martes, 15 de marzo de 2022

LLANTO Y POESIA

 


 

Cuando el alma se desborda, uno llora.

O escribe un poema…

Si las lágrimas hablaran o escribieran, la humanidad doliente sería un poema acuoso.

Largo… como un río, infinito tal vez.

No sé por qué últimamente he estado reflexionando en esta analogía entre llorar y escribir un poema.

Cuando los sentimientos nos inundan y se suelta ese torrente irrefrenable de agua, saltan las lágrimas.

También cuando el amor, el dolor, la emoción nos rebasa, aflora un poema.

Se lo dije a mi hija, terrenal cien por ciento, cuando le escribió un poema a cada uno de sus hijos. Le dije, ¿viste?, cuando el amor no te cabe en el pecho sale un poema y así fue. Dos poemas sublimes, uno para Tomás, otro para Natalia, en su bautizo.

Y es que será que últimamente he visto llorar a mucha gente.

Y yo con ellos, he de decir.

Aquí en mi soledad, frente al televisor.

Lágrimas de tristeza, de dolor, de incertidumbre, de desolación, de miedo, más bien terror; de admiración también, de inspiración ante el espíritu indoblegable del hombre que lucha por sus principios, por su tierra, por su identidad.

He visto muchas personas, anónimas, viejos, jóvenes, madres, hijos, llorando, escribiendo poesía…

Un largo poema de amor, de dolor, de guerra.

Absurda.

De todas las imágenes que he visto sobre la invasión a Ucrania, una me ha tocado profundamente.

Una fosa común. Seres humanos lanzados al olvido o más bien a la gloria, seguramente.

Entre ellas una mujer, que al lanzarla perdió uno de sus zapatos.

Allí quedó, con un pie descalzo.

Mi homenaje y tributo a todos los caídos y en especial a esta mujer desconocida, cuyo pie descalzo me ha hecho pasar noches en vela, llorando, escribiendo poemas.

Ojalá en la otra vida, consiga un príncipe que le devuelva su zapatilla.

Gloria a los valientes.

Gloria a las personas de buena voluntad.

 

PD: Mi pequeño tributo en estos tiempos absurdos y crueles.

lunes, 28 de febrero de 2022

FESTINA LENTE



 
Festina Lente, icono creado en el Renacimiento por Aldus Manutius

Por razones que la razón desconoce, como las del corazón, parafraseando a Pascal, vuelve al paisaje de mi vida este adagio clásico, Festina Lente, que se traduce como: Apresúrate Lentamente.

Desde que mi amiga Aura volvió a mencionarlo en una de nuestras deliciosas conversas de los sábados, me volqué a buscar en mis cajas polvorientas, cofres, baúles viejos, el colgante que compré con ella en México hace 23 años.

Y lo encontré.

El ancla y el delfín, mi Festina Lente, volvió a mi cuello.

Pareciera un absurdo radical, de esos que llaman oxímoron, apresúrate lentamente, pero es en verdad ese fino balance entre la urgencia y la diligencia.

En Venezuela se traduciría como “sin prisa, pero sin pausa”.

El emperador romano, Augusto, lo utilizaba como la divisa de su ejército (en aquel tiempo lo representaban con una mariposa y un cangrejo), y se convirtió en un lema muy popular en el renacimiento.

La Fontaine lo inmortalizó en su fábula de la liebre y la tortuga.

En fin, los curiosos pueden consultarle a Mr. Google, pero para efectos de estas breves líneas, es solamente un recordatorio de que, como dice otro adagio popular: de la prisa sólo queda el cansancio.

Por ahora, acaricio mi dije de plata, mi ancla y mi delfín.

Me pregunto qué mensaje me trae en esta otra etapa de mi vida, en estos tiempos de incertidumbre y temor.

Por ahora sólo le pido que me conceda esa prudente sabiduría, para pensar, para pulir y pulirme, para esperar, para fluir sin tiempo, y como lo interpretó el poeta francés Nicolas Boileau, “Hâtez-vous lentement, et sans perdre courage” es decir, “apresúrate muy despacio, y sin perder coraje.”

Festina Lente.

PD: Gracias a mi querida amiga Aura Elena por regalarme, como ella dice, esta magia pura y dura, jaja…

 


domingo, 6 de febrero de 2022

EL MAPA

 


 

Probablemente los mapas pertenezcan a esa larga lista de objetos obsoletos, que la tecnología (y el GPS) se ha encargado de eliminar.


Sin embargo, hace poco, me topé, casi por casualidad, con una cartografía muy particular.


Un pergamino con lugares que me eran muy familiares, pero que tenía tiempo sin recorrer.


En silencio solemne, me quedé mirando este arqueológico hallazgo con detenimiento y asombro.


Arterias principales se hacen paso con diáfana seguridad, señalando al mismo tiempo destino y recuerdos.


Caminos secundarios, tortuosos, desafiando obstáculos, bordeando precipicios, asomándose a acantilados, sonriendo tal vez.


Al Norte, vías llenas de asombro, o fruición, improvisado pentagrama donde notas muy musicales encontrarían su lugar.


También recorrí con la punta de mis dedos, depresiones geográficas, lagos oscuros, cavados por aguas subterraneas de color violeta.


Pero aún quedan en ese plano, praderas suaves, inexploradas, donde quizás el tiempo cave sus profundos surcos, algún día.


Con cierta satisfacción le sonreí al espejo.


Miré mi rostro sorprendido.


Mi código de barra, paréntesis y otros signos de puntuación que acentúan mis facciones y mi vida; líneas de expresión o en cristiano, sencillamente, mis arrugas.


Mi mapa espiritual.

 

PD: Ayer conversando con mi querida amiga Aura, me dijo que su abuela solía decir que había que mirarse en el espejo con frecuencia porque si no, uno un día se sorprende, o más bien se asusta jaja. También su abuela le decía: Como te ves, me veía; como me ves, te verás.

Pura sabiduría…

Lo del código de barras me lo dijo una amiga española a manera de chiste refiriéndose a sus arruguillas sobre el labio superior jaja y mi papa decía a veces que ya tenía la boca dentro de paréntesis.

En fin, el tiempo, el implacable, como dice la canción…

sábado, 29 de enero de 2022

GOLOSINAS CRIOLLAS

 

GOLOSINAS CRIOLLAS


 

“El alfondoque, dulce de lechosa, el alfeñique, carato de maíz, conserva de coco, dulce de toronja, la naiboa sabrosa y el cambur pasao…”

 

Así dice una de mis canciones venezolanas favoritas, las Golosinas Criollas, que canta magistralmente el inigualable Jesús Sevillano.

 

El caso es que, la he cantado hasta el cansancio, con mi cuatro (instrumento típico venezolano) y hoy es que me doy cuenta de que, aparte del dulce de lechosa, la naiboa, conserva de coco y el cambur “pasao”, no conozco esos otros dulces, así que al final les dejo el link de la canción y un glosario de términos.

 

Pero el asunto de las golosinas, palabra que viene de la palabra “goloso”, viene al caso porque hace poco, sentí muy fuerte la sensación de “engolosinarme”. 

 

Ese anhelo intenso de devorar un manjar.

 

Entré a la tienda, y allí estaban, desplegados sobre una mesa.

 

Mis ojos se abrieron como par de huevos fritos, para seguir con las analogías gastronómicas.

 

La boca se me hizo agua.

 

No sabía cuál elegir.

 

Los miré queriendo tocarlos, pero ahora con el covid, no es recomendable.

 

Al final me pude decidir por tres de estas golosinas, algunas ya las había probado, pero la nostalgia pudo más.

 

Pagué y salí de la librería en la gloria, dispuesta a devorar mi recién adquirida ambrosía:

“Poemas de la Noche”, de Rainer María Rilke, “Un Poco más Grande que el Universo entero” de Fernando Pessoa y uno para releer en su idioma original “Canto a mí Mismo” (Song of Myself) de Walt Whitman.

 

Libros.

 

¡Qué mejor golosina!


El prometido link de una de mis canciones favoritas.





Glosario de Términos:

 

Alfondoque:

El alfondoque es un dulce hecho a base de papelón blanco, semillas de anís y jengibre, era conocido como el dulce de los pobres por tener ingredientes básicos y de fácil acceso a toda la población.

 

Alfeñique:

El alfeñique era un dulce propio de Al-Andalus, denominado al-Fanid y era caliente y húmedo y apropiado para la tos, según el tratadista hispano árabe del siglo XV Al-kalam alà l-Agdiya de al-Arbuli. ... Tras cocerse la masa y hacerla viscosa se estiraba y se hacía en forma de dulces alargados. El #Alfeñique se elabora en Venezuela desde tiempos de la colonia.

Naiboa:

Es un alimento dulce que se prepara mediante la unión de dos tortas crujientes de casabe (pan ácimo, delgado y circular hecho de harina de yuca), en medio de las cuales se coloca papelón (alimento confeccionado con el jugo de la caña de azúcar), queso blanco rallado y semillas de anís, posteriormente se hornean para dorarlas. También puede prepararse con una sola torta de casabe y esparcirle los ingredientes por encima.

Carato de maíz:

En Venezuela, el carato es una bebida fría, a base de maíz cocido. Muy tradicional en la región de los llanos y preparada especialmente para la época decembrina.

Lechosa = Papaya

sábado, 8 de enero de 2022

EPIFANÍA Y ALMENDRAS

 


 

Es una de mis palabras favoritas, igual que “diáfano” y “almendra”.


Una epifanía es una revelación.


Por ello, como todos saben, el 6 de Enero, que apenas pasó, es la festividad cristiana que celebra la revelación de que Dios encarnó en Jesús, y nos regocijamos con la visita de los Tres Reyes Magos.


De las palabras más bellas de la Biblia “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros…”


Bueno, pero el punto es que después de la euforia de las fiestas, esas donde las nostalgias se agitan y las ausencias se agigantan, si le sumamos a eso las temperaturas árticas que hemos tenido en Calgary durante las últimas semanas, pues la verdad se siente muy fuerte eso que llaman “Winter blues”, una especie de depresión post parto.


Y ahora es que viene al caso mi muy particular “Epifanía”.


Cuando se pierde un gran amor, los recuerdos alegres no alegran. Como dicen, la felicidad recordada no da felicidad. Más bien se siente un gran dolor, físico y tangible, en el pecho, en la garganta, como una espada incandescente.


Mi dolor no ha mermado, mas se ha transformado.


Es mi epifanía.


Por primera vez en los últimos cinco años, cuando siempre los eneros se me presentaban como un vasto desierto de ausencias frente a mí, hoy por primera vez siento…algo diferente.


Una especie de alquimia, donde al final conseguí convertir la nada, en “algo”.


Dice un poeta que “En un alma llena cabe todo y en un alma vacía no cabe nada.” (Antonio Porchia)


¿En qué momento pasé de la ausencia infausta, a la presencia áurea?


Pues no lo sé, pero de pronto…


Pienso, transpiro, hablo, escribo en ésta, mi nueva identidad secreta donde el amor se manifiesta, hasta cuando blasfemo si me doy un golpe en el dedito del pie. 


Es él, en mi dolor, en mi piel.


En mi aliento.


Mi esposo y yo siempre citábamos a Aristóteles y su definición del amor, y nos identificábamos con aquello de que éramos un “alma en dos cuerpos”.


Mi epifanía en estos gélidos días de principio de año, consiste finalmente en comprender que los amores no son sólo recuerdos, son presencia, luminosa y activa.


“Presencia encarnada.”


Mi epifanía.


Diáfana.


Como una almendra.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

360 - ESPÁRRAGOS



La cajera del supermercado me preguntó mecánicamente, como siempre, supongo que parte de su entrenamiento:

-      ¿Encontró todo lo que necesita?

Iba a responder mi también automático “sí, gracias”, cuando me di cuenta de que me faltaba el ingrediente principal de uno de los platillos especiales que voy a preparar el 31 de diciembre: mousse de espárragos.

Pues resulta que, claro, me faltaban los espárragos, un pequeño detalle.


Le expliqué a la cajera y ella me indicó donde ir a buscarlos.


Salí corriendo, pues no quería detener a los que estaban en cola y porque en estos tiempos, quiero pasar el menor tiempo posible en lugares concurridos.


Por mis ojos pasaron los pepinos, las remolachas, las cebollas, pero ni la sombra de los espárragos.

Entonces un amable caballero me preguntó:

-       Señora ¿Qué necesita? ¿Qué está buscando?

Y en ese instante me perdí en otra de mis ensoñaciones.

¿Qué necesito? ¿Qué estoy buscando?          

Bueno, no mucho la verdad: que mi familia esté bien, salud, paz, un poco de compañía quizás.

Tal vez que se acabe esta pesadilla de pandemia, que en el mundo haya menos división y egoísmo, y más bondad y compasión.

Si me pongo más exigente quizás necesitaría viajes exóticos, ganarme la lotería sin comprar el ticket, que inventaran la pastilla para las canas y para el ejercicio.

En fin… allí me quedé por una fracción de segundos, hasta que el gentil caballero volvió a preguntarme.

-      Señora, ¿Qué necesita? ¿Puedo ayudarla?

-      Espárragos - le dije, como si hubiese encontrado el significado de la vida.

De inmediato me indicó donde estaban, los agarré y salí corriendo a la caja.

-      ¿Encontró lo que le hacía falta?

-      Si, gracias - dije. Recogí mi mercado y me fui a casa.

Espárragos.

Y entonces recordé uno de los libros favoritos de mi esposo (cuyo humor negro era sencillamente delicioso), “The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy” de Douglas Adams, donde la respuesta que arrojó una supercomputadora llamada “Deep Thought” (Pensamiento Profundo) ante la pregunta: 

¿Cuál es el significado de la vida, del Universo y de todo?” después de pasarse 7.5 millones de años calculando, determinó que la respuesta era el número 42.

Pues más o menos, después de mis ensoñaciones en el automercado, mi respuesta de ahora en adelante ante la pregunta de ¿Qué busco? ¿Qué necesito? será:

Espárragos.

Ahora entiendo por que a mi esposo le gustaba tanto ese libro y por qué lo quiero y lo extraño tanto.

 

PD:  Con esta entrega llego a mi post número 360. Ya les contaré como me queda mi Mousse de Espárragos en mi cena familiar de Año Nuevo.

 

¡Feliz Año! y que en el 2022 seamos más generosos, bondadosos y compasivos, para mí, las virtudes más bellas.

jueves, 23 de diciembre de 2021

EL FAISÁN

 

 

En el jardín de la casa de mi infancia, en Caracas, había una mata de mango donde turpiales y loros venían a deleitarse con sus frutos maduros.


También, en las tardes soleadas, como a las cinco de la tarde, “la hora de las guacamayas”, así la llamaba yo, volaban majestuosamente estas aves multicolores para posarse en las copas de nuestras palmeras tropicales o Chaguaramos.


Estas imágenes vienen a mi mente mientras contemplo una nevada monumental desde mi ventana y el termómetro marca -19 grados centígrados.


Son momentos en que me pregunto ¿Qué hago yo aquí?


Y entonces, parafraseando a otro grande de mi tierra, Simón Diaz, recuerdo aquello de “Cuando el amor llega así de esta manera, uno no se da ni cuenta…”


Y es así, amo a mi país adoptivo Canadá.


Sencillamente, me enamoré. Sin darme cuenta.


De su naturaleza, de su gente solidaria y amable, de sus estaciones; un lugar donde el trabajo duro se ve recompensado.


Y cuando me mencionan la enciclopedia de mis nostalgias: el Ávila, la cocada, la playa, los aguacates gigantes, Sabas Nieves, cachapas, arepas, cachitos, pues, sí, lo recuerdo con la “pena de verse ausente” que es el significado de la palabra nostalgia (nostos  = regreso / algos = dolor); pero al mismo tiempo agradezco ese otro amor grande que me rodea, un país bello que nos ha acogido con generosidad y que me sorprende con sus pequeños milagros, cada día.


Leí hace poco, que si uno no se enamora del lugar donde uno vive, uno nunca será feliz. Una gran verdad.


Y bueno, mientras tenia estas reflexiones, me asomé a la ventana y me encontré, no un loro o una guacamaya.


Mi iconografía cambió radicalmente.


Allí, entre las nieves de mi jardín, un visitante de lujo: un faisán.


Con su cola larga y elegante, su cuello verde, sus colores de gloria.


Y una vez más me maravillé y agradecí.


Como dijo un escritor, si cuando escribes pasa un ave, esa ave ya es parte de tu historia.


Así el faisán, ya es parte de mi vida, de mi historia, de mi nueva mitología canadiense.


Allí quedaron las finas huellas del faisán; un rastro efímero mas indeleble, en mi jardín, y en mi alma…