descansar.

Risita, el remolino despeinado, se dejó arrullar por las aves del bosque.

Una en particular, Toc Toc, velaría su sueño.

La aventura continúa...



PD: Ya muchos lo saben, pero los demás podrán advertir que voy a ser abuela por segunda vez y esta vez de una niña.  Chispita va a tener una hermanita. Estamos que no cabemos de contentos. Risita, la Brisita, que perdió la B, está inspirada en mi hija, su mama, que literalmente era un remolino travieso y despeinado, y tiene risa en las manos.


martes, 5 de junio de 2018

LA CESTA




Mi amiga Maris me pidió que la acompañara a llevar la Ofrenda en la Misa, el día de su cumpleaños. Por supuesto acepté y me sentí honrada por este gesto de amistad. 

Bromeé con ella diciéndole que ojalá no me cayera un rayo en la cabeza.

Quisiera ser más fervorosa. Lo intento.

Llegado el momento, nos alinearon en el pasillo central de la iglesia, mi amiga y su hija llevaban las hostias y el vino. A mí me dieron una cesta vacía.

Como no tengo mucha experiencia en estas lides, pregunté qué tenía que hacer y me dijeron que caminara y le diera la cesta al sacerdote.

¿La cesta vacía? – pensé, un tanto desconcertada.

Y aquí comenzó mi ensoñación.

La soledad de esa liviandad de mimbre, la solemnidad de la nada. No supe cuál de las dos, la canasta o yo, se encontraba más desierta.

Resultó ser una sensación intensa, pero efímera, pues segundos antes de iniciar la procesión hacia el altar, unas damas muy risueñas, se me aproximaron, una tras otra, vaciando cestas repletas con la limosna recogida en la iglesia. 

Mi canasta casi se rebasó.

Y así, lo que era una cesta vacía se convirtió en un recipiente pesado y lleno de la generosidad de las personas que asisten a la iglesia. Confieso que yo contribuí con nada porque nunca cargo efectivo. 

Quizás los cínicos piensen que la caridad es algo que hace la gente para sentirse mejor consigo mismos, pero no comparto esa idea. Yo creo en la generosidad y las buenas intenciones de las personas.

Entregué la canasta, casi rebosada, al sacerdote. Y de alguna manera, mi corazón también se desbordó de regocijo. 

No sólo por acompañar a una amiga en esta entrega de la Ofrenda Eucarística, sin que me fulminara un rayo,  sino porque aprendí algo muy importante.

El vacío es pesado a pesar de su liviandad, pero aunque desconcierte y duela al principio, es el  potencial recipiente de la gracia, de la generosidad, de la abundancia.

Sea una cesta, una vasija, el alma. 

El vacío es un momento de espera, una pausa, un silencio reverencial.

El que se escucha justo antes de recibir los dones del universo.

jueves, 3 de mayo de 2018

LA MARIPOSA




Mi jardín comienza a renacer de sus cenizas y hoy vino la primera mariposa.

Anaranjada. Muy linda y alegre.

Y cuando veo una mariposa, no puedo dejar de acordarme del poema de mi hija cuando tenía cuatro años, en los talleres de poesía obligada que les hacía en la casa:

LA MARIPOSA

Es difícil de cazar
Si se me para en la cabeza
creo que es un lazo
Y si la atrapo me sorprendo.
                        Leonor Pérez

Por mucho tiempo, creí que era una buena analogía de la felicidad. Difícil de cazar, si la tienes encima crees que es otra cosa y si la atrapas, te sorprendes.

Ahora no estoy tan segura, porque tuve la mariposa posada sobre mí por mucho tiempo y nunca creí que era otra cosa, era la mariposa.

Pero admito que siempre me sorprendí de atraparla.

Hoy, sentada en mi jardín, acariciando la cabeza de Sancho, con un libro, una cerveza y una silla vacía a mi lado, pues pensé que la mariposa se había ido para siempre.

Pero no.

Allí estaba otra vez. Revoloteando en mi jardín.

De pronto, la inquieta mariposita anaranjada con puntitos negros se detuvo muy cerca. 

No en mi cabeza, ni en la de Sancho, pero lo suficientemente cerca para observarla de nuevo, plenamente, en su efímera magnificencia.

Sentí regocijo al observarla, así tan quieta, tan cerca.

Pensé:

Todo está en calma, los pájaros cantan, el sol brilla, mi cerveza esta fría, Sancho gruñón vigila sus predios, la silla a mi lado, se ocupa de inmensa presencia.

Sí. La felicidad es anaranjada, y es como una mariposa.

Regresa, leve.

Se me acerca, en silencio, con delicadeza.

Gentilmente.

En las pequeñas cosas.

viernes, 20 de abril de 2018

EL DESHIELO



El deshielo trae muchas sorpresas.

Algunas buenas, otras no tanto.

Por ejemplo, para Sancho, el deshielo de nuestro patio fue toda una fiesta, pues aparecieron todos sus viejos juguetes, sepultados en la nieve desde hace seis meses. Su cola parecía que se le fuera a desatornillar del cuerpo.

Para mí, fue todo lo contrario. El deshielo dejó al descubierto meses de sus “gracias” que tuve que recoger.

Y mientras realizaba esta nada grata tarea, me acordé del chiste de Seinfeld (a mi esposo le encantaba), quien se preguntaba que, si un extraterrestre, desde el espacio viera a los humanos recogiendo la mierda detrás de sus perros, ¿quién pensaría que es el amo?

En este caso el extraterrestre no tendría la menor duda.

Yo llenando bolsas con kilos de “gracias” y Sancho tomando el sol en la terraza, rumiando su recién descubierto hueso de juguete.

En fin, terminada esta peculiar olfativa y táctil tarea, me senté en la terraza a disfrutar del primer día cálido del año, viendo cómo se derretían los tacos de hielo y nieve primaveral.

Entonces presencié mi propio deshielo.

Las cosas divertidas que creía perdidas, igual que los juguetes recuperados de Sancho, estaban allí, brillando, esperando a ser recogidas por mí, con el mismo regocijo perruno de Sancho, pero sin menear la cola, en mi caso.

Así como un frisbee destruido, un hueso roto, una pelota mordida y una cuerda desbaratada, hicieron tan feliz a Sancho, no por ser juguetes nuevos sino por el placer de ser recuperados después de tanto tiempo de estar enterrados en la nieve, pues así mismo, mi deshielo reveló mi caja de herramientas, rota y desgastada, oxidada, desvencijada, por fuera, pero con todas sus herramientas, algo magulladas, pero intactas adentro.

Esto del duelo es un proceso de reconstrucción "under construction",  y para eso necesito todos mis recursos,  pulirlos, limpiarlos de tanto invierno, repintarlos con colores alegres.

Al final, todo lo que uno necesita para ser feliz, está ahí dentro de esa caja, por más desbaratada que se encuentre.

Sancho y yo tomamos el sol de la terraza, cada uno disfrutando de nuestros recién desenterrados juguetes.

Desde arriba, los extraterrestres, nos miraron con expresión de desconcierto.

Yo decidí ensayar una sonrisa