“Treat this as urgent and
important”
Así decía el mail que
me escribió mi jefe el pasado viernes.
El día después de
asistir al funeral, o “Celebration of life” (como lo llaman aquí
tan apropiadamente) de un muy estimado compañero de trabajo, que falleció
inesperadamente la semana pasada.
La muerte, esa que
anda por ahí, insolente y sutil, caminando entre nosotros, tomando café a
nuestro lado, en el carro, en la oficina, en el restaurant, en el parque, en todas partes, insistió esta última semana en
recordarme su presencia.
Con mi pesar a cuestas,
regresé a la oficina y por más que releí
varias veces el mail de mi jefe con su
coletilla, “treat this as urgent and important”,
la verdad no encontré por ningún lado, ni lo urgente, ni lo importante.
Es más, le di DELETE
al mail.
Al rato, mi jefe llegó
a mi cubículo y me encontró de espalda, de cara a la ventana.
-
Where
is the spreadsheet I asked you for?
Me volteé
y lo miré sin ninguna expresión en mi rostro.
-
I
need it before 11 am.
Mire el reloj y vi que faltaban cinco para
las 11.
Entonces, de repente, sentí
una sensación de urgencia inesperada.
Ya no tenía casi tiempo.
Salté como un resorte, me
puse manos a la obra.
Como si en esos cinco
minutos se me fuera la vida.
No me tomó ni dos minutos
apagar la computadora, tomar mi cartera y mi impermeable y salir de la pesada
oficina.
Apresurarse uno a amar, a
vivir, es la única urgencia.
Mañana lunes, Dios proveerá.




