jueves, 16 de mayo de 2013

FLORES Y PALABRAS ( con posdata)




Cuando me siento desinflada, leo.

Cuando mi prosa esta aburrida, leo.

Cuando mis adjetivos matan en vez de dar vida, leo.

Cuando por mi cabeza solo pasan lugares comunes, leo.

Cuando estoy saturada de noticias, leo.

Cuando me siento plana, leo.

Cuando mis referencias son frívolas y quiero presumir de intelectual, leo.

Cuando no encuentro inspiración, leo..

Y cuando leo, así sea un poco, se producen explosiones múltiples.

Se sacude la tierra, como cuando germina una semilla.
 
Y me encuentro con árboles, que son presencias.

Y gente escapando de un chirrido.

Y silencios, como los que se escuchan cuando algo se termina.

Y me meto entre sábanas a encontrar poesías.

Placer hecho palabras.

Este fin de semana largo, larguísimo, que comienza ahora mismo, con pronóstico de lluvia, voy a leer y a plantar flores.

Al final es lo mismo.
 
 
Posdata pasado el fin de semana:
Leí y planté flores. Decepcionó la  lluvia.
No sé si mi prosa estará revitalizada y mis frases menos perezosas, pero este retiro de cuatro días en casa, donde solo intercambié unas cuantas palabras con un par de terrícolas, aparte de mi esposo que no habla mucho,  me dejó envuelta en una burbuja de placidez.  
La placidez  suena a mecate de hamaca, monótono y cadencioso.
La placidez huele a libro nuevo.
La placidez es Sancho a mi lado durmiendo..
La placidez tiene textura de ángel.
Y levedad de beso.
La placidez es  breve, y se parece mucho a la felicidad.
Hoy dormiré envuelta en esos vapores que me dejaron los aromas de mis  flores y mis libros.
Mañana, exactamente a las 6:18 am, estalla mi burbuja de placidez.
 


viernes, 10 de mayo de 2013

MOSAICO MAGICO


I

¿Y qué se hace con el tiempo viejo?

Abandonarlo. Guardarlo. Triturarlo.

Opté por la tercera opción.

Pues si uno lo abandona,  regresa a perseguirnos.

Si uno lo guarda, queda aprisionado,  y como dice la canción de Soledad Bravo “… aferrarse a las cosas detenidas, es ausentarse un poco de la vida…”

Me desprendí  de mis calendarios viejos, los que acompañaron mi existencia y marcaron mis días, con imágenes de Auroras Boreales, Springers, M.C. Escher, Caracas

Los convertí en confetti en el triturador de documentos de mi oficina.

Tomé un puñado de trizas coloridas, lo tiré al aire en una pequeña e íntima celebración de tiempo, allí, en mi escritorio, que pronto he de desocupar.

II

Hace una semana perdí un zarcillo en el parque de perros.

Eran de fantasía, pero los estaba estrenando, los compré en un museo en Barcelona. Eran para un regalito, pero me gustaron tanto que decidí quedármelos.

Cuando llegué a casa, me di cuenta que había sido más que una pérdida, un mensaje para mi egoísmo.

Hoy, volví al parque, y cuidadosamente colocado sobre la reja, estaba mi zarcillo. Alguien lo encontró y lo devolvió.

Aprendí una lección de desprendimiento. Si compro algo para regalar, jamás me lo quedaré (en todo caso compraré dos)

Qué bello país es Canadá.

III

Ayer, una amiga me pidió un favor muy especial.

Un particular caso de cuando el favor da más placer a quien lo hace, que a quien lo solicita…

Feliz Día de las Madres querida amiga.

¡Gracias!

 IV

Esta semana, conversaba con un amigo imprescindible, con quien tenía tiempo sin hablar.

Me dijo algo que me encantó:

-      No puedo creer que tengamos tanto tiempo sin hablar, es que como leo tu blog, creo que te vi ayer.

Mejor cumplido para mi humilde espacio, imposible.

 

V
A las nuevas mamas de mi familia, A y A, que celebran por primera vez el día de las madres, felicidades en su día (aquí se celebra el próximo domingo 12 de Mayo)

Es lindo verlas con sus bebes en brazos.                 

Yo la pasaré extrañando a mi mama, pero con tres soles iluminándome ( y Sancho…) 

miércoles, 8 de mayo de 2013

COMOLOPONGAN


Su recuerdo galopó en los pastizales del tiempo y se presentó anoche, en mi memoria, en todo el esplendor de su fealdad.

No pude sino sonreír.

“Comolopongan” era un caballo que vivía en la finca de mi hermano Rafael ( Q.E.P.D) en San Joaquín, Edo, Carabobo Venezuela.

Era lo que llamamos nosotros, un penco.

Un caballito criollo, de medio pelo,  color indefinido, cuerpo ancho,  patas cortas y cabeza grande; en una palabra, contrahecho. Se asemejaba más a un burro que a un caballo.

Mi hermano era muy bueno con los nombres y sobrenombres. Siempre recuerdo que tenía un amigo a quien llamaba “ Peondeajedrez”, porque era bajo, calvito, caminaba derechito hacia delante y comía de lado (quien sabe qué defecto tendría)

Pues a este caballito  lo bautizó “Comolopongan”, sencillamente porque era feo “como lo pongan”, de frente, de lado, por delante, por detrás.

Y la verdad tenía razón.

Pero también “Comolopongan” tenía fama de manso y bonachón. Un caballito dócil y simpático.
Sucedió una mañana, allá en San Joaquín,  en que varios amigos fuimos a montar caballo a la finca, antes de ir a la corrida de toros de Valencia (cuando todavía no eran consideradas una barbarie)

Me ensillaron a “Comolopongan”  bajo declaración jurada que era mansito  y tonto, pues el deporte ecuestre no es lo mío.

A mi amiga Aura, le ensillaron otro caballo.
Sucedió que no mas meter el pie en el estribo, “Comolopongan” echó a correr, y atrás se unió el caballo de Aura.

Los dos caballos desbocados,  y nosotros recibiendo ramazos, corrieron hasta que se acabó el horizonte.

Justo allí, donde se termina el mundo, así nos parecio,  había un hueco y una cerca.

“Comolopongan” saltó sobre el hoyo y la cerca, como si  fuera un pura sangre árabe compitiendo en las olimpiadas. Lo recuerdo en cámara lenta. Aquel caballo contrahecho convertido en Pegaso.

El caballo de Aura frenó en seco y ella fue la que salió volando por los aires

Afortunadamente no le pasó nada, pero siempre me ha dicho que le quedó una vieja dolencia de esa caída.

Mi hermano siempre decía que “Comolopongan” todavía se debe estar riendo  de esta experiencia.

No sé a cuento de qué, llegó “Comolopongan” galopando como el viento, a mi mente anoche justo antes de dormir.

 A veces creo que la vida es pura añoranza.

domingo, 5 de mayo de 2013

AZULES BREVES


Hoy, después de siete meses de invierno, salí por primera vez en la bicicleta, con una misión:

Fotografiar azules.
 
Mi hija me acompañó en esta expedición.


Es que en esta época del año, el rio es un torrente de zafiros.

El lago, una visión de luz tranquila y eterna.

 
 
Los llamo azules breves pues su alquimia es fugaz en estas latitudes.
 
Zafiros, esmeraldas, aguamarinas, mármol, en tan solo pocos meses.

Azules breves.

Como un suspiro.

Como la vida pues.

sábado, 4 de mayo de 2013

DON FELIX


¿Y quién será ese personaje que conversaba con Fortuna?

Llevo varios días pensando en él.

Anoche, antes de caer en la oscuridad del sueño, me habló.

Se dirigió a mí desde un rincón iluminado del Café Fortuna, mientras tras él, la diosa-dueña, Fortuna, preparaba el local para la noche, esa que lo transfigura todo.

Hay movimiento tras bastidores, llegan los músicos, Fortuna se engalana. Alexandra, la joven ayudante, decora las mesas con flores de colores alegres y velas. Pero todo transcurre mudamente, como en una burbuja.

Entonces Don Félix, rompió el silencio.

Esto fue lo que me dijo:

Hola Natalia. ( ¿Y cómo sabe mi nombre, me pregunto?)

No te asombres, mujer. Te conozco desde antes de que nacieras. (¿y cómo?, me sigo preguntando)

En verdad conozco a todo el mundo, los de acá y los de allá, y no porque sea yo muy sociable. (Me asusté, será que este Don Félix es un muerto)

No te asustes, me dijo, como leyendo el pensamiento. No soy ningún espíritu, ni una aparición.  Soy sólo un viejo.  

Vengo aquí todos los días,  y desde tiempos inmemoriales, por eso los conozco a todos.  Ellos, sin saberlo, tambien vienen buscándome, aunque a veces me ignoren.

Sé de las angustias de Amable, que sólo busca ganarse la vida honestamente;  de la soledad de Carmen, que sonríe de día y de noche llora; sé de las ilusiones de esa jovencita Alexandra, buscando un futuro que su propio país no pudo ofrecerle; y allí esta Camilo Pascual,  con veinte años fuera de su país, próspero, enamorado, pero quien después de tantos años, no se siente ni de aquí, ni de allá.

Y Fortuna, mi querida Fortuna, la frente alta y el corazón roto. Ella sí es capaz de hablarme de frente. Yo  le traigo noticias  de Tito, su hijo querido a quien dejó en el caserío. Fortuna trabaja para poder traerlo un día. Tito tiene nueve años y está enfermo.

Y ahora…. la carta.  Las malas noticias son como un golpe de navaja. El Café Fortuna será demolido finalmente. El hombre del abrigo negro vino a traer el último llamado. Fortuna, ha ignorado las notificaciones anteriores, ahora, tiene que salir de aquí mañana.

Esta noche creo que será una noche inolvidable en el Café Fortuna.

Don Félix, terminó de hablar. Se apagaron las luces.

Yo quedé  en mi cama con los ojos muy abiertos. No quería cerrarlos, pues pensé que Don Félix se esfumaría en las fronteras infinitas de la noche.

Antes de que el sueño me venciera, lo reconocí.

Entendí por qué me conoce, por qué  nos conoce a todos. No es muerto ni aparición. Lo reconocí en sus manos curtidas de trabajo y sol; en su voz serena que alivia el calor, como una brisa fresca bajo la sombra del mango; en sus ojos mojados de lloviznas de páramo y aguaceros tropicales, en sus ojeras grises de bosque nublado andino, en el abrazo materno, paterno, en los adioses.

Don Félix es nuestra tierra, nuestro pasado, el que dejamos atrás, el que nos acoge aun en la distancia; al que no se renuncia nunca, al que a veces tememos hablar, porque nos estremece de nostalgia, dolor por lo perdido.  Por eso el café Fortuna nos llama, nos invita, nuestra raíz, nuestra historia  toma café también ahí.

Bueno….esto ha sido otro brochazo grueso de  Don Félix y su monologo del inmigrante, dirigido a la audiencia, en este experimento teatral que escribo en los momentos menos pensados. (quienes quieran ver post anteriores, ver Fortuna y Café Fortuna ( continuación))

Será una noche intensa en el Café Fortuna.

Me dormí agotada.

martes, 30 de abril de 2013

EL YOYO


Fue un encuentro con mi pasado. Gracias a  Salvador Dalí.

La historia es más surrealista que el manifiesto de Lautremont, considerado uno de los precursores de este movimiento, que define el Surrealismo como: “…el encuentro casual de una máquina de coser y un paraguas sobre una mesa de operaciones”.

Creo que Lautremont se quedó corto y hasta  el mismo Dalí estaría muy complacido de esta historia.

Echaré el cuento en pocas palabras, si puedo y perdonen otra vez, lo anecdótico que se ha vuelto este blog.

Caracas, no recuerdo bien el año, finales de los setenta. Yo era un bebe casi ( jajaja).

 A mi mama, le llegaron unas entradas para una “vinada” de una obra de caridad muy famosa (AVEPANE). Para la época las entradas eran caras, me acuerdo, ochocientos bolívares cada una (el dólar estaba a Bs. 4.30 por $, calculen)

Mi mama,  Carmencita, por ser una buena causa, aunque costosas, decidió comprar una entrada y devolver la segunda.

Como no iría con mi papa (Joffre), pues le dio la entrada a mi padrino (Alfredo, “Cucucho”), vecino solterón.  Pero, mi mama, siempre pragmática (no la heredé en eso), tomó la precaución de escribir su nombre por detrás al ticket, por si acaso se ganaba alguno de los premios.

Adivinen ¿Cuál era el primer premio? Sí, una escultura original de Salvador Dalí.

Recuerdo esa noche  de sapitos caraqueños, el silencio perfecto,  como si hubiese sido ayer.

Como a las doce de la noche sonó el teléfono.

Como siempre, todos en la casa atendimos al unísono, en esa época creo que mi mama, mi hermano Rafael ( Q.E.P.D) y yo, que éramos los que vivíamos aún allí.

Se escuchaba un escándalo. Yo pensé que se había muerto alguien.

-Carmencita…Carmencita… - se escuchaba la voz de mi  Cucucho - El Dalí… te ganaste el Dalí...

Pues así fue. Mi mama se ganó el Dalí, “Homenaje a Newton”, un bronce de aproximadamente un metro y medio.

La solariega casa de Altamira lo acogió cálidamente.

Allí vivió por años, sobre un pedestal, en un rincón polvoriento y mágico de la sala de mi casa. Era parte de la familia.

En diciembre le poníamos un gorro de San Nicolás.

Y la bolita de Newton, desatornillable por cierto,  la llamábamos, EL Yoyo de Dalí.

Muchos años después, creo que a mediados o finales de los ochenta. Mi mama decidió venderla.

Nos despedimos de Dalí y su yoyo.

El Dalí se subastó en Sotheby’s en Nueva York, lo cual les trajo  un  resquicio de abundancia y bienestar a mis padres.

Mi encuentro mágico sucedió la semana pasada. Caminando con  mi esposo, por el barrio gótico de Barcelona, cerca de la Catedral, de repente quedé en shock catatónico.

Allí estaba nuestro Dalí con su yoyo.

Casi me da algo.

La coincidencia de un paraguas y una máquina de coser en una mesa de operación, es un detalle, comparado con la belleza de este encuentro.

A las pruebas me remito.

 Dalí Barcelona 2013

 Dalí casa de Altamira, Caracas 197X

domingo, 28 de abril de 2013

GALLETAS DE CAMBUR


Mi mama me enseñó una máxima de la cocina: Nada se bota todo se recicla.

Es uno de las pocos consejos culinarios que conservo de  mi mama, aparte del ponqué, la natilla y el quesillo (que aprendí por imitación), pues sus recetas eran muy vagas, algo  así como:

 Hallacas (el plato más elaborado de la gastronomía venezolana) mi mama lo resumía en: Haga un guiso. (¿?) o Pasticho (lasagna): Haga un guiso y una Bechamel (¿?)

Pero eso de no botar comida sí que lo aprendí y lo practico. Del reciclaje salen las mejores sopas del mundo.

Pero, hoy, creo que voy a hacer una excepción.

Mi hija, en su onda  de “fitness” y nutrición, decidió hacer unas galletitas de cambur.

Esta mañana nos las ofreció amablemente a mi esposo y a mí, y nosotros, que realmente comemos hasta piedras, declinamos gentilmente la oferta.

Le pregunté sólo por curiosidad que cual era la receta de las galletitas y me dijo que: cambur, avena, linaza, “Stevia” y polvo de cacao, y agregó  que eran muy sanas y satisfacían el apetito. (o el “apepito” , me hizo recordar  como decía su hermano Santiago cuando chiquito)

El resultado de las galletitas: algo horrendo en cuanto a color, presencia y textura.  Tan horribles, que ameritaron una foto.

Allí quedaron, languideciendo en la cocina, hasta que,  decidí darles el beneficio de la duda, por aquello del fitness y la buena nutrición.

Debo decir que el sabor  no defraudó para nada el aspecto.
Sencillamente blandas y nauseabundas. Horrendas.

Hace poco leí, y me pareció la mejor licencia del mundo para comer de todo y bien, que la buena mesa no engorda, y que una buena comida debe tener el mismo efecto de bienestar que ir a un concierto o pasar unas horas en un museo, actividades que llenan sin engordar.

No necesito de la linaza, ni la Stevia, ni la avena, realmente.

Pero en mi afán de no botar nada, decidí ofrecerle una galletita asquerosita a Sancho a manera de “treat”.

Sancho la miró con recelo, y creo que con los ojos me dijo como Santiago cuando pequeño: No gracias, no tengo “apepito”.

Pero como perro al fin, le echó el diente y se la comió.  

Se las devoró todas.

Espero que Sancho amanezca  bien, gracias a él honré la memoria de mi mama y las galletitas no terminaron en la basura.