martes, 4 de marzo de 2014

EL CABALLITO


Tengo un amigo imaginario.

Es un caballito.  

Tan pequeñito que cabría en un dedal.

Es blanco, esbelto y tiene una melena de viento larga y sedosa.

 Mi esposo esta celoso de mi amigo imaginario.

“I am jealous” – me dijo la otra noche,  en que le dije que mi amigo imaginario me hacía soñar sueños bonitos.

Me gusta que mi esposo sienta, de vez en cuando, el venenito de los celos.

Siempre soy yo la celosa recalcitrante. Como dice la canción, “tengo celos hasta del pensamiento  que pueda recordarte a otra persona más”

En fin, últimamente he sufrido de insomnio.

En mi mesa de noche hay toda clase de remedios para dormir: valeriana, manzanilla, flores de Bach, Sleepy tea, Nyquil.

Pero nada ha funcionado.

Hasta que apareció  mi caballito miniatura.

Apago la luz, cierro los ojos y una llanura ingrávida, llena de espigas doradas, se posa sobre mis ojos.

Entonces se aparece.

Libre  y salvaje.

Lo veo correr hasta donde termina el horizonte de  mis pestanas y comienzan mis sueños.

Galopa, incansable, por playas de aguas  tranquilas o furiosas,  semejantes a  su indómito e impredecible temperamento.

Se mete por  pastizales inundados  de agua y de  sol.

Sube montañas. Atraviesa ríos.

Irreverente pero siempre gentil.

Hasta que me duermo.

Mi caballito vive en el país maravilloso que se posa sobre mis ojos cada noche.

Un lugar que pienso, repienso y repaso en sus deleites.

Tal vez sea la mezcla de yerbas y pócimas o los celos de mi esposo que lo ponen muy carinoso.

No lo sé.

Pero mi amigo imaginario, mi caballito de la noche, raudo y sin miedo, me salva del insomnio, y me hace despertar con buenos augurios.

El despertar más dulce.

La libertad.
Este es el escudo de Venezuela.

domingo, 9 de febrero de 2014

SEMANA DE LA MODA


Va a hacer frio, tempestad, tormenta, ceremonia, celebración y amor esta semana.

Para todo ello debo vestir apropiadamente.
Es la semana de la moda.

Vestir para el frio es bastante fácil, suéteres, bufandas y gorros. Muchas capas de todo eso.

Para lo demás necesito un guardarropa más audaz.

Decidí vestir mi semana de esta manera:

El lunes de tempestad necesita una capa de serenidad de amplia caída. Serenidad aterciopelada, serenidad expectante, serenidad convincente, color cobalto. Serenidad  solemne.

(El lunes me toca librar una pequeña batalla en la oficina)

El martes, martes de tormenta y relámpago, de transformación, de aplausos, de éxitos, de cosas buenas. Así lo espero.

Para ello, un impermeable color trueno con voz incorporada.

( dicen que el martes a mediodía es el momento más estresante de la semana, impermeable con eso)

El miércoles comienza de traje gris, matemático y severo. Aburridísimo.

Pero el miércoles,  a horas de mediodía, el día se vuelve esbelto y se mete  en una ajustadísima línea que tiende asintóticamente hacia la felicidad.  

Ya es mitad de semana,  momento de liberarse de trapos y de preocupaciones.

El jueves se viste de ceremonia. Rojo es el color. Rojo escarlata, rojo nocturno, rojo de compromiso, de pasión, de fuego,  rojo del Norte glorioso que nos recibe.

(El jueves es nuestra ceremonia de juramentación como ciudadanos canadienses)

Canadiense nacida en Caracas, a mucha honra.

Y el viernes se viste de tiempo y amor.

El traje del tiempo  esta hecho de  brumas, para no caer en la tentación de medirlo,  y el amor se viste con la tela más ligera y diáfana que existe, la de la piel.

(El viernes es el cumpleaños de mi esposo y día de los enamorados)

Lo celebraremos en grande,  una gran fiesta para dos que se quieren y solo necesitan arroparse en el calor de la maravillosidad de su propia compañía.

Y asi termina mi semana de la moda.

Los dejo con la temperatura en el momento en que escribo estas lineas:
 

sábado, 1 de febrero de 2014

LA PUERTICA


En mi nueva oficina hay dos tipos de personas.

Los que entran por la puerta y los que se escabullen por la “puertica”.

La “puertica” es una especie de salida de emergencia  que conduce a un pasillo mal iluminado donde están los baños.

Los que no quieren ser vistos,  entran por la “puertica”.

Algunos,  puede que legítimamente prefieran la “puertica”, para acortar camino al lavabo o a sus cubículos  (que me disculpen los que así lo hacen), pero en general me parece que, quienes usan la “puertica” son tramposos.

Un día en que llegué particularmente tarde (por la nieve), caí en la absurda tentación de intentar  la “puertica”.

Sigilosamente,  antes de atreverme, miré para todos lados, la abrí y me escabullí como una sombra hacia el callejón oscuro.

Un hombre salía del baño, me aseguré de que no fuese mi jefe.

No era.

Seguí caminando, de puntillas,  cabizbaja, metiendo la cara en mi sombrero, como Pedro Navaja.

Otras sombras me rozaron. Eran otros trampositos que llegaban tarde  como yo,  y se colaban por el sórdido pasadizo.

Llegue a mi cubículo agotada. Como me hubiese evadido de una cárcel de máxima seguridad.

Mi estado energético era tan lúgubre, como el callejón que acababa de transitar.

Será la última vez en mi vida que use la “puertica”.

Es una máxima en mi vida: Yo prefiero no hacer trampa.

Me gusta entrar a mi lugar de trabajo por la puerta de entrada.

Grande, cristalina e iluminada.

Aunque a veces llegue tarde y me claven miradas inquisidoras.

Mi estado energético es radiante cuando entro por la puerta principal.

Como una reina,  muevo mis caderas musicales,  y camino altiva hacia mi escritorio, regalando  sonrisas y “good morning’s” que nadie contesta.

Un café y lista para comerme el día.

La puerta grande revigoriza. La trampa acaba.

A mi alrededor veo pasar a algunas almas de “puertica”.

Se les nota a leguas.

Aunque sea una trampita inocente, eso de la “puertica’, sirve de buena metáfora a la hora de elegir por donde entrar.

Los tramposos  son los que pasan la vida, de “puertica” en “puertica”, buscando atajos, evadiendo la luz y los impuestos, transitando por callejones oscuros y malolientes.

Yo prefiero no hacer trampa.

El que no hace trampa siempre entra triunfalmente a cualquier lugar.

La oficina,  los negocios,  el matrimonio, el hogar, la vida.

Al final  uno se encuentra transitando  en esta arquitectura de lo imposible, entre dos portales infinitos y llenos de misterio, como un dibujo de Escher.

En fin, esta reflexión laboral me hizo estar muy consciente cada vez que cruzo un umbral.

Es más trascendental de lo que uno se imagina.

Si supieran los de  “puertica” como se delatan en su mediocridad.

Si supieran los tramposos, que, como uno decía siempre de niño:

“La trampa sale”

Escher, uno de mis artistas favoritos que dibuja la arquitectura de lo imposible.

PD: cuando llego tarde salgo un poquito mas tarde


lunes, 27 de enero de 2014

MI RIQUEZA

El sábado fui al banco.

No me refiero al banquito, alias el “psiquiatra”, sino al banco.

Ese lugar donde le prestan a uno dinero, si  uno puede demostrar que no lo necesita.

Me perdí entre tantas planillas, firmas, porcentajes.

Entonces decidí que, de ahora en adelante, voy a comenzar a buscar un buen lugar donde  enterrar mi riqueza.
 

Ciertamente, la que está en la bóveda del banco no es mi fortuna, aunque debo admitir, que, como decía un buen amigo, el dinero no te lleva a la felicidad, pero te deja a media cuadra.

Así que busqué una caja resistente al tiempo y a la intemperie.

En el cofre curtido, puse todas mis joyas,  mis monedas, mis tesoros más preciados.

Lo llené rápidamente en un acontecimiento de riqueza acumulada, que jamás soñé poseer.

Entonces me dediqué a pensar en un lugar bonito donde enterrar mi tesoro y plantar un poco de mi riqueza a mi alrededor.

Me paseé por muchas opciones.

El jardín de mi casa de Altamira,  sería un buen lugar, aunque creo que ya mis padres enterraron allí el suyo.

Un lugar cerca del mar tal vez, en el Caribe, donde reside parte de mi alma.

O en la infancia, donde fui feliz comiendo mango, jugando a ser detective y buscando cachitos.
 
Me pongo a pensar, y hay tantos lugares bellos en este mundo donde provocaría esconder un tesoro.

Allá arriba en el Ávila, la montaña mágica de Caracas.

O en el regazo de Margarita, mi mama de Barlovento, que me llevaba al parque en las tardes y cuando se ponía  brava me llamaba Leonor Elena.

El patio de mi nueva casa sería ideal, pues es el lugar que hemos construido mi esposo y yo, y tiene vista al rio.

El problema es que ahora está congelado.

En fin, creo que tengo tiempo para decidir.

Mientras tanto seguiré acumulando  riqueza en mi cofre, que al menos tiene mas cáracter que la bóveda del banco.

Y seguiré buscando alegremente, como dijo el poeta, soñando la hermosa vida...

"Ningun hombre olvida donde enterró su tesoro"
Ciceron
El jardin de mi casa de Altamira, un buen lugar para enterrar un tesoro.

miércoles, 22 de enero de 2014

SUBENESTRUJENBAJEN


Subenestrujenbajen

Así se dice “autobús” en alemán.     

Más tarde les diré como se dice “suegra” en ruso.

Así me he sentido por muchos días, desde que empecé mi nuevo trabajo: Estrujada.

En las mañanas oscuras de invierno, los minutos me estrujan.

En el carro, una multitud metálica a mi alrededor, me estruja.

En el ascensor, las conversaciones banales me estrujan.

En el almuerzo rápido,  el plástico me estruja.

Los compromisos económicos, me  estrujan. (el dinero en exceso también debe estrujar, pero no es mi caso)

La necesidad, cualquiera sea su rostro, estruja.

En fin, últimamente siento el alma estrujada.

Y disculpen la repetición del verbo estrujar en todas sus acepciones.

Pero hoy, súbitamente, mágicamente,  me “desestrujaron”.

Y el responsable de mi “desestrujamiento” fue Wagner.

Para ser más precisa,  el “Coro de Peregrinos”  de la ópera  “Tannhauser”.

Como he dicho otras veces, me encantaría poseer, el delicioso esnobismo y la pedantería ( como si no tuviera ya suficiente), de saber de ópera.

Pero no sé nada.

Tampoco hablo alemán, solamente la palabra  subenestrujenbajen, como comentaba al principio.

Pero sucedió que, esta mañana, en medio del “estrujamiento” de una mañana particularmente  “estrujada", sucedió el milagro desde mi ecléctico Ipod.

En impecable alemán de tenores, contraaltos y bajos, sonaron los acordes del Coro de Peregrinos del Tannhauser y como para añadir más drama a mi mañana, le puse volumen al máximo.

Fue como si en mi alma, se hincharan velas de seda.

No tenía ni idea de lo que me estaban diciendo en ese idioma de cuerdas, voces y vientos.

Pero por unos minutos, me sentí libre.

Me sentí peregrina, en medio de la prisión que impone  la ciudadela.

Cuando uno al menos piensa en ser libre, uno es libre.

A nada, ni a nadie, le concedí el poder de estrujarme esta mañana.

Fui libre.

Pase el día de lo más bien.

Cuando llegué a casa en la noche, busqué la letra en español del Coro del Peregrinos del Tannhauser.

Es una historia de libertad.

También llegué a preguntarle a mi esposo (que es británico pero mitad alemán) cómo se dice, ya en serio, autobús en alemán.

Se dice Autobus ( no se si creerle).  Que decepción.

No importa, la música me recordó que no soy esclava de nadie. Ni del tiempo, ni del dinero, ni de ningún amo sin rostro.

Ah, y como les prometí. "Suegra" en ruso se dice: Estorrrbo.
(sin alusiones personales)
Les dejo el Coro de Peregrinos del Tannhauser, de Richard Wagner,  a todo volumen por favor!
https://www.youtube.com/watch?v=LYQEqbYnebo

domingo, 12 de enero de 2014

EL PSIQUIATRA


Enero es como un lunes gigante.

Y siempre he sido alérgica a los lunes.

He intentado todas las medicinas, antihistaminicos y antidepresivos posibles: vino, oporto, salir de compras, comer chocolate,  mi esposo, mis hijos, Sancho.

Pero nada ha logrado curar mi ansiedad de Año Nuevo.

Empecé el año sin voz.

No suelo ser depresiva, al contrario, a lo largo de la vida, he sobrevivido a mis naufragios de manera creativa.

Hace poco leí una buena definición del Amor, en la contraportada de un libro, que, obviamente, no pude resistir comprar ( se llama Abecedario, de Federico Reyes Heroles).

“Amor: Hacerse a la mar con disposición al naufragio.”

 Yo digo que lo mejor del naufragio es el rescate. Dulce rescate.

Pero este comienzo de año, un desasosiego se adueñó de mí, sin motivo y sin razón, realmente.  

Nadie, ni siquiera mi amable esposo, era capaz de animarme.

Entonces decidí ir al psiquiatra.

Hice una cita.                                      

Me vestí y  salí al encuentro.

Me recibió fríamente.

Sus ojos grises desbordaban sabiduría.

Una sabiduría helada.

Su sonrisa era ancha y horizontal.

Pero, cosa rara, el solo mirar esos ojos acuosos, me calmó, inmensamente.

Cuando me invitó a sentarme, un trozo de hielo pasó frente a mí y se oyó el graznido de algunas aves.

Me sorprendió una brisa gélida, que, paradójicamente, refrescó mi mente y  calentó mi corazón.

Sin mediar palabras con mi analista, recuperé el aliento.

La brasa interna.

Incandescente.

Regresé a la casa reconfortada.

Con ganas de afrontar mi lunes gigante con entusiasmo y mi nuevo año con alegría.

Razones no me faltan.

Ah y otra cosa, la consulta me salió gratis. Este psiquiatra no cobra honorarios y siempre esta disponible.

Agradecí a Dios, al banquito y a mi terapeuta de ojos grises y sonrisa horizontal.
Mi psiquiatra y yo

 

viernes, 27 de diciembre de 2013

DOS CUERPOS


Falta poco para que dos cuerpos se unan.

En un abrazo acuoso y agitado.

En una entrega profunda y misteriosa.

En un éxtasis efervescente

De remolinos y espuma

De salitre y escarcha

Llegaré hasta lo hondo

Quedaré sin aliento

Hasta encontrar mi alma

Y respirar la vida de nuevo

Falta poco para que dos cuerpos se unan

El mío y el del mar.
(Natalia) 27 de Diciembre 2013

***

 

Y  considerando:

Que necesitaba cambiar radicalmente el tema de la Navidad.

Que estoy saturada de los “duelos y quebrantos”, es decir las sobras del 24 de Diciembre  (literales y metafóricas).

Que el escenario de este encuentro tan arduamente deseado, ocurrirá en las tierras de uno de mis grandes poetas de cabecera, Octavio Paz.

Que quiero sumergirme en el placer del sol y  la playa, con mi esposo claro,  por un rato.

Que estaré alejada de mi “caja de arena”, mi parque, mi rincón de juego, por unos días.

Que me sorprendió este hallazgo en uno de mis cuadernos viejos.

Así pues:

Con esta energía  apasionada y desesperadamente sensual, quiero despedir este año, que tan amable me ha sido.

Con enorme placer comparto DOS CUERPOS de Octavio Paz.

Y con esas maravillosas letras me despido hasta el año que viene deseándoles  un Feliz Año Nuevo, lleno de salud, alegría, risas e inspiración.

Ixtapa-Zihuatanejo, Guerrero, México, allá nos vemos!

 

DOS CUERPOS

Octavio Paz

 

Dos cuerpos frente a frente

Son a veces dos olas

Y la noche es océano

 

Dos cuerpos frente a frente

Son a veces dos piedras

Y la noche desierto

 

Dos cuerpos frente a frente

Son a veces raíces

En la noche enlazadas

 

Dos cuerpos frente a frente

Son a veces navajas

Y la noche relámpago

 

Dos cuerpos frente a frente

Son dos astros que caen

En un cielo vacío.
 
 
M cuaderno