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| Abril desde mi ventana |
Desde un lugar tranquilo de mi alma, intento encontrar
mi poema perdido.
Es una búsqueda solitaria y silenciosa.
Contemplativa.
Por más que el ruido del mundo, a veces me distraiga.
¡Qué pequeños somos ante este gran drama llamado vida!
Pero ya un intento de búsqueda es una buena señal.
Y abril es un buen comienzo para cazar poesías con
redes de viento.
Es el mes en que la primavera despierta, como decía Oscar
Wilde, el invierno es tan solo la primavera dormida.
Mes de abundancia, esa que mi gran amor sigue ofreciéndome
cada día.
Mes de mi nacimiento, que intentaré interpretar este año,
más bien como un renacimiento.
En mi tristeza infinita, comienzo a entender que esa
gran energía dulce, ese inagotable manantial de alegría, de risas, de juego, de
compañía, que estaba siempre a mi lado, que me abrazaba cada mañana y cada noche,
sigue allí.
Intacto.
Diluido en el paisaje y en todos sus elementos.
Allí te encuentro, mi cielo amado.
En el primer aliento cuando abro los ojos.
En el Sol naciente, que se mete a raudales por mi
ventana al amanecer.
En la humedad de la mañana, en la nieve que todo lo
suaviza, en el río en su tránsito perenne.
En las majestuosas montañas, resplandecientes,
luminosas.
En el espíritu del águila.
En el llamado de armonía de toda esta naturaleza.
Pero sobre todo, te encuentro aquí.
En el abrazo gigante de nuestra casa soñada, nuestro
cuerpo grande, como dijo el poeta.
Poco a poco, a tientas, desde un lugar tranquilo de mi
alma, recupero mi calma interior.






