Cuando a mi papa le
preguntaban algo que no sabia, respondía: Yo no se del hilo, María es la que
cose.
Yo no entiendo nada de hilo,
ni de agujas (tejer si me encanta), pero hoy me vi en la necesidad de remendar.
Y es que cada vez que saco
los abrigos de invierno, me consigo con un hueco en un bolsillo, lo cual me
produce una sensación muy rara e incómoda.
Claro, como el roto no se
ve, pues no le doy prioridad a remendarlo, más bien me provocaría ser víctima
del consumismo y comprarme una chaqueta
nueva.
Pero eso va en contra de mis
principios, de la memoria de mi madre, y
todas esas otras viejitas de mi familia, magas de la aguja y dedal.
Hoy, cuando me puse la
chaqueta y mis dedos se quedaron
atrapados en los agujeros del bolsillo, sentí que por allí se estaban fugando,
no sólo las monedas, sino mi calor vital, mi
energía, mis ideas, mi suerte.
Como si tuviera un hueco en
mi aura, ese saco energético que lo contiene a uno.
Así que busqué el costurero (artículo
más inútil que cenicero en motocicleta en esta casa). Ensarté la aguja, con
suma dificultad, debido a estos ojos que ha de comerse la computadora y cosí los bolsillos de tres chaquetas, torpe pero efectivamente.
Entonces me poseyó el deseo incontenible de remendarlo todo.
Le zurcí a mi esposo un
huequito que tenía en su suéter (la antítesis del zurcido invisible, pero él lo aprobó); después
unos pufs desvencijados (victimas de un visitante gordo).
Un par de cojines que
cayeron en las fauces de Sancho, también fueron victimas de mi técnica de
costura, casi tan burda como los dientes del perro.
No es fácil remendar.
Como parte de la necesidad
de zurcir mis filtraciones, materiales y energéticas, hoy
preparé un rico almuerzo para la familia, invité a mi hija a hacernos las manos y le doblé
la ropa que tenía una semana en la secadora; pensé cariñosamente en tres amigas que veo poco, pero a quienes quiero entranablemente,
y les envié muy buenos deseos en silencio. También traje a almorzar a mi casa a mis hermanas y hermanos, lejos, pero presentes siempre.
Y bien, al final creo que cosí
varios huequitos que tenía a mí alrededor.
Mi chaqueta de invierno se
siente mucho mejor, igual que ese otro abrigo que contiene los humores y
fluidos cósmicos de uno.
Por si acaso, creo que voy a dejar el costurero a la mano.
