viernes, 28 de octubre de 2011

La Marioneta


Todas las tardes, después de la oficina,  llego a la casa y colapso en mi sillón como una marioneta a la que cortaron los hilos. Cuando cae el sol, mi esposo y yo, abrimos el bar, es la hora oficial del “sun-downer”, es decir el trago de cuando el sol "goes down".

Estos últimos días,  mi esposo se sentía muy preocupado porque yo estaba tomando menos que de costumbre (qué paradoja), y una sola copa de vino me duraba toda la velada. Ayer, con un Eureka, caí en cuenta del por qué me estoy alejando de la bebida, literalmente, y  pegué un grito, como si hubiera descubierto la piedra filosofal.

Mi esposo, del susto, casi se guindó de la lámpara como un gato. 

Resulta que, hace poco, cambiamos la distribución de los muebles y ahora la mesa donde apoyo mi trago me queda más lejos.  Para agarrar la copa tengo que incorporarme y extender el brazo telescópicamente. Esto representa un esfuerzo enorme para cualquier marioneta que se precie.

Nos reímos un buen rato. Y dijimos al unísono que esto era un “Magic Moment” Se ha vuelto una rochela lo de los “Magic Moments”, pero me gusta, porque ahora todos en la casa estamos atentos.

Mi esposo procedió a acercarme la mesita para que la copa estuviera a un brazo de distancia, ni más ni menos.

Ahora que está todo en orden otra vez, puedo proceder a mi momento mágico serio del día.

También me gustaría hacer una aclaratoria, y es que me di cuenta de que en mis textos intercalo muchas palabras en inglés, cosa que siempre he detestado, pero que lamentablemente, se me ha convertido en un pésimo hábito. No lo hago por esnobismo, ni es mi intención envilecer el idioma que tanto amo. Se ha vuelto una mala costumbre porque así me comunico con mi esposo, es otra forma de ley de mínimo esfuerzo. Ni él quiere hablar Español, ni yo Inglés todo el tiempo. Es un buen “compromise” y ya lo hice otra vez.  Espero no lo tomen a mal. No se si pueda prometer evitarlo.

He aquí mi momento mágico serio.

Cuando la gente me pregunta que cómo amanecí, les respondo: ”bueno, estaba dormida y me desperté”. Me encanta ese chiste, que solía decir un compañero de trabajo en Venezuela. Pero hoy me desperté con el título de mi momento mágico apenas abrí los ojos: “Meditando mi paisaje interior”.

Así va a comenzar mi próximo “Magic Moment”, que espero seguir meditando el fin de semana. Perdón, pero la marioneta necesita su “sun-downer”

martes, 25 de octubre de 2011

Sindrome de Piñata

Siempre le digo a mi esposo que yo sufro del síndrome de la piñata, porque cuando voy de compras, me encanta llegar a mi casa y abrir una bolsa con muchas cosas útiles (e  inútiles) que no sirven para nada, que me exaltan, me enajenan y me dan placer. Como me enseñó uno de mis escritores favoritos, el cual descubrí gracias a mi buena amiga MM a quien le doy crédito por su buen gusto literario, Haruki Murakami, “en nuestras vidas imperfectas, las cosas sin importancia son importantes”, algo así.  Con esa frase me reconcilié con mi absoluta falta de practicidad, mi cualidad favorita. Esa máxima fue una epifanía, una liberación, porque aunque quisiera ser minimalista, soy mas bien maximalista y en mi casa ya no caben los cachivaches. Sin embargo, esta verdad entró en conflicto con otra frase que leí hace poco en un libro de Bioy Casares, “la vida me enseñó, que el amor por las cosas, como todo amor no correspondido, a la larga se paga”. Estoy intentando reconciliar estas dos verdades, tampoco uno se puede apegar a los objetos, a ellos no les importa, es una perdida de energía, un desperdicio de amor…

Pero como ya basta de análisis y melancolías ( mis dos últimos escritos han estado horrorosos), en un ánimo más liviano, y considerando que estos días no me ha pasado nada  realmente notable,  ni siquiera nada ligeramente relevante, pues decidí sentarme a abrir una bolsita de piñata,  y jugar un rato con las cosas insignificantes y maravillosamente inútiles de estos días pasados, que el invierno va acortando lentamente, sumiéndonos en una intimidad densa y violeta, deliciosa.

En  mi bolsita encontré un hilo de aceite. Dios mío, como he pensado en ese hilo! Me sucedió intentando seguir una receta, y como primera vez que ponía en práctica esa técnica (agregar el aceite en hilo),  fue como jugar con un gurrufio.  El aceite se transformó en una especie de elixir de oro, que realizó la alquimia de una vinagreta y de mi ensoñación.

Después conseguí, milagrosamente en mi bolsita, una buena conversación. Sucedió hace unos días cuando celebrábamos el primer chorrito de petróleo, después de cinco años de trabajo. Mi esposo era el anfitrión, es su proyecto, así que nos quedamos, como siempre, de últimos en el pub.  Cuando ya pensábamos que era hora de irnos, llego un rezagado, B., un muchacho irlandés, encorvado, con anteojitos y super tímido. Mi esposo no aguantó dos pedidas para acompañarlo con otra Guiness, y así empezó una conversación de alto calibre intelectual, Guiness con pasapalos de Oscar Wilde, Bernard Shaw,  James Joyce. Llegué a la casa a releer el monólogo de Molly Bloom, lo único que he logrado digerir del Ulises de Joyce. Un placer raro que recomiendo. Creo que esto fue de lo mejor de la piñata, como las cajitas de sorpresa.

De mi bolsita salió una plumita, seguramente de la almohada y que alguien sacó de mi pelo y voló graciosa y leve, como una nubecita.

De la bolsa también surgió el piropo de mi hija por mi cuadro. El mismo que he estado pintando este mes de Octubre y que quedó como un adefesio. Ayer por fin lo develé y lo dejé en el sótano. Cuando mi hija lo vio me dijo: “Me gusta… no para guindarlo.. pero me gusta… es mi abuela”.  Concuerdo con ella totalmente, el cuadro va directo al garaje, pero de alguna manera también me gusta.

De mi bolsita sale el café de la mañana, el cup of chai de la tarde, el vinito de la noche,  que mi lovely husband me ofrece todos los días de mi vida, yo le preparo la cena que el agradece efusivamente, no matter what; es el intercambio de “small kindness” que constituye nuestra aburridísima y plena vida cotidiana. Mi hija me dice que deberíamos salir más y es que yo encuentro que mi sillón es el lugar mas interesante del planeta.

En fin, mi bolsita esta full.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Cicatrices Inconsolables

Hoy es el Día Mundial del Cáncer de Seno, así que decidí asomarme de nuevo a mi propia cicatriz,  la misma que hace 17 años, cuando me operaron de un tumor en el seno derecho,  me parecía inconsolable.

Hoy, después de tanto tiempo, la busqué en mi piel, en mi alma y en mi memoria.

No la encontré. El amor se encargó de borrarla.

Amor vincit omnia
El amor todo lo conquista.

Es mi momento mágico del día.

domingo, 9 de octubre de 2011

Octubre: Un Estado del Alma



Tenía días sin escribir y no por falta de momentos mágicos sino porque Octubre es un estado particular de mi alma.  Para darle la importancia que merecen a esos pequeños detalles, que llenan mis rincones internos, los mencionaré antes de intentar descifrar ese fluido misterioso que me envuelve durante mes de Octubre.

Esta última semana recibí muchos regalos inesperados: de mi amiga de Chile libros  en Español,  clásicos de la literatura, Camilo José Cela, Adolfo Bioy Cáceres,  y un préstamo, el más reciente de Isabel Allende, El Cuaderno de Maya ¡que placer!; de mi amigo tailandés, un portamonedas con elefantes y un salero y pimentero, también con elefantes, que me trajo de un viaje a su tierra;  de mi vecina, un ramillete de espigas de Lavanda, antes de que las mate el invierno;  de la mama del novio de mi hija, suspiros caseros y turrón de chocolate; y por último, de mi amiga maracucha, el regalo de caer en cuenta, una vez más, de su característica intrínseca de servir y regalar bienestar, sin el menor egoísmo. Todo me lo resuelve: indigestión, peluquería, asuntos legales, inmobiliarios, vehiculares, estéticos, espectáculos, religiosos.  Les doy las gracias a todos, mi mes de Octubre no podría haber tenido mejor comienzo.


La razón de la atmósfera lunar que me envuelve en este mes,  es simple, pues el día 21 de Octubre mi mama cumple dos años de que se despidió de este mundo. El año pasado lo pasé triste, triste, triste.  En aquel entonces le escribí un poema “ Una Mujer Alegre”, como la definió el jardinero de la casa, con la diafanidad que sólo habita en los inocentes, y un jardinero, por definición tiene que serlo. 

Con ese poema puse fin a mi duelo. Como nos dijo una psicóloga, hace poco en una charla llamada “The Science of Happiness”: al cabo de una año de una enorme tristeza, como perder un ser querido, o de una inmensa alegría, como ganarse la lotería, las personas vuelven a su estado natural de felicidad o infelicidad. Otra de las cosas importantes que dijo la psicóloga fue que, en la vida no hace falta tener las mejores cosas, sino hay que hacer lo mejor, de las cosas que uno tiene. Por fin, algo interesante en uno de estos mega-aburridos “Offsite” de la oficina.

Volviendo al tema de Octubre, el recuerdo de mi mama,  no es sombrío, ni triste, sino al contrario, es alegre y colorido.  Ya no lloro su ausencia, sino que la invoco en su sabiduría silvestre y la sueño con mucha frecuencia.  Ya no me duelen los recuerdos de tiempos pasados, sino que los honro. Sin embargo, no lo puedo evitar, el mes de Octubre tiene para mi una sonoridad melancólica, como una pieza de Bach que me enseño mi profesora M., y que sólo me gustaba tocar en los días lluviosos. Ella sabe cual es.

Con todo esto en mente comenzó mi proyecto de este Octubre contemplativo: Un  ambicioso proyecto pictórico. Ambicioso, porque tengo en la mente exactamente lo que quisiera pintar, pero siempre fallo en la ejecución. Mi arte, como yo lo defino, es “ Arte mamarracho”. Hay una delgada, pero casi infranqueable línea que separa el arte, del resto de los mortales y yo me mantengo detrás de esa línea, por desgracia.  No importa cuánto lo intente.

En fin, ayer armé mi caballete, saqué mis pinturas, coloqué el lienzo enorme ( lo mío es arte mamarracho masivo) y me estuve todo el día de ayer pintando un homenaje a mi mama. El cuadro tiene que ser en esencia algo abstracto, con muchos de los elementos que la caracterizaban, confundiéndose con su silueta. Una especie de retrato hecho de rosas y helechos y riqui riquis, loros y colibríes.

Llegó la noche y terminé cansada y frustrada. Lo que estaba buscando, no lo conseguí. Al cuadro le faltaba expresión, era una explosión de colores y nada más. Había algo intangible que no lograba plasmar, ni tocar, ni materializar, ni expresar, ni palpar.  Algo inalcanzable, que se fuga, que se va, irremediablemente. Creo que es eso que llaman ausencia.
.
Descorazonada, me acosté a dormir.

Hoy, no sabía si seguir intentando, a expensas de arruinar el cuadro para siempre,  o simplemente abandonar el proyecto.  Entonces mi hija llegó con la respuesta.

Estaba yo mirando el caballete,  pensando si continuar o no con mi pintura.  Mi hija se presento para hacer “brainstorming” sobre sus proyectos de universidad. Entonces, de pronto, en medio de nuestra conversación, como si nada, me dijo: Mami, sabes que esta mañana me desperté llorando.

Yo me asusté.

Ella continuó antes de que mi susto se incrementara.

-Pero de alegría, mami. Por primera vez  en dos años, soné con mi abuela y  soné que la estaba abrazando fuerte, fuerte. Entonces me desperté llorando. Cerré los ojos para intentar volver al sueño,  pero ya no pude.

Entonces a las dos se nos aguaron los ojos. Una inundación breve, porque las dos somos “ugly cryers” y tratamos de practicar el “cero drama”, pero lloramos juntas lágrimas contentas. 

Yo le conté de mi proyecto. Ella se entusiasmo. “ Yo lo quiero para mi cuarto” ( lo dudo)

Decidí que voy a retomar mi pintura, a ver que sale. 

Si  logro algo aceptable, lo compartiré el día 21 de mi Octubre cósmico. 

Por ahora, comparto “ Una Mujer Alegre”


Una Mujer Alegre

Los jardineros conocen el idioma
de las plantas y del universo
Así,
una tarde triste de Octubre,
tarde de despedida,
el jardinero Agustín,
con su dolor humilde
y sus palabras buenas,
sin darse cuenta,
escribió este poema
Una Mujer Alegre -dijo.
Me conmovió la síntesis perfecta
como el sonido de un pétalo al caer,
inexorable y leve
misterio audible
para quienes quieren creer
Una Mujer Alegre…tanto,
que hasta  las lágrimas
que aún no puedo secar
son lágrimas contentas
Una Mujer Alegre
Palabras que se cimbran
rama cargada de infancias
de abundancia de hogar,
hogar a manos llenas
que dejó en nuestra estancia
Una Mujer Alegre
Como uno de sus lienzos
guacamayas y loros al ocaso,
pinceladas de luz en la mirada,
rosas y helechos a su paso
Carmencita…
Su nombre llega en la brisa,
del verso del jardinero,
que aquella tarde triste de Octubre,
regó el jardín de Altamira
con un mensaje del universo

¡Una Mujer Alegre!…mamá

Leonor Henríquez León








martes, 27 de septiembre de 2011

En el fondo de una vieja cartera, vive un enanito


Érase una vez un enanito que vivía en el fondo de una cartera vieja y que solía tocar un cornetín de cristal.  El hombrecillo estuvo durmiendo por más de veinte anos y un buen día despertó.

Lo que voy a narrar a continuación probablemente sea producto del alcohol, después de un encantador viaje por la Rocky Mountains con mi  esposo y mi suegra.

El alcohol es la piedra angular de las relaciones humanas. He llegado a esa conclusión, después de esta semana. Como decía mi hermano, que en paz descanse, más vale ser borracho conocido que alcohólico anónimo. Mi esposo y yo, ya no nos queda más remedio que admitirlo. Si la definición para serlo es tomar todos los días ( moderadamente aún), pues sí, somos borrachos, aparte que los alcohólicos asisten a reuniones y nosotros no.

Mis despertares son sobrios en el sentido de la parquedad, no soy, como dirían aquí, “morning person”. De siete a diez de la mañana me comunico con frases cortas, preferiblemente de una palabra, máximo dos: Good Morning.

Con la visita de mi suegra, eso tuvo que cambiar y tuve que hacer esfuerzos para  que mis mañanas fueran un poco mas efusivas. Mi suegra es alemana, yo venezolana, nos entendemos en ingles,  pero igual, nuestra comunicación es como una carrera de obstáculos idiomáticos, de acentos y con el conflicto de los celos en el cerebro límbico, que por definición dificulta la relación suegra-nuera . Mi esposo apenas contribuye con la conversación con ahha’s o good. El también es hombre de pocas palabras, en general.

En las tarde-noches todo cambia. Después de dos gin tonics ( ella a sus 85 años) y yo un par de copas de vino, somos una combinación de castañuela con cascabeles, y conversamos, nos reímos, disfrutamos, damos traspiés al levantarnos. Mi esposo se contenta.

Ver la alegría en sus ojos, me conmueve y me llena de ternura.

Pero la historia que quiero narrar comenzó hace unos días, cuando mi suegra me preguntó si podría prestarle una cartera de viaje, pues la suya era muy pequeña.  Salí corriendo al closet y saqué del fondo unas ocho carteras para que eligiera. Para mi sorpresa, la que le gustó fue una cartera negra de piel muy suave, que tenia muchísimos años sin uso. Se vino con mi closet en la mudanza a Canadá y por alguna razón, que hoy comienzo a entender, la conservo hasta hoy. 

En fin, así comienza esta historia.

Antes de darle la cartera, le quité el polvo, la sacudí por dentro y cosa extraña, recordé la historia del Cornetín Perdido, un cuento que escribí en 1990.  En resumen, la historia es la siguiente: en aquel entonces, cuando mi hijo S, tenia unos cuatro años, amaneció un día diciendo que un enanito le había dicho que se le había perdido su cornetín y que sin él, ya nunca más habría golosinas y dulces en mi cartera, pues cuando el tocaba el cornetín, las mamas sucumbían a la tentación de comprarles a los niños  todo lo que ellos querían. Yo creí que S. lo había soñado, pero lo regañe porque había regado por el suelo todas las cosas de mi cartera, diciendo que había sido el enanito buscando su cornetín.

Sí…., la misma cartera que hoy le presté a mi suegra, créanlo o no. En fin, antes de dársela, me aseguré concienzudamente que estaba completamente limpia y vacía. No sé si inconscientemente estaba buscando entre los pliegues o bolsillos, alguna señal de este misterioso hombrecillo y su cornetín.

Así partimos alegremente a nuestro paseo. El día 22 de Septiembre celebraríamos el cumpleaños de mi suegra, en uno de los lugares más bellos de la Tierra: Emerald Lake, British Columbia.

Y así fue. Pero ese día, poco antes de subir al desayuno y preparándome para otro acostumbrado bloque de silencio incómodo, caminé hacia el borde del lago.

Emerald Lake es un lugar donde los pinos se murmuran secretos entre si, un bosque encantado que rodea un lago, que como bien dice su nombre, es como una esmeralda gigante llena de jardines, imágenes y reflejos.   Por un momento tuve la sensación de que estaba dentro del más hermoso de los mundos.

Allí fue cuando lo vi, lo juro, lavándose la cara en el agua clara, desperezándose, como si estuviera despertando de un sueño muy largo y profundo. No solo lo vi sino que me habló, en un idioma que no reconocí, pero que igual comprendí, una especie de lenguaje de los insectos.  Me quedé muda y petrificada y entonces, el enanito saco su cornetín diminuto, que parecía cristal, y lo tocó dando una nota tan aguda que  me ensordeció. En medio de mi sordera, lo vi corriendo, brincando de hoja en hoja, hasta que desapareció de mi vista.

De pronto escuché mi nombre. Mi esposo y mi suegra me esperaban para ir a desayunar.  Allí comencé a narrarles lo que había visto. Entre bocado y bocado, les conté del hombrecillo del cornetín, de cómo lo vi en el lago, les conté  la historia que escribí hace más de veinte años. No podía parar de hablar. Mi esposo me dijo en secreto : “in what moment you got drunk?”  Pero juro que no había tocado una gota de alcohol a las nueve de la mañana.

De la silla de mi suegra colgaba, inocentemente, la cartera negra. Yo la mire concienzudamente. En algún momento me pareció ver un breve destello.

El desayuno transcurrió espléndidamente, igual que el resto de nuestro tiempo por las montañas, no importa si desayuno, meriendas o cenas; con o sin alcohol.

Al llegar a la casa, mi suegra me devolvió la cartera, misión cumplida. Cuando la abrí, vi que ella me había dejado una caja de chocolates con una nota de agradecimiento.

El enanito del cornetín, otra vez haciendo de las suyas. Es mi momento mágico de la semana.

Transcribo la versión en ingles del cuento que escribí hace 21 años. ( no consigo la versión en español)



THE LOST CORNET


Santiago awoke talking very excitedly. Words drowned in the whirl of ideas he wanted to express. His enormous eyes framed by very long eyelashes, sent little sparks. I wasn’t paying him a lot of attention because I was looking for my handbag.
-    Where did I put  it? – I thought out loud.
-    Mommy, the little dwarf...he...he lost his cornet...he told me... – stammered Santiago.
Finally I found my handbag, it was in the child’s room and with all my things spread on the floor.
-    Let’s go Santiago, we will be late for school – I said while I picked up my things.
-    Mommy, the little dwarf...- Santiago couldn’t stop saying.
In the middle of his chattering, I scolded him for having inspected my handbag and its contents. During the ride to school, Santiago was still trying to tell me his story, so I decided finally, to listen to him.
-    Look Mom, last night, I woke up and saw the little dwarf taking the things out of your handbag. I wasn’t scared because little dwarfs are good in stories, he spoke to me and told me that he was looking for his cornet because he had lost it. He said he was very sad because now he wouldn’t be able to make sweets and candies appear in your handbag.  He explained that he lived in your handbag and that in every mother’s handbag there’s another like him, who, when they played their cornets, surprises and candies appear and Mommy, I want the cornet to appear so surprises will also...
Santiago’s story caught my attention, not because I thought it was real, for sure he must have dreamed it, but I suddenly discovered that really, mother’s handbags have something special. I, myself, can’t resist the desire to inspect my mother’s, and it’s true, there is always a surprise: a candy, a chocolate, like a magic hat, those where doves and rabbits appear.
-    Come on Mommy, let’s help the little dwarf to find his cornet....-insisted Santiago.
-    Yes, Santi...yes...- I told him a little tired but, nevertheless, fascinated with the story.
-    Now Mom...please... – he continued.
We arrived at school and Santiago said goodbye with his eyes almost overflowing with tears.
-    He is taking this seriously – I thought.

My daily activities absorbed me completely making me forget about the dwarf and his horn. After finishing all my things, I went to my mother’s house for a minute. I sat down, as always, at the kitchen table to have a coffee with her. While I was drinking my coffee I realised that my mother’s handbag was there, tempting me. I finished my coffee and I could not resist, I opened the handbag and I started to search inside:  paper, wallet, cheque book, lipstick, and suddenly, there it was... a delicious piece of chocolate. I ate it immediately and kept searching. What a strange pleasure! Just as when I was a girl, as if some kind of intuition murmured to me that something very interesting can always be found inside. Then, it happened, in the last hidden corner of the bag, my fingers fumbled with a tiny object. I couldn’t identify it by touch so I took it out. It was a kind of little crystal horn, smaller than the nail on my little finger, could have been a toy but it looked more like a jewel. I was so impressed that I asked my mother what  it was. Her answer was even more disturbing: She had not the slightest idea of what it was and less how or where it came from. I decided to keep it in the inside pocket of my handbag.

I noticed my watch and realised it was time to pick Santiago up from school; I remembered his sad tearful eyes, his enormous eyelashes containing the immense tear drops. I don’t know what kind of an impulse I had but I decided to make a brief stop in the market before going to school. I filled up my handbag with cookies, chocolates and candies, I even bought the red car he had been asking for all week.

When Santiago climbed into the car, the first thing he did was to inspect my handbag. His face shone when he saw all the sweets and screamed for joy when he saw the red car. I was as happy as he was.
Next day, Santiago woke up again chattering with excitement.

-    Mommy...he found it...the little dwarf found his cornet... he found it...he found it. He told me last night... he told me he was very happy because he was able to do his work again... I saw him Mom....
-    Cornet? – I thought. I remembered the tiny little object that I had kept in my handbag. I looked for it in the inside pocket. It wasn’t there, I swear I put it there. I emptied my handbag... nothing.

-    Santiago, tell me, what did this dwarf’s cornet look like?  - I asked completely intrigued.
Santiago’s description couldn’t be more precise. There was no doubt, it was the same object I had kept, but, how? He hadn’t even seen it...

Since then, a surprise is never missing from my handbag, also for Santiago’s sister. I love to see them happy. Every time I remember the story of the little dwarf that lives in mother’s handbags, I laugh and shiver at the same time. Children’s fantasy is unlimited, wisdom is too...


( I finished writing this story the 2nd of June 1990, almost ten years ago. Maybe the little dwarf is playing again and made me remember it today, May 29th almost 30th, 2000)

And now, September  27th, 2011, the little dwarf did it gain!!!


miércoles, 14 de septiembre de 2011

Magia Desmenuzable o Pastel de Pollo

Gran parte del sábado por la tarde la pasé desmenuzando pechugas de pollo (parecían como doscientas) y disculpen este comienzo tan prosaico. El fin último era hacer un Chupe (con el consomé con  que se cocinan las pechugas) y un Pastel de Pollo, ambos platos muy Caraqueños (aunque el primero inspirado en el peruano). Para mí, una neófita de la cocina, elaborar esos dos platos es como construir una Catedral.

Yo en general cocino sin receta, con lo que consiga por ahí, y casi siempre en diez minutos. A veces la pego, como decimos en Venezuela, otras no tanto. Mi esposo no se queja, no sé si por miedo o por cortesía. El caso es que me embarqué en esta aventura gastronómica con un objetivo final muy noble. Los estaba cocinando para ofrecérselos a mi suegra que nos viene a visitar esta semana, procedente de Inglaterra.

En fin, entre el trabajo,  la limpieza y la cocina, no tuve tiempo para pensar en nada más, menos aún en algo relativamente mágico para mi blog,  aunque, pensándolo bien, si la magia es relativa, ya no es magia. Posiblemente, lo que viene a continuación fue tan solo un truco desesperado de mi mente tratando de buscar algún encanto, en la tarea titánica que tenía por delante. La cocina venezolana tradicional fue inventada en la época de la esclavitud, con una tropa de gente cortando, picando, desmenuzando, amasando, pelando, etc. No es mi caso.

Ya cuando iba por la quinta pechuga de pollo, comencé  a internalizar de otra manera la acción de desmenuzar.  Yo reto a cualquier persona que pregunte  a otra el significado de la palabra desmenuzar sin utilizar las manos. De hecho se lo comenté a mi esposo y lo constató. Es casi imposible.  En ingles la palabra shred, se parece, pero no es tan descriptiva. Desmenuzar es un verbo visual, un acto acompasado y silencioso, donde se siente, en la punta de los dedos, la substancia íntima, la materia intangible de las cosas. Todavía no se ha inventado, que yo sepa un electrodoméstico que cumpla esta función, un desmenuzador.  Es un trabajo muy artesanal, con lo cual se coloca muy cercano al arte.

En medio de esta reflexión y viendo la montaña de pechugas que todavía tenia por delante, se me ocurrió pensar en las posibles cosas que se podrían desmenuzar. 

Por ejemplo, se puede desmenuzar un problema, dividirlo en partes menudas, menos complejas. Tal vez uno termine con las manos llenas de soluciones.

Se puede desmenuzar una idea,  y convertirla  en minuciosas ideitas dentro de las ideas.  Al final, quedan las manos ansiosas de posibilidades.

Ya entonces no pude parar y  en el  estado catatónico de convertir el pollo en finezas, me metí en pensamientos más audaces.

Me imaginé como seria desmenuzar la noche y preparar un pastel relleno de firmamento.

O desmenuzar un atardecer, y quedar con los dedos manchados de anaranjados y violetas y sacudirse el polvo de las nubes.

O desmenuzar una alegría y quedar como mi hija cuando hacia polvorosas, con risa en las manos.

O desmenuzar  el aire y  conocer la textura del viento.

O desmenuzar el tiempo en hilachas de minutos y segundos, hasta tocar su hueso.

O desmenuzar una tristeza y terminar con las manos empapadas en lágrimas pero sintiendo en las yemas de los dedos, la proximidad del consuelo.

Cuando volví en mí me di cuenta que había terminado con las pechugas. 

Tenia aún la tarea de pelar un pocotón de papas, las cuales no me dijeron nada en verdad, porque mi pensamiento estaba en el verbo desmenuzar y no pelar. Al menos terminé la base del Chupe y lo congelé. 

Todo esto sucedió el sábado. Desde entonces, he tenido el verbo desmenuzar en mi mente y he pensado en miles de cosas insólitas y desmenuzables. No sigo porque no quiero abusar.  

Hoy me decidí a confesar esta absurda y altamente desmenuzable obsesión, quizás porque acabo de terminar el último paso del Pastel de Pollo ( o de Polvorosa como también lo llamamos): hacer la masa de textura porosa y deleznable, para después  rellenarlo con el guiso de pollo desmenuzado, preparado con aceitunas, pasitas, alcaparras,  ají dulce (que aquí no sabe a nada, pero  ni  modo) , vino dulce (le puse Ice Wine a falta de Sagrada Familia) , cubrirlo con masa y meterlo al horno.

Igual que me ocurre con la cocina diaria, la cual resuelvo con lo que consiga por ahí en la nevera y en la despensa. Creo que con mis momentos mágicos ocurre lo mismo. Algo  me sale con lo que tenga a la mano, a veces con éxito, otros no tanto. No sé si este es el primero o el ultimo caso, pero por lo pronto hoy cumplí mi meta y  construí mi Catedral. 

Vamos a ver si mi suegra la aprueba.



  

jueves, 8 de septiembre de 2011

Un Vacío muy Pleno


Dicen que uno no puede escribir en internet nada que avergüence a la familia o a al jefe. Mi momento mágico de esta semana, probablemente me causaría problemas en el trabajo, de saberse, pero mis jefes no entienden español, los que me conocen saben que erré la profesión y que, aunque le tengo  gran respeto a mi carrera y agradezco mi trabajo de oficina, no es la razón fundamental de mi existir. Así que, con el perdón de mi jefe, aquí va mi momento mágico de esta semana laboral.

La norma número uno de la oficina es nunca caminar a ninguna parte sin un cuaderno, carpeta o papel en la mano.  Eso contribuye con la ilusión de que uno tiene un destino de trabajo, de que uno está ocupada yendo o viniendo de alguna reunión importante. Yo me la paso  siempre con mi cuadernito, como un apéndice corporativo, adonde quiera que vaya.

Cada vez que voy a una reunión,  abro mi cuaderno en una página fresca, anoto la fecha y el título de la reunión, por ejemplo: Schedule Review, o  Contracts Meeting. Hecho esto,  el resto del tiempo trato de mantenerme despierta y tomar nota de las cosas que tengo que hacer, acciones, asuntos pendientes,  etc. Al menos eso creía yo que hacía.

Ayer, como es normal, me fui con mi cuaderno a otra reunión. He pasado por muchas fases de aprendizaje sobre el comportamiento en reuniones, desde ser completamente muda, hasta interrumpir todo el tiempo (digo,  y probablemente lo leí en alguna parte, que, no es que yo interrumpa sino que la gente sigue hablando mientras estoy interrumpiendo). Por fin he llegado a un equilibrio y he aprendido, finalmente, a no hablar sino lo necesario. Como  leí en el periódico, mi fuente de buenas frases, es muy fácil ser sabio, solo hay que pensar en algo tonto que decir, y no decirlo.

En fin, cuando abrí mi cuaderno, me di cuenta que era la última página fresca disponible, así que tendría que  pasar después, inmediatamente, a buscar uno nuevo. Como siempre, anoté la fecha y el titulo de la reunión, y puse mi mejor business face, bolígrafo en mano, para tomar mis notas. Repito, al menos eso creía yo.

Terminó la reunión, busqué un cuaderno nuevo en Office Services,( para no andar desarmada en la oficina) y me dispuse a guardar en el archivo el cuaderno viejo. Por alguna razón,  tuve el impulso de hojearlo antes.

Aquí viene lo insólito de la historia: abanicando las hojas me di cuenta que había llenado un cuaderno entero con solamente  fechas y  títulos,  el resto de cada hoja estaba virginalmente en blanco. Páginas tras páginas, luminosamente vacías hasta la saciedad.  En otras palabras, un vació muy pleno.

Me reí un rato y guardé mi cuaderno complacida. No sé si me faltó algo por no escribir, pero creo que el vacío lo comprendía todo con sorprendente exactitud. Un sumario ejecutivo muy preciso del estado de mi alma y de mis horas en todas esas tediosas reuniones. Lo guardaré celosamente para futuras referencias.

En verdad no sé cómo me las arreglo para ser razonablemente funcional en mi trabajo, con todas estas horas de ensoñación que me distraen constantemente.

Hace muchísimo tiempo escribí una historia similar a esta llamada la “Minuta de Reunión”. En aquella historia me nombraron la encargada de tomar la minuta y hicieron tanto énfasis en que tenía que anotar lo importante, que se me distorsionó el concepto de importante y terminé escribiendo sobre el color de la  corbata de uno, los ojos tristes de otro, todo lo que me pareció realmente importante. Esta historia es bastante parecida, pero en todo caso, me estoy plagiando a mi misma.

Lo único que puedo concluir es que, en todos estos años, no he cambiado nada.