sábado, 12 de noviembre de 2011

EL Angel y el Vestido

Estoy bloqueada y todo por culpa de un vestido que compré y que no sé si quedármelo o devolver. En otras palabras, desde ayer, he estado en la tricúspide de la necedad, el narcisismo y la frivolidad. Hasta que, hace minutos,  estando allí, en esas cumbres, un pensamiento de otro mundo voló ante mí como un ave serena y majestuosa.

Descendí de esas alturas estrepitosamente con un sollozo de dolor. Esa ave gloriosa era un recuerdo, era ella, mi amiga Gloria. que se fue a volar a otros cielos,  el pasado mes de Junio. Entonces, tuve una pequeña batalla conmigo misma, de la que salí victoriosa, gracias a ella. Les cuento.

El vestido es bello y caro. Mi esposo lo aprobó con entusiasmo, pero yo a él no le creo. Si me pongo un saco de papas encima, a él le parece diáfano. Otra razón para amarlo, por supuesto.

Hoy salí dispuesta a devolverlo, mi esposo se negó, pero es que me parece que es muy ajustado y la verdad no me siento cómoda. Yo no me conformo con vestirme “según mi edad”, es decir recatada y conservadoramente, es aburrido, pero en este caso, no  estoy segura. Una vez leí que uno debe vestirse, no de acuerdo a la edad, sino de acuerdo a su cuerpo (que no es que ayude mucho) y el consejo mas importante que he considerado respecto a la moda es que uno tiene que vestir su verdad o “dress your truth”.

Hoy volví a probármelo, con medias, faja casi a punto de colapso circulatorio, tacones y accesorios. En fin, he estado dos días en este ridículo dilema del vestido. Leo una página.. el vestido.. converso sobre la eurocrisis…. el vestido… ¿qué vamos a cenar?... el vestido…limpio, cocino… el vestido… las elecciones, Chavez… el vestido...

Entonces, fugazmente, como un silencio de esos en que pasan los ángeles, se presentó inesperadamente, el recuerdo de mi amiga  Gloria, que murió trágicamente en un accidente de moto, hace cinco meses apenas. Me vino a la mente la fiesta de Navidad del año pasado; ella con su vestido rojo, hermosa, con su silueta menuda y su porte elegante, sonriente y feliz del brazo de su esposo.  Compartimos mesa, criticamos algunos atuendos de la concurrencia canadiense, nos reímos y bailamos, I will Survive, que ironía…

Entonces, fue como si de la cumbre de la necedad en que me encontraba,  me lanzaran en un ascensor en caída libre.  Allí, en el sótano, quedé hecha añicos junto a los escombros de mi egoísta y pequeño mundo. Cuestioné todos los problemas tontos que uno se inventa, hasta me peleé con este blog, y mis momentos mágicos que al final son un compendio de anécdotas irrelevantes que a nadie interesan. Al diablo con el vestido, tengo una pila en el closet que apenas me he puesto. Y me quedé un buen rato pensando en el momento en que recibí la noticia de su trágica muerte. Cuatro o cinco palabras que la borraron del mundo. Todavía a veces, no lo puedo creer.

Le conté a mis esposo sobre mi bloqueo, de mi súbito recuerdo de Gloria y de lo mal que me sentía por lo vacío y superficial de mis pensamientos. Yo, que quiero creer que soy profunda y elevada.  ¿A quién engaño?

Mi esposo dijo que necesitaba lubrication. Para los malpensados  eso significa un trago.  (confieso que a mi también me tomó desprevenida la propuesta)

M. me sirvió mi acostumbrada copa de vino y entonces decidí escribir.

Ya con un vino entre pecho y espalda, me dediqué a recordar a mi linda amiga colombiana Gloria, a su hijo, que es un buen amigo del mío y en cuya sonrisa la encuentro a ella, cada vez que lo veo  a él en la oficina. Me vinieron a la mente las innumerables conversaciones en el Café, casi siempre temprano en la mañana. Conversábamos sobre los hijos, sobre el estar casada con un extranjero, sobre nuestras vidas aquí después de haber dejado nuestros países; y muy especialmente sobre la moda, vestidos, zapatos, carteras. Ella siempre tan linda, con la botas más estilizadas, sus bufandas, su figura de maniquí que hacía que todo lo luciera con gracia.

Entonces, me reconcilié con mi propia frivolidad, mi narcisismo, mi ocio, el que quisiera cultivar más a menudo.  Como he dicho en otras ocasiones, en nuestras vidas imperfectas, todo eso es importante. 

Yo escribo mis momentos mágicos, es mi manera de expresarme, pero a la gente  en general, no le hace falta escribirlos, sencillamente los practica. Algunos en la cocina, otros en la danza, en la fotografia, con los hijos, en el bordado, en sus trabajos, en los viajes, en las fiestas.

En mi vida ermitaña canadiense, las redes sociales, que al principio consideraba justamente la revolución del ocio, la frivolidad y el narcisismo, son hoy en día mi ventana al mundo y me encantan. Quizás porque yo soy todo eso, y un poquito más. Allí me divierto con la magia cotidiana y familiar de los demás.

Querida Gloria,

Qué triste va a ser no tenerte este año en la fiesta de Navidad.

En tu memoria, creo que voy a conservar el vestido y a hacer un poco de dieta de aquí a Diciembre. Seguro que me hubieses dicho, que qué bonito vestido, tu eras así de bella.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Magia Portátil

Mi querido hermano Rafael, que en paz descanse, decía que “hay tres signos de envejecimiento: El primero es la pérdida de la memoria...y de los otros dos no me acuerdo”. 

No se cuántas veces he repetido ese chiste, pero me encanta. Mi hermano era un hombre sencillo en su manera de vivir, pero de exquisito intelecto y excepcional sentido del humor. Como dijo un autor irlandés que murió hace un año o dos (creo), “el intelecto de un hombre es su palacio”. Mi hermano tenía el suyo,  y lo más bonito, era que lo habitaba con humildad. Jamás, hizo aspavientos de sus conocimientos, sólo si venían al caso. Es la diferencia, entre ser un aburrido y repetir la información leída, o manejar el sublime arte de la buena conversación. 

El chiste de mi hermano viene al caso ahora porque, aunque tengo buena memoria para las frases o imágenes que me han impactado, casi siempre se me olvida el autor o la fuente. Sin embargo, me cuido al menos de mencionar que las leí en alguna parte, pues, no soy tan original, y para condimentar mis escritos tengo que apoyarme en los demás. Nada molesta más que el plagio, pero, hace poco también leí, que “si uno se copia de un autor es plagio, pero si uno se copia de varios autores, es investigación”. (just kidding)

En fin, titulo mi “momento mágico” de este fin de semana con una frase extraída de una cita que, si mal no recuerdo, creo que leí hace mil años, en el libro de Stephen King, “On Writing” ( el único libro que he leído de este autor) que dice que, ”los libros son la magia mas portátil que existe”.

Si tuviera la dicha de trabajar para un periódico, o revista comentando libros,  en vez de trabajar para una petrolera canadiense, llamaría mi columna así: “Magia Portátil" y que me perdone Steve.

El placer de la lectura no es nada nuevo para mi, pero este fin de semana lo comprobé.

Como he dicho otras veces, mi esposo británico, el ser más inteligente que he conocido en mi vida y adicto al Sudoku, es hombre de pocas, pero poderosas palabras. A veces, le digo, sin ton ni son: “Tell me something” y él se pone nervioso, y yo me divierto.   El otro día le dije que el Sudoku es gimnasia para su cerebro, pero que no genera temas de conversación.  Dicho esto nos enfilamos a “Chapters” y entre los dos, nos gastamos una pequeña fortuna en libros.

En esta mágica noche de domingo, me acabo de dar cuenta que, este fin de semana, estuvimos desaparecidos. Y es que leer lo desmaterializa a uno. Se vuelve uno sustancia intangible e invisible.

Quien se hubiera asomado a nuestro rincón de lectura este fin de semana, lo que hubiese visto eran dos libros flotando, las páginas pasando acompasadamente; un gin tonic volador y una copa de vino ingrávida, moviéndose de vez en cuando hasta el bar para ser renovada, como la fe.

Y es que estábamos los dos perdidos entre las letras, en otros mundos muy diferentes, (tenemos gustos literarios radicalmente opuestos). El leyendo por qué los ingleses han odiado por siglos a los franceses y yo deleitándome con Murakami.

Más tarde, cuando nos materialicemos de nuevo y se me antoje decirle: “ Tell me something”, nos sumergiremos en otra deliciosa y profunda conversación, intercambiaremos sueños y seguiremos construyendo nuestro palacio.

martes, 1 de noviembre de 2011

Meditando mi paisaje interior o la cura del insomnio

Cuando me preguntan que cómo amanecí, respondo: Bueno, estaba dormida y me desperté. Me encanta ese chiste que solía decir un compañero de trabajo en Venezuela. Pero hace unos días, amanecí con el titulo de mi próximo momento mágico en la mente: Meditando mi Paisaje Interior.


Pensé que seria un escrito muy poético, así que le concedí todo el fin de semana para que se gestara. Pensé que, así como uno contempla un paisaje marino, o de montaña y uno se extasía, y se reverencia, y se siente uno pequeño ante tanto cielo o ante tanta agua, y uno participa en confidencia del misterio y de los secretos del universo y uno quisiera guardarse esas bellezas en los ojos para contenerlos por siempre, y uno es testigo de la vehemencia de la naturaleza, y uno se exalta y se conmueve y a veces hasta llora. Pues así mismo pensé, que meditar mi paisaje interior seria una experiencia  grandiosa, iluminadora, gratificante y placentera. Lo que nunca pensé fue que estaba fraguando algo mucho más importante: la cura para el insomnio.


Estuve todo el fin de semana esperando el momento del parto cósmico para poderlo compartir con mis escasos pero maravillosos lectores. Nada.


Sucede que ayer lunes, tenía que salir de la casa a la inhumana y torturadora hora de las cuatro de la mañana, para ir al lugar más desangelado del mundo, donde hasta los pinos son feos, larguiruchos y raquíticos, incapaces de echar raíces en esas tierras ácidas del Norte.


Por supuesto, la noche antes de viajar, me posee el insomnio. Siempre me pasa. Vueltas y mas vueltas y no duermo nada. Sin embargo, cierta  vez un desconocido, me dio el mejor consejo para el insomnio  que he escuchado en mi vida, y es que, si uno ya se resigna a que es imposible dormir, pues al menos uno puede decidir descansar.  Y eso mismo me dije el domingo en la noche, y para descansar, me propuse “Meditar mi Paisaje Interior” Una buena manera de relajarme y trabajar mi momento mágico, al mismo tiempo.


Me metí en la cama, leí un par de páginas del Cuaderno de Maya ( el cual tengo que devolver),  le di el Good night a mi adorado esposo y me sumergí en los laberintos de mis acontecimientos internos. Quise conocer esos países de adentro, esa arquitectura llena de vericuetos, buscar la esencia de mis latidos, de mi historia, de mis lluvias, de mis ventanas, de mi amores, de mis despedidas. Me perdí en mis divagaciones y sin percatarme,  caí derrotada. Me dormí.


Hoy me doy cuenta que eso de meditar el paisaje interior no es tan sencillo. La humanidad, desde que el hombre es hombre, ha estado tratando de recorrer ese paisaje. Yo lo intento a diario, con mis meditaciones impulsivas.  Entendí   incluso que eso de “Meditaciones Impulsivas”,  es un “oximoron”. Meditar requiere de tiempo, disciplina y paciencia, cosa que yo no tengo, pero igual me gusta el titulo, me obsesionan las contradicciones. Al final, como dije cuando empecé este blog. Yo no escribo porque tenga gran cosa que decir, sino mas bien porque tengo mucho que descubrir.


Victor Hugo lo expresó magistralmente en una frase que me regaló hace tiempo mi amigo húngaro, sublime escribidor de la luz, TO:


“Hay un espectáculo más grande que el mar que es el cielo; hay un espectáculo más grande que el cielo, que es el interior del alma”.
Victor Hugo. "Los Miserables"

viernes, 28 de octubre de 2011

La Marioneta


Todas las tardes, después de la oficina,  llego a la casa y colapso en mi sillón como una marioneta a la que cortaron los hilos. Cuando cae el sol, mi esposo y yo, abrimos el bar, es la hora oficial del “sun-downer”, es decir el trago de cuando el sol "goes down".

Estos últimos días,  mi esposo se sentía muy preocupado porque yo estaba tomando menos que de costumbre (qué paradoja), y una sola copa de vino me duraba toda la velada. Ayer, con un Eureka, caí en cuenta del por qué me estoy alejando de la bebida, literalmente, y  pegué un grito, como si hubiera descubierto la piedra filosofal.

Mi esposo, del susto, casi se guindó de la lámpara como un gato. 

Resulta que, hace poco, cambiamos la distribución de los muebles y ahora la mesa donde apoyo mi trago me queda más lejos.  Para agarrar la copa tengo que incorporarme y extender el brazo telescópicamente. Esto representa un esfuerzo enorme para cualquier marioneta que se precie.

Nos reímos un buen rato. Y dijimos al unísono que esto era un “Magic Moment” Se ha vuelto una rochela lo de los “Magic Moments”, pero me gusta, porque ahora todos en la casa estamos atentos.

Mi esposo procedió a acercarme la mesita para que la copa estuviera a un brazo de distancia, ni más ni menos.

Ahora que está todo en orden otra vez, puedo proceder a mi momento mágico serio del día.

También me gustaría hacer una aclaratoria, y es que me di cuenta de que en mis textos intercalo muchas palabras en inglés, cosa que siempre he detestado, pero que lamentablemente, se me ha convertido en un pésimo hábito. No lo hago por esnobismo, ni es mi intención envilecer el idioma que tanto amo. Se ha vuelto una mala costumbre porque así me comunico con mi esposo, es otra forma de ley de mínimo esfuerzo. Ni él quiere hablar Español, ni yo Inglés todo el tiempo. Es un buen “compromise” y ya lo hice otra vez.  Espero no lo tomen a mal. No se si pueda prometer evitarlo.

He aquí mi momento mágico serio.

Cuando la gente me pregunta que cómo amanecí, les respondo: ”bueno, estaba dormida y me desperté”. Me encanta ese chiste, que solía decir un compañero de trabajo en Venezuela. Pero hoy me desperté con el título de mi momento mágico apenas abrí los ojos: “Meditando mi paisaje interior”.

Así va a comenzar mi próximo “Magic Moment”, que espero seguir meditando el fin de semana. Perdón, pero la marioneta necesita su “sun-downer”

martes, 25 de octubre de 2011

Sindrome de Piñata

Siempre le digo a mi esposo que yo sufro del síndrome de la piñata, porque cuando voy de compras, me encanta llegar a mi casa y abrir una bolsa con muchas cosas útiles (e  inútiles) que no sirven para nada, que me exaltan, me enajenan y me dan placer. Como me enseñó uno de mis escritores favoritos, el cual descubrí gracias a mi buena amiga MM a quien le doy crédito por su buen gusto literario, Haruki Murakami, “en nuestras vidas imperfectas, las cosas sin importancia son importantes”, algo así.  Con esa frase me reconcilié con mi absoluta falta de practicidad, mi cualidad favorita. Esa máxima fue una epifanía, una liberación, porque aunque quisiera ser minimalista, soy mas bien maximalista y en mi casa ya no caben los cachivaches. Sin embargo, esta verdad entró en conflicto con otra frase que leí hace poco en un libro de Bioy Casares, “la vida me enseñó, que el amor por las cosas, como todo amor no correspondido, a la larga se paga”. Estoy intentando reconciliar estas dos verdades, tampoco uno se puede apegar a los objetos, a ellos no les importa, es una perdida de energía, un desperdicio de amor…

Pero como ya basta de análisis y melancolías ( mis dos últimos escritos han estado horrorosos), en un ánimo más liviano, y considerando que estos días no me ha pasado nada  realmente notable,  ni siquiera nada ligeramente relevante, pues decidí sentarme a abrir una bolsita de piñata,  y jugar un rato con las cosas insignificantes y maravillosamente inútiles de estos días pasados, que el invierno va acortando lentamente, sumiéndonos en una intimidad densa y violeta, deliciosa.

En  mi bolsita encontré un hilo de aceite. Dios mío, como he pensado en ese hilo! Me sucedió intentando seguir una receta, y como primera vez que ponía en práctica esa técnica (agregar el aceite en hilo),  fue como jugar con un gurrufio.  El aceite se transformó en una especie de elixir de oro, que realizó la alquimia de una vinagreta y de mi ensoñación.

Después conseguí, milagrosamente en mi bolsita, una buena conversación. Sucedió hace unos días cuando celebrábamos el primer chorrito de petróleo, después de cinco años de trabajo. Mi esposo era el anfitrión, es su proyecto, así que nos quedamos, como siempre, de últimos en el pub.  Cuando ya pensábamos que era hora de irnos, llego un rezagado, B., un muchacho irlandés, encorvado, con anteojitos y super tímido. Mi esposo no aguantó dos pedidas para acompañarlo con otra Guiness, y así empezó una conversación de alto calibre intelectual, Guiness con pasapalos de Oscar Wilde, Bernard Shaw,  James Joyce. Llegué a la casa a releer el monólogo de Molly Bloom, lo único que he logrado digerir del Ulises de Joyce. Un placer raro que recomiendo. Creo que esto fue de lo mejor de la piñata, como las cajitas de sorpresa.

De mi bolsita salió una plumita, seguramente de la almohada y que alguien sacó de mi pelo y voló graciosa y leve, como una nubecita.

De la bolsa también surgió el piropo de mi hija por mi cuadro. El mismo que he estado pintando este mes de Octubre y que quedó como un adefesio. Ayer por fin lo develé y lo dejé en el sótano. Cuando mi hija lo vio me dijo: “Me gusta… no para guindarlo.. pero me gusta… es mi abuela”.  Concuerdo con ella totalmente, el cuadro va directo al garaje, pero de alguna manera también me gusta.

De mi bolsita sale el café de la mañana, el cup of chai de la tarde, el vinito de la noche,  que mi lovely husband me ofrece todos los días de mi vida, yo le preparo la cena que el agradece efusivamente, no matter what; es el intercambio de “small kindness” que constituye nuestra aburridísima y plena vida cotidiana. Mi hija me dice que deberíamos salir más y es que yo encuentro que mi sillón es el lugar mas interesante del planeta.

En fin, mi bolsita esta full.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Cicatrices Inconsolables

Hoy es el Día Mundial del Cáncer de Seno, así que decidí asomarme de nuevo a mi propia cicatriz,  la misma que hace 17 años, cuando me operaron de un tumor en el seno derecho,  me parecía inconsolable.

Hoy, después de tanto tiempo, la busqué en mi piel, en mi alma y en mi memoria.

No la encontré. El amor se encargó de borrarla.

Amor vincit omnia
El amor todo lo conquista.

Es mi momento mágico del día.

domingo, 9 de octubre de 2011

Octubre: Un Estado del Alma



Tenía días sin escribir y no por falta de momentos mágicos sino porque Octubre es un estado particular de mi alma.  Para darle la importancia que merecen a esos pequeños detalles, que llenan mis rincones internos, los mencionaré antes de intentar descifrar ese fluido misterioso que me envuelve durante mes de Octubre.

Esta última semana recibí muchos regalos inesperados: de mi amiga de Chile libros  en Español,  clásicos de la literatura, Camilo José Cela, Adolfo Bioy Cáceres,  y un préstamo, el más reciente de Isabel Allende, El Cuaderno de Maya ¡que placer!; de mi amigo tailandés, un portamonedas con elefantes y un salero y pimentero, también con elefantes, que me trajo de un viaje a su tierra;  de mi vecina, un ramillete de espigas de Lavanda, antes de que las mate el invierno;  de la mama del novio de mi hija, suspiros caseros y turrón de chocolate; y por último, de mi amiga maracucha, el regalo de caer en cuenta, una vez más, de su característica intrínseca de servir y regalar bienestar, sin el menor egoísmo. Todo me lo resuelve: indigestión, peluquería, asuntos legales, inmobiliarios, vehiculares, estéticos, espectáculos, religiosos.  Les doy las gracias a todos, mi mes de Octubre no podría haber tenido mejor comienzo.


La razón de la atmósfera lunar que me envuelve en este mes,  es simple, pues el día 21 de Octubre mi mama cumple dos años de que se despidió de este mundo. El año pasado lo pasé triste, triste, triste.  En aquel entonces le escribí un poema “ Una Mujer Alegre”, como la definió el jardinero de la casa, con la diafanidad que sólo habita en los inocentes, y un jardinero, por definición tiene que serlo. 

Con ese poema puse fin a mi duelo. Como nos dijo una psicóloga, hace poco en una charla llamada “The Science of Happiness”: al cabo de una año de una enorme tristeza, como perder un ser querido, o de una inmensa alegría, como ganarse la lotería, las personas vuelven a su estado natural de felicidad o infelicidad. Otra de las cosas importantes que dijo la psicóloga fue que, en la vida no hace falta tener las mejores cosas, sino hay que hacer lo mejor, de las cosas que uno tiene. Por fin, algo interesante en uno de estos mega-aburridos “Offsite” de la oficina.

Volviendo al tema de Octubre, el recuerdo de mi mama,  no es sombrío, ni triste, sino al contrario, es alegre y colorido.  Ya no lloro su ausencia, sino que la invoco en su sabiduría silvestre y la sueño con mucha frecuencia.  Ya no me duelen los recuerdos de tiempos pasados, sino que los honro. Sin embargo, no lo puedo evitar, el mes de Octubre tiene para mi una sonoridad melancólica, como una pieza de Bach que me enseño mi profesora M., y que sólo me gustaba tocar en los días lluviosos. Ella sabe cual es.

Con todo esto en mente comenzó mi proyecto de este Octubre contemplativo: Un  ambicioso proyecto pictórico. Ambicioso, porque tengo en la mente exactamente lo que quisiera pintar, pero siempre fallo en la ejecución. Mi arte, como yo lo defino, es “ Arte mamarracho”. Hay una delgada, pero casi infranqueable línea que separa el arte, del resto de los mortales y yo me mantengo detrás de esa línea, por desgracia.  No importa cuánto lo intente.

En fin, ayer armé mi caballete, saqué mis pinturas, coloqué el lienzo enorme ( lo mío es arte mamarracho masivo) y me estuve todo el día de ayer pintando un homenaje a mi mama. El cuadro tiene que ser en esencia algo abstracto, con muchos de los elementos que la caracterizaban, confundiéndose con su silueta. Una especie de retrato hecho de rosas y helechos y riqui riquis, loros y colibríes.

Llegó la noche y terminé cansada y frustrada. Lo que estaba buscando, no lo conseguí. Al cuadro le faltaba expresión, era una explosión de colores y nada más. Había algo intangible que no lograba plasmar, ni tocar, ni materializar, ni expresar, ni palpar.  Algo inalcanzable, que se fuga, que se va, irremediablemente. Creo que es eso que llaman ausencia.
.
Descorazonada, me acosté a dormir.

Hoy, no sabía si seguir intentando, a expensas de arruinar el cuadro para siempre,  o simplemente abandonar el proyecto.  Entonces mi hija llegó con la respuesta.

Estaba yo mirando el caballete,  pensando si continuar o no con mi pintura.  Mi hija se presento para hacer “brainstorming” sobre sus proyectos de universidad. Entonces, de pronto, en medio de nuestra conversación, como si nada, me dijo: Mami, sabes que esta mañana me desperté llorando.

Yo me asusté.

Ella continuó antes de que mi susto se incrementara.

-Pero de alegría, mami. Por primera vez  en dos años, soné con mi abuela y  soné que la estaba abrazando fuerte, fuerte. Entonces me desperté llorando. Cerré los ojos para intentar volver al sueño,  pero ya no pude.

Entonces a las dos se nos aguaron los ojos. Una inundación breve, porque las dos somos “ugly cryers” y tratamos de practicar el “cero drama”, pero lloramos juntas lágrimas contentas. 

Yo le conté de mi proyecto. Ella se entusiasmo. “ Yo lo quiero para mi cuarto” ( lo dudo)

Decidí que voy a retomar mi pintura, a ver que sale. 

Si  logro algo aceptable, lo compartiré el día 21 de mi Octubre cósmico. 

Por ahora, comparto “ Una Mujer Alegre”


Una Mujer Alegre

Los jardineros conocen el idioma
de las plantas y del universo
Así,
una tarde triste de Octubre,
tarde de despedida,
el jardinero Agustín,
con su dolor humilde
y sus palabras buenas,
sin darse cuenta,
escribió este poema
Una Mujer Alegre -dijo.
Me conmovió la síntesis perfecta
como el sonido de un pétalo al caer,
inexorable y leve
misterio audible
para quienes quieren creer
Una Mujer Alegre…tanto,
que hasta  las lágrimas
que aún no puedo secar
son lágrimas contentas
Una Mujer Alegre
Palabras que se cimbran
rama cargada de infancias
de abundancia de hogar,
hogar a manos llenas
que dejó en nuestra estancia
Una Mujer Alegre
Como uno de sus lienzos
guacamayas y loros al ocaso,
pinceladas de luz en la mirada,
rosas y helechos a su paso
Carmencita…
Su nombre llega en la brisa,
del verso del jardinero,
que aquella tarde triste de Octubre,
regó el jardín de Altamira
con un mensaje del universo

¡Una Mujer Alegre!…mamá

Leonor Henríquez León