lunes, 12 de marzo de 2012

LUNA DE MIEL

El fin de semana, no hice nada, y como leí una vez: el problema de no hacer nada es que uno no sabe cuando termina.

Anoche me senté a escribir sobre esa indulgencia suprema de no hacer nada un domingo. Pero no pude. La naditud era demasiado intensa y hasta las ideas y las ensoñaciones estaban de huelga. Además, escribir sobre no hacer nada, ya era algo, entonces solté la computadora y me puse a deambular por la casa, de aquí para all ,  asomándome a los cristales de vez en cuando, como una mariposa nocturna.

Lo de asomarme a las ventanas no es casual.  He estado  todos estos días pendiente de la Aurora Boreal, cuya actividad tuvo un pico enorme los pasados días. Justamente, el jueves tuve un encuentro breve y casual con las luces del norte. Un cielo verde fosforescente en el horizonte, que me provocó un latigazo de belleza en el corazón y casi me hace chocar.  Mi esposo no me creyó, porque cuando llegué a la casa ya no se veía, pues había mucha contaminación lumínica. Mis amigos sospecharon problemas con la bebida, porque venía de regreso de un “team building” en un bar.

Pero no quiero hablar mucho más de ese temblor verde que coloreó el cielo, porque me contamino de superlativos. Creo que las cosas mágicas no son efectistas, ni espectaculares, ni grandiosas. Son al contrario, humildes y delicadas, a veces imperceptibles. La Aurora Boreal es algo de mi infancia, algo que me enseñó mi hermano que en paz descanse,  algo sagrado. Para los aborígenes de Canada o “First Nations”, son los espíritus danzantes de familiares muertos. Yo digo, que es inútil buscarla (aunque sigo intentando); ella lo encuentra a uno, en el momento menos pensado, como la fe, como el amor, tal vez, otra vez… Y hasta aquí dejo el tema porque sino a mi hija le va a dar otro ataque de pánico.

Volviendo a mi nada, e intentando darle entrada a mi alma a esa condición humilde, delicada e imperceptible que tiene la magia, de pronto se abrió un pequeño espacio y reconocí tres cosas tontas que me dieron gran felicidad el fin de semana: Café con torta de chocolate, un impermeable amarillo que me compré en oferta (creo que Jackie "Casienserio"  tiene algo que ver con haber sembrado el amarillo en mi cabeza) y una tarde con el perrito Sancho que nos entregarán en tres semanas.

Y así de contenta con mi descubrimiento, y sin saber donde más revolotear dentro de la casa, por no dejar, volví a asomarme a la ventana y claro, no había luces del norte, sólo una luna enorme que parecía hecha de miel.

Esto me hizo recordar la frase de un famoso osito.

“Never underestimate the value of doing nothing”
Winnie Pooh

viernes, 2 de marzo de 2012

MAGIA EXPLOSIVA

Cuando era chiquita quería ser detective, periodista o doctora. Ahora, cuando sea grande, quiero ser escritora, pintora o pianista.  Actualmente soy aprendiz de todas las anteriores.

El piano y la pintura se me dan con bastante dificultad.  Para la escritura seria, no tengo la disciplina; para el periodismo, carezco de la meticulosidad investigativa, pero soy fundadora del periodiquito de mi proyecto en la oficina, que se llama PipeLines. En fin, creo que de todas esas profesiones, en la que hubiera sido más exitosa, si le hubiera dedicado los esfuerzos de toda una vida, sería la medicina, donde  también hay que ser un poco detective.

En mi casa me conocen como la Doctora Chimbina, porque me las doy (lo admito) de que sé mucho de medicina y doy opiniones, hago  pronósticos, recomendaciones. A veces acierto. En verdad me apasiona el tema y presumo de que tengo ojo clínico, quizás porque soy hija, hermana, sobrina, prima y tía de médicos, y algo queda. Mi  mama solía recetar a los pacientes de mi papa que llamaban por teléfono a la casa. Después de 56 años de matrimonio, ya se sabía de memoria los síntomas y los remedios. Hoy en día es mas fácil con Internet.

Mi momento mágico fue una tarea detectivesca que tiene que ver con la medicina. Lo busqué con lupa, en un día donde todo vestigio de magia parecía arrasado y  de repente llegó, convulsionante y súbito,  con una risa que borró todas mis tribulaciones del día.

La risa es la explosión de la magia.

Sucedió después de una visita de trabajo a las tierras gélidas del norte. Un lugar donde, como diría mi papa, no es que se murió un payaso de tristeza, sino que se murió el circo entero. En el avión de regreso, destruida, como trapo viejo,  mirando por la ventana, me preguntaba ¿será posible encontrar un momento mágico en un día como hoy? Madrugonazo, -17 grados centígrados, peleando con contratistas, sonriendo idioticamente, haciendo intentos de ser amable, cuando a veces me provoca estrangular a alguien. Me respondí a mi misma: No.

Cuando tarde en la noche, llego a la casa, el mundo es serio y grave. Cuando uno esta agotada física, intelectual y emocionalmente,  nada parece divertido.

En eso llegó mi hija, contándome su batalla diaria. Yo la escuchaba con la misma expresividad que un retrato de Andrés Bello.

De pronto, me comenta que había pasado mala noche, estornudando, congestionada y tosiendo. Como siempre, ella se espera mis preguntas diagnósticas: ¿te duele la garganta?, ¿tienes fiebre?, ¿te duele la cabeza?

Y yo más silenciosa que una roca.

Ansiosa, ella esperaba el tradicional sermón: es que comes muy mal. Eso es falta de vitaminas, falta de minerales, falta de proteínas, falta de fibra, falta de luz, falta de aire, falta de ….

Y yo muda.

Mama!! – insistió - Te digo que estuve estornudando y tosiendo toda la noche.

Yo le respondí  lenta y concisa:

Eso es falta de…… aspiradora.

Mi hija se quedó impertérrita por unos segundos, y después, soltó una carcajada burbujeante y sonora, con los colores del arco iris.

Como nada hay mas contagioso que la risa, en unos segundos la acompañé con la mía.  Y nos reímos las dos un buen rato, coloridamente.  De ahora en adelante, todas las dolencias que aparezcan en esta casa obedecen a la misma patología: Falta de aspiradora.

Al rato, volví a mi pregunta ¿será posible un momento mágico  en un día como hoy? Y, con mi lupa de detective, busqué minuciosamente, y de pronto encontré en las paredes de mi casa, retazos de colores, pedazos de risa. Las huellas digitales del arco iris.

Y como sé que el chiste no es tan bueno, para completar mi momento mágico les dejo este otro peor, que hace poco le contaba a un a buen amigo, que tenia una pena. Creo que al menos sonrió.

El médico llama a su paciente y le dice:
- Le tengo una noticia buena y una mala, ¿cual quiere oír primero?
- Comencemos con la buena – dijo el paciente.
- Bien. Llegaron sus resultados de laboratorio, y lamentablemente, le quedan tres días de vida – dice el medico.
- Doctor, ¡no puede ser… no puede haber nada peor que eso! - dice el paciente alarmado - ¿entonces, cual es la noticia mala?
- Que he estado tratando de localizarlo desde hace dos días…

domingo, 26 de febrero de 2012

COLECCIONISTA DE MUNDOS




 …¡Ya no hay espacio para los mundos! ¿Por qué no cambiamos de lugar los mundos?  Los mundos están muy desordenados y polvorientos. Congestión de mundos...Disculpen la cacofonía, pero es que me encanta el juego de palabras.

Mi esposo es coleccionista de mundos.

Hace poco fue su cumpleaños y quise regalarle algo especial. Generalmente sus regalos son vergonzosamente mejores que los míos, él es un regalador por excelencia y siempre da mucho más de lo que uno espera. Y esto aplica no solamente a los regalos. Es la lección de generosidad que recibo de él todos los días. El año pasado, no diré cuántos, aunque ya es vox populi (tarde me enteré, que la mejor manera de conservarse joven es mentir sobre la edad), Meen me regaló el mismo número de regalos que los años  que estaba cumpliendo. Me pasé el día entero abriéndolos, calculen. Los esposos de mis amigas lo odiaron por sentar dicho precedente. ¡Fue el mejor cumpleaños de mi vida! A veces creo que este blog es un tributo al amor que nos tenemos porque no dejo de nombrarlo,  pero gracias a Dios que él no lo lee, por ser en Español,  porque me diría muy serio: Stop it!!!

Recorriendo las tiendas, la verdad no conseguía nada lo suficientemente especial. Busqué afanosamente sin éxito,  hasta que, ya cuando estaba a punto de comprarle un suéter,  me topé con el mundo perfecto.

 Un globo terráqueo sobre una base de cristal, la cual mandé a grabar con su nombre y un símbolo de infinito (∞) y el cual, por los misterios de la ciencia infusa, da vueltas al ritmo de nuestro planeta, utilizando energía lumínica (no necesariamente solar). No voy a entrar en detalles sobre la teoría del magneto, la no fricción, Coriolis, que a él, por cierto, le produjeron enorme fascinación, pero  el hecho es que acerté, o como decimos nosotros, por fin la pegué y a Meen le encantó su nuevo mundo, que colocó sobre la chimenea, junto con el resto de las cosas que nos definen. 

El que quiera conocernos, solamente tiene que descifrar los objetos que viven sobre la chimenea. Les dejo las claves como acertijo: un Beso, Don Quijote y Sancho, la mano de Buda, un torito español, un nudo africano que enlaza todo lo anterior y ahora, un mundo en movimiento perpetuo, como el amor.

Decidí que este iba  a ser mi “momento mágico” de este fin de semana, y le dije a mi hija: ”Por favor tómale una foto a todos nuestros mundos” . Tarea titánica, porque a lo largo de los últimos 13 años, nuestros mundos, los de la colección y los que han pasado por nosotros, geográficos o no, quizás estos últimos los mas interesantes, han crecido una enormidad

Al final concluyo que, aunque este año le regalé un mundo perfecto a mi esposo, es él quien me lo regala a mi, todos los días de mi vida.

martes, 21 de febrero de 2012

PALO DE AGUA

Desde hace un par de días he notado un ruido, más bien un murmullo, de tendencia suave y calmante, dentro de mi cuerpo.  Un rumor regular, íntimo  y  monótono, audible no sólo en el oído, sino en toda mi humanidad. Como si me hubiera convertido en un sonajero, o en uno de esos bambúes llenos de semillas, que al moverlos simulan la lluvia y que llaman “Palo de Agua.”

Mi hermano, eminente  cirujano y otorrinolaringólogo, ya me hubiese mandado a hacer un examen de audición, o me hubiera dicho, como ya lo hizo una vez, que, ya a cierta edad, uno no es víctima del Alemán (Alzeimer), sino del Italiano, Franco Deterioro. La verdad, tengo unos hermanos muy chistosos.

El caso es que inclusive hoy, después de una semana de vacaciones en la hermosa Republica Dominicana, regresé a la oficina, con una muy extraña sensación de serenidad interna. En todo el día, nada logró sacarme de quicio, ni los trescientos cincuenta emails pendientes pudieron evadirme de mi gentil estado de vaivén interno.

Hace apenas minutos, pensando en mi  “momento mágico” de esta semana, caí en cuenta que  ese rumor que se me quedó instalado  y meciéndose por dentro, es el Mar. Ese que tenia muchísimos meses sin mirar, sin sentir ni presentir, pero que mi alma caribeña extraña, y sueña, y ansía, con devoción de eterna promesa, que por fin se cumplió. 

En fin, sumida en esta especie de ingravidez de burbuja o de laberintitis, comencé a elucubrar sobre los sonidos que uno guarda por dentro a lo largo de la vida, los más triviales, los más prosaicos, los más exquisitos.

Abrir la reja oxidada de un jardín.

La puerta en la madrugada: la paz que avisa la llegada de los hijos.

Los sapitos de la noche caraqueña, el “perfecto silencio.”

El rebote de una pelota o de la infancia.

El sonido de los ayeres irrecuperables.

Me maravillo de la fineza del sentido del oído. Por algo dicen que es el ultimo que se pierde y por eso hay que hablarle a los moribundos aunque parezca que no nos escuchen. Yo creo que sí lo hacen, y con concentración azul acetileno.

Entonces, recordé una frase que leí hace muchísimos años. No me acordaba del autor, pero esta vez la “Googuelié”  y pude identificarla. Voy  a hacer esto más, dada mi condición debida al Italiano, que hace que se me olviden las fuentes. Esta frase que me tocó profundamente en aquella oportunidad le pertenece a mi muy respetada escritora chilena Isabel Allende. 

Aquí se las dejo, junto con mi  rítmica y sedante sensación de Palo de Agua. Es mi momento mágico del día. Espero los deje vibrando.

“La vida es puro ruido entre dos silencios abismales”
Isabel Allende

jueves, 9 de febrero de 2012

PINTURA BLANCA

Anoche no podía dormir e intenté poner la mente en blanco. Por más que trataba, no  lo conseguía. Ese asunto de la meditación y el yoga, no se me da muy bien.  Por mi cabeza desfilaban los números del cashflow, las curvas de progreso, la presentación, $ aquí, % allá, informes.  En resumen: la manera más absurda de perder horas de sueño. Como siempre digo, seguramente de alguna frase que leí por ahí: nadie en su lecho de muerte se arrepiente de no haber pasado más tiempo en la oficina. 

Resolví intentar una estrategia novedosa para lograr ese estado de blanquedad mental. Me imaginé que tenía una brocha con pintura blanca y cada vez que aparecían las descaradas cifras e histogramas desfilando por mi cabeza, las iba cubriendo con pintura blanca.  Veía el reloj, las 2:00 AM. 3:00 AM, 3:30 AM y yo exhausta,  con la brocha de pintura en la  mano, sin que mis impertinentes pensamientos se sintieran intimidados en lo más mínimo. Los irrecuperables minutos se ahogaban en la distancia. Alguien dijo, no hay lugar más lejano que un minuto atrás, y yo alli, viendo el tiempo alejarse a cuenta gotas.

Así que cambié de táctica y para poner mi mente en blanco decidí pensar en cosas blancas. Como si estuviera ensartando un collar de todas las cosas blancas que se me fueran  ocurriendo. Y así empecé:

Nieve, nube, espuma del mar,  azúcar, sal, arroz, harina, huevo, leche, crema, queso crema, queso de telita, guayanés, palmita, palmizulia, nata, arepa, guanábana por dentro, rábano por dentro, un papel, lienzo, perla, colmillo de elefante, el blanco del ojo, raya blanca de una cebra, luna, el alma de un niño, una mentirita, la mente de un yogui, las siete estrellas de mi bandera, el perro Nevado de Bolívar y su caballo, las patitas de Sancho, la manchita en la frente de Sancho, una sonrisa, la  honestidad, un vestido de novia, las magnolias, nardos, azucenas, rosas blancas, azahares, osos polares, pétalos de una Margarita, fantasmas, sabanas de hotel, toallas de hotel, caracoles, blanco titanio de  mi caja de pinturas, alas de ángel, rayas peatonales, estrella fugaz, paloma…

Al fin, cuando tenía un collar como de tres vueltas de cosas blancas, creo que me dormí. Pero sólo brevemente, porque entonces ocurrió lo más curioso,  comencé a soñar que había pintado al mundo entero de blanco. Como si mi mente, con una brocha gigante hubiese cubierto todo: gente,  ciudades, carros, océanos, las aceras, hasta los pensamientos. 


Entonces comencé a angustiarme. Como si hubiera borrado el mundo  Me asusté, quería escapar de ese sueño, pero estaba nadando en un blanco espeso, una especie de nada viscosa.  Un mundo blanco donde no pasaba nada.  Un mundo aterrador.

Entonces me desperté sudando frío.

4:00AM y en el punto de partida. Ya demasiado cansada para intentar dormir, aunque suene paradójico, decidí  esperar pacientemente por un nuevo amanecer.

Si eso es tener la mente en blanco, creo que prefiero el insomnio. Aunque en verdad, no hay nada que temer,  creo que jamás podré lograr la blanqueza mental.

De toda esta inquietante experiencia nocturna al menos me quedó un interesante collar de cosas blancas...  

...yogurt, un tigre albino, la arena de Morrocoy, tiza, el vino, la conciencia de un santo, la mirada de quien te ama…

martes, 7 de febrero de 2012

TERAPIA DE CAMPANAS


No hay verso ni guitarra que me alegre hoy…

“Sentida Canción”. Creo que he escuchado este poema musical de Henry Martínez, unas infinitas veces,  en la prístina voz de Cecilia Todd.

Es una gran canción, una historia enigmática, cuyos versos entran en resonancia con algún sentimiento escondido mío…Serena te cantaré mis verdades... como si descubriera algunas mías.

En estos días, en mis  reflexiones  en el carro, atrapé al vuelo precisamente esa frase musical…No hay verso ni guitarra que me alegre hoy...  Y no es que me sienta así, porque hay que estar perdido en una gran tristeza para no conmoverse con un acorde de guitarra o con una invitación a “soñar caminos”, como dice el verso de Machado.

Pero si he de admitir que han sido algunos días raros, con algunas nubecitas aquí y allá, pasajeras, sí, pero días desinflados, contrarios a esa otra canción de …hoy todo me parece más bonito, hoy canta más alegre el ruiseñor…

Y sin embargo se mueve... Eppur si muove. La magia, digo.

Con la excusa de que  había que estar en paz, pues visitaríamos a nuestro  futuro cachorrito de apenas tres semanas  de nacido, y la criadora nos advirtió insistentemente que son aún muy delicados, y  en vista de estos días tensos,  pues decidí limpiarme el aura, a mí y a todos en la casa. A veces uso incienso, otras invento alguna pócima, esta vez decidí hacerlo con una terapia de campanas. No se si eso existe como tal, pero en Asia y en algunos pueblos de Latinoamérica, esto es común. De hecho esta campana la compré en México.

Los agarré a todos, les dije que extendieran los brazos y los cubrí con unas campanadas de hierro pesado,  sonoras y contundentes, de esas que se sienten hasta en las muelas y sacan las penas.

El novio de mi hija, me miró sorprendido, pero aceptó de buen agrado sus campanazos. Así, limpios, nos fuimos a conocer al futuro Sancho, bautizado así en honor al fiel compañero de aquel hombre de “lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”.

No voy a entrar en detalles sobre la insospechada maravilla de tener un cachorrito entre las manos,  de sentir algo tan vivo y tan frágil,  porque no quiero aburrir. Fue muy lindo, si. Mi esposo, en verdad no necesitaba campanadas, el tiene alma de cachorro, y el futuro Sancho se acostumbró a sus manos en segundos, igual que yo.

No se si fue el contacto con los perritos, los campanazos, o simplemente casualidad, pero  camino al supermercado, volvió a sonar por enésima vez la  Sentida Canción, y esta vez, pues me expandió el alma la frase …Ay...mi grande amor… soñábamos un sueño y se soñó…

Aquí estoy, con mi “grande amor”, haciendo planes de Sancho y soñando caminos… juntos…

 Hoy todo me parece más bonito… otra vez…

viernes, 27 de enero de 2012

MAGIA BLANDA

Hoy viví un breve, pero monumental, episodio de vergüenza, digno de un sketch de comedia. Desde el mediodía no he dejado de pensar en esos infinitos cinco, ridículos y denigrantes, minutos. Los he reconstruido mil veces en mi cabeza. Mi esposo se ríe y me dice: “Let it go…” y después vuelve a reírse. Y yo vuelvo a repetir el instante en mi mente, lo actúo en el espejo, y el trata disimuladamente de contener la risa y poner su británica cara de “cup of tea”.

Mi propio hijo, cuando se lo conté por mensaje, me respondió con un “jajajajajajajajajajajajajaaa……” kilométrico.

Pero no lo voy a contar.

Así es,  se quedarán con la curiosidad, porque este blog es de momentos mágicos, no de situaciones embarazosas  y mucho menos como ésta, de dimensiones colosales.

Esta semana había sido gris; buscando afanosamente algún momento digno de ser reportado, sin conseguir ninguno; y eso que ya pasó el frío y hacen unos -5 grados de lo más placenteros.

Desalentada, me decía a mi misma esta mañana, que ya he escrito sobre los esplendores del cielo, sobre la música con olor a naranja, sobre las hadas que a veces me visitan, sobre desmenuzar la lluvia,  sobre amar a la luminosa nieve, sobre libros que flotan, marionetas que toman vino, bolsillos misteriosos, hombrecitos que corren en los bosques… En fin, sentí que me estaba poniendo blanda, repetitiva, new age trasnochada,  horroroso libro de autoayuda, cliché, poco original, obvia, tediosa, aburrida, fastidiosa.

Entonces deseé con toda mi alma un momento intenso. Algo  radiante y novedoso, que me removiera, y así poder compartirlo.

Mi deseo se cumplió. Y de la peor manera. Tenia tiempo que no me sentía tan “intensamente” humillada.  Tan “intensamente” y eficazmente golpeada en lo más profundo de mi ego.  Y mi esposo sigue riéndose……

Debo reconocer que mi deseo de intensidad se hizo realidad, mágicamente…

Entonces tomé una humilde decisión. Como dijo James Barrie,  autor de Peter Pan, perseguidor del aire con una red de atrapar mariposas, en una de mis citas favoritas:

“La vida es una larga lección de humildad”

Después de que mi ego quedó, hecho trizas y devastado en solo cinco minutos, mi simple decisión es que vuelvo a mi magia blanda; a los colores que se despiertan en mi  cielo cada mañana; a una íngrima estrellita, como yo a veces,  que me acompaña en el camino a mi casa; a un poema que un duende de la oficina dejó en mi silla;  a una caminata hacia el río con dos buenas amigas; a la espera de Sancho; al jajajajajaja infinito de mi hijo y la risa disimulada de mi esposo. Mi magia es tenerlos cerca…

Todas estas pequeñas cosas pasaron por mi corazón esta semana, y yo deseando más….

Le declaro la paz a mis divinas blanduras.