Tengo un volcán, una cascada, el mar, una celebración y una resolución aquí en mi dedo.
Es el Topacio místico. Topacio del Caribe. Explico.
Estoy en dieta estricta, pero esta mañana me desayuné con torta de chocolate y café.
También dije que no tomaría más. Pero, como un vinito no le hace daño a nadie, aquí, estoy, copa en mano mientras escribo estas líneas de Año Nuevo.
Así soy: errática y errante. Tomo una decisión, e inmediatamente huyo y hago exactamente lo contrario (mi esposo lo certifica). Me impongo una regla y un segundo después la relajo. A veces pienso que es falta de consistencia, de voluntad o de carácter.
Así, el 31 de Diciembre entré a una tienda, en Santa Lucia, dispuesta a no comprar nada.
Salí con un Topacio del Caribe: Topacio Místico.
Compré la sortija básicamente por el brillo y por el nombre, no me puedo resistir a nada que tenga un poco de magia. Es una piedra tornasolada que refleja todos los colores del arco iris. Una celebración de la luz.
Recibí mi tesoro de manos de una mujer negra, bella y embarazada. Tres claves que hablan de fecundidad y abundancia.
Mi nueva piedra preciosa, atrajo cosas insólitas el último día del año: volcanes, cascadas, mar, ron, encuentros espirituales con el agua; hasta el Espíritu Santo salió a colación, en la voz y en las manos de una señora desconocida. También mi topacio concentró la celebración en alta mar; silbato, luces, música, deseos en una botella, abrazos físicos y espirituales. Faltó una corridita de toros, como quien dice…
Mi Topacio del Caribe, es, legítimamente místico.
Por cierto, mi resolución del año, producto de mi resolución de no hacer resoluciones, es seguir haciendo exactamente esto o aquello, o todo lo contrario.
Funciona.


