Una joya.
No importa cuántas veces le dijera que no era
necesario, que sólo regalos simbólicos, que no gastara dinero innecesariamente,
que la única joya posible era nuestro amor, aunque suene cursi.
No importa cuántas veces mis regalos se
quedaran siempre vergonzosamente cortos: una corbata, un libro…
Desde un principio decidimos, bromeando claro,
que como nunca llegaríamos a cumplir 60 años de casados, nuestros aniversarios
serían a la inversa.
Así, en nuestro primer aniversario, recibí un
diamante de Sudáfrica, la excusa era que estaba trabajando allí.
Probablemente, yo le regalé una franela...
Probablemente, yo le regalé una franela...
Y así sucesivamente…
Este 6 abril, considerando nuestra regla,
serian nuestras Bodas de Zafiro.
Y como siempre, cada 6 de abril, encontraré una joya, no en mi sillón, ni mi almohada, sino en todas partes.
Encontraré zafiros.
En el azul cobalto del río en esta época del año.
En nuestro puente celestial, tapizado con las
sedas del tiempo vivido a plenitud.
Encontraré zafiros.
En el índigo del cielo de la noche estrellada.
Encontraré zafiros.
En el manto aterciopelado de la madrugada.
En el rayo poderoso y azul de tu presencia constante,
que me anima.
No importa que un golpe helado del destino nos
haya separado.
Momentáneamente.
Tu luz generosa esta en mí, igual que aquella noche de
brillo y júbilo, frente al Mar Caribe.
Celebraremos en grande, un día.
¡Cuando nos volvamos a encontrar!
¡Feliz Aniversario!






