sábado, 15 de junio de 2013

LA NACENCIA

“Bruñó los recios nubarrones pardos”

Hoy en la tarde miré el cielo de Calgary y recordé el primer verso de este poema de Luis Chamizo, poeta extremeño, que mi papa siempre me recitaba.

Unas nubes negras y pesadas cubrían el horizonte, igual que las que  estas últimas semanas me han acompañado, precipitando sobre mí una serie de eventos desafortunados  como choque, dolores varios, estrés laboral y pellizco (de ese tema hablaré cuando se me quite la furia).

Decidí entonces que era hora de sacar el “Blessing Box”.

No  es brujería, es una tradición de los aborígenes canadienses o “First Nations”. Creo que lo he mencionado en otras ocasiones.

Es un ritual para recuperar la armonía, bendecir la casa, honrar a los ancestros y revitalizar el aura.

No voy a entrar en detalles (si quisieran investigar busquen “aboriginal  smudging”)

Hecho el sortilegio, después del aperitivo y el almuerzo, me di una siesta en la hamaca, hasta que me despertaron los truenos.

Tormenta.

Pero ni a mi esposo británico, que no teme a la lluvia, ni a mí nos importó. Le pusimos al mal tiempo un impermeable y nos fuimos al parque a sacar a Sancho.

De pronto, se despejaron los nubarrones recios.

Vimos arcoíris, familia de patitos, ciervos, búhos, faltaron las ninfas y los elfos.

Todo muy metafórico y bello. Espero escampe así en mi vida.

Pensé que el “Blessing kit” había sido todo un éxito.

Pero lo que quería, durante todo el paseo, era llegar a la casa a releer  “La Nacencia”.
 
Así lo hice.

Lloré de emoción recordando a mi padre, en los recios nubarrones y en los ojos del mochuelo (búho).
 
Las ausencias no son insalvables si uno encuentra un medio.


Feliz Día del Padre.
(en las Américas se celebra el tercer domingo de junio)

 
POEMA "LA NACENCIA" de LUIS CHAMIZO ( recitado por Ildenfonso Sanfélix)


 

domingo, 9 de junio de 2013

PARA PEPE


Soy pésima para escribir tarjetas de felicitación, o mensajes de cumpleaños.

Se me tranca el serrucho, como decimos nosotros, y rayo en extremos terribles, del  genérico al cursi; del “pásala rico” a “..que las abejas te den su miel” (tomo frases de canciones).

He hecho propósito de enmienda y ahora siempre intento poner un toque  personal en mis felicitaciones. Al fin y al cabo un cumpleaños no es poca cosa, es un recordatorio de que estamos vivos.

Así, mientras practico el sublime arte de desear cumpleaños feliz,  voy a tomar  las palabras que le escribió mi hijo Santiago a su abuelo cuando cumplió 80 años, para recordarlo hoy, 10 de junio de 2013, cuando cumpliría 95 años.

Mi hijo tenía doce años cuando le dedicó este poema a su abuelo, a quien él llamaba Pepe.  Son “palabras de amor, sencillas y tiernas…” (como dice otra canción)
Se las dejo de su puño y letra.

PARA PEPE

Hoy 80 años se han cumplido.
80 años de trabajo duro y una

Bella ternura que está en ti
Ser un hombre soñador como lo eres tú;
 
Te ha hecho gran persona.

Ser un hombre romántico y generoso como tú
Te ha brindado amistades y amor.

Yo Santiago, te deseo un feliz
día con toda tu familia

 
Con muchísimo cariño,

Santiago Pérez
10 de Junio de 1998




sábado, 8 de junio de 2013

LA MUJER INVENTADA


Antes, cuando me miraba al espejo, el del baño, o el del alma, siempre encontraba a Aldonza Lorenzo

Sin embargo, con el tiempo, he aprendido a  mirar  a Dulcinea.

La mujer inventada.

Será  porque tengo mi Sancho perruno  y mi Quijote británico en casa.

Los amo a los dos.

Creo que me metí en un problema con esta  reflexión sobre la mujer inventada, pues mis pensamientos mágicos no pretenden ser  muy profundos y elaborados sino más bien impulsivos y  ligeros, aunque sí quisiera que tuvieran algo de brillo; es la  manera como intento vivir, con sencillez  y cierto esplendor, cuando puedo.

Me quedé pensando todo el día, tratando de escribir un ensayo sobre  la mujer inventada y la autoestima, y me perdí en entelequias.

Entonces sólo pude concluir una vez más que Cervantes es un genio.

Toda mujer debe ser Dulcinea.

La mujer inventada es la verdadera.

La princesa y gran dama de los pensamientos de quien la ama.

La que  surge de la mirada del artista, sea hijo, hermano, esposo, padre, amigo.

Dulcinea es el espejo del amor.

«Llamábase Aldonza Lorenzo, y a esta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla 'Dulcinea del Toboso' porque era natural del Toboso: nombre, a su parecer, músico, peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas había puesto.»
Miguel de Cervantes
 

martes, 4 de junio de 2013

KAIROS


A las doce de la noche del domingo, crujen las cerraduras y caen los barrotes. 

Es Cronos, el implacable.

El lunes en la mañana  el despertador trompeta se regocija en  su grito destemplado.

Los minutos comienzan su  marcha  monótona y sostenida, como cationes marcando un tiempo químico hecho de Arsenio y Plomo.

Se instala la ansiedad en este cuerpo cobarde que sólo quiere dormir.

Llego a la oficina gris, con mis pensamientos grises  de lunes en la mañana,

Me acorralan los calendarios,  las  páginas de la agenda me demandan, so pena de estrangulamiento; las reuniones surgen como un campo minado frente a mi semana. Las líneas muertas, eso que llaman “deadlines” parecen zombis que me amenazan, me  asustan, me aterrorizan con ese miedo venenoso y ácido que quiere corroer mis días.

Y así, los minutos, tan cronológicos ellos,  perversos, van derramándose, uno tras otros, de lunes a viernes laboral, formando un pozo  de tiempo profundo e inasible.  

El tiempo que se fue.

No hay distancia más larga que hace un minuto atrás…dicen.

Los miércoles a mediodía, mitad de semana, cuando la pendiente cambia en una inflexión dichosa donde la felicidad tiende a infinito (mi esposo lo llama “chuf factor”) Cronos comienza a debilitarse.

El viernes en la tarde, Cronos se desploma como una masa inerte, un reloj flácido, como los de Dalí.

Se quiebran los barrotes,  y saltan los candados.

Surge Kairos,  amable y generoso. Los minutos se dispersan en un caos incontenible y feliz.  Los relojes  no marcan las horas, sino un largo y plácido etcétera.

Comienza el fin de semana.

Kairos tiene textura de miel, olor a madrugada, sabor a mañana infinita, y claridad de mediodía.

Cuando opero en Kairos, no hay tarde, ni temprano,  ni agenda, ni calendario, ni líneas muertas, ni pozo de pasado inasible, ni marcha de cationes, ni de soldados.

Kairos es el tiempo de estar vivo: el único.

jueves, 30 de mayo de 2013

QUITAPESARES


Arreglando el closet, y nada puede ser más importante que eso, me encontré un cojincito pintado por mi mama.

Unas rosas pálidas, su especialidad.

Mi mama pintaba lo que se dejara, lienzos, porcelana, paredes, telas.

Decidí meter estas pinceladas llenas de recuerdos,  debajo de mi almohada.

Desde entonces, duermo mejor.

Ahora, cuando poso mi cabeza en la almohada, todos mis miedos, mis tribulaciones, todos mis pesares, se acaban.

Me siento, protegida y dueña de una felicidad total, inimaginable;  al menos por un instante.

miércoles, 22 de mayo de 2013

LA CITA


Dentro de un mes, tengo una cita en las montañas.

Una cita para conversar.

Tengo tendencia antisocial, no me gustan los grupos grandes, ni las multitudes; pero esta vez hago una excepción.

En total somos nueve (conmigo y el policía), por ahora, eso sin contar a mi esposo y Sancho ( nunca salgo sin ellos).

Y es que el Café Fortuna se traslada.

Es un acto de solidaridad.

Siempre recuerdo que, en la tragedia del deslave de Vargas en 1999, en Venezuela, un desastre natural de enormes dimensiones y consecuencias, había un anuncio publicitario que decía: “En Venezuela, la solidaridad también es un fenómeno natural”

La circunstancia es otra, pero creo que la solidaridad caracteriza al inmigrante, no importa de donde venga.

¿Quién no ha recibido un favor de un colega inmigrante, un dato trivial o crucial, un trabajo,  una ayuda, una oración, un cariño, cuando más lo hemos necesitado?

La solidaridad ( junto a la risa, la irreverencia, la música y el llanto) es la premisa fundamental de este experimento teatral sobre la inmigración, con que los he estado atormentando últimamente, y que, paradójicamente, se crea a sí mismo, a ratos, en la fuente misma del aburrimiento, es decir, las reuniones  de la oficina.

Voy a escaparme, junto a mis personajes a echarle pluma, o mas bien teclado. Es una necesidad, no me odien por eso.

Lejos de la casa, distanciada de mi ayudante “Dora” (aspira Dora, secaDora, lavaDora, licuaDora) Sin internet, ni Facebook, ni noticias que me distraigan, ni los mini estreses que me produce mi hija cada vez que dice "...mami...".

Mi esposo y Sancho harán largos paseos por el rio y contemplaran la vida salvaje, venaditos y chivos de montaña, espero que no se encuentren con los osos.

Ya no les voy a contar nada más sobre Café Fortuna, lo prometo. (se vale cruzar los dedos)

Sólo una cosa.

La frase final de la obra.

Me la obsequió el Caballero de la Triste Figura, Don Quijote.

Me la murmuró al oído en medio de mi estado de letargo y depresión empresarial.

La pondré en boca de Don Félix, ese señor místico, envuelto en humo, que nos conoce a todos tan bien.

Una frase esperanzadora, no podía ser menos considerando la fuente.

“…La fortuna nunca se cansa de perseguir a los buenos.”

BLACKOUT

TELON
 
FIN

Aclaratoria sobre el policía: es que aquí son tan bellos, que tengo que meter a uno en la obra.
 

 
 

martes, 21 de mayo de 2013

EL CIELO


El cielo de mi infancia era un lugar en blanco y negro.

Un lugar con ventanales de hierro forjado y pisos ajedrezados, con una mesita allí, un aguamanil allá, una escalera.

Y es que cuando pequeña me mostraban las fotos de mis familiares muertos, me decían que estaban en el cielo.

Para mí, el cielo era muy parecido a una casa vieja.

Con el transcurrir de los años, ya siendo yo más sabia, me di cuenta de cuan equivocada estaba.

El cielo, es un lugar en technicolor, con nubes, arcoíris, y ángeles tocando arpas, donde todos visten con batolas.

Pero por alguna razón, mis ancestros, mi mitología familiar,  esas presencias  de majestuosas barbas, bigotes rizados y almidonados cuellos; esos fantasmas misteriosos  cuyos nombres sonoros hacen eco en mi piel, me saludan, me despiertan a veces,  Salvador, Octaviano, Salustiano, Aracelis, Candelaria, Virginia, Marcos, Elisa;  no puedo imaginármelos ociosos, flotando entre las nubes.

Ese cielo tan radiante no me permite verlos.

Los prefiero en el cielo de las fotografías viejas.

Mi mama y mi papa ya forman parte de ese paraíso.

La fotografía, como lo dice la palabra, es  escribir con luz, otros dicen que es descifrar lo que la  luz escribe.

Prefiero esa última definición.

Mi cielo a blanco y negro de la infancia es más interesante, porque me permite soñar.
 Mi mama y mi papa en el cielo.