El otro día me
dio una lloradera y se me quedó un sollozo por dentro. De vez en cuando me
sucede. No es tristeza, ni alegría. No es distancia, ni es cercanía. No es
soledad, ni compañía. Es todo eso y
no es nada, a la vez.
No me preocupo
mucho, es una reacción hidráulica-emotiva-hormonal, que limpia y libera, y casi
instantáneamente vuelvo a las ensoñaciones, que es mi estado natural. No sé si
es un signo de salud mental o todo lo contrario.
Pero esta vez,
repito, se me quedó atragantado un sollozo y estuve varios días, con este
reflejo involuntario súbito, hondo
e inesperado, que deja una especie de sobresalto en el pecho.
Mis días
continuaron con esta crisis de sollozo, como si fuera un hipo pernicioso, hasta
que me inventé mi propia terapia.
Así como dicen
que para atacar el hipo uno necesita un susto, o tomar agua al revés, o
aguantar la respiración, pues decidí que para liberarse de un sollozo
obstinado, hay que convertirlo en suspiro.
Y para convertir
un sollozo en suspiro hace falta encontrar un momento de ternura.
Creo que los
momentos de verdadera ternura son escasos, porque el mundo está edulcorado,
sobresaturado de lugares comunes, frases hechas y sentimentalismos de los
cuales, por supuesto, yo no escapo.
Así que me puse
a la caza de un verdadero momento de ternura. Sin éxito, por supuesto.
Hasta que no
tuve más remedio que comentarle a mi esposo sobre este sollozo que tenia entre
pecho y espalda.
Su primera
reacción, preocupado fue, What can I do?
Yo le dije, nothing really, sin
entrar en detalles.
Entonces me
sirvió un trago, me trajo el
periódico, y me preguntó que si quería ir a España de vacaciones, o a Rusia,
cualquier cosa para contentarme. Pero el sollozo seguía allí.
Al rato, mi esposo me dijo I have a chisme. Mi esposo es el hombre más discreto del mundo. Considerando
que trabajamos juntos, tiene que ser así, la verdad, pero yo me muero de la
curiosidad y él nunca suelta prenda. Me la paso preguntándole, what’s
new? y siempre dice, nothing new.
Esta vez me deleitó
con un chisme fresco. El chisme, leía
hace poco, es el origen de toda la literatura. Confieso que el chisme captó mi atención absoluta y lo
escuché, fascinada, por un rato.
Después le dije,
pero why didn’t you tell me this before?
Así de bueno era el chisme.
Y me contestó, I just wanted to cheer you up.
Esto me pareció
lo más tierno del mundo.
Le di un beso, agradecida,
y en ese momento, solté un suspiro gigante, como si se desinflara una pena.
Así, con un
genuino acto de ternura, me liberé del antipático sollozo.
